—Ya se lo dije, necesito un favor.—responde él.
—Debes de ser más convincente que eso, si quiere que acepte.
Andrew suspira—Las cosas no están muy bien en el país, ya sabe lo de los Duques. Sin embargo, las cosas no se han quedado así. Hay revueltas en todas partes del país, quizá una boda sea una buena distracción.
—O un detonante—termina Lilian por él.
—Creo que será la primera opción, funcionó con mi hermano.
—¿Así que por eso se comprometió su hermano? ¡Si es muy joven!—dice ella tratando de no subir la voz para nadie pueda oírlos.
La cara de Andrew se tensa— En parte.
Ella supo que no debía insistir más con aquel tema, principalmente por que no debería de enfadar a un príncipe.
—¿Por qué yo?
—Porque no quiero que nadie escoja por mí, quiero ser el que toma sus propias decisiones. Además, pude ver que es infeliz con el señor Castellón, quise ayudarla.
—Así que sólo soy el proyecto de caridad del príncipe.
—No estoy siendo caritativo. Estoy negociando, Lilian—afirma Andrew.
Era la primera vez que él la llamaba por su nombre, para Lilian se sintió bien.
—Me lo pensaré, lo prometo.
El sonrió y se puso de pie, Lilian hizo lo mismo.
—Espero y tome la mejor decisión—dice con una sonrisa.
Lilian se preguntó si era real o fingida.
Caminaron a través del parque, pero no estaba tan solitario como pensaban. Al escuchar los pasos aproximándose, Lilian empujó a Andrew hacia el grupo de árboles más cercanos. Con las respiraciones aceleradas, se miraron el uno al otro con el pánico reflejandose en sus ojos y la adrenalina a flor de piel.
—¡Escuché unos pasos!—se escuchó una voz muy ronca.
—Estás paranoico, Aquiles. El parque está cerrado a esta hora ¿Quién puede entrar?—dijo otra voz, pero a diferencia de la primera, está tenía una extraña voz de p**o.
«Tal vez un descabellado príncipe y una desesperada chica que planean algo muy loco», pensó Lilian.
La cabezas de los ocultos se voltearon como si estuvieran programados para ello, tratando de revelar la identidad de aquellos extraños, pero gracias al follaje que los ocultaba, no alcanzaron a ver nada.
—¡Escúchame bien, Botones! Esta operación es de sumo cuidado, no podemos reunirnos en parques para hablar de revocar a la realeza—dijo al Aquiles.
Los ojos de Andrew parecían a punto de salirse de sus retinas, parecía querer decir algo, así que antes que lo hiciera y resultaran descubiertos, Lily le tapó la boca con una de sus manos.
—No, nos reunimos en parques, señor Aquiles. Sólo pasamos por ellos.
—No me interesa. Sólo vayámonos de aquí, no quiero que nadie llegue a verme con alguien como tú.
—Sí, señor—dice Botones, y se escuchó un sonido como si pisara el suelo fuertemente, tal vez haciendo un saludo militar o algo así.
Cuando se escuchaban los pasos alejarse, Andrew hizo un ademán de ponerse de pie, pero Lilian lo detuvo.
Ellos no podían arriesgarse a ser descubiertos de esa manera, no sabían si los sujetos estaban armados y salieran muertos de allí, o peor para Lilian, que le llegaran a decir a Bruno.
Luego de un tiempo, observaron que nadie estuviera allí y salieron de su escondite.
—Debo irme lo antes posible para avisar a mi padre—dice Andrew.
—Claro ¿Cómo puedo comunicarme contigo?
Él estaba sorprendido que ella aún quisiera formar parte del acuerdo a pesar de lo que había escuchado, y se preguntó que tan lejos llegaría aquella mujer por librarse de aquel calvario, que por lo visto se encontraba.
—Marca en número uno en cualquier la línea telefónica, te comunicará directamente a palacio. Sólo dí tu nombre y alguien te pasará inmediatamente conmigo. Pero sólo hazlo si aceptas, olvida toda charla y documento de no querer formar parte—dice él.
—De acuerdo—ella sonríe—Ha sido un placer.
Él asiente, empieza caminar hasta dónde un carro n***o aparece de la nada.
Él se voltea—Lilian...
—¿Sí?
—Cuídate.
Lilian le dedica una sonrisa sincera y el repite la acción. Él le había tuteado y eso le había gustado, ya estaba cansada de formalidades.
—Lo haré.
***
Lilian cierra la puerta de entrada con sumo cuidado, para evitar llamar la atención. Después de quitarse los zapatos, sube de forma cautelosa por la escalera.
—¡Qué bonita escena!—la voz de Bruno, hace que ella se paralice a mitad de camino a su habitación.—Mientras yo duermo, tú me ves la cara de idiota.
—No es lo que crees, Bruno. Yo...
Pero no pudo terminar gracias a que la jaló por su cabello, haciéndola caer al piso. Él se agacha para que dar a su altura y tomando fuerte su mentón le dice:
—¡¿Crees que no descubriría lo tuyo con el jardinero, maldita perra?!
—¿Ja-jardinero?¿Qué jardinero?—dice Lilian presa del pánico.
—Señor...—dice Amanda chica de limpieza—El-el jardinero tiene una semana de vacaciones, señor. Es impo...
—¡Cállate! ¡¡¡LARGO DE AQUÍ!!!
Se fue de ahí con lágrimas en los ojos, iguales a las que caían por el rostro de Lilian.
—Tu juego se acaba hoy, pequeña—Bruno limpia sus lágrimas con la palma de su mano, la que no le sujetaba la barbilla—Hoy aprenderás la lección.
—No, no, no...—ruega Lilian entre lágrimas.
Entran a una de las habitaciones vacías de aquella inmensa casa, y el la empuja hacia la cama.
Bruno marca un número en su teléfono y deja la habitación. Lilian corre y golpea la puerta una y otra vez, por lo que le parece una eternidad, hasta que la puerta se abre de nuevo. Pero Bruno no es el único que entra a la habitación, cinco hombres más, le siguen.
—No... Bruno, no hagas esto, por favor—dice Lilian con voz ronca a causa de haber gritado tanto.
—Te dije que la aprenderías—pero él sólo mira al piso—Hagan con ella lo que quieran.
Y esta vez se dirige a los hombres, que la miraban como un león a su presa.
—¡NOOOO!—fue lo que repitió Lilian en toda la noche.