El sol apenas comenzaba a colarse por las ventanas del apartamento de Luna, cuando ella abrió los ojos con una mezcla de ansiedad y alegría. La noche anterior había dormido poco, en realidad, apenas si cerró los ojos y no por la falta de sueño, sino porque cada vez que lo intentaba, la imagen de Ángel regresaba a su mente con una intensidad que la desvelaba por completo. Se giró en la cama, abrazando la almohada, con una sonrisa que no se podía quitar. El mensaje que había enviado antes de dormir seguía ahí, latiendo como un eco dulce en su pecho: “¿Aceptas una primera cita? Tú eliges el lugar, campeón.” Se había lanzado, sin vueltas, sin juegos. Algo en Ángel la hacía sentirse segura, como si no necesitara protegerse todo el tiempo, como si con él, pudiera ser simplemente ella , s

