El viaje a Nara

1970 Palabras
Amarilis y Zhang Liu salieron temprano. El viaje en tren duraría alrededor de cuatro horas, así que, las cinco de la mañana ya estaba lista y preparada con la mochila al hombro, ropa cómoda y el collar de Jade en el cuello. Tomaron el primer tren de la mañana a Kioto y desde ahí irían a Nara. Lis durmió prácticamente todo el viaje, despertándose solo para cambiar de tren. ¡Vaya turismo! Había olvidado que era una dormilona. Cuando despertó, vio a Zhang Liu dormido a su lado, pobre muchacho por su culpa tuvo que levantarse temprano. Bajaron en la estación de Nara y tomaron un taxi. Cuando llegaron a la residencia de sus abuelos, era cerca de las once de la mañana. Una señora mayor los recibió en la entrada. Una casa tradicional y no tan grande como la de Yamada. Amarilis esperaba algo más ostentoso para los dueños de la corporación Akimiya. La señora se identificó como Akiko Yamagawa, los llevó a una habitación que daba a un jardín. Había dos personas sentadas y esperando. Cuando Lis entró, la mujer se levantó y la abrazó. -           Amarilis, mi niña -le dijo con lágrimas en los ojos. Buenos días -Vio a su abuelo pararse y sonreírle. Nos alegra que hayas venido -le dijo el hombre mayor. Cuando su abuela la soltó, recordó la presencia de Zhang Liu y se los presentó. Todos se sentaron y compartieron algunos postres y té que la señora Akiko les trajo. -           Te pareces mucho a tu madre - le dijo contenta su abuela­ menos en los ojos, pero eso entendible. -           No sabemos que te dijo tu madre sobre nosotros, pero esperaba que supiera que la amamos. Cuando nos enteramos de su muerte prematura, fue muy doloroso. -           ¿Sabían que ella murió? -           Tu madre nos envió una sola carta. Después de tantos años. Una sola carta contando algunos detalles de su vida en Amé­ rica, nada que nos diga dónde estaba, nos contó de su enfermedad. Cuando intentamos rastrear su paradero a través de la carta. Solo llegamos a un pequeño país en Sudamérica. Tú madre era muy inteligente. No sabíamos ni el nombre que estaba utilizando. -           Me imagino, sé que huyó por todo esto de los Doce. Era mucha responsabilidad para ella - No mencionó que, en su diario, su madre, agradecía la ayuda de su abuela. Lis la vio botar algunas lágrimas en silencio - Pero, trató de inculcarme todo lo necesario, fue una madre amorosa hasta que el cáncer se la llevó. Amarilis observó atentamente a sus abuelos y pudo ver en ellos los rasgos de su madre. La forma de sus ojos, incluso algún tic en su abuelo. Sintió tristeza  que su madre no hubiera podido encontrarse nuevamente con ellos antes de que la enfermedad se la llevara.   - Lamentamos la muerte de tu padre - le dijo su abuela - según nos contó nuestra hija, fue un buen hombre. -    Lo fue...- sintió que la tristeza la embargaba, así que trató de cambiar el tema- ¿Por qué están en Nara? - La vida es tranquila aquí, bueno no salimos mucho -Dijo su abuela echándole una mirada nerviosa a su esposo. - Deseo mostrarte algo, ¿me sigues? -le indicó su abuelo. Claro Los cuatro se dirigieron a la parte trasera de la casa. Ahí, vieron un pequeño invernadero. Su abuela se quedó conversando con Zhang Liu en la entrada. Amarilis se dio cuenta que era para que los dejaran a solas con su abuelo. Lo vio detenerse frente a una zona llena de flores rojas, muy bonitas. "Amarilis" la flor del nombre de su madre y el de ella. -           Cuando era joven. Un socio sudamericano, le regaló a mi esposa una maceta con una sola planta. Se había enterado que a tu abuela le gustaban las flores. Ella quedó tan enamorada de ellas, que cuando nació tu mamá inmediatamente le puso ese nombre: Amarilis. En ese momento, su abuela y Zhang Liu les avisaron que irían por unas bebidas. -           Amarilis. Siempre quise a tu madre. Era lo más preciado para mí. Pero, mi familia durante generaciones existió por una razón. La cual era preservar el patrimonio y servir íntegramente al clan del Dragón – Lis no lo interrumpió, comprendió que era importante para su abuelo que lo escuchara -Cuando mi padre, me presentó a Yamada y vi su magia y comprobé su fuerza y que las leyendas eran verdad, pues, me convencí que era mi labor apoyar todas sus ideas. Más cuando la anciana Wupó dijo que el dragón nacería en mi familia, fue un gran honor. Di todo al clan del dragón, incluso lo que me llevó años de trabajo. Pero, el día que tu madre huyó, Yamada se volvió loco. Mató a los que la ayudaron a escapar. Había escuchado de su crueldad y su ambición, pero no lo creí, pensé que lo conocía bien. Después se hizo imposible huir. Esperando que tu madre volviera, nos mantuvo a su lado y bajo su cuidado. Pero, habíamos roto todo contacto con ella. Sé que mi mujer la ayudó a escapar. Sé que Amarilis vio algo en Yamada que yo nunca pude percibir. Después de eso, asumió las riendas delos negocios y solo nos tiene, seguramente, porque piensa que podremos influir en ti. -           ¿Qué desea? -           Las piedras de jade, eso le dará el poder absoluto. Si pudiera te eliminaría. Ten cuidado. -           Lo sé, descuida – trato de influirle el valor que ella también necesitaba - ¿Están bien? ¿Aquí? – quiso saber -           Estamos bien. Hemos tratado de mantenernos al margen - le sonrió -nos llamó anunciando tu llegada. Pidió que te convenciéramos hacerte el tatuaje de identificación. -           ¿Sabes de qué va este tatuaje? Sé que no es cualquier dibujo. Lo he visto cambiar de color en él. -           No sé su fin. Pero ha de tener uno a su favor. Pero creo que te tiene miedo, por eso no se ha arriesgado a nada más. - Mmm ...me lo imagino, sin embargo, seguiré retrasando su pedido -los dos se rieron - ¿Están bien? ¿de verdad? - Sí, prácticamente nos ha dejado tranquilos desde que apareciste-después de dudar - ¿Puedo abrazarte? -lo notó nostálgico, pero almismo tiempo tan sincero.   -           Sí… -           Su abuelo la envolvió en sus brazos y lo sintió llorar en sus hombros. Ella le correspondió con más fuerza y le dio palmadas tranquilizadoras, esperaba, en la espalda. -           Hablaré con él. Si es posible nos iremos juntos. Solo dame tiempo. Necesito encontrar al asesino de mi padre. -           Solo cuídate, Amarilis, no sabemos de lo que es capaz. De pronto un fuerte ruido los hizo separar. Asustados vieron a varios hombres ingresar al invernadero a través de las paredes rotas. Mejor dicho, cayeron rompiendo las paredes de cristal. Vestían cual guerreros chinos antiguos y sostenían espadas muy afiladas. Amarilis se fijó en sus ojos y se dio cuenta del n***o vacío característico.   -           Soldados terracota -dijo y se puso delante de su abuelo para protegerlo. Lanzó una descarga de aire, pero este se estrelló contra el ser sin hacerle ningún daño. Amarilis, sorprendida, se dio cuenta que había algo extraño en ellos, algo más. No eran simple soldados de tierra. Le gritó a su abuelo que corriera a la entrada. Ella se enfrentó a puño limpio y patadas al más cercano, tratando de llamar la atención de todos, para que su abuelo pudiera salir. Al primer golpe notó la dureza de sus cuerpos. Al que había golpeado, se le cayó el protector facial, dejando al descubierto el brillo plateado del metal. Soldados de metal. Al correr tras su abuelo y salir del invernadero casi ya inexistente, pudo observar que Zhang Liu estaba luchando contra más de esos soldados. Había alguien en el suelo. A la distancia, reconoció que era su abuela. Su abuelo corrió a ayudarla. Pero unos de los soldados, saltó con su espada listo a atacarlo. Amarilis, se enfrentó a él. Sin embargo, poco pudo hacer. Zhang Liu, también había sido superado, a pesar de que estaba transformado en su forma celestial. Poco o nada podía hacer. En esos momentos, un hombre llegó y empezó a luchar contra los soldados de metal. Amarilis lo reconoció como el hombre del supermercado en Long Beach. Se dio cuenta que estaba transformado. Era Laoshu, el signo de la rata. ¿Qué hacía ahí? Bueno, después lo averiguaría. En un descuido uno de los sol­ dados atacó, nuevamente a su abuelo y lo traspasó con su espada. Un grito murió en la garganta de Amarilis. Sintió la quemazón de la piedra de jade en su pecho, y este fuego se extendió por todo su cuerpo. Después, su visión se nubló y no sintió más que una profunda tristeza y en medio de los acontecimientos dejó que este ser la poseyera, pues ahora se sentía nada más que una espectadora. Un enorme dragón despedazó a cada soldado con sus fauces y garras, los destrozó como muñecos. Pero el calor no cesaba. La mente de lis se quedó en blanco y el dragón rugía en su cabeza. Desde su posición de observadora, dejó de contar a cuantos soldados destruyó y el calor trajo una intensa luz que la envolvió. Y el punto más potente, así como apareció la luz se esfumó y dejó a la vista la silueta de una persona. Su cabello largo y blanco. Sus ojos de diferentes colores. Sus brazos y piernas llenas de escamas plateadas reflejaron los colores como un arcoíris. El nuevo ser, caminó con gran seguridad y al soldado de metal que tenía más cerca con un solo toque lo hizo polvo. Así destruyó a cada uno. Ya no había necesidad de pelear. Bastó un toque para hacerlos desaparecer. Cuando terminó con todos, probablemente unos diez, Amarilis vio que Zhang Liu aún respiraba, así que se acercó a los Akimiya. Su abuelo aún estaba despierto. - Me hubiese gustado poder pasar más tiempo juntos, definitivamente, eres la más fuerte. Cuídate – Un último toque  en su rostro y su abuelo perdió el conocimiento. Las lágrimas nublaron los ojos de Amarilis. Cuando volvió a su forma humana, se dio cuenta que los dos abuelos estaban muertos. No había nada que hacer. Las lágrimas de la familia recién descubierta y de su irremediable pérdida le trajo un dolor que estaba intentando clamar desde la muerte de su padre.  Laoshu, llegó a su lado y la alejó del cuerpo de sus abuelos. -           Lo lamento -le dijo y la abrazó. Amarilis, escuchó un grito en sus oídos. No se dio cuenta que provenía de ella, hasta que el dolor la llevó nuevamente al suelo. Así estuvo gritando y maldiciendo su suerte al cielo. Cuando se calmó, recién se dio cuenta de que Laoshu no se había separado de ella. -           ¿Qué haces aquí? -lo vio girar la cabeza avergonzado - estabas espiándome. -           Solo hacía mi trabajo. -           Tu trabajo también es intentar matarme o deseas esto - le mostró el collar. -           Por supuesto que no -Le cogió las manos -yo nunca te haría daño. -           ¿Quién te envió? – agregó levantándose y alejando sus manos. Lo vio dudar, pero, finalmente le dijo: - El señor Wang. -           Yo nunca te haría daño. -           ¿Por qué debo creer en ti? – le preguntó Lis. -           Porque te quiero –Amarilis vio sinceridad en sus ojos, pero ese afecto que él le profesaba indudablemente no era correspondido. Antes de que ella pudiera responder o siquiera decir algo, escucharon más pasos apresurados. Cuando Amarilis se giró, Laoshu, ya no estaba. No supo qué pasó después. Pero llegaron muchos guardias y los demás estaban ahí, incluido Yamada.
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