20

4603 Palabras
salían solas, por si acaso. Pero el terror era cuando estaban en el baño que obviamente lo hacían solas. El terror invadía a toda mujer en ese sitio en específico cuando era de noche. Nunca sabrían si habían sido fisgoneadas sin notarlo. Y en los cuartos, tapaban la más mínima ranura con lo que fuera con el firme propósito de evitar visitas indeseadas. Pero a esas alturas de la vida, Isaira ya no salía ni a conversar animadamente con su familia como cada noche, ni a divisar en la distancia a su adorado tormento, como ella misma decía. Ya el desgano y la apatía se habían posesionado de su corazón para mantenerlo tan arrugadito que parecía una uva pasa.           No hablaron por mucho tiempo. Él, en virtud de que durante una semana completa ella no se presentó a atenderlo como lo había hecho siempre, dejó de asistir al pequeño local y desayunaba las delicias que Mercedes hacía. Todo era silencio en la cocina ya que era la joven doncella, quien embargada como siempre estaba de una felicidad sin límites, hacía reír con sus ocurrencias a todos. Ya Isaira no era la misma. Eloísa trataba de hacerla entrar en razón y pensar que la situación podía tener arreglo si ambos se lo proponían. Ella se negaba rotundamente a hablar con Zenón y constantemente se repetía que no quería saber nada de ese hombre casado. No había manera de hacerla entrar en razón. No lograba ella comprender que Zenón nunca había vuelto a ver a Raquel y que si se casaron fue por un mero formalismo. Por las tardes, a pesar de que Zenón permanecía en medio de aquella calle esperando que la mujer que amaba saliera a barrer como siempre, ella no volvió a salir ni para sentarse con su madre y hermanos frente a la casa. Mercedes trataba, sin lograrlo, de consolar a su hermanito, como siempre le decía. A pesar de que ella había hablado con Eloísa, su amiga, acerca de aquello que sucedía, no pudo lograr mucho. La chica se negaba rotundamente a hablar con nadie que estuviese vinculado con Zenón. Con el paso del tiempo el distanciamiento fue desmedido. Las noches eran eternas para ambos. Resultaba difícil ver transcurrir el tiempo sin que se dirigieran las miradas colmadas de amor. Ellos se amaban y el amor, como una bendición, tiene la sagrada capacidad de lograr hacer realidad lo que se cree imposible. Pero había nacido el silencio entre ellos. De esa manera, ambos sufrían callados. Ambos esperaban el milagro del amor. Necesario era que se produjeran aquellas miradas que habían nacido producto del amor puro. Fueron esas miradas las que expresaron el sentimiento. Miradas dulce de primavera. Miradas que acompañaron a un lucero y a una estrella,para surcar el espacio, para surcar todo el tiempo.Miradas de ensueño que transportarían la vida. Miradas que expresaban un  amor que nació un día para todo el firmamento, decorando grandemente todos los mágicos momentos.El amor de él y ella había nacido lejos de los tormentos.Él y ella se adoraron.Se quisieron para siempre más allá del pensamiento. Se entregaron para siempre, en aras del amor que nunca llora.Para sentirlo bonito, para sentirlo muy grande.Para desear por siempre, mirarse en todo momentocon el amor de los sueños, con el amor de la gloria;con el amor de la paz que ilumina el pensamiento. Entonces Zenón tuvo que usar una estrategia poco romántica, un recurso que de seguro, o resolvía de una vez y para siempre la problemática, o definitivamente terminaría con todo. Y el recurso no era otro que proponerle a Isaira que sin ambages, iniciaran una vida en común. Ya llegaría el momento en el que se arreglaría lo del estado civil. El elegante y joven caballero se plantó frente a sí mismo una mañana cualquiera y, cansado ya de tanto sufrir, se dijo que no era él el único que sufría. Si ella no quería continuar el camino, entonces no se continuaba. Si ella lo quería, entonces que se atreviera a luchar. La toma oportuna de decisiones hace grandes triunfos. Y asi lo decidió. Entonces el joven galán dejó de pararse como un condenado en una calle solitaria durante largas horas, esperando que su amada saliera y mirarla por lo menos desde la distancia. Ya eran seis largos meses el tiempo que había transcurrido desde que ella decidió poner silencio de por medio. Ahora ese silencio hacía demasiado daño. La distancia pudiera transformarse en lejanía si no se tomaba una decisión de una vez por todas. Y procedió en consecuencia. Fue Mercedes la portadora de una decisión. Y hasta ella decidió alejarse como estrategia sagrada. En virtud de que, por más que se asomaba por una de las ventanas no lograba ver a su amado en medio de aquella calle, amén de que ni la hermana iba como cada tarde a rogarle que cediera, Isaira decidió romper el hielo y trasladarse a la casa de su amado para, disimuladamente, enterarse que había sido de él.           Y de ese modo, todo se decidió. La estrategia, demasiado sencilla, fue envuelta en una mentirijilla blanca. Mercedes llevaría la batuta de aquel pueril timo. Le contaría con la cara más larga que la de un caballo y con los ojos atiborrados de lágrimas, que Zenón había tomado una decisión cruenta. Contó entre sollozos, que el pobre hombre se había cansado de sufrir, de esperar una dádiva que ella no se había dignado en otorgar. Se obstinó de tantos desprecios y se largó en pos de una aventura insospechada. Muy a su pesar Zenón se había aventurado a un camino tortuoso, sin saber si iría a poder sobrevivir en él. Se atrevió Zenón a no continuar un camino sagrado. Estaba en sus manos la felicidad y precisamente ella se la negaba a sí misma y se la negaba a él. Mercedes se asemejaba a una actriz hollywoodense a estar colmada de un excelso histrionismo. Sus convincentes alegatos harían creer hasta al más acérrimo testarudo que decía única y exclusivamente la pura verdad. Mientras tanto Zenón permanecía echado largo a largo en una hamaca situada en el tinglado de la casa, escuchando divertido como Isaira imploraba por su presencia. Era una sola la condición por la cual Mercedes trataría de hacerlo entrar en razón para que regresara a sus brazos. Tenía la bella joven que decidirse a iniciar una vida en pareja plena y para siempre. Así lo había decidido ella en medio de tanto lloriqueo. No le prometió nada Mercedes, pero le pediría a Elíseo que le cortara el camino y lo convenciera de volver. Horas después Zenón apareció como por arte de magia y ella, con los brazos abiertos, se entregó al único hombre que amaría. Decidió por amor, entregar su cuerpo, sus sentimientos; su vida.           Iniciaron el camino de la vida recién llegado el mes de diciembre de 1.958. Coincidentemente días después de ese sorpresivo suceso, Mercedes y Elíseo, con sus muchachos, emprendieron la marcha sin un rumbo determinado. Un extremado complejo persecutorio se cernía sobre el pobre hombre. Miraba esbirros por todos lados, Mercedes los escuchaba. El daño psicológico había sido colosal y esas huellas infinitas los condujeron a transitar caminos tormentosos, arrastrando consigo a unas inocentes criaturas que iban a sentir truncadas sus esperanzas de un porvenir exitoso. Comenzaron a dar trastumbes hacia cualquier sitio. Vivirían una temporada en un sitio, luego, por las mismas razones, se iban repentinamente. Los muchachos no tuvieron escolaridad, cuanto menos habían estudiado la educación inicial y después de adultos, como instinto de sobrevivencia, aprendieron algún oficio. Mercedes y Elíseo vendieron la casita y sin que nadie lo supiera,siquiera Zenón, se marcharon una madrugada fría. Éste se fue a vivir en casa de Eloísa. Ya ellos eran una pareja formal. Como muchos en esa época, se arrejuntaron, comenzaron una unión estable de hecho; como se le llamaría jurídicamente luego. No siempre se puede lo que se quiere y por esa razón trataron de justificar que el matrimonio podía y tendría que esperar.Improvisaron un anexo utilizando para ello, un delgado tabique que separaba el aposento de la sala. La felicidad comenzaría de ese modo para nunca terminar. Jesús continuaba con aquella sonrisa placentera en su rostro. Llegaba a su mente, el instante en que sus padres comenzaron el camino del amor eterno. Era el delicioso camino con el que siempre se sueña, el que transitaron él y ella. Que belleza sin igual podía palpar Jesús en ese amor sin par.El bello amor de sus padres, el mismo que ellos soñaron desde que nació aquella primera mirada que se convirtió con el devenir de los años, en toda una primavera.           Repentinamente aquella sonrisa se desdibujó del rostro juvenil de Jesús para transformar el mismo, en una espantosa mueca de horror. Las imágenes sagradas del nacimiento de una bella relación amorosa, se esfumaron para dar paso al pánico. Llegaban imágenes de una fila enorme de connacionales que huían de aquella patria grande. Terminaba la segunda década del siglo XXI y sobre la nación continuaba posado el desastroso gobierno nacido de la tragedia, la misma que se había originado tras el detestable engaño consumado contra todo un pueblo. Pesaba un movimiento populista y hambreador que continuaba destrozando al país, arrancando las riquezas a grandes tajos. La población luchadora y guerrera de esa tierra sagrada, estaba humillada y sesgada. La desgracia se había apoderado de todos. Por ello, se dio inicio a una espeluznante diáspora que invadió a muchos de los países; vecinos en su mayoría. Se retorcieron las ideas. Los países que otrora habían llegado a la nación en búsqueda de nuevos caminos y esperanza, eran en esos momentos, receptores de toda una desbandada de ciudadanos sufrientes.Aquellas imágenes de personas huyendo despavoridas de sus tierras abandonándolo todo, causaron terror en Jesús. Muchos jóvenes dejaban sus hogares para poder enfrentar la gravísima crisis. El país, de esa manera,afrontaba la mayor crisis humanitaria que se había registrado en toda su historia.Renunciaban a la unidad familiar, sacrificaban el estar con sus seres queridos. Lo dejaban todo atrás, con la finalidad de poder lograr la subsistencia de quienes precisamente estaban dejando. Padres abandonando a sus hijos, esposas que se quedaban solas y otros padres, ya ancianos; dejados a un lado. Daba verdadera lástima, cómo se desmoronaba aquella sociedad. Ya era imposible subsistir en un medio tan inhóspito como lo era el país, en ese futuro que se presentaba ante aquel instante. Se dejaban sentir en ese estado recóndito que vivía Jesús, dos momentos distantes de un tiempo. El pasado se enfrentaba con el futuro. Y era aterradora la situación, puesto que cuando el pasado se presentaba,lo hacía esencialmente para revivir aquellos triunfos y tragedias que se sucedieron y que fueron trascendentales. Se trataban de hechos tal vez no tan acertados unos, gloriosos otros; pero eran parte del pasado. Terribles eran aquellas tragedias que estaban por venir. Serían sucesos que nunca tendrían que pasar. Y entonces abrazaba con una fuerza idiota a Jesús, la espantosa diáspora que protagonizarían centenares y centenares de ciudadanos de bien. Irían tras la supervivencia. No era justo que siendo aquel un país con recursos millonarios, se vieran huir despavoridos a sus hijos. Ya hacía mucho tiempo que poco a poco,habían comenzado a dejar atrás sus sueños para tratar de subsistir. En un principio fue una pequeña fracción de ciudadanos, en su mayoría artistas, quienes poseían los recursos suficientes para labrarse un futuro mejor que sentían merecer. Cantantes, actores y muchos comerciantes adinerados que quisieron invertir sus recursos en tierras lejanas. A ellos se les denominó a manera de similitud, “los balseros del aire”,haciendo referencia ilustrativamente a la diásporade un país insular que parecía eterna.La misma que, en improvisadas embarcaciones, rudimentarias hasta más no poder; escapaban hacia los Estados Unidos de Norteamérica huyendo de la tiranía del diabólico dictador barbudo. Luego les tocaría el turno a muchos jóvenes profesionales exitosos, que querrían ejercer sus carreras y recibir lo que consideraban merecer también; un buen salario y reconocimiento a sus logros. Se marcharán jóvenes con sus padres a prepararse profesionalmente y de ese modo, garantizarse un futuro sin limitaciones agobiantes. Y cuando al llegar el momento en que la moneda local no valga nada, cuando el hambre arrecie despiadada; se marchará el pueblo en desbandada porque no les quedará más alternativa. Colmarán (según las imágenes que llegaban al sueño de Jesús), las ciudades de los países vecinos que tendrán sus propios problemas, agravándolos aún más. En las comunidades fronterizas se podía contemplar tristemente en aquella visión desgarradora que llegaba al joven enfermero, a milesde connacionales apostados ante la intemperie, en busca de oportunidades que en sus tierras les eran negadas. Y lamentablemente también emigraría la delincuencia desmedida que comenzaría a plagar tierras ajenas. Como era de esperarse, la animadversión sería inmediata. No serían migraciones como las que usualmente ocurren. Se trataría de un fenómeno social sin precedentes en la patria de los libertadores. El rechazo desmedido (denominado xenofobia por los doctos), se haría sentir de inmediato. Nacerían los maltratos de inmigrantes como si se trataran de animales rastreros. La memoria colectiva había resultado afectada. Y ocurría lo mismo en casi todas aquellas naciones hasta donde esa pobre gente había ido a parar, como consecuencia de la hambruna desatada en sus terruños de origen.Se olvidaban que la patria grande había sido en un pasado no tan lejano,el destino preferido para muchos ciudadanos de aquellos países que se convertían entonces en rechazadores de oficio. Se trató en épocas remotas,de ciudadanos perseguidos por el terrorismo, por las dictaduras y la pobreza; quienes se radicaron en aquella tierra grande e hicieron sus vidas. Era por esa razón de excesivo peso,que se debería hacer memoria del tiempo pasado y no consentir que la Xenofobia o desmedida repugnancia y los estigmas sociales, se reflejaran en el trato que sufrían de parte de aquellos países que en ese momento deberían regresar un gesto, ante la crisis humanitaria más cruda que atravesaba aquella gente noble y altruista por excelencia. Sucedería entonces, en aquel futuro sombrío que llegaría sin tapujos, que luego de haber sido un país en el que los inmigrantes habían encontrado el paraíso, sus hijos sentirían de ellos, el más grande de los desprecios. Y lo peor estaría por llegar. Sucederían entonces una serie de acontecimientos que llegaban diáfanos a la mente de aquel hombre que estaba siendo abrazado por un misterioso sueño. Se presentaban de soslayo dos momentos terribles para la historia de la humanidad. Uno sucedido en 1.918 y el otro que tendría lugar desgraciadamente, a inicios del año 2.020. La primera de aquellas grandes tragedias fue la mal denominada pandemia de gripe española, en la que un nuevo virus se irradióágilmente y mató a más de cincuenta millones de personas, unnúmero superior a la cantidad de víctimasrelacionadas con la Primera Guerra Mundial.En aquel país la plaga mundial entró por un no resguardado puerto. El cerco epidemiológico fue descuidado grandemente. Comenzó a causar estropicios por doquier. La realidad quería ser ocultada. La poca población no era informada al respecto y, dado el enorme atraso del momento, no obtenían información. Se desconocía entonces lo que era un virus, una infección, una pandemia. Por lo tanto era imposible que se tuviese una mínima idea en cuanto a aislamiento y medidas de protección. Caían muertos por todos lados y a nadie parecía importarle esa gran tragedia. Bastó que la pelona se llevara al hijo mayor del “Honorable”, para que se diera inicio a un plan de atención a aquellas víctimas, más del gobierno que de la calamitosa situación. El viejo dictador lloraba amargamente la muerte de su hijo adorado. Nunca antes se le había visto llorar.           La otra plaga mundial llegaría con los años desde la República Popular China. Sucedería a finales del año 2.019, por lo que se le llamaría virus 19; pero se propagaría al resto del globo terráqueo a partir de marzo del año siguiente. En una provincia de aquella nación asiática, se estaban produciendo decesos extraños asociados a un severo cuadro de neumonía de causa desconocida. Luego de estudios exhaustivos se determinaría que el agente causante de esa neumonía sería un nuevo virus, extraño por demás, tristemente poderoso, nefasto.La peste se regaría como pólvora a pesar de los tantos adelantos de la época. El día 11 de marzo, la Organización Mundial de la Salud declararía la pandemia mundial.Tamaña desgracia de posaría en la humanidad para, con sus terribles ponzoñas, liquidar vidas. Las alarmas se encenderán, la gente no hará caso, los gobiernos no acatarán los llamados; entonces todo se escapará de las manos. Se perderán muchas vidas por la testarudez de no quedarse en casa encerrados tal como lo exigirá el órgano rector. La medida sería sencilla, el aislamiento social. Sólo sería cuestión de quedarse encerrados para evitar el contagio, ya que el virus se transmitirá por el contacto directo con las gotas de la respiración que una persona contaminada, pudieseexcretar al toser o estornudar.Pero no, la cosa se tomaráa la ligera y los dantesco resultados no tardarán en llegar. Muerte y más muerte. Desolación y llanto. Eso será lo que sentirá la humanidad en un futuro cercano. Ese será el terrible panorama que se contemplará y que amenazará con exterminar la r**a humana, de acuerdo con aquella visión que llegaba a Jesús. Muchos gobiernos irresponsables actuarándeportivamente. Y esas irresponsabilidades redundarán en lo inimaginable.           Pero la tragedia será peor para aquellos habitantes de la patria grande que tendrán que decidir radicarse en países vecinos en pos del progreso y de una mejor calidad de vida para ellos y para sus familiares que aguardarán por aquella ayuda noble. Al no quedar más remedio que acatar las directrices de dicha organización mundial, habrá que casi obligar a la gente a resguardarse en sus hogares y tomar otras medidas necesarias también. Los empleos quedarán paralizados. La desgracia llegará a todos los inmigrantes. Mandatos llegarán en los que se suspenderán los pagos de arriendo y entonces serán echados a sus suertes quienes al no poder salir a trabajar el día a día, evidentemente que no tendrán como pagar aquellos compromisos que, por tratarse de extranjeros, no aplicará dicho decreto. Será esa la estúpida razón de la que se aferrarán aquellos malagradecidos, para cometer semejante ultraje contra un ser humano independientemente su nacionalidad, en medio de una catástrofe. En bandadas se producirá entonces un despliegue de retorno a sus hogares, en medio de la plaga y expuestos al inevitable contagio.El hambre será descomunal. Niños, mujeres, gente joven, productiva; caerán fulminados por severos cuadros respiratorios. Los pulmones se convertirán en verdaderos adefesios. El virus invadirá dichos órganosy los destruirá en instantes. Serán muertes terribles las que se cernirán sobre aquella población vulnerable. El pánico se dibujaba en el rostro de Jesús toda vez que sentía el peso de la desgracia desmedida caer sobre su pueblo en algún momento del futuro. Trataba de despertarse, salir de aquel estado cataléptico que llevaba horas sintiendo, soportándolo valientemente y eran en vano sus esfuerzos. Ya su valor cedía. Entonces se agolpaban los momentos. El pasado cruento en manos de despiadadas dictaduras se burlaba desde el infierno. A pesar de que los aciertos y los logros familiares se presentaban como ráfagas, eran aquellos sucesos de infortunio los que se adentraban en los sentimientos para aferrarse en ellos y hacer desmedidos daños. Los logros gubernamentales eran tapiados por los excesos y las crueldades de los regímenes diabólicos. Los logros familiares eran echados a un lado para ser sustituidos por los estrepitosos fracasos, como lo había sido la crueldad desatada en contra de su tío Ramón Antonio, cuando era aún un niño que estaba por ingresar a la adolescencia. Trataba de salir de ese momento tormentoso que llevaba ya horas vivenciando. Por más que lo intentaba, no podía abrir sus ojos y despertarse a la vida. Sus lágrimas se hacían sentir y surcaban el rostro, quemando la piel del mismo. Después de tanto batallar sin lograr sus propósitos, se quedó estático contra su voluntad. La pesadilla del futuro que había danzado maquiavélicamente en torno a sus sentidos, se alejó; pero se quedó cerca mirando maliciosa, al presente que lo había arrastrado a sentir el poderoso señor tiempo. Entonces el amor se posaba en aquel sueño transformándolo nuevamente en una delicia.           Zenón e Isaira fueron sorprendidos en el mes de enero de 1.959 por una ausencia. Paradojas de la vida pudiera decirse que una ausencia causara tanta felicidad. Pero se trataba de una falta, de la ausencia de lo que de manera regular se hacía presente en la bella muchacha desde que había cumplido doce años. Aquel retraso declaraba sólo una cosa. Y esa declaración era causa de plácemes y llegaba como una bendición, la primera de varias que con el tiempo se harían sentir. Desde el mismo instante en que se enteró de su estado, Isaira se transformó a tal punto que consideró la maternidad como lo más bello que podía pasarle a una mujer. Comprendió que, tal como le había sucedido a una pariente muy cercana, de no ser posible biológicamente; siempre habrá un hijo que Dios dispone para hacer de la vida una delicia. Se miraba constantemente al espejo y, aunque al principio cuando no se le notaba aún el vientre crecido, se tocaba sutilmente sabiendo que dentro de sí crecía el fruto del amor puro. Zenón por su parte, estaba embargado de una indescriptible emoción. Era un sentimiento nuevo que ambos experimentaban y que cambiaría sus vidas para siempre. Ya lo cotidiano quedaba atrás. Desde ese momento, aquellos momentos vividos serían colmados de detalles, de pensamientos puros, de todo el amor del mundo. Isaira desde que era niña había aprendido a coser manualmente. Luego perfeccionaría ese arte con una vieja máquina de cocer que su la abuela Juana, le había regalado a Eloísa. Zurcía todo cuanto creía necesario desde que estaba pequeña y de esa manera, fue agarrando destreza. Siempre que le era posible, su madre compraba algún tipo de tela barata para que ella se destacara como costurera. Confeccionó entonces varias prendas concernientes a la maternidad, para cuando ya tuviese que utilizar piezas más holgadas. Se le miraba preciosa con su “pancita crecida”, como le decían a cada rato todos en la casa. Por las noches, sentados frente a la casa, Zenón le acariciaba delicadamente el vientre grávido mientras ella tarareaba alguna melodía inventada en ese momento. Ya en la intimidad de su anexo improvisado, acostados en la única hamaca en que ambos dormían, aquellas caricias se tornaban cada vez más delicadas. Ella se quedaba dormida presagiando un mañana feliz.           Cierto día les ocurrió algo en extremo divertido. Isaira en un futuro, contaría aquel particular episodio a sus hijos para eternizar en el tiempo, la grandeza de un pasado glorioso. Una tarde de tedio, se había dispuesto a realizar una limpieza general del piso de la casa. El embarazo apenas estaba en sus inicios, faltaba entonces varios meses para que el noveno llegara. Ya juanita había barrido conjuntamente con Eloísa. A Isaira y Zenón les había correspondido la faena más compleja como lo era el lavado propiamente dicho. Estando todo el piso de la casa completamente inundado de agua jabonosa, comenzaron ambos a trapear para arrancar la mugre de raíz. En un principio ambos consideraron pertinente, dado el estado de ella, actuar con una desmedida prudencia para de ese modo, evitar algún brusco movimiento que pudiere resultar contraproducente en detrimento de la criatura en formación; un mal golpe por ejemplo. Eloísa mientras tanto, pernoctaba en el eterno chinchorro de la sala, en el que cada tarde se acostaba a dormir una siesta de aproximadamente una hora de duración. Sin darse cuenta, al sentir lo resbaladizo del piso producto de la gran cantidad de jabón esparcido en el mismo, comenzaron a jugar a las resbaladas. Y en una de esas, estando en el pequeño anexo matrimonial, por decirlo de alguna manera, Zenón se acostó en el piso boca abajo para alcanzar algo que había estado buscando desde hacía días y que acababa de encontrar su paradero. Isaira lo empujó de tal manera que rodó fuertemente llevándose con el cuerpo en rorada, al tabique aquel que separaba el lecho nupcial de resto de la sala. Los gritos y las risas fueron estrepitosos, cosa que despertó a Eloísa quien, exaltada, no comprendía lo que estaba pasando. Solamente alcanzó a ver, luego de tamaña alharaca, cuando Zenón pasó como un bólido por debajo de su hamaca y se estrellaba contra la pared, magullándose todo. No podían dejar de reírse mientras que Zenón, trastabillando, se sentaba en el piso toda vez que se sobaba la cabeza de la que ya se asomaba un chichote de considerable tamaño. El diez de septiembre de ese año llegó al mundo Jaime de Jesús. El primogénito, quien daría inicio a una familia grandiosa en amor. Estarían rodeados de limitaciones que sabrían sortear de la mejor manera. Iniciaban un camino, unidos y llenos de esperanzas. Jaime provocó un tormentoso parto. Isaira tenía 19 años cuando el niño llegó al mundo. Su enorme tamaño y gran peso, habían dado paso a un trabajo de parto excesivamente complicado. Se había demorado un movimiento. El reflejo uterino de dilatación, se había paralizado por completo. Las cesáreas no se realizaban en aquel centro asistencial rudimentario. Cuando ya las esperanzas estaban a punto de fenecer, Dios metió sus sagradas manos y entonces, la motilidad del útero completó el largo proceso e Isaira, a pesar del dolor supremo; batalló como la heroína que era y logró superarlo todo. El muchacho nació sin ningún tipo de afectación en su integridad, a pesar de que el gran esfuerzo. Una hemorragia desbocada por poco selleva a la nueva madre al otro mundo.Jesús nuevamente sonreía. Atrás habían quedado aquellas lágrimas amargas que le provocaron tanto dolor y un desmedido miedo al tiempo que habría de venir. En ese instante, de un período que había llegado para irradiarlo todo de felicidad, aquel joven profesional de la Enfermería contemplaba a un bello niño recién nacido. Podía visualizar con mucho amor, la perfecta imagen de su hermano mayor recién llegado al mundo. Era el nacimiento también, de una época grandiosa. La nación resultaríabien abrigada con una democracia nacida de un pacto. Se trataba de una alianza entre varios factores políticos, los más dominantes, nacidos de la lucha contra el despotismo, que se dio inicio después de una marcha estudiantil en el año 1.928, que costó mucha sangre. El gobierno que había tomado las riendas después de la huida del dictador, concluía esa etapa de la historia. En febrero de ese año asumió la presidencia un hombre de 51 años caracterizado por una voz chillona y por el hecho de fumar “cachimbo”.Aquel hombre menudo, regordete y dicharachero, iniciaba un nuevo período. En su preparación escolar, fue alumno del novelista a quien él mismole había colocado la banda presidencial en aquel tan glorioso momento.           La democracia nacía de esa manera de un malicioso pacto. Era una manera de quedar todos conformes. Estaba frente a ellos, la patria grande. Ya no tenían que abalanzarse todos al mismo tiempo, a desguazarla como los buitres que eran, a arrancar grandes trozos de las riquezas de un solo zarpazo tratando de tomar la mayor parte en cada intento. Se esconderían tras un espejismo para robar las riquezas. Aunque trataran de vender un lado angelical, la verdadera intención de los dirigentes del país de los buitres no era tan noble.El auténtico propósito delaalianza,fue implicar a los partidos políticos que poseíangran peso para no intervenir en componendas,como la de octubre de 1.945 o de noviembre de 1.948
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR