Capítulo 6

2075 Palabras
                                                                                      Capítulo 6 — Pues yo creo que le agradas. — ¿Enserio? —usé cierto tono de ironía introduciendo la llave en la cerradura, al girarla ésta cedió permitiéndome entrar. Sabía que debía colgar, pero Jimin resultaba ser una de esas personas con las que no quieres acabar una conversación por más aburrida que sea. — ¡Vamos! No lo odies, Ella, es bueno, está domesticado—lo escuché decir riéndose de su mal chiste. Antes de responder me aseguré de estar sola en la habitación, encendí las luces por unos breves segundos, al no encontrar nada fuera de lo usual volví a apagarlas.  — No tienes que disculparte por su actitud. — No lo estoy haciendo. — Pues eso parece Jimin, desde hace unos veinte minutos no has dejado de hablar sobre ese tal JungKook—me deshice de mi chaqueta dejándola en el sofá junto al pequeño bolso que había traído—Estoy comenzando a creer que te gusta, ¿Sabes? — Me lastimas al decir eso, ¿Acaso crees que soy gay? Acabas de fallar como psicóloga—reí por lo bajo al escucharle decir eso. Caminé a la cama quitándome las Converse en el camino—No tengo nada en contra de las personas con gustos especiales, pero...me ofendes creyendo eso. — Gustos especiales. — Tú me entiendes. — De acuerdo, jovencito...—iba a decir, pero me interrumpió. — ¡Ahora crees que soy menor que tú! — j***r, Jimin, que exagerado eres. — No hables así, eres muy bonita para decir esas palabras—reprochó con un tono dulce. Rodeé los ojos sabiendo ahora porque me había pedido el número. — Ningún chico me ha dicho cómo debo hablar así que no dejaré que seas el primero Park Jimin—advertí— ¿Quieres que te bloquee ahora o te disculparás por intentar hacer cambiar a una chica? — Y dices que yo exagero. — Te voy a bloquear... — ¡No! ¡Espera! —sonreí victoriosa balanceando mis piernas— De acuerdo, lo siento, pero, de todas maneras, ten eso en cuenta. — Sólo digo malas palabras cuando estoy molesta y créeme, no has escuchado nada—escuché una risa del otro lado. Hubiera reído también pero cuando la luz del baño se encendió sentí escalofríos en mi columna, mi corazón se agitó un poco, mis mejillas ardieron en cuanto fui consciente de que nunca estuve sola. Él ya había llegado, pero había guardado silencio, ¿Por qué se escondía? —Oye, debo irme, hablamos mañana. — Claro, que descanses, Ella. "Lo dudo" Al colgar bajé lentamente mi celular, la puerta del baño estaba abierta, miré la habitación dudando si levantarme, pero cuando lo intenté escuché su voz para nada contenta, puedo jurar que era más fría que anoche. — Date la vuelta. Tardé unos minutos en reaccionar, pero antes de obedecer me incliné en la cama para ver mejor por la puerta abierta, de acuerdo, había un espejo en el cual se me veía desde la cama, entrecerré mis ojos intentando ver más a la derecha, pero cuando casi lo logro la luz se apagó. Escuché un suspiro fuerte de su parte. — Dije que te dieras la vuelta. — Ya voy, ya voy—rodeé los ojos girando sobre la cama dándole la espalda a la puerta del baño. La luz volvió a encenderse, escuché sus pasos firmes dirigiéndose a mí, noté una sombra masculina proyectada por la luz, pero no la aprecié mucho ya que mis ojos fueron vendados, al menos sé que su cabello es corto— ¿No crees que deberías dejarme saber cómo eres? Ya sabes, ya que estaremos...—me quejé sintiendo presión en mis ojos— ¡Oye! —el chico había amarrado con fuerza la venda y volvió a hacerlo—¡¿Qué te suce...?!—me callé al instante cuando sentí su mano en mi cuello y sus labios rozando mi oreja. — Déjame decirte algo, dulzura—susurró causándome un cosquilleo nada agradable, intenté alejar su mano, pero ésta se tensó, sus dedos eran largos y delgados, tragué con dificultad temiendo en parte que esta noche decidiera ser agresivo—Una vez que entres por esa maldita puerta eres completamente mía y cuando estoy con esa persona me gusta que toda su atención sea sólo para mí—explicó—Así es como me gusta, es la segunda vez que me haces enojar y si se vuelve a repetir... — ¿La segunda vez? —me atreví a preguntar. Me soltó quitándome el celular de las manos— ¿Por qué dices eso? ¿Dije algo anoche...? ¿Te enojaste porque me quedé dormida? —el peso en la cama se movió. Tomó mis muñecas colocándolas detrás de mi espalda amarrándolas con algo, mordí mi labio para no quejarme de la fuerza que aplicaba, aquello se sentía suave... ¿Acaso era algo de seda? —¿Cuánto tiempo haremos esto? — Si no cierras la boca voy a tener que cubrir esos lindos labios. Su respiración chocó con mi cuello, el chico hizo que me recostara en la cama, me sentía más vulnerable atada así. Intenté respirar profundo para calmar mi corazón, pero al carajo, incluso sabiendo que perdía el tiempo intentándolo seguía haciéndolo. Dejé como niña buena que me ayudara con mi ropa, tenía muchas preguntas en mi cabeza, pero no era capaz de hacérselas, esta noche no me quedaría dormida. Algo incómoda movía mis manos detrás de mi espalda que ahora eran aplastadas por mi peso, estuve cerca de pedirle que aflojara mis muñecas, pero todo eso perdió importancia cuando sentí que algo bajaba desde mi abdomen hasta mis muslos, sonreí encontrando gracioso lo que ese simple roce provocaba. — ¿Qué es eso? — ¿Quieres adivinar? —asentí intentando decirle a mi yo inquieto que se callara—De acuerdo—su voz de repente tenía una pizca de diversión, pero no dejaba de ser firme y segura—Juguemos un juego, te daré tres oportunidades, si ganas...dejaré que preguntes cualquier cosa sobre mí. — ¿Enserio? —eso sonaba tentador, pero...—Espera, ¿Por qué debería creerte? — Eso es lo interesante, nunca sabes si lo cumpliré o no pero no te queda opción porque sigues atada y con los ojos cubiertos esperando ansiosa a que te folle por primera vez. Mis mejillas ardieron por su forma de hablar, nunca en mis veinte años había escuchado a alguien dirigirse de esa forma a mí, mucho menos un chico. Por alguna razón lo imaginé sonriendo victorioso ante mi silencio. Ya tenía mi primera pregunta, pero debo ganar. No puede ser difícil. — ¿Y si pierdo? — Recibirás un castigo. — ¿Qué castigo? — Veamos, dulzura—me levantó ayudándome a quedar de rodillas en la cama. Podía escuchar la voz de mi conciencia riéndose por la tonta, pero erótica imagen que debe tener esto y al mismo tiempo podía imaginar cuantas cosas diría Sook al respecto— ¿Crees que sea duro? — ¿Cómo puedo responder a eso si no puedo tocarlo o.…? —fui interrumpida en cuanto sentí algo golpear mi trasero, sí, aquello había sido una nalgada, pero el chico no había usado su mano, un pequeño jadeo salió de mis labios entre sorpresa y dolor, ¡¿Qué demonios...?! ¿Esto era como la película erótica de la cual existía una trilogía de libros? ¿Cómo se llamaba? — ¿Vuelvo a repetirlo para que puedas comenzar a pensar? — No—dije al instante. Tenía mis manos apoyadas en la cama, ante la fuerza del golpe había quedado casi en cuatro. ¿Qué tan encantador y tentador le parecía al chico tenerme sobre la cama en ropa interior, atada y a su merced? Esto era completo sadomasoquismo y j***r, no creí que me gustaría un poco—Creo que es duro... — ¿Crees? Ósea que no estás segura...—me estremecí al sentir que acariciaban mi muslo, mi respiración se agitó un poco, esta vez sí era su mano, podía sentir sus dedos subir más arriba casi rozando mi intimidad sobre la tela que la protegía, un jadeo bajo salió de mis labios, aclaré mi garganta antes de hablar. — Estoy segura, sino...no lo hubiera sentido tan... — ¿Tienes miedo ahora? —algo cálido se apoyó en mi espalda, tragué con dificultad perdiéndome en el olor exquisito de su perfume, sentí algo duro rozar mi trasero, sonreí complacida de saber que su "amigo" estaba disfrutando del espectáculo. — No. — Puedes preguntar. De acuerdo, pensemos (aunque sea difícil debo hacerlo) Lo que había usado para golpearme era algo duro y j***r, como dolía, aunque también su fuerza tenía que ver en eso. Sí, podía decirse que sentí temor, inquietud y algo de placer por el hecho de no poder defenderme. Detuve mis pensamientos intentando no encontrarle lógica, no estaba en clases ahora como para hacerlo. Jadeé de nuevo en cuanto introdujo su mano debajo de la ropa interior y al segundo la sacó acariciando la tela, el roce con mi piel era tan caliente... — ¿Por qué no me has...? —no supe cómo decirlo, de hecho, me avergonzaba decirlo. — ¿Qué? —susurró en mi oído subiendo mi rostro, de nuevo quedé de rodillas, pero apoyada en su "amigo", moví mis manos atadas sintiendo la tela de su camisa, pero también su piel, eso sólo me dejaba saber que su camisa estaba desabrochada, colocó su mano en mi cintura besando mi cuello con besos cortos pero húmedos, me moví un poco sintiendo mi trasero rozar con su m*****o, mordí mi labio intentando enfocarme en la pregunta. — ¿Por qué no me has...follado? —esto último salió tan bajo que me sorprendió que lo escuchara. Escuché una pequeña risa de su parte, bajó el tirante derecho de mi brasier besando mi hombro y mordiéndolo. — De tantas cosas que has preguntado... ¿Realmente quieres saber eso? —al ver que no decía nada continuó, su mano libre fue directo a mi punto íntimo introduciéndose debajo de la ropa interior, gemí por primera vez cuando introdujo dos dedos, sentí un nudo en la garganta al sentir que los sacaba y volvía a introducirlos provocando que inclinara mi cabeza hacia atrás gimiendo aún más. — Tienes...que...responder. — La respuesta es que me gusta hacer sufrir a las mentirosas—contestó con voz ronca acariciando uno de mis pechos, de nuevo gemí sintiendo ese placer por un corto tiempo ya que el chico se alejó dejándome jodidamente excitada y agitada—Y tú, eres una gran mentirosa además de atrevida por hablar con otro hombre cuando estás conmigo. — Jimin...—jadeé al sentir otro golpe más. Esta vez lo soporté mejor. — Perdiste una oportunidad al decir su nombre—de nuevo se escuchaba molesto. Asentí escuchando teniendo que adaptarme a sus reglas, esa era la condición. Hacer lo que él quería, otra pregunta vino a mi cabeza, ¿Acaso yo era la única que hacía esto o tenía a otra que lo complaciera? — ¿Qué tengo en mis manos en este momento? — Por favor—pedí sintiendo mi cabello estorbar, podía sentir algunos mechones pegarse a mi cuello. El chico sólo me había tocado unos minutos y ya estaba jadeando, ¿Tan necesitada estaba? — ¿Qué? — No sigas con esto. — ¿Mmm? Comenzaba a molestarme que se hiciera el que no sabe, el inocente de todo. — No quiero más tortura, quiero... — ¿Qué quieres? — Sabes qué—sonreí de lado. El peso en la cama me hizo saber que estaba frente a mí, en cuanto sus labios tocaron los míos no dudé en corresponderle. Maldije para mis adentros por tener mis manos atadas, mordió mi labio inferior jalándolo con suavidad. — El juego sigue en pie—susurró rozando mis labios. Cuando intenté alcanzarlos retrocedía, gruñí sintiendo como se deshacía del brasier por completo, estaba tan molesta por no poder tocarlo y hacerle sufrir lo mismo que a mí... Mi mente hizo clic, cuando él estuvo detrás de mí y noté que traía su camisa abierta pude sentir parte de su pantalón. ¿Acaso...? — Cinturón—contesté—Usaste tu cinturón—hubo silencio. Sonreí victoriosa deseando poder verlo—Acabo de ganar el juego. — Tal vez, pero sigo al mando de esto y tú sigues siendo mía en lo que queda de la noche—aclaró. Sentí caer acostada en la cama, deseé poder cubrirme con los brazos, pero una parte de mí quiso golpearse así misma por lo estúpido que sonaba ahora. Sus labios besaron mi cuello bajando a mis pechos, gemí en cuanto dejó algunos mordiscos en mis pezones y gemí más alto sintiendo algo duro rozar mi intimidad, escuché una risita de su parte. Era muy cruel, su m*****o ya duro y muy despierto seguía oculto por el pantalón, pero sentirlo tan cerca y lejos al mismo tiempo era desesperante.
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