XXV Tampoco Vinicio pudo descubrir la causa de lo que había sucedido, y en el fondo de su alma se hallaba casi tan asombrado como Quilón. Que aquellas gentes le hubieran tratado de aquella manera, y en vez de tomar venganza por el atropello que efectuó en su casa le hubieran curado con solicitud sus heridas se lo explicaba atribuyéndolo en parte a la doctrina que confesaban y en parte mayor a Ligia, y, además, por la importancia que tenía él como tribuno militar. Pero la conducta observada por los mismos con respecto a Quilón se hallaba fuera del alcance de su comprensión acerca del límite a que pudiera llegar la magnanimidad de los hombres. Y a su espíritu venía, con tenacidad no satisfecha, esta pregunta: «¿Por qué no mataron al griego?». Habrían podido hacerlo con absoluta impunidad.

