Ojos diferentes

1373 Palabras
Ash-eniel: Allí está otra vez esa chica rara y solitaria. Esa que no levanta la mirada cuando las personas pasan a su lado. Que es malditamente hermosa, hasta el punto de superar la belleza sobrenatural pero, a pesar de eso, nadie la nota. Esa que tiene una flamante cabellera roja y un aura de poder increíble a su alrededor. Tiene las curvas demaciado atractiva y no llama la atención de nadie. Esa que entabló una conversación conmigo sin ni siquiera hablarnos. Atrae mi ser y me invita a acercarme con sólo una mirada. Esa que tiene los ojos tan únicos y poco comunes. Porque... sus ojos. Esos ojos. Los mismos que me evitan cuando intento contemplarlos. Ella tiene los ojos de un... Eso es lo más extraño que he visto en este lugar. ¿Por qué nadie se da cuenta? ¿Es que acaso nadie lo nota? ¿O será que a nadie le importa? ¿Será ella tan poderosa como para que ignoren el hecho más conocido en todo el mundo? ¿Será que ella acaso es tan poderosa como para...? ¿...ocultar su propia identidad? Entrecierro los ojos para mirarla fijamente. Ella se encuentra parada al final del pasillo, sacando algunos libros necesarios para su próxima clase. Lleva puesto un sencillo vestido veraniego hasta la rodilla de color verde bosque, esencial para este clima cálido. La tela se ciñe a sus curvas, abrazandolas y haciendo gala de ellas. Su rizado pelo cae suelto hasta su cintura, moviéndose cada vez que ella lo hace. Lleva unas bonitas zapatillas negras y su mochila del mismo color le cuelga del hombro derecho. Ella nota el peso de mi mirada y estudia su entorno para percatarse a quién le pertenecía. Cuando sus ojos quedan fijos en los míos, a pesar de la distancia, pude notar una chispa en ellos. Rápidamente los desvía y continúa su tarea con mayor velocidad. —Oye, Guil —llamo la atención de mi hermano, quien vigilaba atentamente al demonio de nivel medio que le coqueteaba a Bel en la puerta de nuestra clase. —¿Mmm? —Pregunta sin mirarme. —Préstame atención —le doy un codazo en las costillas. —¿Qué quieres? —Me espeta de mal humor sin poder evitar lanzarme una mirada de odio por interrumpir su vigilancia. Aguanto la risa que lucha por salir y me dedico a concentrarme en lo que quería saber. —¿Ves aquella chica de allá? —Señalo a la pelirroja con algo de disimulo. —Ajá —suelta sin ganas. —¿No le ves algo extraño? Él entrecierra sus ojos, canalizando su poder para aumentar su visión. La evalúa largo y tendido hasta que se gira bruscamente hacia mí, con la sorpresa escrita en su expresión. —Sus ojos son de... Le tapo la boca con mi mano justo antes de que suelte una barbaridad en medio del pasillo. Le hago una seña con mi dedo para indicarle que guarde silencio antes de retirar mi mano. —Lo he notado. Pero, al parecer, nadie se ha dado cuenta. Sólo nosotros los hemos visto —le explico. Vuelvo la mirada hacia la chica y uso un granito de mi poder para localizar algún hechizo existente a su alrededor. Ella tiene algo creciendo en su interior, como una ola que acumula agua hasta convertirse en un gran tsunami, pero ni rastro de ningún hechizo. —Hey, Bel —llamo a la chica enana y la invito a acercarse con un gesto de la mano. Se aleja del pobre demonio sin remordimiento alguno y camina hacia mí mientras se pasa sus pequeñas manos por la falda negra de su vestido. Da ligeros saltos al caminar como si de una niña se tratara y, al llegar a mi lado, se para de puntillas para crear una atmósfera confidencial entre los dos. —¿Qué necesitas, caramelito? —¿Me puedes decir de qué color tiene los ojos aquella chica? —La señalo nuevamente, está vez para confirmar una sospecha. La mira desinteresadamente por unos breves segundos antes de contestar. —De un simple y aburrido color pardo —dice sin dudar, aburrida por ser solicitada para algo tan simple y absurdo. Una sonrisa burlona se apodera de mis labios. —¿Segura? —Insisto. Jibriel pone los ojos en blanco y vuelve su vista a la chica, estudiandola con más detenimiento. Al principio su cara es de total desinterés, pero pasados unos segundos entrecierra los ojos, traspasando la neblina a la que estaba sometida. Los ojos cafés de Bel se abren como platos al darse cuenta de su error. Da un paso hacia atrás, asustada por primera vez desde hace muchos años. Su respiración se vuelve pesada y lleva su mano de forma inconciente al muslo donde guarda su navaja favorita. —Ella es... —hace una pausa, comprendiendo el peligro de revelar su secreto en medio del pasillo. —Sí que lo es. Debe tener una muy buena razón para estar en el Averno... —murmuro sin quitar la mirada de la chica. Ella termina de acomodar sus libros y cierra el casillero. Se quita la mochila del hombro para guardar los cuadernos que lleva en los brazos y luego se va sin mirar hacia atrás. Yo aprieto la mandíbula con impotencia. Ella tiene algo que me atrae. Algo que me quema por dentro; pero no son esas llamas insaciables que siempre arden en mi interior, esas que no se apagan con nadie y que son tan incómodas que me llevan a buscar ese mar que al fin las apague. Estas nuevas llamas son arrasadora y potentes, destructoras y rudas. Es algo que me come por dentro; esa necesidad insana de estar a su lado. Un potente malestar, unas ganas insoportables de hablarle. Unos sentimientos que nunca he experimentado. Y todo se reduce a una palabra: Ella. —...y yo descubriré cuál es —finalicé la frase y comencé a caminar en la misma dirección que tomó la chica, dispuesto a cualquier cosa con tal de cumplir mi palabra. Metí las manos en los bolsillos de mi sudadera negra. No miro a nadie aunque soy consciente de que todos me miran al pasar. Mis pasos no resuenan en el mármol del pasillo a pesar de las botas de montaña que llevo esta mañana. Me preparo para cualquier escenario que se vaya a desarrollar en la próxima hora. Verifico que llevo mis dagas gemelas bien ubicadas en la tobillera de mis botas y dejo fluir mejor mi magia a través de las venas para tener más exceso a ella en caso de peligro. Hinalo profundamente y luego suelto el aire en un largo suspiro. Llego al final del pasillo y giro a la derecha. Comienzo a buscarla con la vista en cada aula que dejo atrás y a los lados del pasillo donde aún quedaban estudiantes conversando sobre cosas sin importancia. Ya había recorrido un largo trayecto cuando la localizo, al fin, cerca del aula de ciencias del tercer año. Estaba recostada a la pared mientras conversaba con alguien, un chico de figura esbelta y cabello n***o recogido en una coleta. Él tenía una mano en la pared, al lado de la cabeza de ella. La miraba fijamente con aire cómplice, la confianza reinaba entre ambos. Me paro en seco al caer en cuenta de la apariencia de los ojos de ese chico. Un calor parecido al odio sube por mi columna. Doy un paso hacia atrás y trato de no llamar su atención. Me giro de forma rápida y vuelvo por donde vine, pensando en la escena que acababa de ver. Ese chico era un Lilim. Uno de los escasos demonios semihumanos que existían. Descendiente directo de Lilith, la primera mujer de Adán, una de los dos creadores de mi madre. La misma mujer que se acostaba con humanos y era prisionera de Lucifer. Esa que el Rey del Inframundo mató por traicionar su especie. Pero, ¿qué hace un Lilim con un...? ¿Él lo sabrá? Pero que digo, seguro que lo sabe. Entonces, ¿por qué está con ella? Cada segundo que pasa, la sensación de malestar aumenta en mi interior. Definitivamente tengo que acercarme a esa chica.
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