Capitulo 5

2566 Palabras
Decidí en torno a ello salir cada vez más con mi amiga, esa señora que me enseñara, tal y como lo prometía, las delicias que el mundo tiene reservadas para los espíritus libres, como yo lo era. Entonces el camino se me abrió de perlas. Ya no dependía de nadie en la familia, había dejado atrás por fin el seguimiento policial al que me condenaron desde niña y todos esos temores que nacen cuando uno trata de vivir pero sabe que lo ejecutado rompe con la tradición. Al menos tres veces por semana estaba en la calle. De un bar a otro pasábamos las noches saciando el gusto por beber y relajarnos. Era algo que no tenía considerado que pronto pudiera pasar pero por la duda de que terminara, como me había acostumbrado a que todo lo bueno se fuera, me dejaba llevar por las situaciones. Nora que me seguía el juego también, en el entendido de que quería verme radiante de felicidad, me hacía todas las invitaciones que podía y a cada una de ellas aceptaba, con excepción de las que tenían que ver con las personas de su familia o del barrio en donde creció, pues no me sentía a gusto en el ambiente que prometían. En una de esas ocasiones en que decidí quedarme en casa para descansar lo alborotado de días anteriores, envié un mensaje a uno de mis amigos predilectos para pedirle que me relacionara con alguien, estaba deseosa de incluirme en más y más grupos de personas. Lucio, como se llamaba el muchacho, me hizo una serie de preguntas que mejor dicho parecían las que vienen en un formulario cuando una va a la agencia de empleo a pedir una oportunidad. - ¿En qué plan las quieres?- El mensaje no lo entendí del todo. - Pues así para salir, ir de rumba, pasarla bacano, pues.- Le respondí. ¿O cómo es que hay opciones? - Pues sí, están las chicas nice que van a beber una copa y a descansar; también las que se deciden por la playa; las que adoran la fiesta con poco control; si prefieres ir de paseo simple y sano hay otro grupito y bueno, las lesbianas si quieres. Lo último hizo sonar una alarma en mi cabeza y aunque mi intención inicial no era la de hacerme de novia, preferí aquello porque ese hartazgo que sentía por los hombres incluía hasta a las amistades. Igual que siempre mis salidas eran con manes en su mayoría y aunque no se sobrepasaban, sí era distinto el ambiente. - Pues las lesbianas. Hagámosle. A este punto tengo que dejar bien claro de nuevo que mi intención no era de relacionarme para ir más allá se una simple amistad. En cualquier caso yo misma hubiera salido y conseguido lo que deseara. Era joven y demasiado bonita como para pedir ayuda. Y sí, Lucio enseguida me envió un número telefónico bajo el nombre de Gloria, quien era la buena de varias que sabían cómo hacer para celebrar. Me avisó que la pondría al tanto pero que la saludara desde ya para preparar cualquier cosa. La chica era estudiante de gastronomía. Su horario escolar de lunes a jueves le dejaba todo el fin de semana libre para romperla como quisiera por lo que se hizo una experta en ese arte. Recibió mi mensaje un martes a las tres de la tarde y diez minutos después ya habíamos quedado para vernos el viernes en algún lugar cercano para las dos. Por fortuna nuestras casas no estaban lejos tampoco. El día en que nos vimos por primera vez la noté muy distinta a como imaginaba por las fotos que vi de ella. Era chaparrita y morena, algo gorda. Cuando se bajó de la moto confirmé dos de esos aspectos al ver cómo le colgaban los pies y se elevaba un poco la llanta por liberarse del peso. Nos saludamos y sin decir mucho fuimos a su departamento. Ahí, un lugar pequeño pero acogedor, quedé en la sala a la espera de que saliera de bañarse. No tardó mucho por suerte y bebimos unas copas de vino tinto revolviéndolo con chocolates que sacó del refrigerador para que los probara. - Pero qué linda eres. Te juro que estoy encantada contigo.- Gloria no podía ni deseaba ocultar su emoción por tenerme ahí. A las nueve de la noche salíamos para encontrarnos con otras de sus amigas que ya nos esperaban en la zona de tolerancia para disfrutar de una buena rumba. Entre las cinco decidimos dar una especie de tour para ir calentando los ánimos y terminamos metidas en un antro gay. Para mí era la primera vez que lo vivía. Si bien lo escuché antes, el ambiente era por mucho diferente a lo que acostumbraba. El lugar estaba repleto de gente, en su mayoría mujeres que bailaban libres por todos lados al compas de las luces brillantes que nacían desde diferentes puntos del techo. Igual que con Nora, esa noche me coloqué una borrachera para no olvidar, lo mismo que pasó después. Tal vez fue la emoción por descubrir algunas cosas nuevas. Quizá el nivel de alcohol en la sangre. Pudieron ser en realidad bastantes cosas pero el hecho es que ya de regreso al departamento, alrededor de las cinco de la mañana, Gloria y yo nos besábamos en su cama con una fuerza desmedida, como si jamás hubiéramos probado otros labios y en efecto, para mí aquello representaba, como lo demás en la noche, una vivencia distinta a lo acostumbrado. Nuna había tenido un encuentro s****l con una mujer. Así que sin pudor y con una alta expectativa sobre lo que iba a sentir, me dejé llevar. Con nosotras, justo a un lado en la misma cama, otras dos chicas hacían lo propio. El sonido de sus lenguas al rozarse me excitaba bastante. De reojo, mientras me besaba Gloria, las observaba acariciarse las piernas, los senos, la entrepierna. Los gemidos me elevaban más y más. Regresaba entonces con lo que me correspondía y continuaba. Terminamos poco después de media hora. Ella estaba cansada y muy mareada, tanto como para quedar dormida de inmediato. Yo en cambio, con la vista puesta en el techo, pensaba que en realidad no fue tan divertido ni placentero como esperaba. Aquello que pude haber significado no era más que una experiencia vacía. En lugar de provocarme ir por más, me dejó con un sabor de boca incluso desagradable. A las diez de la mañana y sin darse cuenta de mi verdadero estado de ánimo, Gloria me despidió en su puerta con un beso largo. Dijimos adiós en la espera de seguir en contacto. Llegué a casa con Nora para encontrarla con una rabia insostenible. Estaba muy molesta por varios motivos, el principal era que no me había comunicado antes y luego, entendible, su preocupación de que algo malo me pasara. Por fortuna no fue así y como la amiga que era decidí contarle cuanto había hecho y lo sucedido horas antes con Gloria. En su rostro se dibujó una expresión de descontento mayor a la inicial pero esta vez lo que llevaba extra era un desconsuelo por creerse traicionada. Como fuera seguimos saliendo. Después del reclamo cargado de celos por haber salido con otras personas, se tornó cariñosa y complaciente. Quería mantenerme tranquila y lo estaba logrando hasta que hizo la confesión que nos marcó. - Es que usted me encanta. Me fascina, me vuelve loca. ¿No lo nota? Quiero que sea mi novia, tengamos algo más allá de esto que es como un juego. Yo no quiero ser su roomie, lo que me interesa es ser su pareja y que despertemos juntas abrazaditas. Así rico.- La urgencia con la que hablaba dejaba en evidencia lo desesperada de tenerme a su lado y el amor que le crecía. - Es que yo no puedo hacer eso. No estoy segura. Además bebe demasiado. Quisiera que si usted tiene intenciones conmigo, al menos considere ese problema.- Le respondí para zafarme de todo. - Bueno, pues si eso quiere lo hago.- Me hablaba con una seguridad que espantaba. - Ah bueno. Pero también quiero decirle que no vaya a emocionarse así de pronto. No es que si deja de emborracharse vayamos a estar juntas. Es solo una oportunidad que pudiera construirse. Y así lo vio, como una posibilidad que fuera por lo que sea, iba a aprovechar. ... Sale un día de casa. Camina por la calle. Con gusto encuentra un buen lugar para estar. Son las once de la noche en la zona de tolerancia y decide entrar al lugar. Hace la fila que corresponde. Al llegar un hombre alto y fornido te detiene. - No puedes pasar. Hazte a un lado.- La gruesa voz retumba en tus oídos. - Pero hice la fila. ¿Qué le pasa?- Es todo lo que puedes decir y con una mano te hacen a un lado. Decide a la noche siguiente regresar. Después de haberse dado cuenta que el problema fue el vestuario, elige con cuidado otra indumentaria que haga juego con ese pretencioso lugar. - Pásale reina.- Ahora es diferente el tono y su semblante. Imagine esto otro. El departamento en donde vive es pequeño, pero muy cómodo. Todas las noches llega después de un día pesado del trabajo para descansar. Sin embargo, fuera de lo presupuestado, los ruidos que nacen desde las habitaciones contiguas no dejan ni escuchar sus pensamientos. Va a pedir con amabilidad que se limiten en su bullicio. No hacen caso. Una semana después vuelve el problema y se acerca de nuevo, esta vez con un tono más pesado les dice que es necesario bajar el ruido. Tampoco hacen caso. La tercer semana fue la definitiva. - A ver hijoeputa, quiero que le bajes a esa vaina y te calles de una pendeja vez. ¿Has entendido?- Sin duda la actuación fue exquisita, pero tampoco dio resultado. Como no eres una persona de problemas, durante los siguientes días te das a la tarea de buscar un nuevo lugar y lo encuentras. En un movimiento inesperado, ya no está donde mismo y ahora sí, descansa libre. Entonces, recostada en su cama, con los ojos cerrados y a la espera de que el sueño le venza, piensa en lo maravilloso que sería todo si los cambios fueran tan fáciles. Esa misma idea me repiqueteaba en la cabeza por aquella época en que deseaba cambiar de sexo. Pero venga, no ponga esa cara angelito, no va a decirme que usted es como aquellos ¿o sí? Aligérame la carga que siento porque incluso ahora que lo recuerdo me causa un poco de tristeza el hecho de haberme encontrado con tantas dificultades para hacerme libre. Y te cuento. Después de mi encuentro con Gloria, la nueva amiga que no cumplió con mis expectativas sobre lo que era un encuentro s****l lésbico, la vida con Nora fue distinta, sobre todo desde que me confesó que esperaba de mí algo más que una amistad. A partir de ahí y contrario a todos los pronósticos que se pudieran haber hecho, la mujer que ahora compartía màs tiempo conmigo en casa, de verdad estaba cambiando. De un día a otro dejó las fiestas en la medida que acostumbraba. En lugar de responder a sus amigos y verse donde fuera para beber, prefería quedarse en casa conmigo para ver la televisión o simplemente conversar mientras fumábamos. Pasábamos todo el día juntas, incluso en su horario de trabajo. La acompañaba a la playa vendíamos sus productos y regresábamos a la casa. La rutina había cambiado por mucho pero mi sentimiento hacia ella se mantenía en el plano de amistad, tanto que incluso llegué a sentir una especie de culpa por provocarle cambios que igual ni siquiera pensó antes. Me recordó aquellos tiempos en que por agradarle a otros decidí dejar de ser yo misma. Una noche en que estábamos por dormir le pedí que me diera un masaje. Entre las distintas cosas que podía presumir, aquello era uno de sus atributos más notables y me gustaba ser el objeto de su práctica. Empezó lento, dejó caer sobre mi espalda una especie de gel que ayudó a relajar mis músculos al paso de sus manos. Lo estaba disfrutando tanto que ni siquiera me di cuenta que ella lo hacía más y para ese instante podía ser incluso tarde. El gusto pasó a ser incomodidad, como esa que te provocan las miradas lascivas de los hombres por la calle, por lo que decidí pararlo con cualquier excusa. Lucio, quien además de conocer bastante gente acostumbraba a intercambiar sendos videos porno conmigo por mensaje, me había enviado bastantes después despuès que le pedí me hiciera llegar los suficientes de tema lésbico. Como en automático la memoria de mi aparato se llenó de diferentes muestras sexuales entre féminas y hubiera pasado eso como cualquier otra cosa sino fuera porque uno en especial llamó mi atención por completo hasta el punto de hacerme sentir excitada. Se lo mostré a Nora para evadir su interés de seguir en el masaje. Ingenua como siempre, me di cuenta que el tiro me salió por la culata. Cuando menos pensé ya cogíamos, una sobre la otra rozándonos el clítoris para en un intento desesperado explotar en un orgasmo como nadie jamás me lo provocó. Esa ocasión, muy lejos de lo que creí, las sensaciones me llevaron a un punto sin retorno. Nora me hizo saber que sí existe quien pueda controlar tus impulsos para llevarlos al tope. Y es que era comprensible. A sus cuarenta años y con una experiencia larga, la forma en que me estimulaba era digna de reconocerse. En las mañanas despertaba alegre y satisfecha. No lo dudé más y decidí que aquel era mi lugar para estar. El paraíso. Con decir que ni siquiera el uso de las diferentes drogas ni el alcohol me habían saciado tanto. Aunque no fue mi primera vez, sí en la que quería continuar. - Solo quiero dejar las cosas en claro. No me gustan los celos, tampoco que me posean. Usted su vida y yo la mía. Sin depender de nadie. Una chica de diecisiete años colocaba una barrera que creía infranqueable para limitar el alcance de una relación en donde para fines prácticos no tenía más que voz, pues justo mi condición de apenas haber salido de la adolescencia, me hacía pensar que podría tener control sobre lo que hacía. Pero que novata. Eso en lo que me metía no eran más los besitos del juego de botella en el colegio. Tampoco la mujer con la que vivía era una de las muchachitas con las que me escondía en el baño de la escuela y que podía dejar a un lado solo porque sí. La experiencia en que ahora caminaba iba mucho mas lejos sé lo que incluso en mi cabeza pudiera imaginar y el tiempo me lo hizo saber a cuenta gotas. La relación se volvió seria. Ahora, contrario a mis primeras intenciones de vivir alegre y de parranda, estaban reducidas a un amor grande por Nora. No solo disfrutábamos de nuestra compañía, compartíamos momentos con amistades o nos revolvíamos entre las sábanas en la cama, habíamos dado el paso siguiente y cada vez que se daba la oportunidad íbamos de visita con su familia al barrio, aunque solo nos presentáramos como amigas.
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