I ERA sabido en Roma que el César deseaba pasar por Ostia en su viaje, o, mejor dicho, que había dispuesto ver allí el barco mayor del mundo recién llegado de Alejandría con un cargamento de trigo, y de Ostia seguir hasta Ancio por la ruta del litoral [93] . Las órdenes habían sido expedidas con muchos días de anticipación; así pues, en la Porta Ostiensis, desde el amanecer, una multitud, formada por toda la plebe del lugar y por todas las naciones del mundo, se había agolpado a fin de recrear sus ojos con la vista del séquito del César, nunca suficientemente contemplado por el populacho de Roma. El camino de Ancio no era accidentado ni largo. En la ciudad misma, compuesta de palacios y casas de campo, construidas y amuebladas suntuosamente, se encontraba todo cuanto podía exigirse para

