conjeturar sin el menor vestigio de dudas, que en las ebanisterías exclusivamente se manejaron instrumentales manuales, suficientes para crear piezas magníficas. Con la misma destreza aplicaron esas manos prodigiosas, delicadas técnicas para llevar a cabo pequeñas series del mobiliario como poltronas y consolas. Las metodologías constructivas, las materias primas utilizadas y los esbozos, resultaron muy versátiles y estaban relacionados de seguro, con la usanza artesanal del lugar de origen del ebanista. Derivaba de ello, cada uno de los perfectos detalles de esos preciosos muebles que regalaban suntuosidad a las miradas curiosas y detallistas que a diario visitaban aquel sitio colonial por excelencia, y que luego sería elevado a un excelso museo. Los ebanistas extranjeros introdujeron cambios y perfecciones en la tecnología de fabricación de los moblajes, con la finalidad de complacer a los más exigentes gustos, que no eran pocos por cierto. Los pedidos y los requerimientos resultaban numerosos debido fundamentalmente a lo que se podía observar allí. El arte venido de expertas manos no era mera coincidencia, resultaba de la escrupulosa importación de herramientas e implementos para la ebanistería. Sin lugar a dudas,el sitio aquel llamó de inmediato a la complacencia y ambos se apresuraron a tomar asiento en los fabulosos muebles construidos hacía ya muchos años.
No faltó la insinuación del deleite. Fue de inmediato ofrecida al huésped, una copa de fino licor. El mismo, aceptó aquella invitación deliciosa, muy gustoso aunque algo receloso al principio. Confiaba en su particular forma de ser. El comportarse precavido, sobre todo con extraños, le había evitado infinidades de conflictos. Sus experiencias en la vida le habían enseñado a decir esencialmente lo necesario. Para Don Esteban no resultaba nada fácil escoger el tema de conversación. Ya habían sido degustadas varias copas de coñac en el más rígido de los silencios y se acrecentaba el temor en cada segundo que transcurría, de hablar de algún tema inoportuno. Finalmente el funcionario rompió aquel dramático silencio y se desbocó en un tema neutral que sabía no iba a repercutir en algo inequívoco. Se suponía que las palabras que tendría que expresar no podían sino, ser colmadas de elogios. Más, al tener cierta experiencia en la vida y una longeva existencia, no resultaba frenético ni atractivo, sentirse un jalabolas desmedido. Pero no sabía si eran actos maliciosos de medición a la fidelidad lo que se presentaba en la figura de un completo desconocido.
El caballero que fungía como máxima autoridad civil y al que todos respetaban con demencial devoción, prefirió irse por una rama como se le dice en el contexto moderno, y comenzó la conversa que ya se sospechaba soterrada en el temor que sentían el uno por el otro, bordeando un tema inocuo por demás. Se trató así, lo concerniente a un medio de transporte nacido del idílico modernismo que ya se vislumbraba desde hacía mucho tiempo. Resultaba un innegable argumento,después de la hazañaindependentista, que los distintos gobiernos que se sucedieron en aquella gran nación consideraran casi que por unanimidad a pesar de que subsistieron en tiempos diferentes, la necesidad apremiantede erigirun medio de transporte moderno que se ajustara al cambio global que envolvía a los principales países desarrollados, principalmente los del viejo continente. Se referían obviamente a los ferrocarriles. Por ello se dio inicio a dicho proyecto de envergaduras descomunales para la época, en numerosas partes delpaís, como parte de su inquietudhabitual porel perfeccionamiento de rutas de comunicación.
Destacó Don Esteban ante la mirada estupefacta de su interlocutor que parecía absorto en el tema o era que tal vez no entendía una palabra de aquella plática medio enredada, que los primeros intentos ferroviarios se dieron entre los años 1.830 y 1.845, y se desarrollaron deacuerdo a dos regiones: la minera y la comercial. El anciano, nacido a mediados del siglo anterior, había vivenciado muchísimas cosas, y las que no, las había sentido como vividas a través de sus determinantes lecturas analíticas sobre diversos temas. Desde que se inició en el mundo de la lecto-escritura, se convirtió en un empedernido autodidacta que todo lo quería descubrir. Y mediante ese medio, aprendió de todo un poco en la gran universidad que fue su vida hasta prácticamente su final que ocurrió varios años después de la muerte del tirano, a la edad de 105 años.
Hablaba sin parar el nonagenario con una mente tan lúcida y un lenguaje tan coherente, que daba gusto escucharlo. Excepto Próspero que estaba a punto de ebullición por el enfado que ya lo llevaba loco. No atinaba a decirle nada, puesto que de ese tema nada sabía, aunque a decir verdad, no sabía nada de muchos, salvo el de mandar a trabajar a los demás y de lo concerniente a los vicios y a la desmedida ambición, misma que lo llevó durante toda su vida a cometer por dinero y arrastrado por la sodomía, los más variados delitos, sobre todo los de homicidio. Por dinero y muchas veces por amores no correspondidos. Le gustaba mantener impíos encuentros fuera de la moral como eran considerados en esa época bárbara y como aún en tiempos modernos lo seguían considerando. Aún así, guardaba silencio más por seguir libando licor fino y gratuito, que por respeto o ganas de aprender algo novedoso. Decía Don Esteban aún a sabiendas de que el personaje lo oía sin escuchar, que el ferrocarril simbolizó la clave para el perfeccionamientoeconómico, social y formativo en ese país grandioso,aspecto que fue determinante por cuanto condescendióen el perfeccionamiento de lacomunicación y el intercambio. El hombre no decía nada, pero mientras menos hablaba más tomaba de aquel licor fuerte y mientras el funcionario más hablaba menos bebía. Sentía que ya estaba muy viejo para tanto.Por ello, pasadas dos largas horas, aquella lengua medio enmarañada comenzó a cantar y una hora más tarde de aquel glorioso inicio, no encontraba el anciano como hacer para acallarla.
Pero muy a pesar de todo lo que dijo, el desgraciado no soltó prendas en cuanto a nada que tuviese que ver con su pasado, aunque asomó sus desatinos a través de las varias anécdotas contadas. Hablaba de sus arraigos libidinosos que parecían no tener complacencia. Mediante ellos, asomó su verdadero nombre, a pesar de que instantes después de ello, trató de una manera de lo más pueril, de tapar ese desatino; cosa que lo dejó más al descubierto. Al darse cuenta de tamaña marranada cometida, quiso enmendar ese detalle explanando una aventura ficticia a todas luces y que según, lo había hecho huir temiendo por su vida. El nerviosismo por poco lo hace cometer otro delito, y ese no era otro que el de matar a su benefactor. Afortunadamente para el anciano, casi todo el pueblo sabía que el fuereño se había albergado en su hogar y no se escaparía ni encomendándose a todos los santos, si es que existía uno capaz de salvarlo de ese enorme pecado que de manera soez; fue capaz de surcar por su mente macabra.
Cuando Don Esteban le habló, (siguiendo con el tema de los medios de transporte) esa vez acerca del automóvil, Próspero se la quiso tirar de sabiondo y empezó a vociferar barbaridades. Cuando le dijo que según lo que él había observado hacía exactamente 21 años, el primer vehículo que se sepa que llegó al país, era uno proveniente de Europa, específicamente de Francia, un modelo denominado Panhard Levassor traído al país exactamente en el año 1.904. De esa manera complacía el tirano de turno, un antojito de su señora esposa. Refirió que de inmediato, meses después de ello, desembarcó un lujoso Cadillac B que costó la bicoca de 810 dólares. Con su lengua enmarañada, el hombre discutía con el experto caballero y dejaba entrever su ignorancia hasta en su manera de hablar, chabacana sin igual. De cuando en cuando, y era esa la idea del Don Esteban al ponerse a hablar como un loco, se echaba un palito, para que su oyente incitado como era, bebiera como un desesperado y se desinhibiera como en ese momento lo hizo.
Destacó entre sus argucias, una que otra verdad. De donde provenía, que haría en ese pueblo y cual sería su destino. Dejó muy claro que marcharse de allí por esos momentos no estaba aún decidido; pero de que lo haría lo haría. Le gustaba el sitio para pasar un tiempecito, no para que le saliesen raíces en él. Ya al borde de la intoxicación etílica, pidió que lo dejara dormir, que ya se sentía cansado de escuchar tantas estupideces juntas. No le apenaba en lo absoluto tremenda desfachatez directa. Por supuesto que su anfitrión no se opuso a nada de lo que pedía. Le ofreció amablemente, un suculento plato de arroz con caraotas negras, pábulo que engulló casi que sin masticar. En una hamaca dejó caer aquel enorme cuerpo, fofo como él solo. Antes de quedar rendido, regaló muchos detalles acerca de sí. Y eso precisamente fue lo que guardó el noble viejecito en los laberintos de su cansada mente. Al día siguiente, Próspero quiso buscar una vivienda para arrendarla y sobraron las ofertas, puesto que ofreció pagar con unas morocotas que juraba poseer; pero que nadie nunca vio.
Ya a la media tarde del día siguiente, había concretado con Doña Enriqueta, una viuda con maneras, como se le decía a la gente de la mal llamada clase media que no eran ni ricos ni pobres, el arrendamiento de una casa de regulares dimensiones que auguraba una comodidad increíble, puesto que ostentaba cada cosa en su santo lugar. No era una suntuosidad, pero de seguro, era mucho mejor que los sitios donde él había vivido durante toda su vida. Convinieron en un determinado precio el cual el tipejo aceptó, no sin antes hacer una contraoferta insultante. Fue tajante la negativa de la dama,que de gazmoña no tenía ni un pelo, que no rebajó siquiera un quinto, como quien dice; del precio originalmente acordado. Pensó el concupiscente tipo, que no iba a conseguir mejor oportunidad ya que realmente se trataba de una oferta increíble, pero zorro viejo artero al fin y al cabo, estaba más que acostumbrado a envolver a quien fuese con un parlamento barato, para que todo le favoreciera. El despreciable ser, acostumbrado como estaba a vivir como un completo anacoreta trashumante,no dejaría pasar por alto aquella colosalcoyuntura de vagabundear, alejado de donde sabía que era buscado por todos los rincones.
Sus conductas no resultaron ser del todo decorosas. Pocas veces se le veía compartiendo con la gente del poblado. Vivía con una permanente borrachera. De cuando en cuando, se le miraba platicando con varios de los rapazuelosque permanecían vagando casi la totalidad del tiempo productivo, alejados delsistema educativo. Muchas veces se perdía por varios días y regresaba taciturno y a veces, exaltado como quien gana un premio mayor de algún juego de azar. Esos cambios de ánimos sin motivos que se supiesen,lo hacían misterioso. Se encerraba en un mutismo y no salía por varios días. En fin, pasó más de seis meses viviendo allí y pocas veces cruzó palabras más que con la dueña de la casa, en las pocas oportunidades que solicitaba algo con premura, generalmente un poco de comida que ella le proporcionaba a cambio de unas cuantas monedas.
Hasta que las cosas se salieron de control con aquel hombre que ya había colmado muchas paciencias. Una noche, decadente como estaba, atrapado en los brazos de un raro estado demencial, se dirigió a los predios de Doña Ernestina y sin motivos, la agredió salvajemente. No pasó a mayores, gracias a la intervención de Lucrecio, un moreno gigantesco que casualmente escuchó la gritería de la doñita.Gritos contentivos de mucho miedo, de desmedido terrory de todos los epítetos que pudieran dársele a aquel estropicio ocasionado a quien no le había hecho daño alguno, ni con el pensamiento. Lucrecio lo dejó medio muerto. Al volver en sí, solicitó entre ruegos ampulosos que lo perdonaran y debido a la lástima que sintió la señora, fue dejado en paz, no sin primeramente prometer que antes que saliera el sol, tenía que estar, como mínimo,varios kilómetros de aquel sagrado lugar. Y así fue. Nunca más se le miró por esos parajes de Dios. No le pagó ni una moneda a la dueña de la casa. Siempre resultó un completo misterio para todos, la permanencia de aquel hombre tan oscuro como no hubo otro igual. Al cabo de unos meses, todos lo habían olvidado. Todos, menos Don Esteban que, cual memoria de elefante, guardó en lo mejor de sus cuidados pensamientos, todo cuanto le había contado Próspero, (quien se había hecho llamar Armando) y que en esos momentos; contó con todos sus pormenores a Ramón Antonio. Sintió el noble y gentil caballero, que en el ocaso de su existencia que evidentemente a su edad sabía que no demoraría en llegar, tenía que deshacerse de aquel secreto.
Jesús se movió bruscamente en su cama.El niño se turbó por un instante, pero después continuó durmiendo como si nada.La brusquedad de aquel movimiento en el joven enfermero denotó un sobresalto. No era para menos, detenido como era el tiempo en una especie de viaje en el pasado y en el futuro, se agolpaban las situaciones. Llegaban y se iban tan rápido como habían llegado, los hechos más sorprendentes ocurridos en el orbe y que de una u otra manera, influyeron en los destinos de su nación. Del mismo modo, raudos, se agolpaban las situaciones futuras que sacudirían definitivamente, los cimientos de una patria grande. Se aglomeraban los sucesos, querían y no querían llegar; se asomaban. Sin embargo, fantoches como ellos solos, hacían muecas los aciagos momentos de una dictadura endemoniada que se disfrazaría de libertades y de esperanzas, para hincar su ponzoña endemoniada que haría dormir a la gente para que estos, como peleles adormecidos; cayeran en sus sucias trampas.
El paso definitivo que haría realidad aquellos instantes que se asomaban, lo había vivenciado aquella nación, un día antes de aquel momento. Y ese momento era tormentoso para un joven hombre lleno de esperanzas. Un muchacho si se quiere, colmado de un futuro esperanzador, cubierto de planes. Planes soñados para su familia, para él mismo; pero por sobre todo, para su hijito. La vida le entregaba un misterio contenido en aquella marejada de situaciones que se agolpaban de una manera perversa para hacerle entrever, lo agraciado que resultaría ser el pasado y lo desgraciado que, lamentablemente, sería el futuro para ese país. En ocasiones es natural y frecuente, evocar en los sueños, aquellos momentos del pasado; bien sea alegres o tristes. Llegan en muchas oportunidades, realidades que no concuerdan con nuestras experiencias y siempre se duda de que realmente sean realidades o algo ficticio que se presenta por azares de la vida. Pero evocar un pasado no vivido y soñar con un presente por vivir, siempre resultará algo en extremo misterioso. Jesús vivenciaba en aquella especie de evocación, lo momentos desesperados que vivó su tío Toto tras los pasos del asesino de sus padres y principal culpable de los sufrimientos vividos en su niñez, producto de los constantes maltratos y de una violación tan degradable, que lo marcaría definitivamente de por vida y que, a pesar de haber querido sortear en los brazos del amor aquellos deleznables recuerdos, lo harían padecer de una total carencia de afecto años después; lo que desbarataría unas vidas y unos sueños.
En los años cuarenta del siglo veinte, en aquella nación aún rondaba el fantasma del dictador que se empeñaba en sembrar el terror. La muerte no había socavado sus asquerosas intenciones y dicho ente, buscaba apoderarse de las mentes de los gobernantes que tratarían de darle un nuevo viraje a aquella maltrecha nave que, de tanto navegar sin un rumbo adecuado, se había acostumbrado a una deriva sin futuro alguno para sus esperanzados ocupantes. El despreciable personaje, dictador sañoso, había llegadoal poder por medio de untimo sin precedente alguno, desplegando el inconfundible régimen absoluto.Utilizandoperspicazmente sobre sus regidos, el miedo.Pero afortunadamente, a pesar de que el maligno espíritu del déspota ambicionóapoderarse de las voluntades, había florecido, venido desde las propias filas castrenses del otrora dictador, un hombre bueno. Fue nombrado Presidente de la República poco después del viaje del tirano a los infiernos.Durante su servicio, logró a través de unarrojo institucionalizado, ecuánime y progresista; elcomienzo de la libertad.
Desde ese momento glorioso,germinaron nuevas formas de intervenciónmutua, las cuales habían permanecido bajo el oscuro manto de la tiranía ejercida durante los casi treinta años del gobierno dictatorial del “Honorable”, surgiendo así las organizaciones políticas que signarían la historia de ese país.Desde el mismo instante en que muere el General, el hombre bueno, como le dirían después, ocupó no únicamente las riendas del país con intrepidez, sino con el propósito firme de conservar elhilo constitucional, la armonía y el precepto en toda la Nación. Y el mote de “Hombre Bueno” no fue por casualidad. El Presidente prometió entre otras cuestiones,redimir a los encarcelados políticos, evento que se concibió prácticamente de inmediato.Sin duda alguna, ese gran paso significó un gran adelanto para una sociedad que habíaestado ahogada en el miedo y la represión. Para él, gobernar representaba un apostolado.
Supo incluirsu capacidad decorosa, su ética y su compostura ante el ejercicio del gobierno.El gobernante siempre tuvo presente que el poder tenía que ser llevado por la legislación de mano de la conciencia, para que el individuo fueseidóneo pararespetar y atesorar el orden y desempeñar sus designios de creación colectiva. Resultó un verdadero milagro, el propósito del Presidente.Él expresó a los ciudadanos, laintención que su administración tenía de hacer efectivo, a través de todas las formas que estuviesen a su disposición;el ejercicio de un régimen dejusticia. Su grito de guerra era que: “La ley respetada por quien ejerce el poder y acatada por el ciudadano, es la verdadera circunstancia de todopueblo independiente”. Lo de hombre bueno derivó de la sagrada intención de demostrar manifiestamente, un rompimiento con el pasado que quería dejarse sentir.Un pasado que aún estaba embarrado de despotismo. Élmanifestó incansablemente su voluntad de erigir una democracia efectiva, separada de gobiernos autoritarios y charlatanes. Exteriorizó públicamente aquel eximio demócrata, que su idea era manifiestamente inversa a la negación de los más básicosderechos del pueblo. Vitoreaba así, el derecho de asociación, el derecho de autonomíaideológica, la inviolabilidad dela vida, la inviolabilidad del hogar y un largo etcétera. El ronquito siempre intervino dentro del marco reglamentario. Siempre inquirió la manera de dialogar, de explayar los puentes hacia una democraciaañorada y que verdaderamente, era urgida por aquel noble pueblo.
En los tiempos en que los hijos de Dimas Antonio surcaban sus caminos luego de haber quedado a la deriva, la situación del país no resultaba la más idónea. Poco a poco se iría consolidando un mejor provenir. Ramón Antonio inició una cruzada en pos de lavar una honra y realmente no sabía como hacerlo. Andaba al parecer, tras los pasos de un fantasma. La información aportada por Don Esteban lo orientaría, sin embargo, no era una certeza el hecho de lograr dar con el paradero del malévolo autor de todos los pareceres sufridos por su familia y la ignominia soportada por él mismo. Pero de eso había transcurrido mucho tiempo. Tenía información precisa acerca del sitio hacia donde había ido a parar,al huirdel pueblo tras el pleito con Doña Ernestina.Tenía también información acerca de la actividad a la que se dedicaría y las personas con las que se relacionaría; pero el tiempo había transcurrido y era sumamente difícil que siendo un tipotan errante, aún permaneciera en el mismo sitio. Y era ese lugar, una ciudad excesivamente distante del sitio donde se encontraba. Una zona minera en la que Próspero esperaba encontrar fortuna y un nuevo giro en su vida. Planificó Ramón Antonio ese viaje, esperanzado como estaba, de poner punto final a aquella búsqueda,cuando lograra llevar a cabo la promesa que en una oportunidad hiciera.
En la mente de Jesús, dominada por aquel fenómeno inusual, por no decir único; batallaban los sucesos acaecidos en su terruño en los tiempos en que sus antepasados vivieron, contra los que se harían sentir años después. Pero de manera curiosa, se dejaban entrever algunas situaciones que propiciarían las realidadesque dominarían al mundo entero. Eran pues sentidas, las desastrosas incidencias de un debacle mundial. Todo había comenzado muchos años antes, cuando se desatóla primera guerra mundial,la cual arrojó como consecuencia;las manifestaciones que se establecieron los años siguientes.Durantelos años veinte, los Estados se recuperaron de la conflagración paraposteriormenteconfrontar unperíodo de desarrollo económico que concluiría en laquiebra de labolsa de Nueva York en 1.929.Se trata de la peor crisis económica de la historia por su trascendenciauniversal. Las secuelas resultarondesastrosas.El desplome brutal de laproducción y el acrecentamientoexagerado de la desocupación laboral, se explayaron por todo el orbe.La salvación de la economía internacionaldemoró años en retornar.
Esa enorme tragedia sin precedentes, repercutió en todos los rincones del planeta. En aquella gran nación suramericana el impacto no fue tan desmedido como en la gran mayoría de los países, en virtud de que, aún siendo un tirano con todas sus letras, el dictador fuecircunspecto y había tomado sus precauciones. Más, el daño fue inevitable, y se evidenció de inmediato.Se manifestó en una depreciación del consumo internacional del café y del cacao, como derivación de la mengua del poder adquisitivo enmuchos Estados. Aunado a ello, la depresión de los costos delas materias primas, originó la depreciación dela moneda estadounidense y ladisminución de la actividad petrolera a nivel mundial. En la nación, elimportede las exportaciones se redujo. El número de trabajadores en laindustria petrolera se comprimió, el gasto público se desplomó y el valor de lasexportaciones y de las importaciones se redujo de igual forma. Lasdificultades, armonizadas con lovaliosode la moneda local, ya que no se depreció en esa ocasión, pusieronpunto final a la etapaagrario-exportadora de la hacienda y acrecentó lasubordinación económica nacional con relación al petróleo.
Pero esos momentos afortunadamente fueron sorteados y el país, aunque pisoteados sus habitantes de la manera más vilipendiosa; se enrumbó por el camino desmedido del progreso. En los tiempos en que Toto hurgaba en la vida la manera de desquitarse de un malvado tipejo, llevaba las riendas del poder otro general andino. Ramón Antonio continuó en la pulpería de los portugueses hasta que sintió que había ahorrado un dinerito. Era muy apretado con el dinero y parecía que sus brazos eran tan cortos que se asemejaba a un tiranosaurio rex o a un cocodrilo, puesto que nunca usaba los mismos para alcanzar las bolsas del pantalón y poder acceder al dinero. Cualquiera pensaba que en lugar de capital, mantenía a una serpiente ponzoñosa; puesto que de ningún modopagaba alguna cuenta o ayudaba a pagar alguito cuando escasamente departía con algún grupo. Era agarrado, pichirre como se diría en el lenguaje cotidiano. Resultó esa la ventaja que tenía y como en su trabajo tenía asegurada comida y posada, no gastaba nada de nada con nadie; todo se lo embolsillaba. Por esa razón, cuando sintió que ya tenía bastante plata, planificó su siguiente paso. Dejó a medio mundo apesadumbrado en el pueblo. Se habían acostumbrado a él y por esa razón les iba a hacer mucha falta. Prometió regresar en cuanto pudiese. Lo haría, de seguro que lo haría.
Era el año 1.944 y Toto era oficialmente mayor de edad.Quería casarse, formar un hogar. Sentir que tenía un horizonte en la vida y que en él estaría la mujer que amaba de manera desmedida. Se metió entre ceja y ceja que lograría ubicar al rufián aquel para saldar las cuentas y de esa manera, quedar libre de las secuelas que llevaba años arrastrando. Nunca imaginó que jamás lograría tal hazaña. Hizo un pequeño capital y vaya que supo administrarlo. Dos años después de su partida, regresó a la casa de su amigo Nicanor. La sorpresa de Toto fue mayúscula cuando se apersonó y se estrelló de lleno con la noticia del fallecimiento del viejo roble. Leonor y sus nietos, devastados aún por la irreparable pérdida, puesto que hacía apenas seis meses del suceso; abrazaron a Ramón Antonio embargados de un amargo llanto. El viejo Nicanor en su agonía, lo llamó de manera insistente, le contó Mariana. La conversación que habían tenido la noche antes de su partida fue más que eso, una confesión. Toto le había expresado al anciano sus sentimientos por la nieta. Y esos sentimientos que se habían acrecentado con el paso del tiempo. Sintió al final de su vida Nicanor, que la felicidad de su nieta estaría al lado de aquel muchacho que le había demostrado mucha consideración, respeto y cariño el poco tiempo que permaneció como invitado en su casa.
La familia estaba sumida en una honda pena. Ramón Antonio de inmediato se propuso a dedicar lo necesario y hasta más, para rescatar a aquellos seres que él pensaba que iban a quedar desasistidos; de las garras del infortunio. Mariana lo amaba y él a ella. Iniciarían una etapa planificada años atrás. El amor se presentaba en aquellos seres que desde un primer momento sintieron aquel sentimiento fastuoso. Quedó para el devenir, un juramento que nunca sería dejado en el olvido. De inmediato iniciaron una estela de pasos en pos del futuro. Planificaron, no sin antes contar con la bendición de Leonor, y por supuesto que ella accedería. Pero la desgracia no llegaría sola a esas vidas. Ambos ancianos llevaban demasiados años conviviendo. A pesar de no estar unidos en sagrado matrimonio, pues la vida en ese entonces no era tan exigente; se amaron como nadie. Definitivamente no eran capaces de vivir el uno sin el otro.
Meses después, ella se fue tras su gran y eterno amor. Ramón Antonio tomó las riendas de aquella familia luego de los actos fúnebres de la anciana. Definitivamente habían decidido despedirse de aquel sitio que si bien había ofrecido grandes oportunidades, también había hundido a esos muchachos en el lodazal de la oscuridad que solamente ofrece el distanciamiento de lo que conllevaba al desarrollo. Era pues esa la razón por la que Toto, al casarse, remató aquella porción minúscula de tierra ubicada en un sitio muy solitario, lejos de todoy se atrevió a mirar más allá de los que sus ojos miraban. Regresaron al pueblo de su ensoñación y ya en él, ubicaron a quien desde entonces consideró un padre, Don Esteban y le explanó la idea de establecer su familia allí. Una pequeña finca comenzaron a ocupar desde entonces. Y resultó ser ese hogar, un deleite, una excelencia. Con los ahorros que había logrado más el importe de la venta de la pequeña posesión, lograron iniciar una nueva vida. Se dedicaría a seguir los pasos de su padre y eso para él sería un excelso orgullo. Se había propuesto hacer surgir las esperanzas en un mañana para ellos. Mariana enseguida quedó embarazada y eso avivó aún mucho más la llama de aquel amor. Roberto se convirtió desde entonces y al parecer, para siempre, en el mozo de los portugueses del abasto como después le dirían a la pulpería de la pequeña ciudad.
Por aquella época dos de sus hermanas, María Elisa y Luisa María se habían asentado en un pueblo ubicado en un Estado central del país, lejos del resto de la familia. Sitio a donde habían ido a parar ambas con los hermanos después de la noche de la huida a la libertad.