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4928 Palabras
largas distancias con pesados recipientes a cuestas, para poder llevar un poco de agua a sus casas. Debido a ello, resultará el primordial elemento natural, excesivamente costoso. Surgirán personeros diabólicos que comercializarán con el agua, secundados por los funcionarios del gobierno. Se presentará el peor de todos los actos de corrupción: se les negará agua a las comunidades alegando cualquier cantidad de contratiempos. “deterioro del sistema de bombeo, falta de algún equipo para reparar alguna maquinaria, imposibilidad de importar dichos equipo debido a las sanciones criminales impuestas por el imperio” y un largo etcétera. Pero misteriosamente todo funcionará a las mil maravillas para surtir del vital líquido a una gran cantidad de camiones cisternas que serán los encargados de vender dicho líquido a quienes puedan obtener las divisas que serán exigidas. Quienes desgraciadamente no puedan, que será la inmensa mayoría, pues sufrirá los rigores que implican buscar agua en los más recónditos rincones, sufriendo persecución por parte de las autoridades. Terrible panorama que se habrá de presentar en ese futuro que visualiza el joven en aquel terrible sueño. El tiempo hacía una jugada macabra en el cerebro de Jesús. Iba de un suceso que llegaría con el trascurso de los años, a una remota época de inicios de siglo. En ella, lo que resultaba más impresionante significaba lo relacionado con la salud de toda una población desprotegida desde todo punto de vista. Vastas zonas eran diezmadas por epidemias de todas las gamas. La malaria era una de la más grave. Paludismo ofiebre terciaria, como quiera que se le dijese.Durante muchos años se llevó al otro mundo a muchos. La causa era la picadura de un mosquito conocido como anopheles. Con la picadura de dicho animalito, se inoculaba un parásito microscópico denominadoPlasmodium. Las personas que eran picadas por el zancudo, al cabo de algunos días de incubación comenzaban a presentar primeramente vómitos, sudores, fiebre alta, dolor de cabeza, dolores musculares, diarrea y malestar general. Días después de presentarse esa sintomatología, se iniciaba otra etapa de la enfermedad. A la misma se le denominaba fase fría, pues el enfermo sentía mucho frío y escalofríos. Era en esa etapa cuando se podían observarcómo saltaban las personas en sus lechos, víctimas del zarandeo endemoniado aquel.  La siguiente fase era la caliente, que duraba entre 1 y 6 horas, y que se caracterizaba porque en la mismael paciente sufría unas fiebres excesivamente altas, que iban acompañadasde sudoración y convulsiones. Continuaba el zarandeo pero con mucho más ímpetu. En virtud de que esta fase se prolongaba, segenerabairremediablemente un daño cerebral por fiebre y luego la muerte llegaba inevitable, abrazando a aquellas pobres gentes con sus horrendos tentáculos.En cuanto al tratamiento, el remedio tradicional que se usaba para la malaria era la corteza del árbol de quina, comúnmente denominado Quinina. Era sumamente difícil cumplir un tratamiento de ese tipo. Resultaba demasiado oneroso para la gran mayoría. La era de la antibióticoterapia lejos estaba de hacerse presente.Pocos tenían acceso a cualquier tipo de fármacos en una época en que la medicina era incipiente en aquel territorio. Los pocos galenos no se daban abasto. No existía aún la Organización Mundial de la Salud, laOrganización Panamericana para la Salud y otras institucionesque coadyuvaran en la prevención y el tratamiento de la malaria y de otras tantas enfermedades infecciosas. Lastimosamente se trataba de un país cuya población se moría de tuberculosis, mal de chagas, raquitismo,malaria, enfermedades venéreas y otras infecciosas; donde los niñosfallecían de diversas enteritis y parasitosis, sin poder hacer más que colocarles unas frazadas húmedas para tratar de bajarles las calenturas y verlos morirse en medio de tantos sufrimientos. Definitivamente se necesitó desde siempre, uncambio radical de las políticas sanitarias y el dictadorse hizo por siempre de la vista gorda.           Cien años después, cuando a nivel mundial se disponía de mucho adelanto científico en cuanto a todo, en este caso en la farmacología,existiendo una gran diversidad de medicamentospara el tratamiento de una infinidad de patologíasincluyendo las infecciosas, la cosa no cambiaría mucho en ese país. En teoría, pocas infecciones deberían causar la muerte, ya que concurrían muchas alternativas medicamentosas al respecto. Ya habrán de fundarse la“Organización Mundial de la Salud”yla “Organización Panamericana para la Salud”. En aquella vasta nación se habrán de fabricar modernos hospitales y una gran red ambulatoria garantizará la atención primaria de la salud, es decir, la prevención. Pero tras la llegada de la tiranía, tras el apego al poder como si fuese perpetuo de quienes sólo llevarán desgracias; todo se irá al traste. Pocos tendrán el dinero suficiente para adquirir algún medicamento. La desnutrición lo propiciará todo. La mortalidad entre adultos y niños la seguiránproduciendo las enfermedades infecciosas, verdaderas endemias queharán estragos en el país. Será obvio que no podrá llevarse adelante una modernizaciónsi no se habrá de mejorar radicalmente la calidad de vida de los ciudadanos en general.Dará verdadera lástima que se llegue a descuidar de esa manera tan vil a una población entera. El dinero será desviado mientras morirá el pueblo de mengua. Sanitariamente se retrocederá cien años. Será esa la triste realidad de un país sumamente rico y de sus habitantes extremadamente pobres.           Jesús repentinamente dio un brinco extraordinario en su cama, como quien despierta de una pesadilla tormentosa. Era como si resultara impulsado por una fuerza descomunal. A pesar de ese movimiento brusco sucedieron dos cosas: Alberto, el niño que dormía plácidamente a su lado, continuó haciéndolo como si nada, y el buen hombre volvió a su anterior postura también como si nada. Volvía a quedarse en una especie de estado catatónico o asemejándose a alguien que estuviera sin vida.No movía nada que no fuese lo habitualmente necesario. El hecho funesto de haber visualizado casi que al mismo tiempo en aquel fenómeno, mismo que en un futuro habrá de contar a muy pocas personas;en primer lugar a un período de la historia, un gobierno de casi tres décadas donde se relegó a todo un país al sufrimiento desmedido, y otra situación cien años después que era incluso peor que la primera de las visualizadas, a pesar de contar en esa última de las percibidas, con inmensos recursos económicos que serán malversados a mansalva. En ese pasado miró casi que directo a los ojos a un hombre regordete, dueño de una barriga prominente, poseedor de un mostacho muy poblado con las puntas manipuladas para que mantuvieran una forma como los cuernos de un buey, muy semejante al que lució el Rey Jorge V de Gran Bretaña.Con uniforme militar excesivamente pulcro y que no se quitaba unos guantes de cabrita blancos ni para dormir. Lo contempló culto, leyendo La divina Comedia, Don Quijote, La piel de Zapa, a Madame Bovary, igualmente a La Casa Desolada y otros clásicos más. Lo percibió escuchando buena música que le llegaba desde una modernísima vitrola que le había regalado un adulador sin competencia de apellido Vallenilla, y mirando las películas de Chaplin.Admirando a protagonistas como Gary Cooper, Clark Gable y deseando a bellezas femeninas como Claudette Colbert por sólo nombrar una, de la larga lista de deidades admiradas por el viejo dictador. Un hombre de pocas palabras, que hablaba arrastrando las eses como era peculiar en las personas de las altas tierras donde había nacido y pasado muchos años de sus mocedades. Un hombre rudimentario, que cuando se sentía enfermo o que algo no andaba bien, no acudía a ningún médico o “matasanos” como él mismo les decía, sino que, emulando a Theophrastus Bombastus von Hohenheim, un suizo a quien mentaron Paracelso; aplicaba algo que estaba entre la alquimia y la brujería, ayudado por un indio a quien mandaba a buscar y éste dejaba lo que estuviera haciendo para acudir donde el gran jefe, y de esa manera lograba sanar. Hasta que el truquito no le funcionó cuando una malignidad anidó en su próstata y finalmente, gracias a ello, la pelona se lo llevaría a finales de 1.935. Un hombre que aparentaba ante los ojos del mundo ser inculto; pero que miraba con ojos críticos, un cuadro pintado hacia mucho tiempo y que le había regalado un amigo leal que en un viaje a la madre patria, le pareció bonito y lo compró para él. El cuadro en cuestión, fue pintado por un muchachito a quien bautizaron con un nombre peculiar y tremendamente largo: Pablo Diego José Francisco de Paula Juan Nepomuceno María de los Remedios Cipriano de la Santísima Trinidad Ruiz y Picasso, mejor conocido como Pablo Picasso para ahorrar letras.Admiraba el dramatismo de las formas y los colores fríos del trabajo del creador,alque miraba siempre con total detenimiento. Aquel joven pintor desconocido en ese entonces, se haría mundialmente famoso, aladentrarse a un estilo medio raro llamado cubismo con una obra llamada: “Les demoiselles d’ Avignon”. El gobernante fue un hombre a quien Hollywood había condecorado por su gran afinidad a las inmortales obras del séptimo arte y a quien Benedicto XV tambiénhabía laureado por todas sus “grandes obras”. Detectaba Jesús a un ladino en todo su esplendor. En aquel misterio que llegaba a su mente, Jesús contemplaba a un poderoso ser que siempre tuvo sueños y aspiraciones. Ese era la ilusión bastarda de este espantoso depredador, que empezóadquiriendo apenas se iniciaba el siglo veintepequeñas propiedades yque no dejó de adquirir más y más posesiones ni siquiera en 1.935 cuandoagonizaba.Y las siguió adquiriendo más allá de su muerte. De igual forma contempló en aquel inexplicable juego del tiempo, a otro personaje sobradamente alto, con bigote poblado, de figura fofa y dueño de una ignorancia que demostraba cada vez que abría la jeta y emitía una opinión sobre lo que fuere. Capaz de decir que existía algo como un milímetro de segundo. Visualizó a quien llegaría a la presidencia de aquella nación, parido por un movimiento mezquino. Será ese hombre de figura grotesca, la lamentable realidad que llevará a un país a la peor economía del mundo. El mismo ser que heredará el trono que habrá de ocupar un ser maligno, y no un malignometafóricamente expresado  como si fuera un agravio, sino un maligno de carne y hueso, un verdadero hijo del demonio que se iniciará como tal, traicionando y mintiendo.Usando para ello el peor de todos los insultos, el populismo desmedido. El fofo presidente contemplado por Jesús en los vericuetos de un futuro, habrá de heredar el trono que dejará vacío el maligno y repugnante ogro de quien se hizo ya referencia, y quien desde el inicio de toda una pesadilla,desarrollaríaun modo y un lenguaje inusualmente descuidados, donde agresividad, sátira y alborozo iránde la mano. Su palabradesencadenada y áspera, sus desarraiguesespontáneos y vulgares, susavergüenzasirreconciliables tachadas de demagógicas y elmetódicodesprestigiohacia suscontrincantes servirá para asirse de un gran número de adeptos incondicionales que se postrarán a sus asquerosos pies. Al contemplar todo eso en su estado semi demencial, Jesús desde ese momento, sentiría un gran temor. Después de que pueda recuperar su conciencia, esas visiones del futuro que se colaban en su mente, le aterrarán. Y para desgracia de una gran nación, poco a poco descubrirá que no habrá sido una terrible pesadilla sino una realidad sucedida en la vida de sus ancestros cuando comience a documentarse en las tantas lecturas de los libros de la historia de ese país. Pero lo peor se tornaba en que muy probablemente habría de ocurrir en los próximos veinte años en la vida de una gente que sufriría lo peor que le podría suceder a una patria llena de tantas riquezas en el suelo, en el subsuelo y en su gente.Desearía entonces con todas las fuerzas de su corazón que simplemente se tratara de una vulgar pesadilla. Cosa que lamentablemente no sería así. En ese momento tuvo la peor de las visiones puesto que, sorprendido, contempló en el futuro que se acercaba lento pero seguro, aunos seres que en su empeñó enoponerse a un supuesto esquema norteamericano de "dominio, utilización y desvalijamiento a los pueblos", refrendaránsuculentosacuerdoseconómicos con China, efectuaránintensivas compras de armas a Rusia y fraguarán unarebelde "alianza antiimperialista" con Irán, con reciprocidadde galanterías. No satisfecho con ello, el primero de aquellos gobernantesse reunirá con la mayoría de losautócratas del mundo mal encarados con Occidente, como elzimbabwo, el sudanés y el bielorruso. Ya al comienzo de la segunda década del siglo XXI, en plenasrevueltas árabes, el ignorante pichón de dictador no lo pensará dos veces paraapadrinar al asesino libio y al tirano sirio, unosdictadores sin recatos responsables de cruentas represiones internas. Continuó Jesús en su escudriñar misterioso en los recodos de un tiempo, donde se fraguaba un destino. Regresó a su mente, lo que estaba sucediendo con su tío Toto. Coincidía con aquel momento en que la visión del grupo de aves de carroña llamaba la curiosidad de Ramón Antonio, el mismo instante en que el muchacho se decidió a contarle a su padre lo que llevaba buen tiempo sucediéndole. De todas formas, desde su hamaca hacía varias noches, Anicasia le había comentado a Dimas Antonio el extraño proceder que había percibido del muchacho. En un principio el padre pensó que eran cosas de la edad, cuando la zoofilia propia del campo y sobre todo en aquella época, era tomada como un desahogo hasta cierto punto normal y tal vez el chico no había podido dar con el paradero de una hembra jumento.Eso podría tenerlo en ese estado lamentable. La mujer no aceptó tal aseveración y se prometió que hablaría con el mayor de sus hijos tan pronto llegara el alba. El hombre se dispuso a pensar en ese hecho y comprendió que verdaderamente Toto estaba actuando de una manera inusual últimamente. Al principio, la empecinada idea de querer trabajar lo confundió. Él no necesitaba dinero, pensó, ya que las provisiones nunca faltaban en casa. Ya casi ni se le veía, puesto que aún de madrugada abandonaba el hogar y llegaba siendo ya de noche. Se dirigía sin saludar ni nada y hasta sin probar bocado, directo a su hamaca y en ella, sus constantes movimientos denunciaban que el sueño no le llegaba con facilidad. La madre muy preocupada se había asomado a la habitación de los muchachos y lo había notado a la luz del candil que alumbraba con debilidad. Ramón Antonio siempre fue un muchacho travieso como realmente lo eran todos los hijos de aquella pareja. Desde él hasta Zenón, el más chiquito hasta que dentro de unos meses dejara de serlo, ya que Anicasia estaba embarazada nuevamente; eran muy tremendos. No paraban de correr de aquí para allá, incansables. Parecían contener azogue; porque no paraban en ningún sitio. Se acostaban en sus hamacas extenuados de tantas andanzas. Zenón aún dormía pegado a la teta; pero era el primero que saltaba con el canto del gallo a echar vainas todo el santo día como la hacían a diario los siete. Por ello, el comportamiento de Toto mantenía preocupada a su madre y era tan asi, que hasta su padre ya estaba pensando mucho en el asunto. El mocito estaba muy desmejorado, negrito de tanto llevar sol, con las manos tan destrozadas que no podía ni asir una cuchara para alimentarse como Dios manda. Flaco como un endemoniado y con un comportamiento tan huraño que asustaba a sus hermanos y a quien osara acercársele. Si escuchaba una flatulencia brincaba del susto, para ilustrar mejor el asunto. Mientras pasaba los días, el muchacho se portaba más arisco.Tan asustadizo,que parecía que hasta su mismísima sombra le enfundabagran temor. Cierta mañana, Dimas Antonio lleno de dudas y extrañado de que a la hora que era, el muchacho aún permanecía en su hamaca mientras Zenón y Pencho, ya estaban corriendo en el patio esperando que llegaran con la leche del potrero para zamparse la primera comida del día; se le acercó para ver que carrizo le pasaba. Al estar cerca de él contempló que estaba llorando. Hamaqueándolo le pegó un grito tan fuerte, que hasta los muchachos que jugaban en el solar se asustaron. Tista estaba a punto de atrapar una desprevenida iguana que había entrado a la casa, pero del susto le perdió la pista y ésta se escabulló por una pequeña ranura del techo. María Elisa, Luisa María y Mercedes que estaban junto al fogón aprovechando el calor que de él manaba, brincaron del susto también. Resultaba que cuando su padre gritaba de ese modo, algo grave pasaba. Y tenía que ser verdaderamente grave, puesto que las tantas nimiedades que sucedían normalmente en un hogar para Dimas eran sólo eso; nimiedades. Sucedía que no daba créditos a sus ojos lo observado ni a sus oídos lo escuchado. Toto estaba llorando. Le había pedido a Próspero que le enseñara a trabajar porqué el muchacho ya se había puesto pantalones largos y ahora lo miraba allí, un “hombre”llorando como si fuese un niño.           El hacendado,hombre de recio actuar, lo conminó a levantarse de la hamaca y a decirle de inmediato, que cosa le pasaba para que estuviera presentando un comportamiento desacostumbrado, desde hacía ya bastante tiempo y para que ahora estuviese llorando como un carajito.Toto se levantó a duras penas como amodorrado. En realidad lo que estaba era atontado por las tantas penurias que había vivenciado y que de tanexigentes que eran, hasta el sueño le espantaban. Estaba pues, macilento de tan pocas fuerzas que tenía. Caminó despacio arrastrando las alpargatas sin calzar. Ya estando en el inmenso patio donde aún jugaban Pencho y Zenón, Toto se quedó estático en medio del mismo, mirando turulato hacia los adoquines del piso. Para nada movía un solo músculo por más que su padre le preguntaba que le estaba pasando. A pesar de que Dimas Antonio le gritaba lleno de coraje, el muchacho no decía nada. Cansado del jueguito,le echó una paliza para apaciguar un poco la arrechera que tenía, se montó en el caballo y se largó vociferando algo ininteligible; pero que se suponía obsceno. El muchacho se quedó estático a pesar de que ya su padre se había marchado y no llegaría hasta la hora de la cena. Anicasia se lo llevó para el cuarto grande y ya en él, el niño la abrazó llorando aun con más intensidad. Le contó lo que Próspero le había hecho todo ese tiempo y luego, ambos lloraron abrazados como estaban. Cuando Dimas llegó y luego de cenar, se dispuso a descansar. Anicasia le contó el motivo de la actitud de Ramón Antonio. Pero no le dijo que Próspero había puesto a trabajar al muchacho como si fuese un animal. Que le exigía cumplir faenas extensas y que no le dejaba ni tomar agua siquiera. Mucho menos le confesó que había llegado hasta maltratarlo físicamente en varias oportunidades. Y eso que Toto no le había manifestadoa su madre, la intención que ese desgraciado tuvo hasta de violarlo. Solamente le manifestó Anicasia a su marido, que el caporal se negaba a pagarle, que nunca lo había hecho y que si Ramón Antonio estaba muy triste era porque no había podido convidar a una muchachita que le gustaba. Dimas prometió que hablaría con Próspero para que le explicara aquel mezquino proceder. Le había pagado suficiente para que le diera al muchacho una buena retribución por su trabajo. Pensó que le solventaría muy bien y se había enterado de que no había sido de esa manera. Notó el destrozo en las manos de su hijo mayor y eso lo traducía en esfuerzo, dedicación y que estaba aprendiendo a ser un hombre de bien. Por esa razón pediría a su capataz que se presentara ante él para que cruzaran unas pocas palabras. Nunca se imaginó que un nubarrón gris, aunque más bien podría decirse que n***o; se cernía sobre ellos. Nunca sospechó el hacendado que lo peor estaba por llegar.           Llegado el nuevo día y tras una noche de intenso calor en la que el aire, enrarecido con el humo del excremento de las vacas disecado y luego quemado para con él alejar a los tan perjudiciales zancudos,no había dejado dormir a nadie; Dimas se paró de mala gana y luego de ir al excusado y después de asearse, ingirió su desayuno y antes de marcharse a hacer su cotidianidad, le pidió a Gaspar, (uno de los trabajadores entrado ya en años y que se encargaba de haraganear por todos lados y de vez en cuando realizar cualquier tontería que a sus 92 años pudiera hacer para sentirse útil) que le dijera a Próspero que se presentara ante él ya que quería que cruzaran unas palabras. Le pidió que le dijera que lo iba a estar esperando debajo de la ceiba donde acostumbraba a almorzar. El anciano que estaba medio sordo y al que Dimas había hablado en un tono exageradamente elevado para que lo pudiera escuchar, salió como expelido por una ballesta a hacer el mandado que se le había ordenado. A pesar de estar tan viejo, Gaspar tenía una agilidad que hasta los muchachos envidiaban. A grandes zancadas desapareció por entre el follaje a buscar a Próspero. Sabía donde lo podía encontrar a esa hora del día y ese sitio no era otro que la casucha donde el hombre vivía de la manera más miserable. No tenía familia alguna. Según el cuento quele echó a Dimas cuando hacía muchos años había llegado por aquellos lares en busca de empleo; su mujer y sus dos hijitos se habían muerto de paludismo como muchos otros. Contó que cuando había regresado a casa después de dos meses de lejanía por cuestiones laborales, se encontró de cara con la infausta nueva de que su familia había perecido por la maldita enfermedad que amenazaba con diezmar a la población. Era difícil y en casi todos los casos, imposible, comunicarse con alguien aunque no fuese mucha la distancia. Según su historia, él se había ido a los llanos a encargarse de una finca ganadera y viajaba de vez en cuando a llevar el sustento para su familia. Era poco probable que esa historia fuese cierta, pero nadie en esos casos, investigaba más allá de lo esencial. A todos causaba extrañeza que un hombre joven que se había quedado sin mujer, no se hubiese arrejuntado con alguna de las tantas casaderas que por allí vivían. Más extrañeza causaba en quienes seguían la vida de aquel tipo con detenimiento pues, habían notado que solamente llegaban muchachos ya zagaletones a intimar con él. No era mal parecido Próspero. Pero realmente era rara su manera de ser.           Finalmente el hombre no se presentó nada. Dimas regresó a la casa lleno de enfado a la hora de siempre. El sol tenía rato que se había ocultado. Gaspar,más dormido que despierto, esperaba impaciente a su patrón temeroso de que éste, encolerizado como le suponía ya que lo conocía como a nadie; se desquitara con él.Por esa razón quiso esperarlo para darle respuesta acerca del mandado que le había ordenado hacer. El caporal había amanecido durmiendo una pea que se había zampado, como siempre, la noche anterior. Nunca se le veía antes del mediodía últimamente. Cuando le dio el recado, la respuesta fue tajante. La misma era que no se iba a aparecer más por los predios de quien llamó su ex patrón. Esa respuesta causó mucha perspicacia en el anciano mandadero. Tal vez Próspero supuso que el muchacho lo había contado todo. Mandó a decirle con el anciano, que si le daba la gana de hablar con él, que fuera personalmente a su casa que allí lo estaría esperando. Ya la trampa estaba colocada. El hacendado prometió que por la mañana iría a entrevistarse con aquel despreciable hombre. Ojalá lo encontrara sobrio, pensó. Nuevamente el calor sofocante hacía que la noche se tornara tétrica. Se escuchó en la lejanía a una de las aves consideradas de mal agüero, cantar en la distancia. En ese instante, el canto del pajarraco si que decía lo correcto. Ese día se despertó más temprano que de costumbre. A sus 39 años se sentía en la plenitud de una juventud que presagiaba duradera. Después de lograr una abundante micción (achacó su copiosa producción a una tisana de yerbas medicinales que para evitar la gripe que andaba atacando por esos días, su mujer le había dado a tomar antes de irse a dormir), consultó su viejo reloj y constató que apenas era la una de la madrugada. En medio de aquel extenso conticinio, sintió algo perturbador. Una piloerección pocas veces sentida, lo inquietó. Se asomó a la ventana que trataba de brindar algo de consuelo climático, mediante una brisa que se negaba a llegar y a su través, ataviada de una fina tela metálica, ayudado por la luz escuálida del candil; pudo contemplar la enorme soledad que se levantaba a su alrededor. Más allá de todo eso, siguió mirando más y más soldad. Se sintió dueño de un todo que a su vez parecía ser nada. Se sentó un rato tratando de organizar sus pensamientos. Sacó unas cuentas mentalmente. Hizo varias reflexiones tratando, en vano, de que le regresara el sueño. Al sentirse vencido por el insomnio, se retiró en búsqueda de un sitio donde poderubicarse que estuviese lejos de los ronquidos de diversas tonalidades que se escuchaban por doquier. No logró su cometido. Nunca se había percatado de lo exagerado de los ronquidos de su mujer puesto que siempre, de tanto cansancio, caía en su hamaca como palo podrido y quedaba de inmediato como un lirón.           Antes de la llegada del alba, montó a su cuadrúpedo y al trote ligero se alejó de la casa sin siquiera haber tomado café. Solamente se lavó la cara, se vistió y así, prontamente, se adentró a su destino. Era muy temprano, aún asi, aprovecharía de dar un pequeño paseo reflexivo que bastante necesitaba. Pernoctó junto a la laguna. Ya un grupo de pequeños animales se habían acercado a beber aprovechando que los potenciales depredadores tal vez aun dormían. Cuando sintió que era una hora decente para irrumpir en un hogar que supuso recatado, a tocar a la puerta; se dirigió al mismo. Al ubicarse frente a lo que miró incrédulo ya que se trataba no se una casa sino de una porquería que ni a choza llegaba,Dimas Antonio se apeó de aquel caballo hermoso. Se trataba de un animal esbelto, dueño de una línea perfecta. Era un potro colmado de una beldad extensa, animal de ricos dirían muchos. Al bajarse de su alazán, Dimas caminó despacio. Parecía que contaba sus pasos por lo lento que ejecutaba los mismos. Golpeó dos veces y esperó. Volvió a tocar dos veces más y volvió a esperar. Hizo la misma operación una decena de veces y nadie acudió al llamado. Descubrió entonces que la puerta no estaba asegurada y sin que nadie lo convidara a pasar, pasó.           Rayaba el mes de marzo del calendario de 1.935. Anicasia esa mañana no sintió el despertar prematuro de su marido. No le causó extrañeza que al iniciar el día no lo encontrara en casa. No era raro que Dimas Antonio se marchara muy temprano cuando tenía que viajar más de lo acostumbrado al tornarse urgente y necesario, cerrar alguna negociación o guiar cualquier maniobra referente asus labores que reclamaran su presencia. Por ello, con su muchachera a su lado, incluido Zenón que cabalgaba su caballito de madera, que no era más que un palo recto de poco grosor que el chico colocaba entre sus piernas; la mujer se dirigió monte adentro al velatorio de su compadre Olegario a quien se lo había llevado la fiebre,cuando apenas se ocultaba el sol el día anterior. La peonada le había construido un cajón con las pobres tablas que lograron reunir. Era un velorio pobre. No había café ni tabaco que repartir. Solamente rodaba el cocuy como agua del rio. Con aquella fuerte bebida artesanal, la gente de abajo procuraba soslayar sus penas. No sabían ellos o quizá se hacían los locos, que de tanto tratar de disfrazar sus penurias, los hígados se tornaban inservibles. La mayoría no sabía que tenían eso y menos aún cual significaba su función. El término “cirrosis” no estaba ni estaría nunca en sus jergas. Había gendarmes en todas partes y esas presencias causaban pánico entre la población. No eran miedos infundados ni cobardía lo que sentían todos. Eran las turbadoras reacciones hacia las inclementes represiones. Cuando algún desconocido se presentaba en cualquier lugar, todos se tornaban asustadizos puesto que se imaginaban a algún tipejo que miraba oportunidades por doquier. Y eran esas oportunidades llegadas desde la fiebre petrolera, que procuraban tierras para cederlas en usufructo a las trasnacionales que estaban depredando a todo un país. Era una práctica extendida en todo el territorio patrio. Se había escuchado que en aquellos parajes había petróleo y aquello había hecho eco en todos los rincones, desde los cuales llegaban los más ruines personajes que tendían trampas, que traicionaban, que hacían lo que fuere para despojar de susdominios a sus legítimos dueños. Y entonces en ocasiones, los mismos trabajadores en complicidad con los esbirros del tirano, hasta asesinaban a los hacendados y a sus familiares. La avaricia podía más que la lealtad. Al quedar las tierras solas, arreglaban papeles mojando manos y de un día para otro, desaparecía un próspero hato para dar cabida a la exploración, a la explotación; a la depredación. Iniciaban un saqueo de tierras, de futuros; de esperanzas. Despedazaban cuales buitres, a todo un país entregándolo a las potencias foráneas.Eran verdaderos carroñeros. Seres que vivían de la muerte de otros. Resultaba la nación injuriada por la corrupción de los poderes públicos.ElEstadopersistía sin condiciones democráticas. Era el país despojado por capitales extranjeros.  
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