XVI-2

2028 Palabras

Mas antes que terminara el himno, un esclavo, el jefe del atrium, penetró en el triclinium. —Señor —dijo con voz temblorosa por la alarma—, un centurión con un destacamento de pretorianos se halla delante de la puerta y, por orden del César, desea verte. Se suspendieron entonces el canto y los sones de los laúdes. Y el temor se apoderó de los presentes, porque el César, en sus comunicaciones con personas amigas, no acostumbraba utilizar pretorianos, y la presencia de éstos en época semejante no auguraba nada bueno. Petronio fue allí la única persona que no demostró la menor emoción; pero dijo, como un hombre a quien fastidian visitas importunas: —Bien podían dejarme comer en paz. Y volviéndose al jefe del atrium, agregó: —Que entre. El esclavo desapareció detrás de la cortina, y un

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