Sor Cristina miraba a Viole tratando de encontrar un atisbo de broma o indicio de mentira en sus palabras, pero la expresión de la joven era tan inocente y angustiada que tragó grueso antes de pedirle más detalles. –¿Cuándo comenzó a hablarte? –Poco después que llegué aquí. –¿Estás segura de que es la esposa del señor Velázquez? –Totalmente, ella misma me dijo. –¿Qué te dijo exactamente? –Palabras más, palabras menos, me dijo que estaba aquí para seguir amándolo a través de mí. –¡Sagrado Rostro! Eso no se puede, no se debe, no es aceptable. –¿Qué puedo hacer? –Rezar mucho por el descanso de su alma, yo no sé cómo manejar una situación semejante, jamás he escuchado de que algo así sea real. –Juan Antonio me ofreció ayuda, él dice que su abuela puede comunicarse con el espíritu de

