UN MOMENTO

1078 Palabras
El celular vibró en las manos de Perla mientras intentaba relajarse en su cama después del día agitado. Cuando leyó el mensaje en la pantalla, su corazón dio un salto: L: Creo que ese beso no fue suficiente, perlita. Ansío más… Creo que tus labios son adictivos. Un escalofrío le recorrió la espalda. Sus muslos se apretaron por instinto y sintió una punzada de cosquillas en su entrepierna. ¿Cómo podía alterarla tanto con tan pocas palabras? Con los dedos temblorosos respondió: P: ¿Quién rayos eres? Dímelo o te bloqueo. La respuesta no tardó: L: ¿De qué te sirve bloquearme por aquí si puedo tenerte en persona? Frustración. Deseo. Confusión. Todo la golpeó a la vez. Perla se pasó una mano por la frente, sintiendo cómo la temperatura de su cuerpo iba en aumento. ¿Cómo era posible que este desconocido la tuviera así? L: ¿Te gustaría tener otro momento? P: ¿De qué hablas? La última notificación llegó con precisión quirúrgica: L: Nos vemos en 10 minutos, zona trasera del campus. Y justo después… el aviso en la pantalla: LordBlackthorn se ha desconectado. Perla se quedó inmóvil unos segundos, con el celular aún en la mano. El corazón le latía tan fuerte que casi podía oírlo. Se puso de pie de un salto, caminando de un lado a otro en su habitación. —¿Y ahora qué hago? ¿Voy o no voy? —murmuró, mordiendo su labio inferior—. Si voy… tal vez pueda descubrir quién es. Miró el reloj. Ocho minutos. Sin pensarlo más, fue directo al armario. Se desnudó rápido y se puso un short de mezclilla ajustado, de esos que subían peligrosamente por sus muslos. Eligió un crotop sin brasier debajo, dejando sus pezones levemente marcados bajo la tela ajustada. Se hizo una coleta alta, agarró su celular y salió del dormitorio sin mirar atrás. Cada paso hacia ese punto oscuro del campus la llenaba de ansiedad… y deseo. LordBlackthorn la esperaba. Y ella necesitaba respuestas… o tal vez, algo más. Perla llegó a la parte trasera del campus, su respiración entrecortada por la carrera y por los nervios. La zona estaba casi desierta, apenas iluminada por faroles intermitentes y el resplandor lejano de la biblioteca. Miró a su alrededor, el celular temblando en su mano. No había nadie. —¿Hola? —susurró, sintiéndose un poco ridícula. Avanzó unos pasos, dudando. ¿Y si era una broma? ¿Y si estaba arriesgándose a lo tonto? Pero justo cuando pensaba en dar media vuelta, una mano firme la sujetó de la muñeca y la jaló con fuerza hacia una esquina oscura, entre un muro cubierto de hiedra y una pequeña estructura abandonada. Antes de que pudiera gritar, una palma cálida le cubrió la boca y una voz modificada susurró contra su oído: —Shhh… tranquila, perlita. Solo soy yo, tu coeditor favorito. El corazón de Perla se disparó. LordBlackthorn. Estaba aquí. En carne y hueso. La adrenalina y el deseo se mezclaron en su pecho. El cuerpo del desconocido era fuerte, alto. Sentía su cercanía, su calor. Él deslizó lentamente la mano que cubría su boca y en su lugar dejó un suave roce de labios. Fue un beso lento, profundo… uno que la desarmó completamente. Sus piernas se aflojaron un poco y él, como anticipándolo, la sostuvo por la cintura. —Creo que tus labios también son adictivos —susurró él contra su piel, mientras la empujaba suavemente contra la pared. Ella jadeó. Su piel se erizó, especialmente cuando él deslizó los dedos por sus costados, acariciándola por encima del shorts, provocándola sin prisa. Su crotop delgado dejaba poco a la imaginación. El tacto de sus manos era seguro, dominante, tentador. —¿Quieres que me detenga, perlita? —preguntó él, besándola en el cuello, justo donde la piel era más sensible. Perla no respondió con palabras. Su cuerpo hablaba por ella. Estaba entregada a la tensión del momento, pero su mente, en medio del deseo, intentaba encontrar una pista: el olor de su perfume, el tacto de su ropa, algo que lo delatara. Pero él era cuidadoso. Ni una palabra sin el modulador. Ni una pista real. Sus manos bajaron lentamente, bordeando el inicio de sus muslos, rozando apenas, provocándola a un paso del atrevimiento. La respiración de Perla se volvió más irregular mientras la boca de LordBlackthorn seguía explorando su cuello con una mezcla de urgencia y precisión. Su aliento era cálido, sus movimientos calculados. A pesar de estar envuelta en un torbellino de sensaciones, su mente intentaba mantener un atisbo de claridad. Él acercó su cuerpo aún más, aprisionándola con sutileza entre su figura y la pared. Perla podía sentir su pecho subir y bajar, cada movimiento haciéndola más consciente del momento. Su mano subió lentamente por su costado, provocando escalofríos a su paso, y se detuvo justo debajo de la base del croptop. Fue entonces cuando ella sintió algo: no en su propio cuerpo, sino en el de él. Una manilla. Delgada. Ajustada en su muñeca. Era un detalle mínimo, pero ahora, en medio del deseo y la oscuridad, era una pista. Una pista que encendió una chispa de sospecha. Perla intentó recordar. ¿Había visto a alguno de los chicos con una manilla así? ¿Alan? ¿Rubén? ¿Andrés? Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por la cercanía de su voz modificada: —Tiemblas, perlita… ¿es miedo o deseo? Ella tragó saliva. Podía decirle que ambos. Pero no quería mostrar debilidad. Alzó la barbilla, intentando sonar firme. —¿Por qué no me dices quién eres y acabamos con este juego? LordBlackthorn soltó una suave risa. No burlona, sino casi divertida… íntima. —Porque tú disfrutas el juego, aunque no quieras admitirlo. Y sin darle más tiempo para responder, se separó lentamente, dejando en su lugar solo el frío de la noche y la confusión palpitando en su pecho. —Nos veremos pronto, Perla —susurró la voz, ya distante—. Muy pronto. Unos pasos. El crujido de las hojas. Y luego, silencio. Perla quedó allí, apoyada en la pared, el corazón galopando y los pensamientos desbordándose. Su mirada bajó a su propio pecho, a la piel que él había rozado apenas. Luego al camino oscuro frente a ella. La única certeza que tenía era que LordBlackthorn estaba más cerca de lo que imaginaba… y que su deseo por descubrir su identidad comenzaba a mezclarse peligrosamente con su atracción por él.
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