El hogar de Santiago estaba elegantemente decorado en color blanco combinado con grises de diferentes tonalidades, algunos muebles en madera, pocas esculturas y muchos detalles que delataban su afición por leer o escuchar música. Es su refugio sagrado, las únicas visitas que recibe son las de sus dos únicos y verdaderos amigos; conoce a muchísima gente, pero todo queda dentro del entorno del negocio de la moda; adquirió ese piso poco después de la muerte de Macarena y nunca ha llevado a una mujer a ese lugar. –Doña Lucía, por favor prepárele un café bien cargado a don Santiago –le pidió Roberto Antonio a la señora que atendía a Santiago, al tiempo de ubicarlo en uno de los sofás de la estancia. –Enseguida, ¿qué le pasa al señor? –Solo bebió un poco más del límite al que está acostumbra

