Llegaba otro día de trabajo para Lucía, una chica que tenía la dicha de quedar como la asistente de un modelo y empresario muy famoso. Para ella saber que ese hombre no estaba interesado en mujeres, la tenía muy contenta.
Se sentía tan cómoda junto a él, que llegaba a desvestirse frente a él, cuando necesitaba un cambio repentino.
Ya eran dos meses desde que Lucía trabajaba junto a Daniel, ese día en especial, Daniel tenía una sesión de foto de una nueva colección de boxer.
Ya listos en el set de grabación, Lucía se sorprendió al verlo vestido con ese boxer que marcaba lo que ella imaginaba se lo disfrutaba otro hombre.
Su jefe se daba cuenta cómo ella se mordía el labio inferior y se dedicaba a mirarle justo ahí, eran ya cuatro cambios cuando Lucía ya no soportaba el calor que sentía en todo su cuerpo solo ver a su jefe así.
Daniel la mandó a llamar a su camerino con la excusa de querer que le ayudara con su ropa, Lucía toda nerviosa por las sensaciones que había sentido por su jefe se acercó, después de respirar profundo.
—¿Pasa algo, Lucía? —le habló Daniel con voz ronca, acercándose a ella hasta pegarla a la puerta que recién había cerrado.
—¿Eh?, No cómo crees —habló Lucía muy nerviosa viendo cómo su jefe se acercaba a su cara lo suficiente para sentir su aliento.
—¿Sabes Lucía? He estado fingiendo que no me gustan las mujeres frente a ti, para no llevarte a la cama y quedarme sin asistente —Susurró Daniel en su oído pasando su lengua por el lóbulo.
—¡Ah! jefe —un Gemido salió de ella por ese acto de su jefe.
—Justo así te ordeno que gimas ahorita Lucía, tus gestos mientras tomaban la foto desataron el deseo de probar un poco de ti —musitó Daniel dándole la vuelta y pegándole a su cuerpo.
Frotaba su erección en su trasero mientras besaba su cuello.
Lucía se tapó la boca al sentir la necesidad de gemir fuerte, buscaba hablar para que su jefe se detuviera, pero él la silenció volteando su cara para besar su boca.
Al sentir sus suaves labios sabor a fresa, le dio la vuelta subiéndose a su cintura y pegándola a la pared, siguió besándola con tanto deseo y pasión que sentía que tendría un orgasmo con solo hacer eso.
Lucía se había olvidado completamente de dónde estaban, solo disfrutaba sentir la dura erección de su jefe en su centro, aún teniendo ropa.
Los besos de Daniel bajaban hasta sus pecho, liberándonos para tener acceso a ellos pasaba su lengua antes de chuparlos con tanta devoción, que Lucía, no dejó de moverse y sus gemidos y gritos de placer se empezaron a escuchar.
Daniel retrocedió y se sentó en la silla que usaba para que lo maquillaran, seguía sin poder parar de chupar los senos de Lucía, empezó a besar su cuello y sus lados hasta sintió que estaba por explotar.
Lucía se olvidó completamente de la vergüenza y de que el hombre que estaba haciendo de las suyas en su cuerpo, era su jefe.
Decidió besarlo ella y acariciar su pecho, se levantó y quedó de rodilla ante él. Daniel le ayudó a que pudiera bajar el boxer cómodamente y sin pensarlo Lucía se acercó a su enorme erección y dejó un beso en la punta.
—¡Luci! —gruño Daniel.
Eso antes de meterlo completamente a su boca y disfrutar de los gemidos que soltaba su jefe mientras ella hacía su trabajo.
—¡Joder, Lucía! —exclamó Daniel disfrutando lo que la chica hacía.
Lucía no sé detuvo hasta que sintió como su jefe se corría completamente en su boca, tragándoselo todo y limpiándose con el dorso de su mano se levantó.
Daniel puso su cabeza hacia atrás respirando agitado, recuperó el aire y sonrió viendo a su hermosa asistente frente a él muy apenada.
—Necesitamos trabajar en mi apartamento, Lucía —declaró Daniel vistiéndose, no se quedaría con las ganas de probar a su asistente, echarse para atrás era demasiado tarde, su dulce boca y sus duros senos lo dejaron con ganas de seguir probando su cuerpo.
Una hora después
—¡Aaah, que rico! —gemía Lucía incapaz de detener sus gritos de placer.
—Grita y gime lo que quieras —ordenó rápido.
A Daniel solo bastó llegar al apartamento para apoderarse completamente del cuerpo de su asistente, besó cada centímetro de él, hasta que se apoderó de su centro.
No sabía que iba a pasar después de ese maravilloso encuentro, pero estaba seguro que una sola vez no le era suficiente.
Lucía jalaba su cabello en busca de liberarse y eso lo sintió Daniel, introduciendo su lengua y moviendo de un lado para otro sintiendo como su centro se contraia llegando a la liberación.
Mientras ella se recuperaba agitada por el maravilloso orgasmo que le había dado su jefe, Daniel se puso un preservativo, abrió sus piernas nuevamente y fue introduciendo su enorme reacción llenándola de un exquisito placer.
—Ten en cuenta Lucía, que este encuentro no será suficiente para saciarme —replicó Daniel.
—Pero usted es mi jefe... ¡ah! —Daniel sonrío, había dado un fuerte movimiento para callar sus palabras
—¿No te parece más excitante estar siempre juntos y liberar nuestra pasión en cualquier sitio? —le dijo Daniel en su oído dando suaves movimientos.
Lucía No podía hablar, era más rico sentirlo a él moverse en su centro sin parar.
Daniel estaba cegado por el placer que le hacía sentir Lucía, necesitaba sentirla de cualquier manera en cualquier posición, ver su hermoso trasero antes de introducirse era satisfactorio.
Dejó dos suave beso y pasó su lengua por cada glúteo de la chica haciéndola gemir.
Dio unas cuantas estocadas que hicieron gritar a Lucía de placer y de ganas de liberarse, pero no era así, como Daniel quería terminar y mucho menos en ese momento quería que ella terminara.
Se levantó y la invitó a que se acercara a la ventana de cristal que daba una vista a la gran ciudad.
—¿Ves aquél cartel que está allá?, Lucía —Preguntó con voz ronca colocando las dos manos de Lucía en el gran ventanal.
—Sí, es la primera sesión de fotos que hizo siendo yo su asistente —respondió con dificultad con los toques de Daniel.
—Exactamente Lucía, justo ese día tenía ganas de hacerte mía, pero tu eficiencia me era más útil que mis arrebatos sexuales —declaró Daniel.
—Pero ahorita...
—Serás mis arrebatos sexuales, mi asistente y no se sabe qué más —Declaró Daniel hundiéndose en ella de manera imprevista, moviéndose con delicadeza mientras sus manos tocaban sus pechos.
—No tienes derecho a bajar las manos, Lucía —Le exigió él, subiendo nuevamente la mano que Lucía bajó, para acariciar a Daniel.
—¡Dani! —gimió Lucía casi formando puños en sus manos para no bajarlas.
—Podrás tocarme más tarde, como mejor te plazca, me gusta todo de ti Lucía, tú suaves manos, tus dulces labios y tu delicioso centro —Susurro Daniel sin dejar de moverse.
—Quiero duro —Susurro Lucía, sintiendo que estaba a punto de tener un orgasmo pero sintiendo la necesidad de que Daniel lo hiciera salvaje.
—No tengo problema mi lucy —respondió él, dándole lo que ella quería hasta que ambos explotaron en un delicioso orgasmo.
Los días siguientes la pareja tenía los encuentros más maravillosos para ellos, Lucía para Daniel se estaba convirtiendo en más que unos simples deseos sexuales.
Pero solo el tiempo le daría respuesta a lo que ambos sentían el uno por el otro.
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