Ya en puebla, después de dos días de hospedarme en un hotel del centro de la ciudad de Tuxtla, vi a Marcos. Ese hombre parecía igual que siempre, no cambiaba y hubiera apostado que incluso se veía mucho más guapo que otras veces. Me contó que estaba de paso rápido para platicar sobre lo que quisiera pues debía salir a trabajar, pero que en la noche estaría de nuevo conmigo.
A grandes rasgos le dije cuanto guardaba en mi pecho y las lágrimas no faltaron. Fueron dos horas que estuve rodeada por sus brazos, con la cabeza acomodada en su pecho, sollozando. Él, que no podría dar crédito sobre todo a lo primero, me apretaba con fuerza como para hacerme saber que estaba de mi lado y no me dejaría.
…
Cuando Marcos salió de la habitación yo dormía por lo que no me di cuenta de la hora y solo alcance a ver una nota en el mueble de ropa que decía: Regreso en la noche, nena, quizá durante la madrugada. Te amo. Esas palabras, sobre todo las últimas, avivaron la llama de mi corazón y fortalecieron la esperanza que tenía al pensar en volver con él.
Sin embargo, las horas se fueron, yo desperté de nuevo a las once y el sueño me había abandonado. Dieron las dos y tres de la madrigada, después las cuatro y a las siete pensé que algo pasaba. Decidí mandarle un mensaje, aunque lo tenía prohibido, para saber si estaba bien. No respondió.
A las once y media de la mañana salí a comprar algo para comer. El sol a lo alto me lastimó los ojos que ya de por sí estaban hinchados y el viento de la ciudad, muy frio, me obligaba a caminar a la sombra y no, cambiando cada cierto tiempo, lo que terminó por agriparme.
Decidí quedarme en un puesto de tacos que había apenas a tres calles del hotel. Recuerdo que los comí con tanto ahínco que hasta los otros clientes voltearon a verme sorprendidos por la gracia que daba ver a una chica linda comer de esa manera. Pedí otros siete para llevar y me regresé al hotel.
Mientras caminaba, un chico que quién sabe de dónde salió, me abordó.
- Hola, chica. ¿Cómo estás?- Preguntó amablemente.
- Hola, bien. ¿Y usted que dice?- Respondí con la misma alegría, lo merecía.
- ¿No eres de aquí, verdad? Me gusta tu acento, ¿Venezuela? ¿Colombia? ¿Cómo te llamas?- Preguntó.
- Colombia, parcero. Gracias también. Soy Daniela, ¿y usted?
- Me llamo Pedro, Pedro Sánchez. Mucho gusto.- Dijo.
- Pues mucho gusto igualmente, Pedro, espero verlo pronto, disculpa pero tengo que regresar al hotel.
- Sí, no te preocupes, pero ¿podría tener tu teléfono o algo?- Esta vez noté que la timidez lo envolvió.
- Ay Pedrito, qué pena pero no uso teléfono celular...- Hice una pausa porque ¿quién carajos no lo hacía en pleno siglo veintiuno?- Pero si gusta le paso mi f*******: y ahí podemos hablar.- Agregué para que se diera cuenta que no intentaba escapar de él.
De regreso al hotel me fui pensando en que la vida estaba fuera de cualquier habitación y aunque seguramente estaría sumida en mi tristeza al menos unas semanas más, debería pensar en volver a salir pronto, para no terminar destrozada.
Ya en mi habitación lo primero que hice fue abrir la red social para saber si Marcos me había respondido, pero nada. Me asusté incluso más que antes. Eso sí, lo que sí había era un mensaje de Pedro, quien no perdió el tiempo para escribirme y para quitarme pensamientos negativos le seguí la plática.
…
En total, la ausencia de Marcos duró cuatro días y cinco noches. Durante ese tiempo, aunque me distraje en mis conversaciones con Pedro y mis antiguas amigas colombianas, las ideas desastrosas me consumían y sobre todo un terror que no pudo describir porque el dinero se me estaba acabando y ya no había de donde conseguir más.
Hubiera quedado vuelta loca si esa misma madrugada unos golpes fuertes en la puerta no me despertaran. De inmediato me levanté de la cama y abrí para ver a Marcos, mi hombre, sentado en el suelo recargado en ella con la espalda, bañado en sangre y con golpes por todos lados.
Como pude lo llevé hasta el baño de mi habitación, lo metí a la bañera que se llenaba mientras le quitaba la ropa. El espectáculo era aterrador, su cuerpo tenía cortes por todas partes y su estómago, vientre y pecho estaban llenos de morados, un golpe fresco en la cabeza tiraba un hilo de sangre y confirmé que en su mano izquierda tenía dos dedos rotos.
- Marcos, será mejor ir al hospital, cariño. Hábleme por favor, reaccione.- Le pedí a media voz, llorando y con mucho miedo de perderlo.
- No, no te preocupes, Daniela. Sólo límpiame y relájate, estoy bien.- Me respondió sin apenas poder hablar.
Su respuesta me dio calma para pensar y hacer las cosas de la mejor manera para mantenerlo despierto y con vida.
…
A la mañana, sin haber siquiera dormido por velar a Marcos, escuché desde el sanitario que la cama hacia el sonido típico de cuando alguien se levanta así que limpiándome rápido salí para ver qué pasaba.
Marcos estaba sentado a la orilla de la cama con una mano en su rodilla para recargarse y la otra en su cabeza. Fui hasta donde estaba mi bolsa y saqué dos pastillas para el dolor que él tomó sin decir nada.
- Discúlpame, Daniela. No quería que me vieras así pero no sabía a dónde ir.- Me dijo apenado sin voltear a verme.
- Amor, no diga eso por favor, usted sabe que aquí me tiene.- Le respondí con un verdadero entusiasmo.-Dígame, cuénteme qué pasó.
Lo que me contó Marcos fue difícil de creer en un principio pero ya después, considerando todo lo que se escucha en Colombia sobre México y sus actividades ilícitas, todo tomó forma.
El hombre del que me enamoré y quien resultó ser mi salvador en Colombia era el líder de un famoso grupo criminal que operaba en el norte de México. Al tener a su mando un numeroso equipo de personas que no solo se dedicaban no solo al tráfico de drogas sino a la extorción, la tortura y el secuestro, sus ingresos eran por mucho superiores a los que conocí en cualquier otra persona. Por esa misma razón, por supuesto, eran muchos sus enemigos y el peligro que lo envolvía.
Al terminar su declaración, me pidió que me calmara si es que tenía dudas o miedo porque nada iba a pasarme y mucho menos permitiría que me dañaran. Lo cierto es que si deseaba irme de ahí, lejos de él, lo iba a comprender.
Mis ojos se nublaron y la mente tenía miles de pensamientos revueltos. No sabía ni qué pensar o desear. La verdad es que sólo quería que se recuperara y se fuera de ahí para tomar una decisión sin presión.
Los dos días siguientes transcurrieron con la mayor normalidad posible. Él pendiente de sus asuntos en el teléfono y yo viéndolo hacerme el amor en los tiempos libres. Salíamos a comer, regresábamos al hotel, cogíamos, tomábamos una ducha, salíamos a cenar, regresábamos al hotel, volvíamos a coger dos o tres veces y nos quedábamos dormidos.
Al tercero me avisó que se iba y que estaría fuera durante un mes y medio. En ese tiempo yo debía tomar la decisión de quedarme o partir y que sin importar lo que pasara, supiera que siempre estaría al pendiente de mí. Se despidió dejándome una maleta llena de dinero que comencé a contar a las diez de la mañana y terminé a las once y media de la noche.
Me despedí con un beso tierno, esperando volver a verlo pronto y volví a tomar consciencia del día cuando busqué en Google cuánto dinero eran ochocientos ml pesos mexicanos, pues en Colombia no era demasiado.
…
Mi sorpresa fue enorme al darme cuenta cuántas cosas podría comprarme con esa plata y sin darme cuenta ya hacia planes sobre lo que vendría. Me levanté de la cama, tomé un baño y me vestí para salir a encontrarme con Pedro, quien ya tenía cuatro días pidiéndome vernos.
Salimos alrededor de la una de la madrugada a dar una vuelta por la plaza principal y aunque hubiéramos querido encontrar algo abierto para pasarlo bien, decidí que lo invitaría al hotel para seguir con la plática a lo que aceptó sin dudar.
Ya de regreso, pasamos tres horas al menos fumando de la marihuana que tuvo a bien llevar y quizá por el momento, nos confesamos bastantes cosas.
Durante esa madrugada me di cuenta de algo importante y era que aunque no quería del todo seguir con Marcos, tampoco podría deshacerme de él por cualquier cosa, así que tomé la decisión de mostrar distancia sin romper el lazo, mucho menos ahora que además me ofreció trabajar como modelo en una de las pequeñas empresas que tenía con otras personas y le servían para lavar dinero.
Con Pedro cogí tres veces esa noche y no lo volví a ver jamás.