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4896 Palabras
para septiembre, cuando Isaira quedó embarazada por tercera vez, comenzó Zenón a construir la casita. Se quedaba después de terminar su jornada diaria, hasta las diez de la noche. Resguardaba su material en una de las casas que estaba finalizada, previa autorización del propietario. Iba a pasos de tortuga, pero por más lentos que estos fuesen, siempre eran hacia adelante. Sabía que poco a poco se llegaba lejos. Llegaba exhausto a la casa. Se bañaba, cenaba y de inmediato se disponía a descansar. Cerraba los ojos e inmediatamente se quedaba dormido. Los muchachos ya creciditos dormían Jaime con papá, y Dimas con mamá. Pero ya Jaime no le dejaba casi espacio a Zenón puesto que la hamaca era demasiado chica. Hubo que comprar otro chinchorropara que Zenón pudiese descansar como Dios manda, después de pasar casi todo el día trabajando. Éste se acercaba de vez en cuando a la hamaca de Isaira a expresarle sus gestos de amor de vez en cuando, tras cerciorarse que los niños estaban profundamente dormidos. Aún estaban muy pequeños y por eso se arriesgaban a aquellas caricias que parecían furtivas. Lo más lógico resulta que los niños seas totalmente ajenos a aquellas expresiones de afecto. Ambos sabían que eran sacrificios necesarios. Cuando tocó hacerle el piso a la pieza, Zenón acordó con los albañiles que trabajaban en los alrededores, y cada uno le regalaba los sobrantes de la mezcla de cemento y arena (de todas formas como eran pequeñas cantidades, ellos de todos modos las descartaríanen una parte del terreno), y él los completaba con algo del material que había comprado. De esa manera un pedazo hoy, otro mañana; hasta que construyó el piso por completo. Ese mismo día, colgando las hamacas muy lejos del suelo que aún estaba húmedo (para que no los pescara un resfrío), Isaira había decidido que se mudarían a su “casa” propia. Eso facilitó un poco las cosas, ya que no tenía que madrugar a preparar vianda. Se levantaba con el alba y preparaba solamente el desayuno. De igual modo, en ocasiones como estaba cerca de la casa, trabajaba hasta bien entrada la noche (ya tenían luz eléctrica), a la par que le hacía algún trabajito más a la casita.           A mediados de diciembre de ese año, cuando muchos se preparaban para celebrar la Navidad haciendo los respectivos preparativos, ocurrió un hechoinusual. Se trató de la visita de John FitzGerald Kennedy, Presidente de los Estados Unidos de América, acompañado obviamente por su esposa Jacqueline. El gobernante criollo, visiblemente emocionado, consideró que estaban haciendo eco en la casa presidencial del gigante del norte,posterior a un largo período poco agraciado, las voces de Franklin D. Roosevelt. Ese hecho auguraba buenas nuevas para toda la nación.Isaira fue comprando poco a poco, tal como ya se había acostumbrado a adquirir las pocas cosas que tenían, dada la gran austeridad; los elementos necesarios para el plato típico navideño que había aprendido a confeccionar como herencia bendita, al igual que muchos de los habitantes de la patria grande. El día que antecedía a la natividad del señor. Isaira quiso que Zenón la llevara a conocer la catedral. Se llenaron de gozo al llegar al sagrado templo. Se trataba de una verdadera joya arquitectónica de antigua data. Fue construida en efecto, a finales del siglo XVI. Lucía una fachadade dos niveles, deestilo renacentista. Constaba de un portal principal encuadrado por columnas decorativas de sección semicircular. El templo contaba en su parte frontal con unchapitel en su parte superior, en el que había unacodotriangular y dos estructuras con arcos. La catedral poseía una planta dividida en tres naves, la principal separada de las laterales, por un grupode arcos de medio punto descansados sobre balaustresredondos con adornos de estilo delicioso. Allí esperaban con los muchachos dormidos ya en sus brazos, la bendición del sacerdote en razón del natalicio del Salvador.           Ese día los niños estaban deliciosamente vestidos. Jaime tenía un poco más de dos años. Era chiquitito, sus ojos achinados le concedieron un toque oriental a su rostro. Le dirían chinito en un futuro. Parecía un hombrecito con su pantaloncito marrón, que combinaba con una camisa beige y unos zapaticos preciosos también marrones. Dimas tenía un poquito más de un año y aún no caminaba. Zenón diría en son de broma más adelante, que el muchacho se demoró en caminar, porqué tenía muy pesadas las asentaderas. Y no era del todo falso ya que tragaba tanto, que era regordete y el enorme trasero prácticamente le secuestraba el equilibrio, evitando asi que lograra dar sus primeros pasos oportunamente. También estaba bellísimo estrenando su ropita que lucía con incomodidad. De cuando en cuando buscaba el pecho de mamá, pero ella trataba de mantenerlo a raya mientras no estuviese en el sitio adecuado y en el momento también adecuado para ello. Ya tenía que ir adaptando su alimentación para ir destetándolo de manera gradual. Estaba ofreciéndole alimentos sólidos desde hacía pocos meses. Ya la barriguita que denunciaba su nuevo embarazo había comenzado a notarse. Al darse cuenta de que la familia crecía a pasos agigantados, arreciaron más sus esfuerzos para juntar los recursos necesarios con la finalidad de invertir en agrandar el hogar.           Habían comenzado con una parcela de 10 metros de frente por 25 metros de largo. Podían hacer una casa enorme y aún así, disfrutar la magia de un patio muy grande. Les gustaba sembrar porque definitivamente, ambos habían crecido en medio de la práctica agrícola. Al cabo de un tiempo ya tenían un gallinero con varios integrantes que regalaban sus huevos para el consumo familiar y hasta para comercializar unos pocos. Zenón tenía la costumbre de tomar un huevo crudo con una copa de vino cada tarde antes de la cena. A Isaira le repugnaba ese hábito que consideraba asqueroso. A él le parecía una práctica sumamente sana y según, le aportaba muchas vitaminas. Fuese cierto o no, lo haría durante muchos años. La noche buena fue muy bonita, aunque a Isaira, la melancolía no la dejaba palpar a sus anchas la virtud solemne de la noche que antecedía a la Navidad y la llegada de la misma; sin embargo, hacía de tripas corazones y trataba de no aguarle la fiesta a su familia. Zenón se tomaba unas copas con unos vecinos en la cercanía e Isaira charlaba algo seria con algunas vecinas que se habían acercado a conocerla. Fue una Navidad y un fin de año hermoso. Con la melancolía propia de una hija que se había alejado de su madre y hermanos, sufría mucho; pero en su nuevo horizonte, había aprendido que era natural que cada cual se alejara para formar su propia familia, aunque eso desencajara en un distanciamiento que resultaría por siempre, muy doloroso. Se iniciaba el nuevo año que sería sumamente agitado para todos los habitantes de la patria. Roger Antonio nacería el 27 de mayo. Unos pocos días antes del advenimiento del tercer hijo de la pareja, se produjo un suceso por demás tenebroso.Detonó en la medianoche del 4 de mayo y fue responsabilidad de los integrantes de otro cuartel de la Guardia Nacional. Los Sublevados, comandados por un oficial de alto grado, retrechero como él solo y de otros oficiales de menor rango; se levantaron en armas contra el gobierno de la nación, asaltando las calles y edificios de la ciudad, laterminalaérea y una emisora de la localidad; desde donde dieron a conocer un comunicado a nombre del movimiento subversivo. En consecuencia, el presidente les requirió elsometimiento a los revoltosos, al mismo tiempo que daba las respectivas órdenes de que se lanzaran a las calles, los militares que les eran leales al gobierno. Al día siguiente, las tropas probas tomaron el control de toda la localidad en donde se había fraguado la intentona golpista, deteniendo a un grueso número de personas responsables de aquella asonada; entre militares y civiles. Ante la magnitud del suceso, el presidente suspendió las garantías constitucionales con la finalidad de que todo regresara a la normalidad a la brevedad posible. A poco más de un mes de aquella asonada militar, surgió un nuevo alzamiento que amenazó nuevamente los cimientos de la recién nacida democracia. Apenas se presentaban los albores del día 2 de junio de 1.962, cuando se originó una subversión en la sede de uno de los componentes militares acantonada en un Estado central. Dicha subversión fue dirigida por un capitán de navío en cooperación con un grupo de oficiales de la marina. Toda vez que el Ejecutivo Nacional fue notificado del nuevo alzamiento sedicioso, se ordenó a los efectivos de la Fuerza Aérea y del Ejército que atacaran. Estos rodearon la ciudad, originándose en consecuencia unaépicaofensiva entre las fuerzas insurrectas a las que se le había  sumado con oscuros propósitos;un grupo de civiles armados.Después de un cruento enfrentamiento que dejó una escalada de alrededor de 400 muertos y 700 heridos, el día 3 de junio, un vocero oficialanunció que desde laalborada, las Fuerzas leales al gobierno habían puesto fin a la insubordinación.Días después, luego de ser aprehendidos los cabecillas de larebelión, quedó desarticulado por completo el plan revoltoso. Tras un acucioso seguimiento de inteligencia, se evidenció la intervención en los acaecimientos del ataque armado contra la constitucionalidad, de políticos ligados al Partido Comunista, dándose inició a una intensa ampliación de la política de saneamiento en las Fuerzas Armadas de oficiales sospechosos de simpatía con dicho grupo subversivo. Se supo que los sediciosos fueron conminados por algunos dirigentes a emprender la huida, para evitar derramamientos innecesarios de sangre, ofreciéndoles rutas de escapes inteligentemente dispuestas por si se presentaba, como en efecto ocurrió, un revés. Los mismos sólo habían atinado a decir: “queremos armas para combatir y defender al pueblo”. Y así lo hicieron. Y por esa razón, muchos murieron.           Roger Antonio resultó ser el primero de la descendencia en nacer en esa tierrabendita. La pieza que Zenón había construido como inicio del hogar familiar, fue agrandada en la medida de las posibilidades de sus ingresos económicos. Isaira continuaba haciendo arepas peladas y dulces criollos. Los jarabes fueron cayendo cada vez más en desuso, y con los años fueron relegados de una manera fulminante ante la aparición de la farmacopea moderna y la llegada de médicos desde un Estado vecino. El hospital, al igual que la maternidad y lo que llamaban el hospitalito, que era un flamante centro asistencial pediátrico, amén de un centro antituberculoso; quedaban muy cerca de donde vivía la familia. La gente prefería acudir a los facultativos que aventurarse a los jarabes. Los depurativos continuaban teniendo buena salida; pero nunca como lo habían tenido en años anteriores. Había que buscar otras alternativas. Tendrían que pensar seriamente cuales, ya que necesitaban como nunca, cada vez más ingresos, puesto que la familia había crecido y de seguro; seguiría creciendo. Jesús llevaba ya varias horas sumergido en aquel estado profundo que lo tenía atrapado en una especie de jugarreta del tiempo. El pasado jugueteaba con un futuro que asechaba como perro de presa para, de la manera más insospechada, devorar esperanzas. Ese futuro, que en ocasiones habrá de verter grandezas a la vida de los pobladores de la patria grande, será desguazado por los buitres de la patria que, como malévolos engendros, harán aquel festín desmedido con los recursos que robarán de las arcas de la Nación, del dinero del pueblo. Llegaban los recuerdos del inicio de su generación. En ellos, ya sus tres hermanos mayores habían nacido para formar parte de una bella familia, mismo grupo al que llegaría él unos pocos años después. Una ráfaga misteriosa se hizo presente y llevó a la mente de Jesús un fugaz instante, un momento raudo, el mismo que se colaba para hacer eco de un pasado que existió en aquella época y que resquebrajó los cimientos de una nación poderosa. Llegaba a los sentidos del joven enfermero, un hecho acaecido en noviembre de 1.963.El día aciago en que fue asesinado John FitzGerald Kennedy. El recuerdo llegó como para retumbar en un lugar del tiempo nada más, luego se marchó presuroso. No hizo mella en la apacible y deleitosa remembranza que de su bella familia, recibía el joven como bendición de Dios.   Fue así como a Isaira se le ocurrió la idea de afianzarse en la elaboración de dulces criollos, especialmente conservas de coco y paledonias. El dinerito de las ventas era rigurosamente guardado para invertirlo en materiales de construcción. La casa se fue haciendo poco a poco, más grande. Cuando nació Zenón Segundo en marzo de 1.964, ya constaba de un porche, la sala, dos habitaciones y la cocina. El sanitario, al tratarse de una letrina, ya que aún no existía aún el servicio de cloacas; quedaba lo más apartado posible del resto de la casa, al final del gran patio. Al lado quedaba el sitio donde estaba la ducha y el agua que se derivaba de allí, se acumulaba detrás formando un lodazal que, gracias al inclemente sol que azotaba la ciudad con sus temperaturas extremas; se secaba antes de que cayera la tarde. Los tres muchachos dormían cada uno en su hamaca en una de las habitaciones y Zenón e Isaira lo hacían en la contigua con Zenoncito pegado a la teta. A pesar de que no les iba tan mal, ese año fue un revés para la familia. En el mes de octubre Jaime repentinamente comenzó a presentar un severo daño en su salud, lo que encendió las alarmas en sus padres que se desesperaron en extremo.           Todo comenzó una noche en que Isaira, por instinto bendito de madre, se levantó movida por alguna fuerza mayor producto de su amor maternal, y se dirigió al cuarto donde los muchachos dormían. A primera vista no notó nada en particular, pero al acercarse hasta donde Jaime dormía, se dio cuenta de algo que no le gustó para nada. De inmediato encendió la luz y pudo verificar que el niño mayor permanecía rígido con los ojos “volteados” y con una extensa salivación que ya le bajaba por el cuellito. Un grito de terror despertó a Zenón y a los otros niños que, asustados, lloraban al mismo tiempo. El muchacho estaba presentando un severo cuadro convulsivo. Su padre lo cogió y sin miramientos, corrió con él hasta el hospital que afortunadamente quedaba cerca de allí. Por fortuna Zenón no dormía en paños menores sino que, como siempre se lo había machacado su hermana Mercedes, usaba ropa ligera pero decente; porque nunca se sabe cuando se presenta una emergencia y no hay que andar mostrando los pudores enninguna parte. Cuando llegó con el niño, ya las convulsiones habían cedido. Pero en un rato regresaron con más ímpetu. El personal sanitario estaba preocupado, puesto que era bien sabido, las secuelas que siempre se producen cada vez que se presenta una convulsión. Dejaron a Jaimito internado para observarlo por lo menos hasta que amaneciera. Cuando el médico especialista llegó en la mañana, decidió después de examinarlo minuciosamente, que tenían que dejarlo hospitalizado los días que fuesen necesario para hacerle exámenes, y colocarle un tratamiento riguroso; puesto que estaba convulsionando muy seguido. Fueron unos días demasiado difíciles en virtud de queZenón tenía que trabajar pues, dependían de su día a día para subsistir. Por fortuna su patrón le dio libre unos pocos días, tres para ser exacto,luego de haberse enterado de aquellos motivos fortuitos. No le suspendió la paga, ya que sabía que Zenón había sido muy responsable; pero lamentablemente tuvo que contratar a otro albañil. Isaira no podía dedicarse a sus labores que desde la casa hacía y que aportaba un dinero extra. Para poder quedarse al cuido de Jaime, alguien tenía que quedarse con los otros niños, especialmente con Zenoncito que estaba muy chiquitito. Hubo que hacer sacrificios para poder saltear esas dificultades. El buen padre de familia iba y venía del hospital y cuidaba con infinita entrega a los otros hijos. Afortunadamente su vecina y amiga Bruna, le echaba una manito. Los muchachos no hacían muchas travesuras, todo lo contrario, eran muy obedientes. Los hijos de los vecinos se encargaron de que no les faltara diversión. Isaira no se movía un instante del lado de Jaimito, salvo cuando era inevitable y trataba de aguantar lo necesario hasta que llegase Zenón. Éste pasaba todo el dia entre la casa cuidando a los demás muchachos y el hospital. Prácticamente estaba formando un surco de tanto recorrer el camino. Llevaba a Zenón cada tres horas para que fuese amamantado. A Isaira poco le faltaba para que sus glándulas mamarias le estallaran por lo acumulada que estaba la leche producto de la carga hormonal vertida en su riego sanguíneo. Resultaron para la madre sufrida, momentos desesperantes. Los médicos trataban de explicarle lo que estaba aconteciendo con el niño; pero aquellas palabras, ininteligibles para cualquier mortal del común, no lograban el contenido explicativo ni remotamente. Lo cierto del caso resultó en que el muchacho fue sometido a toda suerte de pinchazos, con la finalidad deextraerle la sangre necesaria para los exámenes de laboratorio, y además; parainyectarle lo que consideraran necesario. Quedó medio muerto por el efecto de los medicamentos utilizados, ya que se trataban de fármacos estimulantes de sistema nervioso. Benzodiacepinas le dirían con el tiempo. Al verlo en ese estado de sopor,su madre desesperaba a tal extremo que sus lágrimas se convertían en torrentes incesantes. La nobleza y el denuedo de una madre como Isaira, quedaban demostrados en ese momento de preocupación desmedida. En silencio expresaba sus plegarias al Todopoderoso. Rogaba a Dios que dispusiera de su vida en lugar de la del niño, de ser necesario. Zenón por su parte, padre ejemplar, amoroso e insuperablemente responsable, estaba aturdido; puesto que nunca había estado preparado para enfrentar tamaña eventualidad de la vida. Su mujer y sus hijos lo significaban todo para él. La sola posibilidad de que Jaime los dejara, lo mantenía completamente pávido. Por ello, estando en casa una madrugada eterna cuidando de sus hijos, secuestrado por el insomnio; le hizo una promesa a un santo patrono que siempre había escuchado mencionar desde su más tierna infancia a sus hermanas, tías y hasta a su mamá vieja, rogando mediante esa promesa; que la divinidad le regresara la salud a su primogénito.           Rezaba hasta que llegaba la mañana, todas las oraciones que le había enseñado Isaira. Sentía que en cada una de esas plegarias Dios miraba al más humilde de los hombres, al más grande de los pecadores sumido ante él, postrado ante sus designios, y sentía a su vez que por hacerlo de corazón y con mucha fe; sus ruegos iban a ser tomados en cuenta. Tras dos semanas de intenso tratamiento, una madrugada que estaba colmada de un desespero que ya Isaira no podía soportar, Jaimito despertó del inmenso letargo en el que había estado sumergido como efecto de una medicación necesaria y que había resultado prácticamente milagrosa. Ya el personal que estaba abocado al cuido del niño, estaba desesperanzado por la nula respuesta que daba el pequeño organismo que estaba siendo abrazado con crecida intensidad, por el infortunio que se había posado en él en forma de enfermedad. Inclusive estaban preparando los médicos tratante, sus argumentaciones para enfrentar una triste realidad; la situación que ningún médico quisiera enfrentar jamás. Y esa realidad no era otra que la de comunicar a unos padres amorosos el fracaso de una terapia. Es decir, estaban casi seguros de que el muchachito moriría irremediablemente. Pero Dios se había manifestado en forma de sanación y se abrieron nuevamente a la vida, los ojos de Jaimito.           Zenón e Isaira se abrazaron al llegar la mañana y ambos contemplaron al muchachito, que hambriento como estaba, ingería una taza de avena que una generosa enfermera le había preparado. No había ingerido nada desde que se presentaron los primeros síntomas y fue hospitalizado. Lo habían mantenido con “sueros” nada más. De modo que al despertar él, también lo hizo su apetito, por lo que sus primeras palabras fueron:“Tetero mami, quiero tetero”. Comió todo el contenido y vaya que era abundante. Luego de ello solicitó ir al baño. La madre lo llevó cargado, pero de regreso el niño aunque trastabillando, quiso hacerlo por sus propios medios. Osciló como un beodo, pero logró reponer su equilibrio y puso salvar el camino de regreso a la cama. Su padre lo miraba sonriente y sumamente feliz. Éste para sus adentros, en ese momento agradecía a Dios; porque sentía que el Todopoderoso, con su infinita benevolencia y eterno amor para con sus hijos, había escuchado sus ruegos. Ya darían gracias al señor en el templo. Su gran religiosidad caracterizó a Zenón durante el resto de su longeva existencia.           Jaimito tuvo que permanecer ocho días más en el hospitalito, para terminar el tratamiento que finalmente había dado buenos resultados. En vista de que el niño mejoraba considerablemente día tras día, a Isaira se le notaba otro semblante. Las ojeras por falta de descanso eran horribles; pero sentía que los largos períodos dedicados a su hijo mayor, desafiando las durezas de la vida; habían definitivamentevalido la pena. Zenón estaba muy emocionado y no se cansaba de dar gracias primeramente a Dios y luego a aquel maravilloso equipo que se habían portado a la altura, en aquella situación apremiante que les había tocado enfrentar. Cuando se fueron a casa, la familia completa iba unida. Zenón se llevó a todos los muchachos para buscar a Isaira y a Jaime. Al salir, Isaira no pudo evitar el llanto. Lloraba por la angustia y el extremo miedo que vivió pensando que su hijo pudiese haber muerto. Lloraba de alegría al sentir que ya el peligro había pasado, pero por sobre todo; lloraba de agradecimiento a Dios, el único que lo puede todo. Le daba gracias a Dios por haber orientado las sagradas manos del excelso personal que había tratado al niño. “Que Dios los bendiga”, les decía constantemente al despedirse de aquel lugar que había albergado todo su miedo, toda su angustia; pero en donde le habían salvado la vida a su niño grande, como le decía por ser el mayor.  El tiempo continuaba su andar indetenible. Los días y las semanas que siguieron a aquel episodio tenebroso en la vida de todos, en especial de Jaime de Jesús; resultaron extremadamente difíciles. Zenón no había podido trabajar por las razones que todos comprendían, pero que de igual manera eran apremiantes. Su familia ni siquiera se había enterado, puesto que nadie había tenido la oportunidad de hacerles conocer la situación vivida. Habría que utilizar el telégrafo para la comunicación y Zenón realmente no tuvo tiempo para ello. De todas maneras ya Juanita estaba pendiente de sus propias cosas, su hija recién nacida había fallecido al momento de nacer y esa situación la mantenían sobrecogida. Salomón no dejaba de trabajar y Eloísa no se presentó a ayudar a Isaira,verdaderamente porque no se había enterado. Dios sabía que esa fue la verdadera razón de que la doña no había ido en apoyo de su hija y nieto. Dios lo sabía perfectamente. La situación política y social del país no era la mejor en ese momento. Los alzamientos de los grupos rebeldes eran el pan nuestro de todos los días. Resaltaba apremiante esa situación. Tan pronto estallaba una rebelión en la capital, la onda expansiva de aquellas insurrecciones se hacía sentir en todo el país. En cada población se desataban protestas, y los sediciosos tomaban las calles, las avenidas y cualquier sitio público por más inverosímil que pareciera, alterando la tranquilidad de la ciudadanía. Un vaho pestilente desde hacía muchísimo tiempo, estaba persiguiendo los pasos del presidente de la República.Desde que había sido uno de los integrantes de la junta de gobierno, tras el derrocamiento de quien había iniciado el camino a la modernización del país. Constantemente se ensañaba en su contra, un nefasto personaje que sin lugar a dudas había surgido desde lo más profundo del infierno, tal vez expulsado por el mismísimo satanás. Y dada la tiranía desastrosa que se cernía sobre un grandioso pueblo de América, el gobernante criollo habíapronunciado públicamente la urgencia de rescatar a dicho pueblo de las garras repudiables de aqueldictador que a todas luces se situaba como el más brutal y sanguinario de ese lado del hemisferio, que se había iniciado hacía décadas en esas lides despóticas. El tirano desde siempre, lo había considerado enemigo número uno de sus intereses. Le daba una especie de alergia aquel denuedo y aquella honestidad del menudo caballero de elegante sombrero y que fumaba una pipa de finos detalles. Odiaba aquel empeño de querer democratizar al continente. El déspota sentía un inocultable odio por aquel amante de la democracia. Ese miserable, junto a un no menos despreciable malnacido, habían logrado destronar a un dictador; ofreciendo villas y castillos a su pueblo. Haciéndoles creer que desde ese entonces los destinos serían otros, y se presentaría el desarrollo y por ende la felicidad para todos. El remedio fue peor que la enfermedad, y tras aquella magna burla, un gobierno despótico que duraría largas décadas, acabaría con todo. Para eternizarse solo en el poder, mandó a matar a su sanguinario colaborador.           He allí la causa de tantos atentados. El magnicidio frustrado no había sido el único ataque que había sufrido. Ya se había dispuesto un ataque mortal contra él en la isla más grande del Caribe en 1.950. Un sayónembistió contra el demócrata congénito, con un procedimiento muy inusual,esgrimiendo una inyectadora con un portentoso veneno; no obstante, la astucia y los ágiles reflejos del líder político lo salvaron de una muerte segura, cuando pudososlayar la mortalagresión y salir bien liberado de la misma. Después, en 1.953, cuando estaba refugiado en un país vecino, el barbudo tirano fraguó mediante ardides mezquinos,un plan para liquidarlo; un intentomalévolo que nada tenía que envidiar a las malignidades nacidas de Hitler. Complot que no prosperó, gracias a que un ciudadano ejemplar que cumplía sus funciones en la embajada deese país, le había dado la voz de alerta oportunamente. Al mismo le pareció sospechosa la llegada a aquel país de dos tipos misteriosos que resultaron finalmente, ser unos reconocidos asesinos solicitados internacionalmente; quienes habían sido contratados para liquidar al líder político, que aunque en ese entonces era un exiliado político, había resultado ser un estorbo para las pretensiones del malicioso déspota.La mano inequívoca de la justicia pudo con aquellos pillos. De todos modos ya había sido preparado un cerco protector para salvaguardar la vida del político. De tanto salir airoso en los más inverosímiles atentados, nació una especie de leyenda urbana. Se murmuraba en todos los rincones del país, que el hombre contaba con una especie de amuleto que lo salvaba de todo cuanto le ocurriera. Nació así la leyenda de que la pipa del líder no era una pipa cualquiera. Era, además de un adminículo con el que inhalaba tabaco fino, un objeto encantado,un amuleto como se dice el la jerga popular; cuyabocanadarodeaba a su dueño de unblindaje que lo resguardaba delos malespropósitos de sus contrarios políticos. El tiempo continuaba su natural rumbo, y aún quedaban vestigios de las malas intenciones que querían echar por tierra las venerables pretensiones del presidente. Eran comunistas retrecheros que admiraban al barbudo de la isla que había iniciado hacía cierto tiempo, uno de los regímenes más extensos y criminales del orbe. La posición anticomunista del Presidente de la República le había ocasionado grandes contratiempos. Habían surgido en consecuencia, una innumerable cantidad de grupos de insurrectos que se ocultaban como depredadores, en los oscuros senderos de la clandestinidad; en las inhóspitas montañas de la región. Sería imperdonable un binomio que era contrario a muchos intereses, tanto locales como internacionales. Se trató del afán del mandatario de combatir la corrupción para entonces naciente y de impedir el acceso de los grupos comunistas al poder.Eso nunca se lo perdonarían. Nunca estarían de acuerdocon los elementos denuedo, autoridad y justicia; puesto que dichos valores seríanmanejados en su justa medida, para alcanzar el objetivo primordial de esaadministración, que no era otro más que alcanzara establecerde maneratajante, la democracia como forma gloriosa de gobierno.           Estaba pronto a fenecer el período constitucional del gobierno del eximio periodista, político y escritor que tuvo, sin lugar a dudas, un aliado para quien había dedicado lo mejor que la inteligencia de un ser humado puedo idear. Y ese aliado fue efectivamente; el componente militar que supo mantenerse fiel ante las adversidades. Sin duda, nunca pudo haberlo logrado sin esa intervención leal que sorteó un sinfín de alzamientos y sediciones, venidas desde las tantas filas de insurrectos sin escrúpulos, que no miraban más que los intereses personales oscuros, mezquinos y petulantes;haciéndole creer a la ciudadanía, que eran mansos corderitos que luchaban a favor de los desposeídos. Maldita intencionalidad sacada de los infiernos, aquella con la que se intenta y en ocasiones, se logra convencer a todo un pueblo; bajo el ardid miserable de una sociedad justa para todos, cuando en realidad la justicia la quieren para sí, para sus egoístas propósitos. Fue entonces ese período de gobierno, una época de convulsionados episodios que fueron caracterizados por huelgas, protestas vagabundas, intentonas de golpes de Estado, segmentaciones del partido de gobierno, revueltas cívico-militares, guerrillas, interrupción de garantías reglamentarias, invalidación de grupos políticos y hasta un atentado criminal. En fin, no fue una tarea nada fácil; pero se logró un cometido y el mismo fue, el mantenimiento de la Democracia.  
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