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4702 Palabras
muerte y si no se la llevó la pelona fue por la grandeza de Dios, puesto que alejada de la civilización, sin siquiera un burro en que trasladarse y con escasos recursos económicos, a Eloísa no le quedó de otra que rezar encomendándole la niña al Todopoderoso y a los menjurjes de montes que ella misma preparaba y que, con mucha fe, le daba a la enfermita.           Fueron esas dos enfermedades, los retos más grandes que tuvo que enfrentar Eloísa durante toda su vida. Lo que le ocurriera a ella siempre estaría en un segundo plano, como en efecto ocurrió años más tarde en que un cáncer de seno, se la llevó a los predios de Dios cuando apenas tenía menos de sesenta años.El más grave de aquellos retos fue la fiebre que se le pegó a Isaira. La enfermedad llegó a la niña por medio de un vector que era muy común en esa época, el piojo. Aunque esos muchachos se la pasaban encerrados en aquel sitio lejano, la niña se cundió de esos bichos. Lo primero que presentó la muchacha fue una fiebre endemoniada que no se le bajaba por nada del mundo. Por más friegas y tisanas que Eloísa hiciera, el tiritar del escalofrío era descomunal. Las toses se escuchaban permanentemente y nada ingería que no regresara de inmediato.Losdolores abdominales ocurríanconstantemente y eran de tan fuerte intensidad, como para llevársela de éste mundo. Con el paso de los días se le presentaron unas llagas en la piel que resultaban sumamente dolorosas. La pobreza en que vivían ellos fue un detonante para que el cuadro clínico se agravara hasta tal extremo que Eloísa siempre decía que Isaira se había salvado de puro milagro. Para nadie era un secreto la situación precaria que se vivía en esa época. La atención que las personas afectadas por aquel brote era considerada incompleta,debido a que la población mayormente afectada pertenecía a comunidades muy pobres y alejadas,sin acceso, muchas veces; a los servicios de salud. Un vecino fue alertado por Salomón y éste dio aviso a las autoridades. Enviaron un equipo que visitaba casa por casa y le aplicaron un tratamiento agresivo. Definitivamente los factores preponderantes que influyeron en la presencia de aquel horrible padecimiento fueron indiscutiblemente, la dificultad en las comunicaciones, así como los problemas en la accesibilidad de lapoblación a la rápida y repetida aplicación de las medidasde control.Como medida preventiva, la casa fuerociada con insecticidas una o más veces en un período corto,sin conocerse la sensibilidad de los piojos al insecticida.Poco a poco la niña se fue recuperando de aquella horripilante experiencia en la que sufrió más Eloísa que la misma Isaira. Tendría la niñamucho miedo luego de esa experiencia, de volver a enfermar de lo que fuere. El año 1.952 fue decisivo tanto para el país, como para Eloísa y sus hijos. Ese año, se llevaron a cabo unas elecciones en las que el pueblo, de manera mayoritaria, votóen contra de un gordito general, el mismo de la asonada que había destituido al novelista y a quien le estorbaba sobremanera, el presidente de la Junta de Gobierno que fue vilmente asesinado. El militar había quedado junto a otros militares y civiles, al frente de la junta y desconoció esos resultados. Se imponía nuevamente una traición, esa vez contra todo un pueblo que sentía que la tan anhelada estabilidad democrática llegaría después del frágil y momentáneo gobierno del novelista. El gordito General proclamó ante el país un supuesto triunfo de su gobiernoy se hizo investir presidente temporal por las Fuerzas Armadas en diciembre de ese mismo año. Al año siguiente el Congreso lo nombró Presidente de la República. Desde sus inicios ese gobierno se transformó en una férrea dictadura que inició una feroz persecución y represión a sus adversarios políticos. A pesar de la incredulidad de mucha gente que sólo miraba despotismo y represión, el gordito General supo manejar muy bien un as que tenía bajo la manga, heredado de sus antecesores en materia de hidrocarburos.Aquel extraordinario excedente económico se invirtió en infraestructura. El nuevo dictador predestinócapitales, proporcionalmentemucho menos en lo rural que en lo urbano. De ese modo se construyeron modernísimas obras de talante europeo. Para ello contrató a los más experimentados profesionales de la arquitectura, sin importarle sus honorarios, ya que dinero había de sobra hasta para tirar para el techo como quien dice. El dictador decía constantemente: “Plata hay, lo que no hay es que robársela”. Así, se construyeron grandes obras para las capitales. Pero a la par que se llevaban a cabo esas modernas construcciones de megaobras, valiosas joyas arquitectónicas; se producían los desmanes más terribles. Un dirigente opositor, víctima de un cáncer terminal fue apresado y murió meses después sin siquiera ser visitado por sus familiares en esos terribles momentos. Apresaban a los adversarios bajo cualquier pretexto y los torturaban cruelmente antes de darle muerte. Luego se lavaban las manos y de sus jetas salía el pretexto de la aplicación de la ley de fuga. Fueron muchos los líderes opositores que desaparecieron de la manera tan descarada. La policía política era la encargada de ello. El dictador tapaba con sus obras de infraestructura todos aquellos desmanes. Aún en épocas actuales se escucha decir a nuestros abuelos, que en esa época se vivía bien, que había respeto. Se podía dejar las puertas abiertas de noche mientras se dormía.Se podía dormir en plena calle con los bolsillos llenos de plata y nadie se atrevía a robarte, porque había respeto. Abundaba de todo. Cabía destacar que la imagen que quiso venderle al pueblo, logrando finalmente ese cometido, era nada más y nada menos que la de progresareconómicamente, la de edificargrandiosas obras de infraestructura; pero de manerafundada,optimizando el ambiente sin detrimento del mismo. El tirano de turno se propuso lograr la transformación del medio para abastecer alos conciudadanosde una óptima calidad de vida. Lo que no había era que meterse en política y tendrías una vida plena y feliz. Y realmente no era mentira. Ellos perseguían a los adversarios. Pero de cuando en cuando entraban a cualquier casa y si les gustaba alguna mujer, sin más ni más, la violaban entre varios en presencia de quien fuese. Y a quien no le gustaran esas actuaciones viles, con un pepazo en la frente quedaba todo arreglado. El tirano supo jugar sucio, por ello, quiso mostrar una cara bonita permanentemente.Quedaría por siempre en la memoria del colectivo,una imagenque lo inmortalizaría. El anhelo de tener otro gobierno como el de él sería según muchos, necesario, cuando se apersonaran los buitres del país a partir de 1.998, a terminar de desguazar lo poco que quedaba. Se decía que hacía falta mano dura, eficacia, eficiencia, honradez, respeto y denuedo.Soñaban muchos con todo lo que había caracterizado al gobierno del gordito General. También sucedió por aquella época que en el sitio apartado, aquel donde vivía Eloísa con sus hijos; se presentó un veranón de aquellos que mandaba el infierno. Similar al que se produjo en el año 1.912 y que propició la desbandada de habitantes de aquella península; pero de menor duración. Las provisiones escasearon en aquel humilde hogar. Las pocas cabras que parieron daban muy poca leche y los chivitos se la mamaban sin dejar siquiera un poco para hacer algo de queso. No hallaban ya que comer y hasta las maticas de tapirama, auyama y frijoles se habían secado. Tenían un poco de carne salada y uno que otro huevo, pero no había el maíz para hacer las arepas. Salomón en su desespero, pues veía como su madre y sus hermanas estaban pasando el hambre pareja, mató unos cuantos chivos y en su bicicletica que ya no aguantaba más remiendo en sus neumáticos, se dirigió al pueblo para vender la carne de dichos animales y poder llevarles algo de comer a su familia. Ellos comerían el mondongo y la asadura nada más. En el camino, al vehículo aquel de tracción a sangre, se le espichó por enésima vez uno de las ruedas, la que estaba más malograda. Caminó todo el trayecto restante. Ya le faltaba poco para llegar al pueblo. Pensó en la forma en que regresaría a casa. Estaba demasiado lejos para hacer el camino a pie. Tomó una determinación. Iría donde su padre que tenía una bodega cerca del sitio en donde haría la comercialización del animal. Le pediría unos parches a crédito y le cancelaría de regreso. El desgraciado aquel, a pesar de que sabía que el muchacho era su hijo, se negó rotundamente a la propuesta y Salomón cabizbajo y muriéndose de enfado, salió del sitio con una tremenda decepción. Caminó durante horas y llegó de madrugada a la casa donde, sumamente preocupados lo esperaban su familia. A contarle lo sucedido, Eloísa tomó una decisión tajante. Vendería todo aquello y se iría a vivir a la ciudad con sus muchachos. El desgraciado aquel, no valía ni media moneda. En silencio lo había esperado todos esos años amándolo como lo amaba. Pero nunca le perdonaría semejante desplante. Ya no iban a pasar más penurias, les prometió a sus tesoros. Y así, pasados unos días, logró negociar la propiedad y se marchó con sus muchachos a una mejor vida.           Seis meses después de aquella determinación, luego de haberse despedido de su antigua casa, la familia cogió sus pertenencias y en un viejo camión se mudaron a la ciudad más cercana. Llegaron a un barrio humilde, donde parecía que se había estancado el tiempo. La casa que pudieron comprar con el importe de la venta de lo único que Eloísa tenía en la vida,  estaba enclavada al final de una callecita de caliche, muy angosta. Era de esas calles que se convertían en un lodazal cada vez que caían unas cuantas gotas de agua. El barrio solamente tenía una calle de asfalto, las demás eran unas de granzón y otras de caliche. Esa calle principal era de un asfalto que se iba deteriorando en toda su extensión, pues, hacía un tiempo inmemorable que una gente venida nadie sabía de donde, ni por orden de quien con unas máquinas, dieron inicio a aquella obra, y luego de exactamente un mes y tres días, se esfumaron por donde mismo habían llegado, dejando una piche calle con un asfalto muy n***o y de una calidad en extremo dudosa, debido a que desde los mismos pasos que en ella se dieron, comenzó su inmediato deterioro. No hubo inauguración, sólo la construyeron y ya, sin protocolo alguno y desde entonces se convirtió en una migaja de calle, por que eso era lo que representaba, sólo una ñinguita de  arteria vial, pero fuese lo que fuese; era la calle principal del barrio, le doliese a quien le doliese. Esa casa fue lo único que pudieron comprar para que les sobrara un poco de dinero con el cual pudieran subsistir mientras encontraban algo productivo que hacer. Era una moradalevantada mediante la técnica del bahareque. Poseíatechados ados aguas con estructura de madera,tejas yláminas de zinc. Su fachada mostrabaextendidosguardabarros que posaban sobreménsulas y una puerta de metal muy oxidado.En el lado éste, lucía tres lucerasy por el oeste, una puertezuela detablón y una ventana pequeña. Interiormente, ostentabados cuartos, una antecámara grande, cocina, corredor y un corral que de inmediato Eloísa pensó en utilizar para criar gallinas y uno que otro marrano. El primer día y los dos siguientes no descansaron más que lo necesario. La casa estaba en desuso desde hacía mucho y hubo que limpiarla como al parecer, nadie la había limpiado nunca. Ya los muchachos estaban grandecitos y ayudaban un mundo. La primera idea que le vino a la mente a Eloísa Zenobia, al ver que el facilismo consumía a la mayoría de las personas citadinas, fue la de hacer comida para vender. Comenzaría con empanadas para el desayuno. Se trataba de un elemento gastronómico muy arraigado en aquel país. Su tipicidad dependía de la región del país donde se preparara. Generalmente eran de sus rellenos de carne, pollo o queso. En algunos sitios las hacían de caraotas. En las zonas costeras de pescado. En fin, lo cierto del caso era de fácil confección y cocción, además de ser deliciosas. Las empanadas de Eloísa pronto se hicieron famosas. Las hacía de harina de trigo o de maíz, dependiendo de como las quisieran los exigentes comensales.Les daba su individual color rojizo empleando un aliño preparado al amasar. Para aderezar la carne o el pollo, empleabalas más variadas verduras, a saber: tomate,cebolla, cebollín, ají dulce, pimentón y ajo machacado. Esos componenteslos sofreíaanticipadamente con un poco de sal.Luego agrega el ingrediente principal y se guisaba en una olla afuego medio. Una vez preparado el cocido, procedía a rellenarcon él;racionesexplayadas de masa. Por último, las freía enmanteca bien caliente.Desde el primer día tuvo buena aceptación su propuesta gastronómica. Le fue muy bien de inmediato. Ya a media mañana había vendido toda la mercancía. Tuvo que madrugar mucho más en lo sucesivo para preparar más empanadas, pués llegaban comensales desde todas partes solicitando el preciado manjar.           En esos momentos cruciales del país, el peso aplastante de la dictadura tenía a todo la población con los nervios de punta. Podía estar tranquila la cosa cuando repentinamente llegaba una patrulla de la Policía Nacional y, bajo cualquier pretexto, hacían lo que les daba la gana. Un ejemplo de aquellos abusos, fue el que se produjo el día en que llegaron bien de mañana y se pararon frente a la casa de Eloísa y pidieron que les entregara todas las empanadas. Ella se asustó en extremo y no obedeció de inmediato. Con el mayor descaro aquellos malnacidos tumbaron la puerta y se metieron a la casa a la fuerza. Se llevaron toda la mercancía y antes de irse, arremetieron feamente contra Eloísa para que aprendiera, según vociferaron antes de largarse, a obedecer de inmediato cuando la autoridad daba una orden. La golpearon muy fuerte, tanto, que se golpeó a cara con el piso al caer y se hizo una cortadura con un saliente que estaba en el piso. Eso no amainó sus fuerzas y, como si no hubiese pasado nada, se levantó ayudada por sus hijos, se sacudió la ropa y se propuso a continuar la lucha por sobrevivir. Los muchachos de puro miedo no dejaban de llorar. Los vecinos no se atrevieron a salir de sus casas. Menos mal que ellos no se apersonaron a tratar de ayudar a la nueva vecina, puesto que de seguro, hubiese sido mayor el abuso de poder. Los contiguos se apersonaron rato después, cuando ya la patrulla demoníaca aquella se había retirado. Respiraron tranquilos, puesto que prácticamente no había pasado nada. Cuando hicieron ese comentario, Eloísa se quedó con un palmo de narices ya que se imaginó entonces lo que estaban acostumbrados a hacer esos esbirros. En los lejanos parajes de donde provenían estaban tan aislados de todo, que ni electricidad habían tenido, por lo que nunca se enteraban de nada de lo que ocurría a sus alrededores. Los desmanes de la policía política que estaba de rodillas ante el régimen, eran desconocidos para ellos. Por lo tanto, al ser testigo en primer plano de un hecho tan violento como nunca lo había sentido, llamó a la reflexión a Eloísa quien desde ese momento, fue más perspicaz en sus actuaciones. Procuraba que los muchachos salieran de casa solamente con ella y a llevar a cabo, estrictamente lo más necesario. Por primera vez sintió limitadas sus libertades. Entre el grueso número de vecinos que se habían acercado a ver lo que le habían  hecho los matones del gobierno a la nueva vecina que vivía sola con cuatro niños, se encontraban dos hermanas. Era dos mujeres muy parecidas entre ellas, de piel canela, miradas radiantes y locuaces como ellas solas. Cuando todos constataron que no había sido más que un susto, que como decían en ese barrio, había salido barata; cada cual se retiró del sitio a continuar las labores propias de esa hora del día. Se fueron todos menos Luisa María y Mercedes María. Ellas se presentaron ante Eloísa y le ofrecieron amistad. Por supuesto que Eloísa la aceptó y desde ese entonces se volvieron grandiosas amigas. Al rato ya se le había pasado el coraje y se sentaron a pasar el resto de la mañana tomando café en el que mojaban paledonias. Eloísa sintió que las hermanas, resultaban un aliciente en ese momento en que sintió verdadero pánico. Con ellas se consideró un poco relajada ya que hablaban tanto, que para poder entenderlas hacía un esfuerzo desmedido y lo ocurrido, pronto ya había quedado como una broma pesada de la vida. Las pérdidas por supuesto que se recuperaría con mucho trabajo. Lo que si temió fue que esos hombres facinerosos regresaran y se metieran con sus muchachos. Allí si que sacaría sus “garras” y se enfrentaría con ellos, aunque la mataran. Por defender a sus hijos ella sentía que era capaz de lo que fuere. Conversaron de todo un poco. Las hermanas de manera resumida, le contaron sus respectivas historias familiares. Ella les contó a su vez la suya, sin ahondar en detalles. Les habló de sus padres, de sus hermanos y de sus hijos. Al no decir una sola palabra respecto al padre de los muchachos, ellas sobreentendieron lo que quiso decir con aquel pesado silencio.           Los muchachos quedaron fascinados con las hermanas. Eloísa sintió hondo orgullo cuando les presentó a Salomón que ya tenía 16 años. Era un adolescente hermoso, alto y de fuerte musculatura. Se presagiaba que sería un hombre colmado de encantos. Isaira tenía 12 años y ya despuntaba unos senos pequeñitos. Era en ese momento una muchacha hacendosa y sumamente seria. El efecto hormonal había derivado en que hacía unos meses, su primer período menstrual se había presentado y la había transformado. Sentía que ya era una mujer. Había dejado a un lado una muñeca de trapo que ya tenía descoloridas sus telas. Se dedicaba a cocer uno que otro trapo y a ayudarle a su mamá en la cocina en todo lo que fuere necesario. Ya sabía hacer unas arepas bien redondas que explanaba sobre el budare de manera colosal. Juanita si que aún andaba en las nebulosas. En ese momento, aprovechando las circunstancias de la vida, jugaba con dos muñecas; la suya y la que Isaira había abandonado a su suerte.           Cuando ya se habían cansado de hablar trivialidades, tocaron un tema que era inevitable tocar, la represión de la dictadura. Le hicieron conocer a Eloísa como era la forma de actuar de aquellos integrantes del escuadrón de la muerte que ejecutaban los peores crímenes por orden del régimen. No existía nadie que no temblara con la sola mención de aquel grupo de exterminio. Su jefe supremo, era un hombre frívolo, a quien a la muerte del viejo dictador, nombraron jefe de la policía de uno de los Estados de aquella nación. Allí suprimió a sangre y fuego cualquier intento de insurrección. La orden que se le dio fue que candelita que se prendiera tenía que ser apagada de inmediato. Luego de ello, ocupó el cargo dejefe de la sección política de la Policía dela capital de la República. Posteriormente fue nombrado jefe de la policía política del gordito General, la temida “Seguridad de la Nación” en 1.951, dado el desastre que había hecho el director anterior.Se le responsabilizó del exterminio demás de 1.000 ciudadanos quienes fueron inhumados en campos de aniquilación.           Lo que no sabían las hermanas, era que en el barrio se estaba formando un grupo de corajudos opositores. Sin mucha bulla estaban reuniendo armas y municiones. Consideraban que tenían que hacer un movimiento opositor sólido. Mantenían contacto con unas personas de la capital que les procuraban lineamientos. Poco a poco el movimiento se haría grande y era muy posible que tuvieran éxito. Tenían panfletos que habían planeado repartir cuando lo consideraran necesario. No habían formalizado el grupo en concreto, estaban apenas fraguando la composición del mismo. Donde sí estaban más adelantados aquellos movimientos clandestinos, era en la capital de la República. Ellos resultaban ser quienes les daban las orientaciones a los de las provincias. Todo eso se hacía muy por debajo de cuerda, como quien dice, para que no se fugaran informaciones valiosas y llegaran a oídos de los esbirros. Se trataba de líderes políticos que habían sido dejados a la zaga por la dictadura, considerando que eran agentes subversivos contra el régimen. El jefe supremo andaba tras sus pasos. No descansaría hasta dar con ellos, puesto que de su éxito dependía mantener su “fama”. Para lograr sus nefastos propósitos, el cabecilla del horror se valía de una desgraciada política del miedo, que armonizabacon la intimidación, la coacción, las torturas a los presos políticos y hasta a los comunes, e inclusive;la muerte de muchos inocentes. Necesitaba con aquellas sucias acciones infundir temor, ser respetado, temido y hasta odiado; eso le aumentaba su enfermizo ego. Contaba aquel delincuente supremo, con una flotilla de cómplices que lo secundaban en los tormentosos procedimientos que a diario aplicaban a quienes se les atravesaran en sus caminos. En los últimos tiempos de aquel régimen, ya no eran perseguidores de opositores alzados y subversivos, lo hacían con quien fuese, con la maldita finalidad de alimentar un morbo protervo.Las actuaciones más comunes que aquellos seres perversos llevaban a cabo era que en contadas oportunidades “olvidaban” proveer comida a los presos políticos. Los abandonaban de pie o sentados, días o semanas enteras. Les imposibilitaban a los detenidos las visitas de sus parientes. Sin más ni más los golpeaban, abofeteaban y les hacían las más insospechadas crueldades al mejor estilo de la Gestapo en época de Hitler. Sentían placer cuando creaban un clima imitado con inmensos bloques de hielo debajo y por encima de los detenidos. Un frío que los congelara, que les hacía relajar los esfínteres.Fueron sistemáticassusmaneras de investigarcualquier objetivo mediante interrogatorios interminables. Los maltratos buscaban y lograbanresquebrajar, amilanar, convertir al ser humano en un completo andrajo. Los luengos estropicios que habían causado la prolongada permanencia de un “honorable”personaje en el poder, según lo habían vociferadoabundantemente sus aduladores; aún se dejaban sentir punzantes en aquella patria grande. Otro dictador causaba igual miedo, semejante terror. El temorcrecía incesante en los corazones de la gran mayoría de sus pobladores. No podía negarse tampoco, que el progreso había llegado de manos de las grandes obras que facilitaban el día a día de los ciudadanos; pero el mal no se justificaría jamás. El gobierno de manera progresiva desarrolló un impetuoso programa de obras públicas: autopistas, carreteras, hospitales, edificios, escuelas, cuarteles. Del mismo modo desplegó parte de un plan ferroviario y plantas petroquímicas, hidroeléctricas y siderúrgicas. Las relaciones comerciales internacionales resultaban fecundas y para todos había abundancia de alimentos. Se ganaba poco, pero eso tan diminuto que con el tiempo dirían que sería una miseria, le alcanzaba a la gente de a pie, para satisfacer sus necesidades. La moneda era tan sólida que superaba a muchas divisas que en un futuro se trasladarían a la estratósfera en detrimento del dinero local, que se habría de hundircada vez más profundo en el foso de una hiperinflación desmedida y hambreadora, hija predilecta de los buitres de un país, cuando el siglo XXI comenzara a transitar el final de su segunda década. Pero la intervención de aquel cuerpo represor resultaba tan funesta, tan desastrosa y excesivamente dolorosa, que de nada servían mil comodidades, cuando la libertad y la dignidad de todo un pueblo noble, eran devoradas por aquellas fauces malditas. Las del despotismo salvaje y denigrante.           Perucho llevaba unos años trabajando en la refinería. A pesar de que muchos de los que laboraban en aquel gigante refinador creían que deponían por un sitio distinto al resto de los mortales, y desde entonces ni saludaban ni se juntaban con la “chusma”; Pedro seguía siendo el mismo de siempre. Bonachón como él solo. Trabajador como nadie. Enamorado eterno de su familia. Se le veía poco en la comunidad donde vivían. Ya habían migrado a la ciudad y todavía conservaban la casona del pueblo hacia donde iban frecuentemente a darles“vueltas” a los animales. Uno de los hijos que ya estaba grandecito, se había llevado a una muchacha a hacer vida marital en el pueblito. La muchacha aún permanecía pegada a la falda de la madre y la primera exigencia que le hizo al adonis fue que no se iba a alejar de la madre más allá de unos pasos. Madre e hija estaban empepadas como decían y aún le dicenen tiempos modernos a los apegados.           En la casa del barrio existía un patio enorme y Perrucho conjuntamente con Luisa, le sacaban el máximo provecho a ese pedazo de tierra.Tenían varios marranos, gallinas y hasta pavos. En otro extremo del mismo, cultivaban hierbas medicinales que ella se encargaba de comercializar. Preparaba un bebedizo mágico que curaba de todo, hecho a base de zabila que también producían en el solar enorme de la casita aquella. El jarabe según y que destapaba matrices.Ponía a parir a más de una. Aunque en esa época lo que provocaba era hacer todo lo contrario, ya que las parideras eran para coger palco. Pero aun asi, siempre existía una que otra pareja que les era difícil concebir y compraban el producto. No se quedaba frío ya que además del destape, curaba todo tipo de afecciones. Realmente lo que servía era la fe de esa gente. Siempre ha existido esas ganas desmedida de creer en algo, de aferrarse a algo para algún propósito. El sueldo de él no alcanzaba para mucho, de algo tenían que ayudarse,decían Perucho y Luisa. Por las tardes ella hacía majaretes y dulce de leche de cabra. Tenía bastante clientela, ya que eran unas verdaderas exquisiteces.           Por su parte Mercedes y Elíseo si vivían una situación completamente distinta. Ella se había refugiado en la casa de su hermana mayor. Tras de ella iba más pegado que cuñado de presidente, Omar. Éste era un chiquillo vivaz. No se estaba quieto un instante. Había nacido en un pueblito en el que la madre había ido a parar como muchacha hacedora de oficios, cuando el debacle familiar se presentó y la muchachera prefirió la aventura que era propiciadora de hambre y muchas pasadas de necesidades, que las palizas desmedidas y la horrible esclavitud a los que eran sometidos todos.Tal como le pasó a la madre de Eugenio (el primero que cayó como producto de los disparos de francotiradores el día de la intentona golpista de 1.992), Mercedes creyó en la labia de un galán otoñal. El tipo se comió una carne jovencita. Después, como ocurría raras veces a diferencia de épocas modernas, el galán resultó ser un ilusionista y desapareció como por arte de magia. Omar solamente supo de su padre, el apelativo: Mon. Siempre supuso que se debió haber llamado Ramón. Ella nunca le habló de su padre biológico. Elíseo lo crió como un hijo más y con los años, Omar lo adoró más que a su vida. Siempre se decía en los círculos familiares, para la obstinación de los hijos biológicos de Elíseo, que él prefería a Omar, que lo consentía más que al resto de los muchachos de Mercedes. Falso de toda falsedad. Aquel hombre tierno era de tan amplios sentimientos y noble corazón, que amor era lo que le sobraba y lo dedicaba desmedido a su familia.           Pero su amor patriótico lo conminó a dar unos pasos que nunca debió haber dado. Eso sucedió cuando Mercedes aún lactaba a Ángel y llevaba en sus entrañas a Orlando. Rayaba el año 1.957 y los rumores contra el régimen se hacían cada vez más insistentes. Ya la tiranía era intolerable y los desmanes cometidos por la Policía represiva, eran indescriptibles. Rayaban más allá que la desfachatez violatoria de los derechos humanos consagrados ya a nivel mundial, y expuesto por la señora Roosevelt en la cuarta década de aquel siglo, como una cura propicia a los desmanes dejados por Hitler y cuya adorada finalidad no era otra más que evitar que pesadillas y holocaustos como aquel, se repitieran. Se unió Elíseo a un grupo subversivo que quería ver a ese país lejos de las ataduras que
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