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4698 Palabras
María Elisa de veinte años y Luisa María de diecinueve, eran dos mujeres hermosas y de cuerpos esculturales. Por lo menos, lo fueron los primeros años al irse con sus respectivos maridos. Al poco tiempo la belleza pasó a ocupar un plano lejísimo. Se encargaría de ello el trabajo fuerte y constante aunado a las constantes parideras que se empecinaron a llevar como estilo de vida. Baloid y Pedro eran ya unos hombres que habían andado muchos caminos cuando “se sacaron” a las hermanas. Luisa unos años después, luego de un pleito entre los dos hermanos por unas pocas tierras, se fue con su familia para tierras lejanas, cerquita del mar. En esas tierras se transformaría el petróleo en los productos finales. Aunque eso sería después de 1.947 cuando se levantaría en aquellas áridas tierras, una de las refinerías más grande del mundo. Mientras tanto Perucho le echaría manos a lo que fuera hasta que resultó seleccionado para trabajar en la construcción de semejante monstruo y posteriormente comenzó a ocuparse en las actividades propias de la refinación. De allí hubiese salido honrosamente de no haberse metido a peleonero sindicalista.            Aquella zona del paísfue debidamente seleccionada, tras intensos estudios geológicos llevados a cabo por expertos norteamericanos y alemanes,en las primeras décadas del siglo XX; para el almacenamiento primero y posteriormente para la refinación depetróleo.Constituyó laapertura de cambios fundamentales en la economía yen las sociedades subregionales que representaronel ideario que surgió para dar paso a una naciónpetrolera.Cuando se trasladaron las compañías trasnacionales a aquellos parajes con la firme finalidad de llevar a cabo un grandioso proyecto nacional, surgieron una serie de poblados por doquier. Llegó gente desde toda la geografía nacional y hasta de países vecinos, atraídos por el progreso que miraban ilusionados. Aquella “fiebre petrolera” como se le denominó desde un principio, propició el desarraigo de aquellas ideologías concebidas en tres centurias de historia, cuyo zócalo era la agricultura y la ganadería.           Entre ese grueso número de recién llegados se encontraban Luisa María, Perucho y aquella muchachera: Guillermo, Ramón Antonio, Juan Bautista, Ernesto, Luisa, Ernestina, María y Felipito. Habían llegado en 1.945 a aquella tierra de leyendas y de encantos. Se trataba de un pueblo que conserva muchas tradiciones culturales, como labalada de los salveros y la concurrida conmemoración de su santa patrona. Aquel terruño fue fundado en terrenos pertenecientes a los ejidos de la ciudad capital de aquella provincia en tiempos de la Corona, acordecon la orden concedida por el gobernador en 1.594. Se fue desarrollando con sembradores que trabajaban en las tierras reales, algunos de ellos de origen canario y francés. Realmente era un pueblito de ensueños. Mejor sitio no hubiesen podido escoger para seguir criando aquella pequeña tropa. Luisa María contaba con veinte años y ya había parido ocho críos y le faltaban cuatro más. Perucho parafraseó con un compadre suyo que lo recomendó con un pariente a su vez. En ese palabreo se fue abriendo caminos y desde que llegaron, ocuparon como pisatarios una casona vieja que llevaba varios años abandonada y que estaba casi que en el suelo.            Cuando se hicieron presentes era casi de noche por lo que nadie notó la llegada de aquella numerosa familia. Ya Perucho había ido a dar unas vueltas a manera de tanteo días antes, por lo que estaba algo familiarizado con aquel vetusto inmueble.La casa se encontraba ubicada en una lomita cercada con alambre de púas. Poseía cuatro habitaciones, sala, cocina y fogón. Tenía paredes de bahareque, y en partes de barro y piedra; las ventanas eran de madera con columnitas y puertas de madera de dos hojas. El techo, a dos aguas, estaba revestido de tejas. En algunas habitaciones el piso continuaba siendo de tierra. Ya Perucho les echaría cemento cuando tuviese la primera oportunidad. Con el paso del tiempo de pisatarios pasaron a ser, después de veinte años de continuo vivir en ese hogar, legítimos propietarios por prescripción adquisitiva, tal como lo establecía y aún lo establece el Código Civil. Durante los años que ocuparon esa casa las mejoras en su infraestructura fueron continuas. Hasta habían anexado tres piezas más para poder albergar un poco más cómodos, a todos los descendientes y hasta a Mercedes que había acudido a su hermana mayor cuando Ramón (Mon), le montó un muchacho y después se hizo de la vista gorda. Mercedes y su hijo Omar,vivieron unos cuantos años junto a la familia hasta que la misma se arrejuntó con Elíseo y formaron su propia familia en el mismo pueblito risueño aquel.           El progreso llegaría de manera rápida a aquel terruño. La construcción de la refinería más grande del mundo se daría inicio en el año 1.947. Se trataba de una instalación que en un futuro se uniría a otra de una localidad cercana, para formar un monstruo refinador que las manos macabras de un gobernante sin conciencia y con mucha malicia, transformaría en el más grande monumento a la desidia y a la corrupción. En esa parte del país se vivió a inicios del siglo veinte, exactamente en la segunda década (1.912) un triste episodio que cobró muchas vidas. En ese año se produjo una inmensa sequía.El agua era exigua y cuando quedaba algo en los estanques, era amarilla y terrosa, porlo que se la debía asentar mediante un procedimiento rudimentario que se utilizaba desde épocas remotas. Se colocaba en el fondo del recipiente varios trozos de cardones, un árbol espinoso que crecía desmedido en esa región xerófita. El año1.912 pasó a la historia nacional como “el año doce”,por la hambruna y la sedsanguinaria que flageló a esa tierra y que constriñó a los habitantesa desplazarse a la ciudad más cercana, que de cercana no tenía nada; atraídos por la abundancia del preciado líquido que existía en la misma. En unrecorrido trágico, más de la mitad de la poblaciónsucumbió al intentarrebasar laprolongación que separaba ambas zonas. Elhambre, laaglomeración, y sobre todo la sed; resultaronespantosas.En aquel terruño no llovía desde 1.909 y la desesperanzaatiborrólos corazones. En memoria de aquellas almas, se erigió una especie de santuario como un homenaje póstumo a aquellas pobres personas que sufrieron los rigores de la naturaleza y la desgracia de ser gobernados por un dictador que nunca se preocupó por mejorar la calidad de vida de los más necesitados.           Cuando se dirigían a su nuevo destino, la familia hizo un alto en su camino para realizar unas oraciones en aquel sitio que era parada “obligada” para quienes transitaran por esa vía de acceso hacia la hermosa península. Aproximadamente en 1.941, unas personas decidieron erigir aquella pequeña especie de capilla, cuando retornaban de pastorear un rebaño de caprinos y encontrarondespojos de seres humanos que habían sido exhumados de entre la arena por los vientos huracanados que eran frecuentes en la zona. En un primer momento, las personas que realizaron aquel macabro hallazgo,sepultaron las osamentas humanas y con varias piedras, realizaron un rudimentario panteón. Ese fue el sitio seleccionado para erigir dicha obra. Las osamentas encontradasfueron relacionadas con los restos de algunos de los que fenecieronemigrando de la sequía y la hambruna del año doce. Y como la fe de la gente es insuperable, poco después de encontrados aquellos restos, los pobladores de la región empezaron a reverenciar a esas personas, que soportaron una muerte calamitosa, para requerirles favores, prodigios o su intervención ante un santo especial. Perucho se dedicó a trabajar como un burro. Así decían en esos tiempos donde en las áreas rurales, utilizaban a estos nobles animales como medios de transporte y de carga. Esos pobres animales solamente descansaban de noche. Todo el día trabajaban desmedidamente hasta que viejos, cuando ya no les quedaban fuerzas para seguir llevando pesos excesivos en sus lomos, eran abandonados a su suerte para que se murieran. En la refinería laboraba por guardias. Una semana de día y la otra de noche. Cuando le tocaba la jornada nocturna, durante el día en lugar de descansar como sí lo hacían los demás, él se reventaba las manos jalando escardilla y echando machete labrando la tierra. Sembraba más que todo:auyamas, melones, quinchoncho y frijoles. Además de ello, tenía un corral de chivos con bastante cabras que brindaban suficiente leche para cuajar queso. Mucho de los alimentos que consumían en su casa, se daban en el conuco que siempre mantenía bien bonito. Amaba a la tierra ya que ella si se le ama y trata bien, trabajándola como Dios manda; brinda todo lo que se necesita, decía cada vez que se echaba unos palitos. Y lo hacía con bastante frecuencia. Bebía un licor artesanal que su primo Ponciano le llevaba de la que destilaba en la sierra, en sus alambiques clandestinos en esa época. Por su parte, Elíseo, desde que era un mocoso siempre trabajó en la construcción de casas. Primero con su padre y luego, al morir de repente el viejo Agustín, lo hizo sin ayudante para que lo que ganara le quedara a él solamente. Trató a Omar como si fuera su hijo biológico y éste no conoció a otro padre. Nunca conoció a Mon. Llegaron uno tras otro lo muchachos de Mercedes y Elíseo. Ángel Custodio, Zenaida, Orlando y Jesús. Mercedes se dedicó a la costura y pasaba todo el santo día pegada a la maquinita que su marido compró de segunda mano con la finalidad de que con su trabajo le ayudara a mantener a los muchachos. Por más que lo intentaron, las luces nunca llegaron a ellos ya que se empecinaron en no querer estudiar para trabajar la construcción con su padre y Yaya, como siempre se le dijo a Cenaida, no lo hizo nunca se supo porqué. Sencillamente no le dio la gana y punto.           Por su parte Tista se cansó de tanta camorra de joven solitario y andariego. Se unió con una muchacha humilde que conoció en una fiesta y se fueron a vivir en el pueblo grande que quedaba cerca del sitio donde había pasado su primera infancia con sus padres. Con el paso de los años se refugió en una fundito lejano donde se encargaron de tener una muchachera. De cuando en cuando salía a visitar a alguno de sus familiares y cuando llegó el momento que consideró adecuado, se unió a un partido político que se identificaba con el color blanco y de manera desmedida militó en el mismo. Se convirtió en un acérrimo seguidor de dicha tolda. Siempre decía que era capaz hasta de dar hasta la vida por sus ideales. Se sabía de memoria unas retahílas de asuntos que tenían que ver con la biografía de los fundadores de dicha agrupación y se lo decía cantadito a quien fuera. Pero si de casualidad se encontraba con algún opositor de su partido, se formaba la sampablera. Toda su vida mantuvo un mal carácter. Era resabiado como él solo. Peleaba hasta consigo mismo. El día que le pegaron un tiro por pendejo, se creyó que iba a escarmentar; pero fue peor. Mal genio hasta la sepultura dice el dicho. Le retiraba la palabra hasta a sus hijos. Se encerró en su tierrita y en ella se murió casi que de mengua cuando aún estaba joven y podía seguir dándole provechos a la existencia misma. Luego de su fallecimiento, sus hijos se llevaron a la viejita para el pueblo y vendieron aquella propiedad. Juan Bautista conoció a Ana Cristina a la salida de la iglesia en el pueblo que finalmente se convertiría en su hogar. Él estaba vendiendo unos cerdos enormes que criaban en la finca a donde había ido a parar luego que se decidió emprender camino. Ella salía de sagrado culto católico en compañía de su madre y hermanas. Eran pocos los hombres que acudían a la iglesia como señal férrea del dominio machista de la época y que aún en los días de la modernidad quedan algunos vestigios. Llevaba varios meses detallándola cada domingo. Era muy bella. Tista se ubicaba al otro lado del pueblo, que era el sitio acordado con los compradores y, luego de discutir acaloradamente para tratar de obtener un precio justo y concretar la negociación; se apostaba en la placita frente a la iglesia a esperar que su dulcinea apareciera al término del servicio.Siempre quedaba hecho un guiñapo desaliñado al término de aquella odisea asquerosa. Iba montado en el camión cochinero y la hedentina de los animales se le metía por cada uno de sus poros. Amén de que sus vestimentas quedaban embarradas de las cacas porcinas que eran de una repugnancia intolerable. Alguien tenía que hacer ese trabajo y precisamente ese alguien terminó siendo Tista.           Ya en el sitio apartado del pueblo se formaba la algarabía de chillidos de aquellos mamíferos enormes y asquerosamente sucios. Y resultaban los escandalosos gritos, del torturador procedimiento para descartar los huevos de las tenias. Esos gusanos que infestaban a los cerdos depositan sus huevos y ellos se acumulan en la zona gruesa de la cabeza de los mismos, en los cachetes. Había que hacerles un corte, estando vivos aún, para cerciorarse de que no existiera infestación. De lo contrario tenían que sacrificarlos porque nadie comería esa carne so riesgo de resultar con una lombriz gigantesca en la panza. Muchos, se hacían los locos y ofrecían un precio exageradamente bajo y procedía, maléficamente, a expender el producto en detrimento de los confiados consumidores que caían en aquellas malvadas manos alevosas. Tista les tasajeaba la cara a los animales con una enorme navaja y colmaba sus manos de la sangre que a borbotones expelían los pobres animales. Era muy difícil que con esas fachas alguien se le acercara, mucho menos una doncella casadera. Por ello, había acordado con un compadre suyo que vivía en el pueblo, que lo dejara asearse en su casa al término de la exhaustiva faena. En la parte delantera del viejo Ford, llevaba una muda de ropa decente, la única que tenía de “salir” y como pocas veces “salía” estaban ese pantalón y esa camisa aunado a unos zapatos de tacones exagerados, casi que nuevos. El día que se decidió plantarse frente a Ana Cristina, se emperifolló como nunca lo había hecho. Hasta agua de colonia se puso. Al salir del cuartico donde se fue a vestir luego de echarse sobre sí, casi una pipa de agua y untarse tanto jabón para desarraigar el tufo que llevaba encima, parecía otro. Su comadre Zulma le lanzó un silbido seguido de una risotada de Leonel, su esposo. Ambos alabaron lo bien plantado que se veía el hombre después de ponerse tremenda pinta. No se le podía resistir la chica, le dijeron llenándolo de optimismo hasta más no poder.           Corría el año 1.953, se acercaban las navidades y era en esa época donde más demanda tenía la carne de cerdos que se usaba para la confección de un platillo típico de esas tierras para celebrar esa fecha sagrada. Cuando comenzó a salir la gente del templo, Tista se apostó exactamente frente al templo y cuando Ana Cristina salió, la saludó entusiasta. En ese entonces la gente respondía cada saludo y esa vez no fue la excepción. Nunca se le decía nada pasado de tono a una mujer como en épocas actuales. Piropo le dicen en la modernidad. Pués, en ese entonceslas cortesías dedicadas a las damas eran verdaderos halagos. A ella le agradó el galán. Él tenía 26 años, ella apenas 17. Las diferencias en las edades eran muy grandes frecuentemente. En ocasiones los hombres hasta triplicaban la edad de sus consortes. Doña Bartola, la madre de la chica, miró recelosa a Tista, más, no pasó de ser solamente una mirada escrutadora. Miró al chico que lucía vestido algo exagerado y olía a pichulín. Él la saludó con crecida alabancia también y tan pronto la dama escuchó aquella voz de trueno, sintió que si a la chica le llegara a gustar aquel tipazo, ella no se opondría. En efecto, Tista luego del saludo le tendió la mano para ayudarla a bajar el escalón de la entrada del templo y eso fue todo. Quedaron flechados en ese instante. El domingo siguiente la conversa se prolongó un poco más. Dos meses después, ya había pedido su mano y contrajeron nupcias en el año 1.954.           Mientras llegaba la fecha del casamiento, Juan Bautista, fundamentoso y trabajador empedernido, construyó en un sitio apartado del pueblo, una casita. Se trataba de una vivienda conparedes de bahareque frisadas.Su fachada era sencilla. Poseía una puerta de madera y una ventana con repisa y quita polvo protegida por rejas de madera. El techo era de tejas ados aguas sobre armazón de madera.Sus espacios interiores se desarrollaronalrededor de unhuerto provisto de muchos árboles frutales y de hortalizas. No la ocupó sino hasta que se casaron. En 1.956 nacería Leida, Elida vendría al mundo apenas se iniciara el año 1.958. En 1.959 le tocaría el turno a Doris. Nohelí lo haría en 1.960aunque meses después se la llevaría a la gloria un mal de ojo. Era esa la denominación que le daban cuando moría algún niño chiquito. Le daría una diarrea y las deposiciones tendrían la apariencia de grama machacada. Nunca superaría aquel cuadro por más anamú que le dieron a tomar. Yalinda nacería a finales de 1.963, Neidy en 1.965, Octavio en 1.967. Dos años más tarde llegaría a aquella familia Olinto y Jesús cerraría la “fabrica” en el año 1.972.           En cuanto a Pencho y Zenón, esas criaturas por ser los más chiquitos se quedarían en resguardo de la tía Conchita que los amó intensamente y los trataría como a dos hijos más. Pero la pobreza es mala consejera siempre y la comida se haría cada vez más escasa, por lo que ellos decidirían partir en pos de ganarse la vida en otras latitudes. Se irían para la ciudad como polizontes, montados en un camión que vendía frutas. Cuando llegarían a la urbe, se podrían a trabajar descargando camiones. Eran muy jóvenes y los engañarían desmedidamente. Decidirían unirse al ejército. Ambos, cuando cumplieran los requisitos en cuanto a edad, se alistarían. A Zenón lo echarían, puesto que no los podían aceptar a ambos por ser hermanos. Entonces la tristeza embargaría a esos muchachos que hasta ese momento habrían sido inseparables. Pencho se querrá volar en varias ocasiones y Zenón se quedaría varios días apostado frente al cuartel para estar cerca de su hermano. Cuando ambos se cansaran de llorar después de mucho tiempo, aceptarían sus realidades y continuarían su camino en la vida. Zenón se iría donde Luisa, luego se enamoraría de una bella chica que le presentaría Mercedes. En 1.945 la situación política y social en aquella nación era crítica.En octubre de ese año, el país vivió una vez más la rebeldía de un fragmento político sobre otro. Era claro que las causas de aquella animadversión,resultaba la insistencia del presidente en aupar la realización de eleccionesdirectas, secretas y universales.La reacción en su contra resultó ser unainsurrección militarfrente a un Estado legalmente establecido.Al presidentelo describían como un hombre simpático y a su gobierno como una administración de libertades públicas. Realmente se sentía un ambiente de cambios en toda la nación. Ese fue su error, dedicarse desmedidamente al progreso de su patria. Tal vez eso no le agradaba a sus adversarios o a los zamuros que esperaban seguir despedazando a la nación a grandes tajos, tratando cada cual de arrancar el pedazo más grande. El país de los buitres continuaría de ese modo siendo descuartizado de manera continua. Y quien se opusiera, lo desaparecían de cualquier manera. Y fueron sus compañeros de armas quienes se encargaron de deponer al presidente. Integrantes de la escuela que lo formó, amigos suyos en su mayoría. La traición no tiene rostro. Sin lugar a dudas se pueden numerar como detonantes de la crisis que conllevó a la ruptura de ese gobierno, la falta de disposición sobre el derecho universal al sufragio, aunado a dificultades de índole social tales como el alto costo de la vida, los reclamos castrenses y el apresuramiento de la gran cantidad de buitres que querían de cualquier forma y por cualquier medio, llegar al poder. Ese día estalló una asonada militar. No fue, como lo intentaron sus actores en el momento, unacorriente cívico-militar, sino unainsurrección militar tradicional, con sustento de un grupúsculo deciudadanos integrantes de la sociedad civil. Ramón Antonio ya había creado un hogar sólido. Había nacido María Eugenia pero desgraciadamente, un problema a la hora de su advenimiento, le ocasionó graves daños.La muchachita,debido tal vez a una complicación derivada de algún padecimiento de su madre, en relación a algún comportamiento negligente quizá o por puras cosas de la vida, no reaccionó adecuadamente. No respiró inmediatamente después de nacer, no se escuchó el llanto característico de todo niño cuando nace, no se movía; estaba como muerta. La comadrona que asistía a Mariana hizo esfuerzos supremos para lograr la respuesta de la niña, pero su veteranía era en las lides de atender el parto, nunca se había presentado algún contratiempo en ninguna criatura.Por lo menos durante los años que llevaba asistiendo parturientas, nunca tuvo que enfrentarse a esa tragedia. No sabía a ciencia cierta que hacer ante el cuadro que se presentaba con una muchachita en esas condiciones. El tiempo transcurría. Su cuerpecito ya estaba aterido, el oxigeno no llegaba a sus tejidos. Intentó muchas maniobras pero era ignara en cuanto a lo que consideraba novedoso y que bastó para que dejara de practicar ese oficio. Nada parecía funcionar. Hasta que por fin, la niña emitió un leve quejido para sorpresa de todos, que ya se sentían derrotados en su empeño. Se habían acercado algunos vecinos para tratar de colaborar en algo para “resucitar” a la niña.        Las respiraciones se presentaron lentamente y su cuerpo adquirió poco a poco una tonalidad rosada. Minutos después, ya respiraba de manera adecuada y emitía un llanto medianamente intenso. Los presentes sintieron que los movimientos de la niña no eran normales. Realmente el tono muscular era demasiado débil, la ciencia denomina a esa debilidad, hipotonía. La niña presentó un irremediable cuadro de parálisis cerebral infantil se supo después, cuando Toto y Mariana viajaron a la ciudad para que la niña fuera evaluada por uno de los pocos especialistas que existían en esa época. Cuando el médico la valoró, de inmediato fue tajante en su diagnóstico. El prolongado tiempo sin oxigenación produjo un daño irreversible en sus tejidos, especialmente en el cerebro. Algo asi como una muerte cerebral. Aquella situación los dejó devastados. No había más que echar a la criatura adelante, amarla, cuidarla y esperar que Dios la protegiera con su manto de amor sagrado. Toto y Mariana aceptaron la voluntad de creador, sencillamente porque no había otra alternativa. Era muy lamentable el silencio que desde ese entonces se apoderó de aquel hogar. La tristeza resultó desde entonces, la principal particularidad de ambos. Poco a poco fue creciendo la niña y pasados dos años, a pesar de los pronósticos, la niña continuaba viva, sin complicaciones y eso hacía un poco más llevadera la situación. Sus padresse acostumbraron a ella y la adoraron en demasía. Se notaba una niña amada, a pesar de sus extremas limitaciones. Era una niña demasiado consentida. La vida continuaba y con ella, los planes de echar adelante. Nació Ramón Antonio, a quien desde siempre le dirían Ramoncito. Cada cierto tiempo, después de dejarlo todo arreglado para que su familia no pasara necesidades, Toto se ausentaba más o menos de dos a tres meses de su hogar. A nadie le daba explicación de sus escapadas. Su mujer sabía lo que buscaba y como él mismo le había contado antes de casarse inclusive, no descansaría hasta dar con el paradero de Próspero y matarlo con sus propias manos, después de someterlo a las más indescriptibles torturas. Siguió muchas pistas que encontraba por doquier. Muchas de ellas, por no decir todas, falsas. Visitó casi todos los rincones de aquella patria grande. Cada vez regresaba decepcionado en extremo. Pero cada decepción le daba las fuerzas necesarias para continuar su búsqueda. En las oportunidades que sentía que fracasaba, se prometía continuar sin desfallecer hasta lograr aquel cometido que consideraba sagrado. Sentía que le era necesaria aquella venganza que tal vez en otra persona el deseo de llevarla a cabo se hubiese apagado, puesto que nacida del odio, muchas veces, al ir muriendo ese sentimiento mezquino, lapretensión de llevar a cabo la venganza que se necesita para lavar la honra, también fenece con el paso del tiempo. Para él puede que no fuese tal, ya que el dolor que sintió lo padeció él solamente y por esa razón, sólo él sabía que le era necesario cumplir aquel juramento que les hizo a sus padres. Juró venganza por su propio daño también. No descansaría hasta ver morir a ese canalla, se lo juraba a cada instante. La vida continuaba apacible y en algunas ocasiones convulsionada. Lo cierto del caso era que ya resultaba rutinario contemplar a Ramón Antonio con la mirada perdida en cualquier punto. Su mujer ya sabía qué pensamientos eran traídos a colación en esos momentos. Su familia lo adoraba, en especial, Ramoncito que andaba con él para arriba y para abajo. Le hacía recordar su niñez cuando él hacía lo propio con su padre. Cuando había llegado el mes de abril, una nueva noticia acerca del sitio donde parecía que se encontraba su enemigo se hizo sentir. Se lo dijo su compadre Hermógenes. Era su compadre del alma, por partida doble. El compa, como le decía desde siempre, era padrino de María Eugenia y de Ramoncito y él a su vez, lo era de Enrique y Tobías, los hijos mayores del compa. Se apreciaban mucho y además de ello, se tenían una confianza desmedida.El30 de abril de 1.945, precisamente el día en que supuestamente Hitler se suicidó junto con su esposa Eva Braun en su búnker de Berlín, llegó al pueblo donde al parecer se encontraba Próspero. Llevaba tres años buscándolo.             Se apersonó bien temprano. El día de su partida, Mariana se quedó preocupada como nunca lo había estado. Sentía que las cosas pudieran no resultar como lo había planificado su marido. Próspero era un hombre malo a diferencia de Toto. Su maldad lo impulsaría a cometer cualquier tipo de atrocidad, en especial si de salvar su vida se tratara. Pudiera salirle el tiro por la culata al vengador y ser él el muerto. Durmió en el monte en medio del escandalo que producía la fauna habitual. Era eso ya una rutina para él. No era la primera vez que dormía en el monte. Cuando despuntaban los primeros rayos del sol, cogió la marusa y sacó un pequeño trapo y tras humedecerlo con un poco del agua que llevaba en la cantimplora, trató de limpiarse un poco el rostro. Se pasó la mano por el pelo tratando en vano de acomodarlo. Era sumamente grueso y testarudo, quedó igual o hasta peor que antes de pasarse la mano. Le restó importancia. Se sentó un rato y se calzó la mascada de chimó con la que buscaba mitigar el hambre. Cuando se espantó la modorra lo suficiente, escupió aquel asqueroso contenido negruzco y se lavó la boca con un gargarismo diminuto. Volvió a escupir y luego se empinó el resto de agua que quedaba en el recipiente. Se puso de pie y cogió camino. Entró al pueblo por una calle de granzón que daba directo a la plaza. Se trataba de un espacio abierto con una superficie amplia. Poseía un gigantescoárbol de jabillo de tupida copa y a su alrededor varias matas de almendrones. Lucía dos bancos internos y tres externosy al centro un busto del Libertador.Era un sitio sencillo, pero no por eso dejaba de ser encantador. Sus despampanantes áreas verdes y habitualuso conmemorativo de celebraciones típicas regionalistas, la convertían enel más importante espacio público y punto de encuentro de los ciudadanosde aquel terruño.Frente a la plaza se encontraba un templo fabuloso, extraordinario. Era de fundación aislada rodeada por áreas verdes y un cercadometálico.Elfrontispicio principalmostraba unapuerta de acceso central de madera y sobre éste,el murallón se alargaba y terminaba en forma de cartabón.A ambos lados de la fachadase encontraban las torres del campanarioque se elevabansobre cuatro
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