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1114 Palabras
Cuando Lilian vió la terrible escena pensó que podía ser algún tipo de broma. «Han puesto muñecos en la estatua», pensó en sus momentos. Pero al ver la seriedad de las personas supo que no era así. Ella estaba congelada en su asiento. En realidad, todo el salón parecía estar congelado ante la imagen de los Duques. Luego, el pánico tomó control de la situación y lo único que sintió es a Bruno que la templaba de manera brusca mientras la llevaba hacia la salida. Todos corrían desesperados, ella pudo ver al rey gritando órdenes, pero no había ni rastro del resto de su familia. Los guardias sacaban a las personas del lugar, trataban de tranquilizar a las personas y ayudar a uno que otro herido gracias al rebulicio. El brazo le dolía por la manera en la que Bruno la estaba halando, caminaron a paso acelerado esquivando a las personas, hasta llegar a la salida, cuando su novio se detiene. —¡¿Qué sucede?!—dice Lilian—¡Debemos irnos! —¡Cállate, estúpida! Hizo lo que le ordenó. El corazón de ella latía tan fuerte que dolía y le hormigueaban los pies y los brazos. Un hombre que Lilian no había visto antes se para frente a ellos con aire decidido—Espera en la salida—dice Bruno. Lilian no lo pensó mucho para correr de ahí, si Bruno quería arriesgar su vida bien por él, a ella no le importaba. Un cuerpo choca contra ella y casi pierde el equilibrio, al voltear, sólo ve una silueta alejarse y nada más. Pero justo en sus pies había un pequeño papel que no estaba allí antes, lo puso entre sus manos—antes viendo que nadie la observara—, para leer lo siguiente: 6:00 a.m. Puente Primavera. -AB. Era lo único que decía el papel en una caligrafía apurada, ella sonrió, Andrew de verdad iba a ayudarla. Cumpliría su promesa. Por primera vez en años, Lilian pudo sentir la esperanza. Ya no más Bruno. Por salir de aquella relación que le había hecho tanto daño, sería capaz de cualquier cosa. Incluso de aventurarse a confiar en un príncipe que acababa de conocer. Todo por salir de la horrible "relación" de la que llevaba años atrapada, escapar de ese cautiverio. *** Bruno dormiría hasta las doce del mediodía. Pero Lilian puso somníferos en el vaso de agua que estaba sobre su mesa de dormir—que usaba para tomar sus vitaminas—, sólo por si acaso. Ella caminaba por el asfalto del parque, rodeada de altos árboles y quién sabe qué animales. No había nadie allí a excepción de la muchacha rubia. Pasó una de esas atracciones para niños, con columpios y toboganes, hasta llegar al puente Primavera. A Lily le gustaba la naturaleza, porque sí, al sentirse libre ella solo era Lily como cuando era niña. El lugar era algo más parecido a un muelle que un puente. Extensiones de tablas que se sostenían por gruesas columnas de madera en el agua y barandas de metal en los bordes. Con esa descripción no se oía muy atractivo, pero para Lily era realmente muy hermoso. Supo que de poder salir a su antojo, este era uno de los lugares a los que vendría. Apoyado a uno de las barandas de metal había una figura alta que pudo reconocer, Andrew. Él se volteó al escuchar el sonido de la madera al ser pisada. Lilian pudo darse cuenta que el color oscuro de su cabello que vió anoche, seguramente se debía a algún químico o quizás las luces del salón. Pues a plena luz del día con el sol mañanero, ella pudo ver que el cabello del príncipe, era en realidad de un color dorado. Andrew le sonrió, pero era más una sonrisa tranquilizadora que otra cosa. —Hola—dijo Andrew—, no estaba seguro si vendrías. —Hola—fue lo único que pudo responder. Estaba nerviosa. El miró a ambos lados del parque, asegurándose que nadie los observaba—Te traje esto, léelo por favor. Lilian asintió. Tomando el sobre, se sentó en uno de los bancos que estaban allí. Lo abrió y observó a Andrew, pero él no la estaba mirando. Sus ojos azules estaban mirando hacia el agua, dónde las garzas estaban sobrevolando para buscar su alimento. Se veía preocupado, aunque eso es el estado normal de una persona que vió los cadáveres de sus familiares la noche anterior. La curiosidad pudo con Lilian por lo que se apuró para ver de qué iba el contenido misterioso. Integración a la realeza. Sus ojos se quedaron paralizados en el título del documento. Luego siguió hasta terminar con el contenido del papel, básicamente le decía los requisitos que debe cumplir una persona para formar parte de la monarquía. —Debe de estar bromeando—dice ella. Andrew ahora la miraba con atención, no parecía estar bromeando para nada—¿No hay otra manera? —Necesito este favor—dice Andrew—Le ayudo, me ayuda. Además, ayer quedó claro que no está cómoda con todo lo que... sea que tengas con el señor Castellón. —Pero yo estaba sonriendo—dice Lilian. —Sonreír no indica que estés feliz. Las sonrisas pueden fingirse, la tristeza, en cambio—el acuna el rostro de Lilian entre sus manos—, es algo que no puedes ocultar en tus ojos. Ella quitó las manos de Andrew, poniéndolas de regreso a el cuerpo del príncipe de donde nunca debieron moverse. Desde pequeña el contacto con las personas suele ponerle más ansiosa de lo normal. —No estoy preparada para esto, su alteza—dice ella finalmente. —¿Acaso no quiere ser feliz?—dice el príncipe mirándola fijamente a los ojos, estaba frustrado por no reslizar su cometido, esto era realmente importante para él. —«No se puede desear lo que no se conoce»[1]—cita Lilian. Andrew se sienta a su lado.—Estarás a mi lado y para todos serás mi pareja, deberás seguir el protocolo y asistir a algunos eventos conmigo. Eso es todo. Ella le dió una mirada sorprendida y responde sarcástica: —¿Sólo eso? —Sí, no debe haber nada más que una relación formal entre nosotros—habla serio—. Podrá tomar las decisiones que quieras, y aunque con mi familia no pase, podría hasta elegir su ropa, sí así lo desea. —¿Cómo sabes que no elijo mi ropa?—inquiere ella. —Era obvio que no lo hizo ayer, se acomodaba el vestido a cada momento, pude notarlo. Lilian asintió. —¿Por qué necesita una pareja?
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