Ya había llegado, California me estaba esperando, el estado de California es hermoso, es un clima muy agradable y muy lindo. Y estaba en la ciudad más poblada, Los Ángeles.
Me encontraba de pie ante mi nuevo hogar, una casa donde viviremos a partir de hoy, un sitio enorme para vivir dos persona; es súper linda y muy acogedora. Totalmente madera como una cabaña en medio de una gran ciudad.
Es de tres niveles, 3 niveles solo para nosotras dos. ¿Pueden imaginárselo? ¡Esto es genial! Mejor no puede ser. Y es que se vuelve realmente un sueño, un sitio tan amplio, tan espacioso, es simplemente, una mansión.
Un señor algo mayor, quien fue nuestro guía y acompañante, nos mostró la casa y dejó nuestro equipaje en la entrada.
—¿Te gusta?—Dijo mamá dejando las maletas dentro de la casa.
—¿Que si me gusta? Mamá, esto es hermoso, esta casa es súper grande, muy acogedora y es sólo para ti y para mi.—Dije muy feliz, observando cada rincón del sitio.
—Hija... Con respecto a eso...— Dijo borrando su sonrisa.—No viviremos solas aquí... Como esta casa está pagada por la empresa... Debemos compartirla con otra empleada del trabajo y su hijo o hija... Espero no te molestes. Lamento decepcionarte.
—Mamá, no me decepcionas, esta es una gran casa, y tal vez nos la llevemos bien con ellos. Esta es la mejor experiencia, gracias a ti. Estamos en California, mamá, solo queda disfrutar al máximo. Y aprender día tras día de esta nueva etapa que nos ofrecen.—Dije con una sonrisa y abrazándola.
—Te amo, hija.—Dijo dejando un beso en mi mejilla.
—Yo igual, mamá.
(...)
Había pasado el momento, todo el tiempo se me iba en un instante, el estar distraída observando todo hacia que el reloj caminara sin detenerse.
Escogí mi habitación en el tercer piso, mamá quería que fuese en el segundo pero exigí el tercero. Ésta casa es como una mansión, es hermosamente grande y acogedora, mi cuarto es grande, con un closet bastante espacioso y su baño de cuarto, hay una gran ventana que deja ver un hermoso paisaje de árboles y ciudad, un gran contraste.
Comencé a arreglar mi ropa y pequeñas cosas fundamentales en mi cuarto, moviendo ciertos muebles y piezas a un modo más cómodo y espacioso.
Estoy nerviosa, lo estoy desde mucho antes de tomar ese vuelo. Pero ahora solo pienso en que aún no llegan las personas que compartirán con nosotras la casa, ¿y si es un mocoso de 10 años que me hará la vida imposible? ¿Y si es un hermoso bebé de tan sólo unos meses que llorará todas las noches? ¿Y si es mujer? ¿Es hombre o mujer? ¿Y si es un viejo amargado de 30 años? No creo que la mujer sea muy mayor. El hecho de ser tan curiosa y pensativa no ayudan.
Me acosté sobre la cama y miré mi habitación, mi propia habitación... Sólo mia, esto si es solo mia, mi propio espacio.
Tal vez lo pinte de un color blanco, delicado, pacífico y un tanto de paz, porque este color está algo fuera de mi estilo y es un tanto pesado.
Mañana tendría que ir a mi nuevo instituto, lo que tampoco ayudaba a calmar todos mis nervios y emociones que viajan sin cesar por toda la habitación.
¿Y si no logro encajar de nuevo?¿ Y si se burlan de mi? Dejaré de pensar en lo que pueda pasar. Enfocaré mis pensamientos en cosas positivas que puedan pasar, relajaré mi mente y comenzaré a vivir del ahora. Eso era otra meta personal.
(...)
Me levanté muy temprano, el clima estaba frío y nublado, quizás con un poco de lluvia, todo podía verse desde este gran ventanal, que pensando en eso, tengo que cubrir si me quiero cambiar en mi cuarto con privacidad absoluta.
Me fui al cuarto de baño, tomé mi ducha del día, me vestí, cepillé mis dientes, mi cabello, una ropa rápida y sencilla, busqué los cuadernos necesarios para ir hoy al instituto y comencé a bajar escaleras hasta la cocina/ comedor.
Ya mamá no estaba, en su lugar había una nota. Típico de mi madre.
Hija, disculpa, no podré llevarte al instituto, en el microondas está tu desayuno, espero te guste, puedes llamar al chófer de la empresa o te vas caminando, dicen que son muy seguras las calles por aquí, cuando llegues al instituto, me avisas.
-Besos, mamá.
Fui a buscar mi desayuno, me senté a comer, limpié todo y me puse a pensar si llamar al chófer o ir caminando, pero claro, ¿cómo llegas a un sitio al cual nunca has ido? La decisión correcta ahora es llamar al chófer.
—¿Julio? Hola, Sí es Mía, la hija de Caroline, quería saber si puedes pasar buscando por la casa para que me lleves al instituto.—Dije algo tímida.
—Hola Mía, si, con mucho gusto. En 5 minutos estoy allá.
(...)
Julio llegó siendo puntual y aquí estoy, viendo por todos lados a ver si me memorizo el camino para cuando venga caminando, al llegar me di cuenta que es un instituto súper grande, muchas personas y autos. Muy diferente a la pequeña ciudad a la cual pertenezco.
—Gracias Julio.—Dije bajando del carro.
—Señorita, ¿quiere que la pase buscando al salir?.—Dijo sonriendo.
—Yo le aviso, Julio. Hasta mas tarde.—Dije y me fui directo a la entrada.
Esto es más grande de lo que parece, hay muchas persona por todos y se me quedan viendo... ¿Será que tengo algo pegado? ¿La vestimenta que uso esta vez es la correcta? Seguí mi camino en busca de la dirección.
—Oye, ¿sabes donde queda administración? o donde esté al menos alguien que pueda ayudarme, soy nueva. —Dije a un grupo de personas que estaba por ahí. Y si, me ignoraron.
—Oye, ¿sabes donde queda administración?.—Dije a una chica que estaba apartada de todos y tenia el perfil bajo.
—Si....—Dijo nerviosa y aún con la cara baja.
—¿Podrías ayudarme? Soy nueva, un gusto me llamo Mía Miller.—Dije con una sonrisa y extendiendo mi mano para saludarla.
—Sería un gusto, sígueme.- Dijo sonriendo, creo que ya se ha ido todo rastro de nerviosismo.
Me dirigió por un pasillo largo, llegamos a un pasillo donde habían varias puertas, una indicando que era el justo el sitio que necesitaba.
—Es aquí. -Dijo ella. Aún no se su nombre.
—Gracias, aún no me has dicho tu nombre...—Dije sonriendo.
—Oh cierto, me llamo Cleo, ¿te espero? Te puedes perder.—Dijo devolviendo la sonrisa.
—Oh si. Seria genial. Creo que debo pasar. Ed un sitio grande, no hubiese llegado hasta aquí yo sola. Gracias.
—Tranquila, te espero.
Pasé y vi a varias señoras sentadas, una movió su silla para verme mientras las otras solo siguieron en sus cosas.
—¿Si?—Dijo una de ellas.
—Buenos días, disculpe, soy Mía Miller. Todo un gusto, soy nueva.—Dije algo nerviosa y con una sonrisa.
—Oh si, un placer... Mi nombre es Margaret.—Dijo con una sonrisa.—Este es tu horario, bienvenida a nuestra institución.—Dijo sacando el horario de un cajón y entregándomelo.
Me despedí y salí, no recordé que Cleo me estaba esperando afuera, cuando la vi, me asusté y luego sonreí.
—¿Ya sabes que clases verás? - Dijo señalando mi horario.
—Si, acá mi horario.—Y se lo di para que lo pudiese ver.
—Genial, tenemos el mismo horario, vamos, tenemos Historia.—Dijo mientras caminaba.
—¡Que bueno! No estaré sola, así podrás ser mi guía y ayudarme, ¿no crees?—Dije feliz mientras Caminábamos.
—Claro, Mía.—Dijo parándose en la puerta de la cual supongo es la materia que veremos ahorita. -Pasamos y buscamos un asiento juntas.
Transcurrió la clase y salimos, ya no tendríamos mas clases hasta las 11:00am.
Fuimos a la cafetería a charlar, me contó mucho sobre ella, su tiempo acá y sus experiencias de igual modo, siendo ignorada en el instituto, cosa que no me molestó, al contrario me agradó, yo también era similar en mi antiguo instituto.
Pasó todo muy bien, día tranquilo y buena compañía, estuvimos en cafetería hasta que llegaron 3 chicos, con vestimenta oscura, jeans rasgados y rebeldes, toda una película, todos serios y llamando la atención de todos, tanto hombres como mujeres. ¿Típico, no?
—¿Quienes son?—Pregunté a Cleo.
—Solo conozco a dos, uno de ellos entró nuevo al instituto hoy, al igual que tú y como puedes ver, ya era amigo de esos dos.— Dijo señalandole.— Son los mujeriegos y más populares del instituto, se han acostado con la mayoría de las fáciles de este instituto. Me sorprende lo rápido que se incorporó el nuevo con ellos, son algo serios y misteriosos, no han tenido relaciones serias, solo utilizan a las mujeres a su gusto y la mayoría mueren por estar en una relación absolutamente seria con alguno de ellos...—Dijo terminando de comer.
—Ni idea de que les ven, se ven amargados y creídos, no los conozco y ya siento que no nos llevaremos bien.—Dije riendo, mientras Cleo se reía de mi expresión.
Fuimos a nuestra siguiente y última clase Matemáticas, odio los números. Busqué dos asientos, uno para Cleo y el otro para mi.
Todo estaba en silencio hasta que entró uno de los chicos anteriores de la cafetería. Comenzaron a murmurar, él solo estuvo serio y se sentó al fondo del aula.
(...)
Terminé las clases, me despedí de Cleo y llamé a Julio para que viniera a buscarme.
Mientras esperaba noté que uno de los chicos de la cafetería, el que era nuevo, montó una motocicleta y se marchó.
Llegó Julio y me llevó directo a casa. Pasé y busqué a mi madre, la cual no estaba.
Escuché un ruido en la cocina y me alarmé, pasé y me fijé que había una señora muy linda, de tal vez unos 35 años.
—Hola, debes ser Mía, la hija de Caroline, todo un placer.—Dijo ofreciendo su mano, la cual acepté. — Soy Karol su compañera de trabajo y ahora compañera de casa.—Sonrió.
—Si, todo un placer Karol, bienvenida a tu casa. —Dije algo nerviosa.
—Tu madre no ha regresado del trabajo, dijo que vendría en unos minutos.—Dijo mientras cocinaba.
—oh, muchas gracias.—Dije mientras me iba, sin embargo ella me llamó.
—Oye Mía, mas tarde te presento a mi hijo, no ha regresado del instituto, espero que se lleven muy bien.
—Sí, por supuesto que sí, seria todo un placer.
Así que es un chico. ¿Qué me puede esperar?