Pablo y Joaquino con una mirada entre ellos, acordaron que no dejarían a Santiago solo, conocían profundamente a su amigo, siempre sobre pensaba las cosas, sobre analizaba cada situación y si bien, en su trabajo tomaba excelentes decisiones, no estaban muy seguros de que en su vida personal lograra el mismo éxito por cuenta propia, decidieron ayudarlo, acompañarlo y estar pendiente de sus pasos. –¿No se me van a despegar hoy? –Queremos estar contigo, vamos a tu piso, de camino compramos comida y hacemos una pijamada. –Cada día estas más infantil Joaquino. –¿A que sí? –le replicó su amigo riendo despreocupadamente. Al salir los tres amigos, divisaron a los gemelos en el pasillo, alertas y vigilantes como siempre, Santiago alzó una ceja y preguntó de inmediato: –¿Quién está a cargo de

