XXVI-2

2402 Palabras

Él oía las palabras de la joven como si fueran dulce música, y su corazón se ensanchaba a influjo de una alegría y gratitud crecientes, y su imaginación trataba de hallar la forma de demostrarle ese agradecimiento a la joven de la manera más adecuada. —Ligia —le dijo después de algunos momentos de silencio—, yo no te había conocido antes. Sólo ahora me he dado cuenta de que deseaba alcanzarte por medios reprobables. Así, pues, te digo: vuelve a casa de Pomponia Grecina y descansa, en la seguridad de que, en adelante, no habrá nadie que levante la mano contra ti. El rostro de la doncella se entristeció de pronto, y contestó: —Dichosa me sentiría si llegase a verla, aun cuando sólo fuese a cierta distancia; mas yo no puedo volver a su casa. —¿Por qué? —preguntó Vinicio con asombro. —Los

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