Cuando Eva por fin pudo llegar a la casa paterna entró alterada, sin embargo, disimuló muy bien al encontrar a su padre conversando animadamente con un hombre maduro, pero sumamente atractivo y con una total actitud de seguridad, que enseguida llamó su atención. –Hija, no te esperaba tan temprano, ven para presentarte a José Luis Arroyo, el dueño misterioso de la quinta mansión. –Mucho gusto –señaló el señor Arroyo poniéndose de pie y extendiendo su mano para estrechar la de Eva. –El gusto es mío –señaló ella con una sonrisa y pestañeando coqueta. –Me contaba Arroyo que estará una larga temporada habitando su casa, hasta ahora se había mantenido al cuidado de su hacienda, de la cual he oído hablar y sé que es una de las más grandes productoras de ganado, conversaremos mucho sobre eso,

