Capítulo 13: Fin de la lectura

1311 Palabras
AMAIA Mientras leía ese capítulo tan intenso de Claudia y Miguel, completamente absorta en la historia, una señora me distrajo. Señora: — Hola, ¿está ocupado este asiento? — No, puede sentarse — respondí con una sonrisa, invitándola a ocupar el asiento a mi lado. En ese momento, me di cuenta de que el autobús ya estaba casi lleno, algo que no había notado debido a mi concentración en la lectura. Entonces, como todavía estábamos a mitad de camino y faltaba para llegar a Barcelona, decidí seguir leyendo. No podía dejar el capítulo a medias; estaba demasiado intrigada por lo que estaba sucediendo con Claudia y Miguel, especialmente después de que él le estaba bailando de una manera tan provocadora. ___________________________________________ CONTINUACIÓN DE LA LECTURA Después de que Miguel le bailara a Claudia, pasaron unos diez minutos más de espectáculo. Durante ese tiempo, Claudia sentía una creciente necesidad de acercarse a él y liberar el deseo que había estado acumulando desde que lo conoció. Desde sus días en las clases de pintura, donde compartían tres horas diarias, Claudia había intuido que Miguel sería un desafío. Desde la primera mirada intensa que él le había lanzado, supo que no podría resistirse a él, a pesar de su diferencia de unos cinco años de edad y de que ella era su profesora y él su alumno. De hecho, aquel deseo mutuo se había arraigado profundamente desde una noche que coincidieron en una discoteca, cuando ambos, tras bailar con una intensidad casi palpable, se encontraron a solas bajo las luces tenues. En ese momento, la tensión entre ellos había sido tan fuerte que ni siquiera las palabras parecían necesarias. Desde entonces, ambos habían sentido que la energía entre ellos era algo más que física; era una mezcla de anhelo y miedo, pero ninguno se atrevió a dar el paso final para ver lo próximo que ocurría. Pero esta vez era distinto. Minutos después de que el show llegara a su fin, Miguel le lanzó a Claudia una mirada cargada de intención. Ella captó de inmediato el mensaje implícito: una invitación silenciosa para que lo siguiera, para encontrarse en la intimidad, lejos de las miradas curiosas. Claudia se levantó de su asiento con calma, mezclándose con la multitud que se dirigía hacia la salida del teatro. Sin embargo, ella tomó un rumbo diferente, caminando hacia el escenario mientras sus ojos seguían disimuladamente el rastro de Miguel, tratando de no parecer demasiado evidente. Al atravesar el pasillo, entró en una zona apenas iluminada por luces tenues de colores que parpadeaban a lo largo del camino. A su derecha, notó una tenue luz que emanaba desde una puerta. Justo cuando se acercaba, sintió cómo alguien la sujetaba por la muñeca, tirándola suavemente hacia el interior de la habitación. Entonces, al cruzar el umbral, sus ojos se encontraron con los de Miguel, que la esperaba con una expresión cargada de excitación. Miguel la llevó suavemente contra una pared cercana, acorralándola con su cuerpo. Claudia no encontraba las palabras, pero no las necesitaba; su respiración entrecortada y la mirada ardiente hablaban por sí solas. Sabía que estaba lista, más que nunca, para dejarse llevar por las ansias que había reprimido durante tanto tiempo. Miguel empezó a besar lentamente la línea de su cuello, sus labios trazando un sendero de fuego con cada contacto. Los besos eran lentos, pero cargados de una voracidad contenida, mientras sus manos recorrían sus curvas con un toque firme y posesivo. Claudia se mordió el labio, intentando acallar un gemido que amenazaba con escapar, mientras su cuerpo entero vibraba bajo la intensidad del momento. ....... ___________________________________________ Señora: — ¿Se ve que va a llover, verdad? — preguntó la señora sentada a mi lado, sacándome de mi lectura. — Sí, parece que sí — respondí, dirigiendo la vista hacia la ventana. El cielo estaba nublado, y se notaba una amenaza de lluvia, aunque aún era incierta. Señora: — He escuchado en las noticias que toda esta semana va a llover — Puede ser — dije, le dediqué una sonrisa y después volví a concentrarme en el libro. Estaba en una parte crucial de la trama y no quería perderme ni un detalle. ___________________________________________ Ella lo miró, sus ojos reflejando el mismo deseo que veía en los de él. En ese momento, ambos sabían que no había vuelta atrás. Lo que había comenzado como un simple juego ahora era un fuego que no podían ni querían extinguir. Miguel se empezó a desabotonar el pantalón y… ___________________________________________ Señora: — Sí, yo creo que sí va a llover. Mira esas nubes oscuras, eso suele significar lluvia — dijo, interrumpiéndome de nuevo. — Sí, parece que sí — respondí, intentando volver a mi lectura. No obstante, noté que la señora empezaba a mirar con curiosidad la pantalla de mi tablet. Así que, disimuladamente, me acomodé en el asiento y traté de cubrir la pantalla con mi brazo. A pesar de mi esfuerzo, seguía percibiendo que la señora estaba intrigada por lo que leía. Finalmente, decidí dejar la lectura. El momento que Miguel y Claudia estaban viviendo en la historia me tenía completamente absorbida, pero no podía permitir que la señora viera la escena íntima que se estaba desarrollando pues ¿qué pensaría ella de mí si veía lo que leía…? Mejor ni me iba a imaginar, así que tuve que posponer la lectura hasta que pudiera disfrutarla en privacidad. 8:30 a.m. Hace rato había llegado a Barcelona, pero antes de ir al trabajo, pasé por una cafetería a comprarme un café. Luego llegué a la oficina antes de lo previsto, pues mi hora de entrada era a las nueve, pero no era problema, ya que podía entrar antes y quedarme en mi oficina. Además, ya quedaban pocos minutos para las nueve. Recepcionista: — Hola, Amaia, ¿tan temprano vienes? — Hola. Sí, me gusta madrugar — respondí mientras seguía el pasillo hacia mi oficina. El lugar estaba bastante vacío; había algunos compañeros por ahí, pero la mayoría de las oficinas estaban desiertas, pues así como yo, la hora de entrada era a las nueve a excepción de algunos. Al llegar a mi oficina, lo primero que hice fue sacar mi tablet y empezar a leer. Necesitaba aclarar las dudas sobre lo último que había leído. ___________________________________________ Miguel se desabotonó el pantalón y bajó el bóxer, mostrando su erección mientras miraba a Claudia. Ella, sorprendida y con una mezcla de emociones, no podía apartar la mirada de sus ojos. Quería ver lo que se había asomado frente a ella, pero sentía tantos nervios que no se atrevió. Miguel tomó la mano temblorosa de Claudia y la guio hacia su m*****o, invitándola a tocarlo. Luego, colocó su mano sobre la de ella y comenzó a moverla hacia arriba y hacia abajo. Cada movimiento era lento y ajustado, regulando la velocidad con cada segundo que pasaba. Miguel, con una mezcla de satisfacción y ansia, observaba de cerca la reacción de Claudia, notando cada pequeño cambio en su expresión. El ambiente estaba cargado de una tensión palpable, donde el silencio se rompía solo por los susurros de sus respiraciones agitadas. Miguel: — ¿Esto es lo que querías? Claudia: — Desde la noche en que bailamos en la discoteca esperé que pasara — respondió antes de besarle con una intensidad desbordante. El beso fue la chispa que desató el fuego entre ambos. No había más dudas, solo el deseo compartido que llevaba tanto tiempo contenido. Sus cuerpos se entrelazaban con una urgencia que no admitía pausa ni reflexión. Las manos de Miguel exploraban cada rincón de Claudia, mientras sus labios recorrían su piel con una mezcla de suavidad y hambre. Y por primera vez, ninguno de los dos quiso pensar en lo que podría pasar después, entregándose completamente el uno al otro en cada caricia, roce y penetración. FIN DE LA LECTURA ___________________________________________
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