Capítulo 17

1153 Palabras
Los cambios de residencia habían sido una constante. Por lo tanto, no existía mucho que pudiera causarme una especie de estabilidad en el último, aunque no voy a negar que la diferencia en el kilometraje me ponía un poco nerviosa. No recuerdo desde cuándo, pero tengo bien presente que en el momento en que decidí viajar a México, se convirtió en una constante en mis planes. Por eso, al tener aquella oportunidad no tuve el valor para aplazarlo e incluso lo provoqué. Mi llegada al país fue por supuesto un aliciente en mi corta vida que estaba repleta de manchas suficientes como para derrotar a cualquiera. Eso sí, el ánimo que alguna vez se encendió desde que vivía en mi pueblo nunca dejó de estar presente. Si bien en ocasiones se veía minimizado por los problemas a los que me enfrentaba, seguía con la vista puesta en mi objetivo. Y claro, los cambios producen movimientos en la vida que no previstos te obligan a ver otras posibilidades, sobre todo cuando en el camino vas encontrando piedritas, tal como me pasó. Después de haber sentido que de una u otra forma mi relación con Marcos no iba del todo bien, empecé a pensar que lo mejor era regresarme a Colombia. Me dispuse a averiguar lo que necesitaría y sin saber en qué momento, surgió una oportunidad que no iba a desaprovechar. En el tiempo que estuve sola en todos los hoteles donde me dejaba aquel hombre aprovechaba que tenía su ordenador para conectarme y crear nuevos vínculos. Muchos de ellos surgieron de un lugar del que no había escuchado y que pronto se convertiría en mi segunda casa natal, Chiapas. Ahí, que era territorio inexplorado, había una mujer que poco a poco se convirtió en una persona de confianza. Durante las largas noches o tediosos días fuimos trabando conversación al punto de reconocernos como amigas y eso fue demostrado por ella cuando le hice saber mis intenciones de regresar. No podía creerlo, decía que era un desperdicio y que debería considerar la opción de visitarla, al fin de cuentas, poco o nada podía perder en respirar nuevos aires. La idea quedó grabada en mi mente porque al ser diciembre y acercarse las festividades me hallaba sola y a punto de caer más hondo en una depresión que me iba a desbaratar si no hacía algo. Marcos incluso estaba notando ese sentir y cuando escuchó que quería visitar a una antigua amiga que había conocido en Colombia y que vivía en Chiapas, me dio no solo el visto bueno sino que desembolso cuatro cientos dólares para pasar las vacaciones. La mentira que le dije, porque no iba a ser tan tonta como para decirle que se trataba de un encuentro a ciegas y menos con lo cuadrado que era, fue un éxito. Pienso, ya pasado el tiempo y recordando algunos aspectos de nuestra relación, que quizá buscaba una forma de zafarse de mí. Tal vez está era su oportunidad. Un veintidós de diciembre llegaba al aeropuerto Ángel Albino Corzo. Ya me esperaba Alma con ansia. Salí de la sala de equipaje y con una alegría como la que no sentía desde mi salida de Bogotá, nos estrechamos en un abrazo fraterno y honesto. Los días avanzaron. Pasamos juntas y con su familia la navidad. Abrimos unos cuantos regalos. Hicimos el amor bastantes veces y para el veintiséis ya aquella muchacha me gustaba tanto como yo a ella. Los planes iban a cambiar y era evidente. Sin embargo, para no dejar las cosas a la deriva, sostuve una plática muy seria y me llenó de gusto darme cuenta que podía contar con ella. Los siguientes días, aún sin avisarle de mis intenciones a Marcos, me pase entregando hojas de vida por dónde fuera para conseguir un empleo. La decisión estaba tomada e iba a asentarme en esa tierra hermosa que desde el primer día que vi me enamoró al punto de no desear salir, aún más con Alma a mi lado que más allá de ser una amiga, se convirtió en un ser inigualable, de luz. Pero las cosas no fueron del todo bien. Entre las cosas que hacíamos para conocer y tomar piso en la nueva ciudad, una amiga de mi ahora pareja nos visitaba con frecuencia. No estoy segura de que se tratara en realidad pero noté en mi interior que había algo que me disgustaba y era que mis celos no podían permitir que otra persona recibiera más atención que yo. Pero carajo, como iba a exigir algo de un día para otro. Tampoco era tan especial. Así que con pesar le hice saber el asunto a la chica y me despedí para regresar a Puebla con Marcos. Los primeros días nos la pasamos en la cama. De arriba a abajo, un lado a otro, saciando el instinto y tratando de recuperar el tiempo que se nos fue en mi viaje. Por lo que pasaba, pensé que podría darle una nueva oportunidad y en realidad así pasaría pero una mañana que abrí mi bandeja de mensajes estaba uno de Alma ofreciéndome sus disculpas y pedirme que regresara. Yo también la extrañaba y lo hice. Marcos no se sintió mal en absoluto. Incluso me felicitó por querer tomar mi propio camino y al momento de despedirnos me pidió que contara con él para lo que fuera, sin empacho. La alegría se hizo aún más grande cuando me dio un fuerte abrazo y me recomendó actuar con cuidado en el lugar a donde me dirigía. Las semanas se fueron al son de las rosas. Alma y yo la pasábamos de maravilla y nos encontrábamos en un estado de tranquilidad tal que cuando recibí la nueva noticia quedamos pasmadas. Estaba embarazada. Todo empezó en un viaje que hicimos con su familia a la ciudad de Comitán. Ahí, un amigo que cocinaba me ofreció un poco y yo sentí como desde adentro de mi estómago surgió un golpe con una fuerza que me asustó. Esa misma tarde compré una prueba que confirmó el hecho. Cómo era natural, le avisé a Marcos lo que sucedía y mostrándome su apoyo después de escuchar que lo quería conservar, me pidió hacerme todos los análisis que correspondían. El destino sigue por ser cruel. Incluso ahora que disfruto de mis asuntos con una libertad incomparable, pienso en que cada vez que me siento más satisfecha, algo llega para bloquearme. Una de las tardes en que descansábamos en casa de Alma, un dolor agudo en el vientre me hizo levantar para ir al baño. Era una mancha de sangre similar a la regla pero extrañamente presente. Lo comentamos de inmediato con una tía y nos sugirió ir con el ginecólogo. La salida del lugar era comparable a la de otros momentos de mi vida en dónde no encuentro razón por seguir. Aborté a causa de no sé qué cosas y me sentí desdichada.
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