XVI-3

1508 Palabras

Pero no duraría siempre, y una vez que hubiera pasado sentiría al fin la necesidad de entregarse al descanso, aunque sólo se debiese al cansancio. Y al pensar en ello, Petronio se sentía inmensamente cansado. ¿Valía la pena vivir en la incertidumbre sin tener más objetivo que contemplar las evoluciones de semejante sociedad? El genio de la Muerte no se le presentaba entonces menos hermoso que el genio del Sueño, y aquél también tenía alas en los hombros. La litera se detuvo delante de la puerta del Arbiter, que fue abierta al instante por el vigilante guardián. —¿Ha vuelto el noble Vinicio? —preguntó Petronio. —Hace un instante, señor —contestó el esclavo. «No la ha salvado», pensó Petronio. Y echando a un lado su toga, corrió al atrium. Vinicio estaba sentado en un escabel. Tenía l

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