Gerald y Ares hablaban mientras salían de clases, Ares le había contado sobre Tabitta.
—No puedes ponerte raro solo porque se besaron—reía Gerald.
—Tú no puedes tener solo una novia y ahí tienes...
—A lo que me refiero hermano, es que si te gusta la chica debes comerte tu timidez—dijo alentando los pasos.
—Lo sé, pero en ocasiones siento que le doy demasiadas vueltas a ésto, pero es que su vida es tan rara...
—¿Porque tiene quemaduras?
—No, en lo absoluto, pero vive en una iglesia—dijo él hasta que la vio esperándolo.
—Bueno, aquí es cuando desaparezco—dijo Gerald abriéndose camino entre la multitud.
—Oye, tú...—dijo Ares acercándose nervioso pero con una sonrisa en la cara.
—Oye, tú—imitó ella con burla.
—¿Que has estado haciendo?—dijo rompiendo el hielo y poniéndose a caminar.
—Pues, le conté de ti a mi mejor amigo, creo que eso es algo, ¿cierto?
—Te he ganado, yo le he contado a mi hermana, pero por cartas—dijo comenzando a reír ella.
—No creí ser tan importante—dijo él rascándose la nuca.
—Nos besamos, ¿no es algo importante?
—Me besaste—corrigió él. Ella ladea la cabeza con extrañeza.
—¿Entonces no querías?
—¡No! ¡Nunca dije eso! Solo que...me sorprendió...
—¿Porque debería hacerlo? Pensé que te gustaba...
—Sí Tabitta, el problema es que no soy bueno con las chicas y mucho menos como tú.
—¿Chicas como yo?
—Ya sabes...—dijo él con las manos en el bolsillo haciendo un gesto con la cabeza.
—No, no lo sé—atinó a decir ella.
—Pues, que sean tan sensibles.
—¿Porque crees que soy sensible?
—Lo supuse, es que eres tan tierna y gentil a pesar de todo.
—¿De todo?—insistió ella.
—Sí, de tus quemaduras.
—Me las hice de niña, no tengo la culpa de ellas.
—No, es que no son un problema.
—¿En realidad crees eso?—preguntó Tabitta reticente.
—No, no es solo eso, es que antes tampoco te había visto...
—¿Y porque no conocieras a una persona del pueblo me hace rara, sensible o inestable emocionalmente? ¿Crees que me oculto? Merezco una vida como la de cualquier chica normal...
—Lo sé, lo sé. Discúlpame, solo soy un tonto sacando conclusiones.
Ella se llamó al silencio y juntó las manos para verlas cabizbaja.
—Es que en ocasiones las personas son escoria y no quiero que te haga pensar que todos lo somos—comenzó a balbucear él nervioso.
—¿Y tú no eres escoria?
—Supongo que no, soy técnicamente normal.
—¿Y yo no soy técnicamente normal?—dijo ella con desenfado.
—Mierda, no es lo que quería decir.
—Pero lo hiciste—dijo ella deteniendo el paso—.Te avergüenzas de mí.
—¡No!—dijo parando el paso también y dándole un beso, Tabitta estaba molesta pero lo siguió besando—¿Lo ves? Me gustas.
—¿Entonces porque haces tanto drama?
—Porque no se si podré protegerte de la escoria.
—No necesito protección—murmuró ella.
Él la tomaba del rostro con gesto amable y la acariciaba.
—Eso lo dices ahora, pero luego no nos dejarán en paz.
—Tú eres el que tiene miedo—espetó ella—.No quieres ser el bufón.
—¿Y tú si?
Ella se alejó de sus manos.
—¿Soy un bufón para ti?
Él negó con la cabeza pero antes de que dijera algo más ella estaba tomando un camino por separado y aunque él intentó alcanzarla, no pudo, pero sabía donde podía encontrarla.
Mientras tanto, en la ciudad alterna, las piezas de Serena eran compradas de una sola vez y aquello la hizo sonreír como tonta, su jefa entonces decidió tenerla en cuenta para exponerlas.
—No sabía que pintabas—dijo su jefa en la galería.
—Lo hago como hobbie...
—Pero estaban en venta, y tú vendes también para la galería.
—Sí, pero mis piezas no creí que le interesaran al nivel de la galería.
—Pues cuéntame la próxima que tengas una colección, quizás tenga la misma suerte que ésta—dijo marchándose.
—Así que todas compradas—agregó Brittany—Wow, que talento.
Serena se engulle entre sus papeles avergonzada.
—No me hagas reír, suficiente tengo con haber bajado la guardia con los hombres.
—¿Lo dices por el pianista?
Serena sonríe de oreja a oreja.
—¿Lo hicieron?—insistió Brit.
Serena volvió a sonreír.
—¡Wow, que rápida!
—Oye—dijo avergonzada ella, pero la verdad es que estaba contenta y se sentía como una adolescente enamorada—.De todos modos, él también sabe de arte.
—No me digas, ¿y si él compró tu colección?
—Nunca le dije que estuvieran en venta. Solo compartimos contactos esa noche.
—Pues busca el recibo de compra—alentó su amiga.
Serena no pudo evitar entristecerse.
—Si fue él, significa que lo hizo como cortejo y no porque tuviera talento realmente.
—Pero vaya cortejo, ahora tu jefa sabes que eres artista.
Ella se llevó la mano a la boca cuando vio, que efectivamente, el pianista había sido su comprador.
—Sí, me he ilusionado tontamente, él la ha comprado.
—Pero se exhibirán, Serena...
—Sí, lo sé, no digo que no sea bueno, pero no puedes comprar todo mi arte solo para estar conmigo.
—Yo que tú me preguntaría mejor porque vive en un motel—preguntó su amiga chequeando el recibo.
—¿Eso es un motel?
—Se ha quedado pobre comprando tus pinturas—bromeó Brit.
Serena no le acompañó en el chiste.
—Debo verlo...
—¿En el motel?
—Quiero ver si un pianista prestigioso que compra toda una colección de arte no es en realidad Ted Bundy.
Tomando su cartera, se dirigió hacia el motel que figuraba en el cheque, esperanzada de que saliera de una de las tantas puertas hasta que finalmente lo hizo y supo la verdad, su interés amoroso vivía en un motel.
—¿Bromeas?—dijo ella acercándose a él.
—¿Que haces aquí?—preguntó él con enfado.
—Ver como vives—espetó ella.
—¿Importa el cómo vivo?—dijo él invitándola con la mano a pasar.
Ella pasó con las manos entrelazadas y mirada despectiva.
—Compraste toda mi colección, Aulio—insistió ella reticente.
—Eres una buena pintora, Serena. Y puedo pagarlo, ¿cual es el problema de donde viva?
Ella se toma del centro de su frente y se sienta en la cama.
—Vives en un motel, no sé quien eres...
—Yo tampoco sé mucho de ti y no he hecho escándalos...
Ella ignoró lo otro y lo miró a los ojos.
—¿Porque yo?
—Porque eres distinta—respondió a la magnanimidad.
—¿Y porque me ocultaste donde vivías?
—No lo mencioné, eso es diferente.
—¿Porque vives aquí? ¿Es la falta de dinero? Puedo devolverte lo de las pinturas.
—Serena, soy un pianista reconocido.
—Pero entonces, ¿porque vivir aquí?
Él toma asiento a su lado.
—Voy a morirme, Serena.
Ella volteó a verlo rápido a los ojos.
—¿Que dices?
—Cáncer, cerebral, inoperable. ¿Porque sino viviría de esta manera? Además, sería en vano vivir de lujos y suntuosidades cuando voy a morirme tan pronto.
—Por Dios—dijo ella llevándose la mano a la boca y soltando lágrimas.
—Siento haberme involucrado contigo—dijo abrazándola.
—Lo siento tanto—dijo ella entre sollozos. Él la abrazó más fuerte.
—Por eso no quería interesarme en nadie...
—¿Y entonces?—dijo ella llevando la mirada a la suya.
—Fallé. Quisiera conocer todo de ti, pero no podré.
Serena lo abrazó y se llamó al silencio, no podía dejar la angustia y no sabía porque, solo era un hombre, un hombre que vio potencial en su arte y que conocía de su talento, de su música y quizás aquel era el problema, habían conectado a través del arte y no podía concebir que un ser humano así, se hubiera cruzado con ella solo para ser arrebatado.