No se molestó en buscar. Sin pérdida de tiempo se dirigieron al vehículo del “patrón”, y al poco rato ya estaban en la zona industrial. Se sentaron en un banco de la plaza que estaba cercana a la zona industrial, en espera de quien requería el trabajito. De inmediato se les acercó un joven de acento peculiar, muy común en el oriente de ese país, mismo que en lugar de pronuncias las eles lo hacían con eres al final de ciertas palabras. La frase favorita de ellos era: “Muchacho errr diablo”.El chico, tal como muchísimos otros, con una viandita en la mano buscaba ocupación y con Alfonso la encontró. Una mirada de satisfacción se sintió en la mirada del muchacho al recibir la respuesta positiva. El chico,además de un acento peculiar, denotaba un pobre nivel cognitivo.Reflejaba una pob

