XXIV SEÑOR —dijo Quilón—, el mar parece una balsa de aceite, y se diría que las olas están durmiendo… Vámonos a Acaya. Allí te espera la gloria de Apolo, las coronas y los triunfos te aguardan, el pueblo te deificará, los dioses te recibirán como a su huésped, como a su igual, mientras que aquí, ¡oh señor!… Y se detuvo el griego, pero el labio inferior empezó a temblarle de manera tan violenta que sus palabras se transformaban en sonidos incomprensibles. —Partiremos cuando hayan terminado los juegos —replicó Nerón—. Sé que aun ahora mismo hay gentes que llaman a los cristianos innoxia corpora [131] . Si en tales circunstancias me alejase de aquí, todo el mundo repetiría eso. ¿Qué es lo que temes? Dijo estas palabras frunciendo el ceño y dirigiendo una mirada inquisitiva a Quilón, como

