XVI AL separarse del César, Petronio había ordenado que le condujeran a su casa de las Carenas, que, rodeada por jardines en tres de sus costados y dando frente a la plaza Cecilia, había escapado, afortunadamente, del incendio. Por esta causa, otros augustanos que habían perdido sus casas, y dentro de ellas considerables riquezas y numerosas obras de arte, llamaban afortunado a Petronio. Verdad es que desde hacía tiempo le llamaban el hijo predilecto de la Fortuna, calificativo cuya exactitud había parecido confirmar la creciente amistad que el César le había demostrado en los últimos tiempos. Pero ese hijo predilecto de la Fortuna bien podía ponerse ahora a meditar acerca de la volubilidad de su madre; mejor dicho, acerca de su semejanza con Cronos, que devoraba a sus propios hijos.

