Es precioso

893 Palabras
‹‹Se aproxima una camioneta›› Dice alguien por el interlocutor. ‹‹ ¿Qué hacemos? ›› Pregunta Quintero. ‹‹Elimínenlo›› Responde Salazar. La camioneta llega donde se encuentran los dos guerrilleros, un hombre de civil se baja, se dirige hacia la parte trasera de la camioneta para buscar un envase de gasolina ‹‹Hijos de puta, tienen gasolina›› piensa Salazar, el hombre de civil se encarga de vaciar el envase en los cuerpos de aquellas dos mujeres, a continuación el hombre saca de su bolsillo un encendedor prende un cigarrillo y luego prende fuego a los dos cuerpos. El chofer de la camioneta llama a los tres guerrilleros para irse de una vez, porque el fuego atraerá a los contagiados, en esa pequeña distracción de algunos de mirarse los pies cuando caminan, Jimena sin recibir ninguna orden avanza hacia los terroristas, matando primero al chofer con un tiro directo a su cabeza, la bala atraviesa por completo su cráneo impactando con el vidrio trasero, éste no estalla en pequeños pedazos como lo haría normalmente, Jimena lo nota de inmediato ‹‹la camioneta está blindada›› Jimena corre, hasta llegar a una distancia considerable con los que quedan de pie, su pierna derecha de apoyo y la izquierda estirada, Jimena se desliza sobre el pavimento retocado de nieve lo cual se lo facilita. Los guerrilleros sorprendidos por la destreza de Jimena solo le queda a cada uno esperar su turno para que Jimena destroce sus cráneos con un disparo para cada uno ‹‹hay que ahorrar municiones›› el sujeto vestido de civil no le da tiempo ni de pestañear cuando sus sesos vuelan por el aire como si fuesen fuegos artificiales, Jimena queda recostada de su lado derecho, le destroza la cara al guerrillero más bajito, pero el otro no tendría la misma suerte de morirse rápido. Jimena se levanta con una destreza increíble, esto asusta demasiado al hombre, que no puede evitar levantar su fusil, pero ya tiene de frente a Jimena, lo desarma y con un gancho lo pone en sumisión, el guerrillero trata de hablar con el rostro pegado al suelo. —Yo hago las preguntas hijo de puta —le dice Jimena al guerrillero susurrándole al oído. —Espe… espera, no te conviene asesinarme —le responde el hombre. Jimena desenfunda su cuchillo táctico militar, y lentamente lo hunde en la clavícula del guerrillero que grita como desquiciado. — ¿Cuántos son en total? —pregunta Jimena. —No… te… no te lo diré maldita perra loca. —Dame el número total de tu gente —Jimena presiona su cuchillo. —Máteme —el guerrillero chilla—. Hágalo, maldita perra. Llega Quintero y Velázquez, y más atrás el resto del escuadrón comandado por Salazar, que impresionado por lo que ha visto, decide dejar a Jimena terminar su trabajo. La chica enloquecida por la furia que recorre todo su cuerpo, obliga al guerrillero ponerse de pie, a continuación lo tira violentamente sobre el capó de la camioneta, el hombre choca y se cae, de inmediato lo levanta Jimena y lo tira de nuevo sobre el capó como si se tratase de una requisa policial. Le baja el pantalón, desenfunda su Beretta introduciendo el cañón de la pistola en el esfínter anal de aquel hombre. — ¿Cuántos son? —Jimena presiona hacia dentro su arma. Esto es humillante para el guerrillero, se acuerda de las palabras de una niña de nueve años, cuando este se acomodaba su pantalón riéndose de lo que había hecho ‹‹tu muerte fue escrita por Dios, y el trabajo lo hará una mujer›› aquel hombre empieza a llorar, el hombre fuerte que abusa de su poder con el más débil, siempre tendrá el peor de los finales. —Decime cuantos son en total —Jimena y su acento zuliano. —So… somos demasiados para ustedes, por favor déjame vivir —llora el guerrillero. — ¿Demasiado es cuánto? —pregunta de nuevo Jimena haciendo presión con su Beretta. —Ochenta, no van a poder —gime el guerrillero. —Creeme, que yo sola puedo con todos. Luego de susurrarle al guerrillero, Jimena con ayuda de dos de sus compañeros, le mete una granada por la via del recto al hombre que suplica por su vida, lo echan a un costado de la carretera con el culo sangrando, el hombre se retuerce de dolor acordándose siempre de aquella niña que había violado reiteradas veces, hasta una madrugada que su pequeño cuerpo, no aguantó más esa tortura. El comando incluyendo a Jimena observan aquel hombre, mientras que Salazar observa con asombro a la chica que él conoce como Lía Sandoval. La explosión es asombrosa, sus dos piernas quedan varadas en los árboles, sus entrañas llegan hasta las botas de aquel equipo elite, un brazo entero con el hueso tan blanco como la nieve a la vista de todos en un costado, al otro extremo su cabeza cómica, con un ojo sobresaliendo de su cuenca, Jimena mira a unos metros el hueso cigomático derecho y al lado el maxilar inferior, una gran mancha de sangre en el lugar donde aquel infeliz guerrillero explotó como popas de jabón. —Es precioso —dice Quintero llevándose todas las miradas de su equipo.
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