XXXIII DESPUÉS de la liberación de Ligia, Petronio, no deseando irritar al César, volvió al Palatino con los demás augustanos. Deseaba oír lo que dirían, y especialmente saber si Tigelino se proponía discurrir algún nuevo plan para perder a la joven. Era cierto que tanto ella como Urso se hallaban protegidos por el pueblo, y que nadie podría levantar ahora la mano sobre ambos sin promover un levantamiento. Sin embargo, Petronio, conocedor del odio que hacia él sentía el todopoderoso prefecto de los pretorianos, temía que Tigelino, en la imposibilidad de herirle a él directamente, tratara de buscar un medio de vengarse en su sobrino. Nerón se sentía lleno de ira y encono por haber terminado el espectáculo de una manera contraria a sus deseos. Al principio no quiso ni mirar a Petronio; pe

