Capítulo 12: Comienzo de la lectura

1520 Palabras
AMAIA SOLER Miércoles, 7:00 a.m. Iba de camino al trabajo en la editorial. Desde que me independicé de mi familia hace tres años, había elegido vivir en las afueras de Barcelona, lejos del bullicio y la contaminación de la ciudad. No me agradaba el ambiente ruidoso ni la multitud de coches que la saturaban. Prefería un lugar más tranquilo y menos concurrido, como Sarrià, el pequeño pueblo donde residía. Ese día no viajaba en mi coche, sino en transporte público, específicamente en un autobús que me dejaba cerca de la oficina. No había conducido porque prefería evitar el coche desde un incidente en la carretera que me había dejado marcado. Recordaba claramente cómo un vehículo se salió de su carril y se dirigió directamente hacia mí. Aunque logré maniobrar para evitar un choque frontal, la cercanía del impacto fue aterradora. Es verdad que, al final, no hubo heridos, pero la imagen de aquel coche aproximándose tan rápido y tan cerca me dejó con una sensación de vulnerabilidad que aún no había podido superar. Desde entonces, el transporte público se había convertido en mi opción preferida para desplazarme y es cierto, algún día tenía que superar ese miedo y volver a tomar el volante, pero de ese hecho solo había pasado un año y todavía no me sentía lista. — Buenos días — saludé al conductor del bus con una sonrisa. Conductor: — Buenos días — respondió con amabilidad. Después de pasar mi tarjeta de transporte público por la máquina, caminé por el pasillo buscando un asiento libre. Como de costumbre, opté por uno junto a la ventana, mi lugar favorito para viajar. Una vez acomodada, saqué mi tablet y me dispuse a leer, un pasatiempo que disfrutaba especialmente durante los trayectos en bus. Ahora, iba a continuar leyendo el microrrelato erótico de Vicenç llamado “Juegos perversos”. Según lo que había leído hasta ahora, la historia giraba en torno a dos personajes atrapados en una espiral de tentación y anhelo: Claudia, una profesora de pintura, y Miguel, uno de sus alumnos que parecía conocer cada uno de sus secretos más oscuros. Desde su primer encuentro en el ascensor, la tensión entre ellos había sido palpable, una mezcla de deseo y peligro que los empujaba al borde de lo prohibido. De momento, la trama me tenía superviciada; cada palabra que había escrito Vicenç estaba cargada de una tensión electrizante que hacía imposible no seguir leyendo. No podía esperar para ver hasta dónde llegarían los protagonistas: Claudia y Miguel. Después de tantas veces luchando contra ese impulso incontrolable, era imposible no preguntarse cuándo finalmente cederían por completo a sus deseos más oscuros. Pero, parecía que la espera había llegado a su fin. ___________________________________________ INICIO DE LA LECTURA Claudia estaba todavía en estado de shock cuando las luces del teatro cambiaron a un tono cálido y seductor, bañando el escenario en una mezcla de rojos y dorados. El ambiente había cambiado radicalmente de lo que ella esperaba; en lugar de la obra de teatro clásica que Miguel le había prometido, se encontraba ahora en medio de un espectáculo que exudaba sensualidad y deseo. El público, compuesto en su mayoría por mujeres, estalló en gritos y aplausos cuando Miguel, con una mirada cargada de confianza, la tomó suavemente de la mano y la llevó hacia el centro del escenario. Claudia no podía creer lo que estaba sucediendo. Sus pasos eran torpes y su corazón latía frenéticamente mientras intentaba procesar lo que Miguel acababa de revelar. Miguel: — ¿Estás lista para un baile personalizado? — susurró con una sonrisa provocativa mientras la hacía sentarse en una silla estratégicamente colocada en medio del escenario. La música sensual aumentó de volumen, y los gritos del público se intensificaron cuando Miguel, con movimientos lentos y deliberados, comenzó a desabotonar su camisa negra. Claudia sintió su boca secarse mientras lo observaba, cada botón que caía revelaba más de ese torso esculpido que tantas miradas codiciaban. Miguel: — No te preocupes por lo demás — murmuró, acercándose a ella. — Esta noche, todo se trata de ti Claudia: — Nunca imaginé que harías esto Miguel: —Tú querías saber a qué me dedico, pues esto es lo que hago. Soy stripper Miguel tomó la mano de Claudia y la guio por su abdomen firme, bajándola lentamente hasta su cinturón. El contacto hizo que Claudia sintiera un calor que subía por todo su cuerpo, y no pudo evitar morderse el labio mientras él la miraba con una sonrisa cómplice. Miguel: — ¿Te sorprende? — preguntó, inclinándose lo suficiente para que sus labios casi rozaran los suyos. Entonces, Claudia lo miró fijamente, luchando entre la sorpresa y la excitación que la invadía. Claudia: — Debo admitir que me has sorprendido, pero también tengo que decir que me gusta… — respondió, con palabras cargadas de una mezcla de asombro y anhelo. Con esa declaración, Miguel se acercó aún más, con movimientos cada vez más atrevidos. Claudia apenas podía contener su respiración cuando él comenzó a realizar movimientos pélvicos sobre sus piernas, cada uno más provocativo que el anterior. Claudia, sentía cómo sus defensas se derretían con cada palabra, con cada movimiento que él hacía sobre o frente a ella. En ese momento, el público desapareció para ella; ya no escuchaba los gritos de las demás mujeres, ni veía las luces que antes la cegaban. Solo estaba Miguel, su cuerpo cerca del suyo, su aliento en su oído, su voz llenándola de una mezcla de emociones que nunca antes había experimentado. Las luces en el teatro bajaron su intensidad, creando una atmósfera íntima y cargada de tensión. El aire era denso con el sonido de la música lounge y los susurros excitados de las espectadoras, quienes no podían apartar la vista de la escena en el escenario. Miguel, con una sonrisa que combinaba seguridad y deseo, extendió la mano hacia Claudia, invitándola a ponerse de pie. Con el corazón latiendo a toda prisa, Claudia aceptó la mano de Miguel y se levantó despacio, sintiendo cómo el calor de su piel se mezclaba con el suyo. Miguel la condujo hacia el centro del escenario, donde, sin perder su elegancia, levantó su mano libre y con un gesto firme y decidido, invitó al público a aplaudir y animar. Los vítores y aplausos resonaron con fuerza, llenando el teatro con una energía electrizante. Con un suave gesto, Miguel la guio hacia el suelo del escenario, indicándole que se recostara boca abajo. Claudia, llena de curiosidad, obedeció, acomodándose sobre el escenario mientras el frío de la superficie contrastaba con el calor que sentía en su cuerpo. El público apenas respiraba, hipnotizado por la química palpable entre ambos. Miguel, con movimientos lentos y sensuales, se posicionó sobre ella, sentándose suavemente sobre su trasero. El anhelo que Miguel había mantenido reprimido durante tanto tiempo ahora fluía, imposible de contener. A medida que la música aumentaba en intensidad, él presionó su cuerpo más firmemente contra el de ella, permitiendo que la dureza de su m*****o se acomodara contra su trasero. El contacto fue deliberado, provocador, asegurándose de que Claudia sintiera exactamente lo que él quería transmitir. Entonces, con una mano firme, pero controlada, Miguel agarró su cabello, tirando con fuerza medida hacia atrás, haciendo que la cabeza de Claudia se inclinara hacia atrás, exponiendo su cuello. Claudia: — Miguel… — susurró, una mezcla de sorpresa y placer en su voz. Miguel: — Déjate llevar — dijo inclinando su rostro hacia el de ella, sus labios casi rozando la piel de su cuello. Ella asintió, su respiración rápida y entrecortada. No podía negar lo que estaba experimentando; la combinación de las ganas que emanaba de Miguel y la excitación del momento la tenía completamente atrapada. En lugar de resistirse, Claudia arqueó ligeramente su espalda, presionando su trasero contra Miguel, un gesto silencioso de aceptación que lo hizo sonreír con satisfacción. Miguel, complacido por su respuesta, inclinó su cuerpo más cerca, su aliento caliente contra la piel expuesta de Claudia, mientras sus movimientos pélvicos se volvieron más marcados, creando una fricción que encendía cada fibra de sus cuerpos. De repente, la música cambió de ritmo, señalando el final de la escena. Así pues, Miguel se levantó de Claudia con gracia, extendiendo su mano para ayudarla a incorporarse. Claudia, aún atrapada en el rastro de la intensa fantasía que Miguel había tejido a su alrededor, empezó a regresar lentamente a la realidad. Cuando finalmente lo hizo, se dio cuenta de que el público estaba aplaudiendo con entusiasmo, sus rostros reflejando satisfacción, y algunas miradas, teñidas de envidia, revelaban el deseo de haber estado en su lugar. Miguel: — Vuelve a tu asiento — pidió, inclinando la cabeza con elegancia y, con un gesto caballeroso, besó el dorso de la mano de Claudia. A pesar de que cada fibra de su ser deseaba prolongar el momento, Claudia asintió y obedeció, regresando a su lugar entre el público. Mientras se alejaba, sentía que el calor del contacto de Miguel aún vibraba en su piel, pero sabía que el espectáculo debía continuar, no podía centrarse solo en ella. FIN DE LA LECTURA ___________________________________________
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