Fernando Vidal. Estaba al borde de la desesperación, dando vueltas sin cesar por el pasillo de la clínica mientras esperaba noticias sobre Azul. No podía calmarme, el miedo y la confusión me tenían atrapado. A mi lado, Leonardo me observaba con una mirada cargada de rabia y desdén. Nunca antes lo había visto así, y su actitud solo incrementaba mi frustración. —Delfina debe estar por llegar al aeropuerto, hay que buscarla —dije, tratando de distraerme y centrarme en algo práctico. —Ve tú, es tu hermana, no la mía —respondió Leonardo con frialdad. Su tono era cortante, casi despectivo. No podía entender qué estaba pasando. Todo parecía irreal. —No entiendo nada, Leonardo. ¿Qué hacía Azul en tu empresa? —pregunté, sintiendo cómo la confusión me carcomía. Tenía que obtener respuestas. —T

