XXXII CUATRO bitinios transportaron a Ligia con el mayor cuidado a la casa de Petronio. Vinicio y Urso iban a pie a su lado, haciendo apresurar la marcha a fin de poder entregar a la joven cuanto antes en manos del médico griego. Hicieron el camino silenciosos, porque después de los acontecimientos de aquel día no tenían ánimos para hablar. Vinicio, hasta entonces, parecía encontrarse sólo medio consciente. Se repetía a sí mismo que Ligia estaba salvada; que ya no la amenazaban por más tiempo ni la prisión ni la muerte en el circo; que las desventuras de ambos habían terminado de una vez y para siempre; que se llevaba a su casa a Ligia para no volver a separarse jamás de ella. Y esto le parecía como el principio de otra vida, que no era la vida real. De vez en vez se inclinaba hacia la a

