Luego del derrocamiento del gordito General, se dio inicio a uno de las etapas más encantadores y significativas de la historia política contemporánea de ese país. La misma partió con la instalación de una Asamblea de Gobierno que ocupó el mando y rigió el proceso político de la nación petrolera hacia el establecimiento de un régimen democrático.Se instituyó dicha Asamblea de Gobierno presidida por el Comandante en Jefe de la Marina, por el Comandante de las Fuerzas Armadas de Cooperación, por el Director de la Escuela Superior de Guerra y por dos coroneles que habiendo estado excesivamenteligados con el régimen destituido, tuvieronquedimitir y dejar el país al día siguiente de la formación de la Asamblea, ante la aproximación de sediciones vagabundas y protestas castrenses. Un hecho muy particular sucedió en mayo de 1.958.El vicepresidente de Estados Unidos, decidió visitar el país como parte de una gira planificada a propósito de que precisamente en ese lugar del orbe, habían acontecidodiferentesacontecimientos. El particular suceso resultó en que la muchedumbre apedreó y pateó el vehículo oficial del vicepresidente norteamericano en la capital de la República escupiéndoles el rostro tanto al dignatario como a su señora esposa. El presidente de Estados Unidos dejó entender que prepararía una operación de rescate en caso de que fuese necesario. El asunto a pasó a mayores afortunadamente. Los cambios siempre generan resistencias. Los ciudadanos estaban traumados por los tantos desmanes provocados por la excesiva represión de la Policía Nacional. Era entendible la posición del pueblo que había perdido la fe en sus gobernantes.Los habitantes de esa nación noble llevaban tiempo arrastrando una gran deuda social y una enorme ambición de independencia.Tal vez por ello, se realizaban aquellos hechos vandálicos.
Zenón e Isaira cuando sintieron que el amor había tocado las puertas de sus corazones, desearon de la vida el Edén y el Olimpo, la majestad de la primavera, la luna radiante, el sol enamorado, un lucero afortunado, el bello corcel que recorre los senderos de la eternidad derramando la bondad. Sintieron que se acercaban los sentimientos perpetuos. Creció el amor entre ellos como la esperanza bendita de vivir por todo el tiempo.De llevar por un camino bien decorado, una generación sentida, los hijos del alma enriquecida.El retoño de un amor que brillaría con la luz propia, que declinaría a la soledad. Sintieron que con todas sus fuerzas, exclamarían a los cuatro vientos que el amor es la única fuerza que conmina a recordar, que se disfruta al pensar y se glorifica por toda la eternidad.Ella veía en él, al hombre siempre perfecto. Él miraría en ella su belleza inmensurable, su lealtad poderosa, su cuerpo tierno de diosa.Sus cabellos azabaches que se posaban delicados en sus hombros fascinantes y procuraban el aire perfecto de la esperanza, expresando la ternura y la alabanza de ser por siempre, dueña de un bendito cuerpo al que él adoraría; el que a él conquistaría. Fue el amor con el que siempre se sueña el que se profesaron él y ella.
Zenón había quedado deslumbrado por la belleza de Isaira. Aquella primera mirada que se cruzó la bendita noche, resaltó lo bello del sentimiento humano. Fue lo grandioso de la obra de Dios,fue coincidencia de la vida, fue de seguro; la magia del amor. Esa noche Zenón llegó ala casa donde habitaba, con una sonrisa inusitada adornando su rostro. A esa hora Mercedes y Elíseo conversaban en su alcoba en un tono agresivo. Ya no eran ni serían nunca los mismos. Los muchachos aún estaban despiertos, temerosos por las voces subidas de tonos de ellos. Mercedes miraba agresiones y persecuciones por todos lados. Los delirios persecutorios no se hacían esperary se le presentaban a cada rato, la atormentaban inclementes. Elíseo le tenía paciencia, pero se exasperaba al sentir por su parte, algo semejante. La dictadura había dejado sus huellas sempiternas en la pareja que sentía el acoso de unas torturas que, aunque habían ocurrido hacía ya varios meses, nunca sanarían las heridas que las mismas les habían ocasionado. Aún así, esa noche Zenón no se dejó mellar por aquellos sufrimientos presentes en sus seres queridos que, evidentemente, le parecían unas tragedias colosales. La felicidad que comenzaba a sentir en su vida, no le daba cabida a la tristeza.
Por su parte Isaira no miraba a nadie en la casa, como siempre los había mirado. No actuaba como siempre. Miraba mariposas revoloteando por todos lados, como aquellas amarillas de la bella historia. Extrañados como estaban por aquella actitud, su madre y hermanos indagaron acerca de su también inusitado comportamiento y solamente el silencio fue la respuesta ante aquellas inquisiciones. Desde ese entonces, ella comenzó a vivir en una especie de lejana nebulosa, perdida en los intrincados laberintos de una ilusión, de un recién llegado amor. Al siguiente día de aquel primer encuentro, bien de mañana, su figura se deslizó tras la cortina de la sala de baño. El aseo rutinario de todos los días ya no sería el mismo. Había calentado mucha agua, lo cual dejó extrañados a todos, puesto que eran muy comunes las duchas frías y rápidas en todos a esa hora del dia que exigía presencias laborales.
Pués no, ya nada sería igual jamás. Ya en el interior del aposento, derramó aquella delicia tibia sobre su cuerpo. Se quedaba inmóvil, dejando que aquel torrente la recorriera toda por completo. Acariciaba suavemente el agua en la medida que empapaba su cuerpo. Por su parte, el líquido acariciaba la delicada ternura de aquella piel sedosa. El tiempo transcurría sin apuros y ella, quieta, dejaba que su cuerpo se entregara a la divinidad que le producía aquella ducha. Al cabo de varios largos minutos y tras los reclamos repetidos de todos, Isaira completó su aseo, toda vez que entonaba una bella y suave melodía con una voz poco perceptible. Eloísa comprendió que algo raro le estaba pasando a la muchacha. No tardaría en descubrir que tal como le sucedió a ella, se estaba enamorando o definitivamente, ya lo estaba.
El 14 de febrero de 1.958 Zenón pensó que ya era hora de formalizar un noviazgo que había deseado toda su vida. Siempre celebraron coincidentemente ese día, como el inicio de su relación eterna, aunque realmente eso no sucedería sino meses luego. Una relación seria con la mujer más bella del mundo. Evidentemente que tenían que conocerse muy bien. Sabía que tenía un factor determinante en contra de sus pretensiones. Y ese algo no era más que el hecho de que él estaba casado. Por ende, no podía proponerle matrimonio. Pedirle asi de sencillo, que iniciaran una vida en común sería la solución; pero Zenón quería como a nada en el mundo, que tan bella doncella se convirtiera en su esposa. Aunado a ello, Isaira deseaba casarse. Ese había sido siempre su gran sueño. Su madre había soñado con ello al igual que lo soñó y lo hizo a su vez, la madre de ella. Ese gran detalle se convertiría en una enorme tranca, una piedra en el zapato como reza el argot popular.Por ese motivo sus pretensiones se dilataron y aquel distanciamiento, después de tantos cruces de miradas y de los más bellos halagos, entristeció enormemente a Isaira. Pero la testarudez del galán se hacía sentir esa vez con más ímpetu.No se alejaría de su gran amor del todo.
Cada tarde, se apostaba en medio de aquella calle estrecha en cuyo final se ubicaba la casona de la familia. Ella lo observaba inquieta, enamorada. Salía bajo cualquier pretexto y así, desde lejos, se miraban empapados de uno de los amores más bellos del mundo. Ella se desvivía cada tarde por salir unos pasos más allá que de ordinario. El pretexto, barrer los adoquines de la calzada frente a la casa. Notaban todos que le dedicaba más de lo debido a aquella tarea y por poco no barría la calle por completo. Ese fue el único acercamiento que tuvieron durante tres largos meses. Él no comprendía el porqué de ese comportamiento en sí mismo. Nunca se andaba con rodeos cuando de conquistar a una chica se trataba, pero aquello era distinto. Decidido, un domingo cuando salían de la misa hasta donde extrañamente había ido a parar, puesto que era la primera vez que acudía al sagrado culto; abordó a las mujeres saludándolas distraídamente. Sin más preámbulos, conversó con Eloísa solicitando el tan anhelado permiso para hacerles una visita. Ella accedió gustosa ya que sabía con certeza, que era eso lo que su hija más quería en el mundo.
Se respiraban aires de libertad y esperanzas en la patria grande.El presidente interino tenía un excelente perfil académico, gozaba de mucha confianza y reputación en las Fuerzas castrenses, asimismo, era el oficialde mayor rango. De la misma forma, se le había catalogado como un buen gerente, cuando dirigió acertadamente, hacía poco tiempo; el Instituto encargado del deporte y la recreación.La nación esperaba ingentes actuaciones por parte de aquella dirigencia. Era necesario rescatar la credibilidad de todo un pueblo, por lo que resultabainminenteresolver laproblemática de la crisis que aún se hallabaarraigada en los diferentes sectores de la vida nacional,primordialmente las dificultades políticas. Prevalecía una dificultad extrema, había muchas personasadversariasdel antiguo régimen despótico desterrados, incluso hasta familias completas. Del mismo modoconcurría una crisis financieraen aquellos sectores que no comulgaron con las políticas planteadas por la dictadura.Había que darle solución a ese y a todos los problemas heredados. De éste modo, el nuevo Gobiernoesbozó una estrategia en marzo del mismo año, con el firme propósito de generar empleos rápidos que solucionarían entonces, las diversas dificultades por las que atravesaba la clase obrera. Segeneraríanen consecuencia, empleos y salarios a la gran masa de trabajadores que habían quedado sin ocupacióny con obligaciones familiares diversas. Por lo general los trabajos a desplegar fueron: asfaltado y bacheo, construcción de aceras, plazoletas, entre otras obras de corta duración. Zenón obtuvo empleo en ese ambicioso proyecto, por lo que fue preparando poco a poco, lo que consideró el ajuar que necesitaría pronto.
Lo atormentaba cada noche, la manera de como le plantearía a Isaira su real estado civil. Se quedaba dormido de madrugada, cuando ya había dado vueltas y más vueltas tratando de encontrar la mejor manera de hacerle esa cruel declaración.Se despertaba aún con las pesadas huellas del cansancio del duro día anterior y así y todo, se dirigía amodorrado como estaba, a seguir en sus labores de obrero de la construcción. Elíseo le había encaminado en aquel oficio exigente y él había aprendido grandemente. Se prometió que ese mismo día hablaría con la mujer a la que ya amaba desmedidamente. Cobijado en ese promesa y confiando en que aquel amor que ambos sentían podría con cualquier prueba, inició sus labores. Por su parte en la casa antañona de Eloísa y su familia, el día iniciaba desde antes de que el sol asomara sus primeros rayos. El negocio de la gastronomía iba viento en popa. Así como el de la dulcería criolla que se llevaba a cabo por las tardes.
Eloísa hasta había contratado refuerzo para poder atender todos los pedidos en su pequeño, pero fructífero negocio. Bien de mañana, a las seis, comenzaban a llegar los comensales, puesto que ya hasta contaban con un local con cinco mesas de cuatro sillas cada una, para despachar allí mismos las exquisiteces que ofrecían. Para el almuerzo ofrecían una carta muy variada. Brindaban varias alternativas muy suculentas. Y por las tardes, mediante encargos, elaboraban paledonias, dulces de leche de cabra y de coco. El día resultaba muy movido de esa manera. A las cuatro de la mañana llegaban Estilita y María Asunción. Ellas conjuntamente con Isaira y Juanita, se encargaban de confeccionar las empanadas y de realizar los jugos de frutas. El n***o Antonio y Salomón, se encargaban de servir en las mesas a los muchos clientes que visitaban el pequeño restaurante. Said “el turco”, se encargaba cada mediodía, de surtirles todo lo que usaban para la elaboración de las comidas. Él era el repartidor del gran abasto que regentaba una familia de libaneses que en los años de la posguerra, se habían apersonado en aquella nación que desde siempre mantuvo sus brazos abiertos para todas aquellas personas que por una u otra causa, dejaron sus terruños. Zenón pasaba sin falta por el local a tomar su desayuno de cada día. Lo podía hacer en casa, puesto que Mercedes se paraba bien temprano con tal propósito, es decir, prepararles desayuno a su marido e hijos, amén que para sí misma; pero obviamente que él prefería hacerlo en aquel sitio.
Era esa la razón por la que Isaira, bien temprano y mientras las mujeres comenzaban a amasar, se ponía linda para que su galán la mirara con aquellas miradas que por siempre ofrecería para ella. Tan pronto tomaba su baño matutino, posaba un buen rato frente al espejo. Luego de colocarse el vestido que la noche anterior había escogido para lucirle a Zenón, pasaba repetidas veces el cepillo sobre su larga cabellera. Su belleza era sin igual, se podía palpar reflejada sobre aquel espejo. Resaltaba por sobre todo, el intenso negror de sus cabellos en contraste con lo blanco de su piel. Su cabellera se posaba sobre sus salpicados hombros y recorrían gran parte de su dorso. Cuando sentía que estaba bien presentable, salía tímida. La fragancia de su perfume inundaba el ambiente de la mañana y resultaba agradable en extremo. Las bromas no se hacían esperar, puesto que las mujeres que ya esperaban por ella para que pusiera su particular sazón al guiso, la remedaban de la manera más cómica. Ya no les hacía caso, estaba acostumbrada a aquellas inocentes bromas de esa hora, después no les daría tiempo para nada de eso. Se divertían muchísimo de esa manera. A las seis en punto, ni un minuto más ni uno menos, ya se situaba el joven en el sitio. Era el primero que llegaba y no se iba más tarde ya que el deber lo llamaba. A las ocho, el portugués del abasto llegaba presuroso en su bicicleta de repartos, a hacer la entrega de las verduras y a llevarse el pedido de empanadas que su padre expendía en el negocio.
Jesús sonreía. Durante el corto período que abarcaban aquellos instantes gloriosos que se volcaban en su mente y que dibujaban para él momentos mágicos, los instantes preciosos en que sus padres iniciaron aquella cabalgata infinita que los conduciría hasta la formación de un hogar sólido.Jesús no hacía más que sonreír plácidamente y de la manera más misteriosa aún, también lo hacía su hijo justamente a su lado, como si recibiera del mismo modo, las perfectas reminiscencias de aquel pasado de ensoñación amorosa. Y justamente llegaban agolpados como queriéndose hacer sentir, los momentos en que aquella patria grande abría sus brazos a la gran cantidad de inmigrantes que llegaban desde distintos puntos del globo terráqueo. Se adentraban en los sentidos de Jesús, lo sucedido con aquellas personas que habían tenido demasiados problemas para poder entrar como refugiados o exiliados en cualquier nación. Se trataba de los judíos.
Esa pobre gente, sin que ésta expresión se convierta en un acto peyorativo; se encontraban entre la lista de inmigrantes no deseables.Lacasi totalidad de las naciones del mundo,se empecinaban en no abrir sus puertas a los hebreos.Fueron esas las circunstancias en las que hicieron su aparición en loslitoralesde ese país, un par de embarcaciones de bandera germana, con un gran número de pasajeros israelitas. El Gobierno del ronquito en 1.938, se caracterizó por socorrera los judíos errabundos, cuyolinaje constituiría una buena parte de la futura comunidad judía asquenazí que se asentaría en aquel suelo patrio, orgullo de sus libertadores. Aquel noble caballero, a quien muchos consideraron uno de los mejores gobernantes en la historia de ese país, nunca lamentó la medida de acogerlos.Todo lo contrario, se enorgulleció mucho de ello, pues muy a pesar del peligro que simbolizó aquella proeza, consideró que era ese el tipo de inmigración que soñaba para su patria. Aquel su noble pueblo, era de gran corazón. Trataron a aquellos recién llegados como si fuesen sus connacionales.
Fue una oleada de personas que llegaron huyendo de la recesión causada por la gran confrontación bélica, la misma que había sembrado desolación, dolor y muerte. Otro país que resultó devastado tanto por la beligerancia mundial, como por las férreas manos de un fascista sin escrúpulos,fue Italia. Esta nación milenaria resultó ser uno de los países más afectados durante y después del desastroso enfrentamiento bélico. La nación europea estaba colapsada, lo cual derivó una onda migratoria hacia varios países de América Latina, en especial, aquella patria grande, cuna de libertadores. En las décadas de la post-guerra más de 300.000 italianos habían hecho acto de presencia tras la desbandada,para establecerse en entidadescampesinas;aunque un grueso número de los mismos se dedicó al trabajo en el comercio, las industrias y los servicios.Aquella nación poseía la tercera comunidad italiana más grande de América Latina.
Inclusive aun en los tiempos de la cruenta dictadura, en aquel país no se cerraron las puertas a quienes solicitaban apoyo. A pesar del despotismo, se promovió eladvenimiento de más italianos, españoles, portugueses, entre otros; con la perspectiva de incorporarlos en el proceso de innovación yflorecimiento de todo el territorio patrio. La patria respondiendo al proyecto de nación, de orden y perfeccionamiento, asoció a los conocimientos técnicos existentes, la estabilidad y el desarrollo cultural que aportaron los inmigrantes europeos.En su pecho, Jesús sintió que su corazón se regocijaba de gozo y en su rostro, aquella noble sonrisa se dejaba sentir con más encanto, al poder abrigar desde los esbozos del ayer que se colaban en sus sentidos, lo grande que había sido, que era y que por siempre será su país; cuando de tender una mano al necesitado se refiere.
También llegaron muchos desde la madre patria. La llegada de españoles se debió, a diferencia de otras naciones del viejo continente, a la cruenta guerra civil desatada en aquella nación poderosa. Asimismo influyó en aquella diáspora, los desmanes provocados por el régimen del dictador. Del mismo modo, un factor decisivo en extremo, fueque las estructuras como sociedad estaban en serios aprietoscomo resultado del declivefinanciero, político y social ocasionado por la Segunda Guerra Mundial. En el caso particular de la inmigración a aquel país, el gobierno empleó estrategias de inmigración y esto facilitóeladvenimiento de los españoles.Referente a los lusitanos, el detonante de su huida resultó del hecho de que el territorio portugués no era lo adecuadamentefavorable y productivo, como para crear un modo de producción con excedentes.Todo lo contrario, sus tierras no se prestaban para una expansión agrariaapropiada, esto,sumadoa las dificultades políticas,forjó una disconformidad socio-económica, ocasionando de ese modo, la ola migratoria hacia América, en especial, hacia aquella nación, donde lograríanreforzar sus experiencias y capacidades de trabajo, orientado principalmente al sector comercial.
Joao, el lusitano dicharachero que había llegado con sus padres y hermanos hacía ya bastante tiempo, bromeaba constantemente con medio mundo. Era un muchacho muy apreciado. De no ser por su acento inconfundible, se podía confundir con uno más de aquellos habitantes locales. Realmente era uno más, asi lo sentía y de esa manera lo apreciaban todos quienes le conocían. Y ni decir de Said, “el árabe”, como le decían todos en el barrio y más allá de él. Se sentía más nacional que muchos de los nacidos en esas tierras.En ese país se le había dado trascendental importancia a la inmigración desde hacía mucho tiempo, de hecho, recién nacida como era la República, se estableció una política benévola en cuanto al tema. Contaba con muy pocos habitantes el país y un llanero echado para adelante y quien era el que llevaba sus riendas, se encargó de ofrecer suculentas propuestas para facilitar el advenimiento de inmigrantes europeos. Ylos que en primera instancia llegaron, fueron precisamente los alemanes. El presidente había recibido como donativo de parte de un excelso caballero de apellidado Tovar, un lote de terreno enclavado en un hermoso paraje de uno de los Estados centrales. Allí los teutones formaron una colonia que llevaría el apellido de quien había donado esos terrenos y con el tiempo se convertiría en uno de los sitios turísticos por excelencia de aquella nación, que atraería a muchos turistas locales y de otras tierras inclusive, manteniendo por siempre, sus costumbres ancestrales en sus vidas cotidianas y en la infraestructura del pueblo.
De Latinoamérica también habían llegado muchas personas,motivadas en su mayoría, por problemas con sus gobiernos. La inmigración chilena por ejemplo. Aquel país fue uno de los principales destinos de los desterrados chilenos delabsolutismo del dictador asesino, período en el que llegaron unas 30.000 personas.Conjuntamente también lo hicieronmuchos migrantes profesionales, movidos por la explotación petrolera.El confinamiento político consecuencia nefasta de la absolutismo militar chileno, fue la causa delexilio masivo, de modo forzoso o deliberado, de personas afines o integrantes de ideologías de izquierda y de sus familiares. Del mismo modo,también arribaron ciudadanos peruanos.Dichas personas afrontaban en su momento, un horizontecompletamente diferente, en momentos donde la generalidad de los países latinoamericanoshabían recobrado la libertad que las férreas dictaduras habían secuestrado.
El destierro peruano de los años90, resultó consecuencia del encuentro de diferentes procesos que se formaron durante de década de los años 80 y que se afianzaron en los primeros años de los 90: lasdificultadesfinancieras(específicamente en el año 1.990, el país enfrentó una cruenta hiperinflación del 7.000%), la beligerancia civil que enfrentó alestado peruano con dos movimientos terroristas cuyas acciones insurgentesque sembraron el pánico por doquier dejaron una estela de más de 14.000 muertos, además del hecho que 570.000 personas se hallaban en la condición de desplazadospor el golpe de estado del japonesito en abril de 1.992.También se hicieron presentes a lo largo de toda la historia contemporánea de aquel país, muchos ciudadanos de otras latitudes lejanas como Asia y África.
Demás está recalcar que muchas de esas personas, coadyuvaron en el forjamiento del futuro de la patria grande. Fueron trabajadores empedernidos que parecían nunca cansarse. Sirvieron al país con denuedo, hicieron fortunas muchos de ellos a fuerza de tanto trabajo. Pero los ciudadanos nativos de esa nación, los recibieron a todos con el desmedido amor que ha de entregarse, cuando más se es necesario. Se afianzaban las sonrisas en el rostro de Jesús cuando sentía complacido que, durante todos esos años, sus coterráneos habían sido, gentes de buen corazón, nobles y altruistas como no había nadie en el mundo. Lo serían así por siempre a pesar de cualquier adversidad a la que les tocara enfrentarse. Quería llegar a aquella nación, gente de todos lados debido a la bonanza económica que disfrutaba el país, gracias a los extraordinariosingresos de la venta del petróleo.
Aquella mañana Zenón llegó como siempre, a las seis en punto. Tan pronto abrían las puertas, ya él estaba allí, sonriente como siempre. Ya a las cinco y media estaba merodeando por el sitio. Ese día que pasaría a la eternidad, saludó como siempre, pero con una seriedad que asustaba. A Isaira esa enorme seriedad de su novio, le preocupó mucho por lo que de inmediato lo conminó a referirle las razones de tan desmedida cara larga. Él no se anduvo con rodeos. Le contó mientras ingería con desgano su desayuno, la verdad de todo cuanto le había ocurrido. Le refirió que estaba aún casado con una mujer con la que nunca había tenido algo que no fuese sólo una pasión de muchacho. Le refirió que un padre solamente había querido saldar con aquel casamiento, una deuda de honor. Nunca había amado a esa chica, ella tampoco la había amado. Fue un sacrificio que, por evitar la furia de un hombre en extremo agresivo, ambos hicieron. Estuvieron de acuerdo con aquel matrimonio que ante la vida, no existía. Más como si lo era ante la ley, estaba incapacitado para contraer nupcias con quien amaba profundamente. Un divorcio en esa época era cosa de ricos. Isaira entristeció sobremanera y parándose de la silla que ocupaba, se adentró a su cuarto y durante todo el día no salió a hacer nada. Todos se extrañaron, más, imaginaron que se trataba de una pelea de novios que siempre ocurren. Ya se arreglarían, pensaron todos.
Zenón no se extrañó de la actitud tomada por Isaira.Dejó de comer y se quedó pensativo. Luego de varios minutos, se acercó hasta donde estaba Eloísa atareadísima y le preguntó si cuando saliera del trabajo, pudiera hablar con ella un asunto de sumo interés. La respuesta fue instantánea. Acordaron verse a las seis de la tarde. Luego de eso, él abandonó el sitio y cada quien continuó con lo suyo. Isaira se refugió en la excusa del dolor mensual que siempre le daba, para quedarse encerrada llorando lo que creía, era el final de un romance que se visualizaba inolvidable, eterno. La duda se presentó y la estaba hiriendo de manera brutal. De repente el raciocinio se presentaba y le gritaba que sea lo que fuere que haya sucedido era asunto del pasado. Pero la torturaba el hecho de que Zenón era casado. ¿Cómo podía entonces casarse con ella? Esa tarde de la manera más puntual del mundo, Eloísa y su futuro yerno hablaron largamente. Ella le creyó y entendió todo aquello que Zenón cantinfleando de puro nervios, trataba de explicarle de la mejor manera. Luego de que se retirara, ambas mujeres hablaron hasta bien adentrada la noche. Un pesado dejo de tristeza se posó sobre la chica, amenazando con borrar para siempre sus bellas sonrisas.
Aunado a aquella congoja desmedida que estaba sintiendo la joven y que era extensiva hasta toda la familia, se le agregaba un misterio que era alimentado por la superstición desmedida que imperaba en toda la región. Se decía que eran expresiones culturales ancestrales heredadas desde la época de la colonia y hasta de los pobladores originales. Era alimentada aquella práctica consuetudinaria en un principio, por la ignorancia y por la ausencia de alumbrado. Las noches oscuras se prestaban para que la gente inventara cualquier cosa. Se trataba del rey del fisgoneo. Seretón lo llamaba el saber del pueblo. Se decía que el susodichoera un ente invisible que apoyado en hechizos, brujerías o algún otro subterfugio sobrenatural de los muchos en los que se creían, se presentaba desnudo completamente ante alguna damisela deseada,arrojándoleguijarros al techado de la casa. Juraban que lo sentían, pero nunca se le podía ver; era invisible ante los ojos humanos. Algunas veces se convertíaenanimal.Y como el más pendejo era una especie eternamente satanizada, el gato era el escogido. Según otra versión, los bichos esos eran exploradoresnoctámbulos que tenían como tarea,introducirse de noche en lascasas, con el rostro completamente cubierto, para cumplir con alguna exigencia amorosa.Cada vez que revelaban la entrada a una casa de algún Seretón se tejía la duda. Sería en realidad el aludido personaje o un novio oportunista que visitaba a su novia también oportunista.
Era ese el motivo por el que al caer la noche, la gente se escondía temerosa del fulano ese que se presentaba sin que nadie lo notase. Eran las mujeres quienes le temían, pero los hombres eran exigidos dentro de las residencias como entes protectores de madres, hermanas y hasta esposas. Una que otra mujer valerosa se atrevía a incursionar mas allá de la puerta, pero no lo hacía por mucho tiempo, y si duraban más allá que un ratito era por estar acompañada por algún representante del sexo masculino. Entonces Isaira, juanita y Eloísa se sentaban hasta las nueve a más tardar, pero con Salomón entre ellas. Ni locas