Capítulo 6

3382 Palabras

6El propietario de Yoshiwara solía ganar dinero de muy diversos modos. Uno de ellos, desde luego el más inocente, consistía en apostar a que nadie —por mucho que hubiera viajado— sería capaz de adivinar a qué mezcla de razas debía él su rostro, y hasta entonces había ganado todas las apuestas. Recogía el dinero que ganaba con unas manos cuya cruel belleza no habría avergonzado a un antepasado de los Borgias españoles, pero cuyas uñas mostraban un borde sospechosamente azulado. Por otra parte, la cortesía de su sonrisa en esas ocasiones tan provechosas para él provenía indudablemente de ese mundo gracioso e insular que, desde los bordes más orientales de Asia, sonríe siempre gentil y vigilante a la poderosa América. Se combinaban en él características que le hacían parecer un representante

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