Por la tarde le despertó un sonido de trompetas que venía del circo de Nerón. Salió entonces de la cabaña y dirigió a su alrededor una mirada como la del que despierta de un sueño. Hacía calor, y el silencio que reinaba en aquel sitio era interrumpido a intervalos por el sonido de los bronces y el canto de las cigarras. El aire se había tornado bochornoso; el firmamento aún estaba claro en la ciudad, pero cerca de los montes Sabinos se iban agrupando algunas nubes oscuras y bajas en el horizonte. Vinicio volvió a casa. Petronio le aguardaba en el atrium. —He estado en el Palatino —le dijo—. Quise dejarme ver allí expresamente, y hasta me senté a jugar a los dados. Hay esta noche una fiesta en casa de Ancio, a la que he prometido que iremos, pero solamente después de medianoche, pretexta

