Sasha había seguido a Alice la última vez y como ella no volvió a hacerse ver en el instituto él decidió ver con sus propios ojos a que se enfrentaba, así que se acercó a su casa y llamó a la puerta. Un sujeto de cuarenta y tantos, con barba desalineada y tatuajes en los brazos, lo atendió con una camiseta sin mangas.
—¿Que quieres?—preguntó el sujeto.
—¿Usted es el pastor de la iglesia fuera del pueblo?
—Solía serlo, antes que dejara de creer en cuentos. ¿Porque?
—Lo recuerdo—mintió Sasha.
—Bueno, sí lo recuerdas sabes que no terminó bien—dijo casi cerrando la puerta sino fuera porque Sasha antepuso su pie en el marco.
—¿Que quieres?—preguntó ésta vez más hosco el hombre.
—Quiero ver a Alice—espetó finalmente Sasha.
—No se puede—volvió a intentar cerrar la puerta el hombre, pero Sasha siguió empujando—.Romperás tu pie jovencito si sigues insistiendo.
—Quiero ver a Alice—dijo con más firmeza Sasha.
—¿Esa mocosa y tú...?
—¿Si somos algo? No, no para nada—aclaró inmediatamente él.
—¿No se acostaron?
—Usted no conoce a su hija, ¿verdad?
—Sé lo suficiente, como que no es para ti.
—¿Y porque está tan seguro de eso?—insistió Sasha.
El hombre salió de la casa y encendió un cigarro. Le ofreció uno a Sasha que aceptó con una mueca forzada.
—Estás enamorado de ella, ¿cierto?—dijo el hombre con la voz ronca.
—Sí—dijo Sasha sin escatimar.
—No sé como te conoció, honestamente. Tiene prohibido acercarse a la gente—admitió el sujeto sin inmutarse.
—¿Porque?—inquirió Sasha.
—Hay cosas que son solo de la gente de familia, ¿entiendes?—dijo dándole una palmada en el hombro.
—¿Usted es quien le quita los zapatos?
—Así que eres tú el de la mierda de los zapatos...—dijo el hombre parándose turgente.
Sasha asintió con la cabeza y el hombre rió con sorna.
—No necesita zapatos en casa.
—¿Porque no puede salir?
—Ya te lo dije, son cosas de familia. ¿No prestas atención?—dijo malhumorado caminando hacia la puerta.
—Ella no es una cosa—espetó Sasha a la magnanimidad.
—No, pero es mía—respondió tajante el hombre.
—¿Usted la adoptó?
—Pues sí, ¿quien más?
—Mis padres no quisieron adoptarla, pero se supone que yo regresaría por ella...
—No se porque me cuentas ésto, no lo hiciste, ¿sientes culpa?—dijo el hombre sin esperar respuesta realmente—.Creo que debes volver a casa—dijo hosco y cerró la puerta finalmente.
Sasha golpeó la puerta pero el sujeto no la volvió a abrir.
—¡Vete a tu casa, niño!—gritó el hombre desde el otro lado—¡Hazlo o llamaré a la policía!
—¡Alice! ¿Puedes oírme?
De pronto, se escucharon gritos de una joven que creyó que eran de Alice, pero no lo supo con seguridad porque de pronto, todo se silenció. Así que Sasha no tenía opción y fue directo a la policía a reportar las condiciones en las que vivía Alice y que probablemente su amiga era abusada por ese hombre.
Pero luego de su denuncia, no supo nada más. Hasta que volvió a espiarla y se sorprendió con ver al sujeto libre, entonces, volvió a su rutina, pero cuando lo hizo, los días pasaban y todo era inapetente, en ocasiones esperaba que ella vuelva a buscarlo, pero nunca lo hacía. Así que lo supo entonces, Alice estaba en problemas, pero como estaba de seguro de amarla fue que también estaba seguro de sus conjeturas y según ellas, Alice estaba imposibilitada de su libertad. Así que esperar entre las sombras por unas horas hasta que el monstruo por fin saliera de la casa para echarse a intentar adentrarse en esa casa.
Apenas dio unos pasos, allí la encontró, atada a la cama en uno de los cuartos y mientras ella despabilaba él la soltaba, llamó a la policía y el sujeto fue capturado por más tiempo, pero no quiso saber de ello, solo de Alice, quien había sido soltada sin mascullar, no dijo nada hasta volver a la casa y tomar algunas cosas de su habitación. Él la acompañó todo el tiempo, desde que salió hasta su antigua casa.
—Son solo fotos, hay más cosas que él hizo—espetó ella enseñándole pruebas de fotos de personas torturadas por el mismo hombre que la adoptó—.Él siempre usa condón, por eso nunca lo encontraban...
—Alice, eso es terrible...
—¿El hecho de que tuvieras razón sobre mi padre adoptivo o que probablemente yo también haya sido torturada?
—Ambas cosas...supongo...
—Así que a ti también te interesan esas cosas...—dijo ella cabizbaja.
—¿Que cosas?—preguntó él extrañado.
—Que ya no soy virgen...
Él negó con fuerza con la cabeza y la abrazó. No hubo más conversación, solo la llevó a su casa, con sus padres quienes sabían de la noticia y ella allí aprovechó para darse un baño y cambiarse de ropa.
Pero un día fueron dos y dos fueron tres y Alice se entregó a Sasha, pero ya no podían vivir allí, con los padres adoptivos de Sasha, puesto a que Alice se embarazó. Y allí la realidad comenzó a carcomerlos, como el tiempo, tenían que huir y lo hicieron, se mudaron al único lugar que conocían que era del padre adoptivo de Alice, quien ya no podría volver a lastimarla. Su iglesia.
—¿Y si vuelve a salir?—preguntaba ella tocándose la pansa.
—Le dieron perpetua, Alice.
—Lo sé, pero no puedo evitar pensar en que él puede hacerme daño y al bebe lo mismo que me hizo a mí.
—No lo volverás a ver, lo prometo—aseguró Sasha recostándose en una manta con la que envolvió a Alice recostada en una habitación de la iglesia.
—¿Y cómo seguirá el mundo? No podemos quedarnos aquí...
—Buscaré un trabajo, luego nos mudaremos a una casa de verdad y trabajaré duro para ti—aseguraba él mientras ella sonreía viendo las vitrinas de la iglesia.
Alice por fin tenía zapatos, libertad y conocía el amor. Todo tuvo sentido entonces, Sasha y ella estaban destinados a estar juntos, ambos se fundieron en un abrazo e hicieron el amor. Alice aún sentía vergüenza de sus cicatrices pero sabía que ante el sujeto correcto ellas serían también igual de amadas como ella. Sasha era su salvador y aquello le dio esperanzas otra vez y que pudiera dejar de atormentarse por lo que el hombre que la adoptó la hizo vivir.
Quiso pensar que entonces la vida ahora sería distinta, llena de felicidad y que había llegado su turno de ser feliz, porque la vida le había arrebatado tanto en la vida que por fin sentir algo en sus pies, como zapatos, la hacía sentir abrigada, mientras que era abrazada por el joven al que amaba. No podía pedir más. No importaba si no tenían una casa, solo importaba que estuvieran juntos y que ésta vez él no la abandonaría.