Chico nuevo

1119 Palabras
Támesis: Me siento bajo mi árbol favorito en el patio del instituto. Aquí suelo pasar las horas de receso para evitar las multitudes. Por mucho que Osmuz y Ahriman contengan mis poderes, hay algunos demonios de linaje puro que podrían ver más allá de mi tapadera. Saco una de las novelas juveniles que siempre llevo en mi mochila junto a mi IPhone, me coloco los auriculares y pulso el botón de aleatorio en mi lista de reproducciones. Abro el libro en la página que me quedé y comienzo a leer mientras arrecuesto mi espalda al tronco del árbol. No soy la típica nerd que se pasa el día entre libros y es antisocial. A mi no me molestan en los pasillos ni me dicen rarita al pasar. Yo soy un demonio, si; pero en esta escuela, yo no existo. Mi disfraz conlleva que casi todos mis poderes se mantengan sellados, por eso todos los alumnos del Averno creen que soy un simple demonio de bajo nivel, y a esos se les ignora totalmente; suponiendo que alguno logre entrar al instituto en primer lugar. Pero estar sola no me molesta en absoluto. Para ser sincera, hasta a llegado a agradarme. Con las únicas personas que he hablado en mi vida a sido con mi madre y con Belial, quien se ha encargado de cuidarme desde que mamá no está. Y no, no tengo la marca de los Lilim. Si la tuviera, eso sería un gran y enorme problema. Por suerte y desgracia, al parecer saqué tanto de mi madre como de mi padre; a quien, por cierto, no conozco. Aunque por esa razón también debo ocultar mis ojos bajo un hechizo, ya que si unos ojos de Lilim sería un problema, entonces mis verdaderos ojos serían la guerra. Mi estómago comienza a protestar justo un par de capítulos después de haber comenzado la lectura. Pongo el marcador en la página y cierro el libro. Me quito los audífonos y tomo mi mochila con la intención de buscar en su interior la comida que siempre guardo con tal de no entrar al comedor, pero justo cuando estaba a punto de tomarla caigo en cuenta de que hay algo raro a mi alrededor. Me quedo totalmente quieta. Hinalo suavemente para no hacer movimientos bruscos y luego me dispongo a escuchar más a fondo. Silencio. Un total y completo silencio. La mayoría de los estudiantes de esta escuela tienen más de 200 años, pero igualmente se comportan como adolescentes en plena etapa de pubertad. Ya me había acostumbrado al ruido y a los gritos diarios que siempre están en todo momento. Pero ahora... no hay nada. Y eso es la cosa más rara del mundo. Levanto la vista lentamente y estudio el patio. Está lleno de chicos y chicas que, normalmente, estarían de aquí para allá, charlando o haciendo cualquier cosa molesta. Pero, al parecer, todos están petrificados mirando un punto fijo; o, más bien, a una persona en específico. Sigo la dirección de sus miradas y me topo con el causante de tal suceso inusual. Por un segundo me quedo con la mente en blanco al ver a aquel chico caminando con total confianza por el campus como si fuera el dueño de todo. Casi debo obligarme a cerrar la boca que, de hecho, ni siquiera sabía que tenía abierta. Su pelo era azabache y se encontraba en un peinado desordenado, de una forma rebelde y salvaje, pero nunca descuidado. Sus hermosas facciones perfectas y angelicales le dan forma a un joven de 18 años. La sudadera negra que trae puesta dejaba a la imaginación lo que, seguramente, era un cuerpo atlético y bien formado. El resto de su ropa la conformaba un pantalón de mezclilla n***o y unas botas de montañas de igual color. Medía cerca de 1.83 m, pero estaba segura de que su fuerza, rapidez y agilidad eran superiores a cualquiera que se atreviera a enfrentarlo. A su lado caminaban dos chicos más. Una era hermosa y con aspecto de niña a pesar de que tendría unos 17 años, con negros rizos cortos y de baja estatura; llevaba puesto un vestido veraniego de un gris claro y unas sandalias blancas. Y el otro era un joven muy alto, con cabello de un extraño n***o azulado y aires de solitario; vestía una camisa, unos jeans, unas botas de evillas y una cazadora de cuero, todo de n***o. La única palabra que se me ocurría para describirlos era belleza y elegancia. Sacudo ligeramente la cabeza para salir de mi ensoñación. Ya estaba acostumbrada a la belleza sobrenatural, pero estos chicos estaban a otro nivel. Volví a ponerme los auriculares y subí el volumen de la música, dispuesta a ignorarlos y hacer como si no hubiera pasado nada. O eso quería, hasta que...su mirada se topó con la mía. Sus ojos...es casi imposible describirlos con palabras. Eran flameantes, encendidos; como llamas de distintos tonos de naranja, rojo, amarillo e incluso algo de azul. Parecían lava hirviendo, cálidos y crepitantes. Atrayentes e hipnotizantes. Destilaban fuego y poder. Despertaban curiosidad y calor a su paso. El chico no desvía la mirada de la mía. Parecía ver a través de mi, todo mi interior, sin reparar en el disfraz. Me observaba como si me conociera. Daba la impresión de que quería acercarse y decirme algo. Sin ni siquiera darme cuenta, ya estaba de pie, recogiendo mis cosas. Guardo todo en mi mochila y no pierdo un segundo más en estar allí parada. Camino con paso rápido hacia la salida del colegio que estaba en dirección contraria a los tres desconocidos. Nunca en mi vida había estado tan agradecida al poder salir cuando quiera y saltarme las clases que no necesito. Paso de largo la puerta principal y me encamino hacia los dormitorios que no están a menos de dos cuadras de distancia. A pesar de proponerme no pensar en él, esos ojos de fuego vienen a mi cabeza nuevamente. Pestañeo un poco desconcertada, es como si en ellos hubiera algo que me llamara, como si me atrayera y me suplicara que me acercara. Los caminos están desolados ya que todos los estudiantes del Averno están en el colegio ahora mismo. Esta escuela está ubicada en el medio de la nada para evitar encontronazos y accidentes con los humanos o otras especies sobrenaturales. El bosque rodea el área y no se ve nada más allá de las habitaciones para los estudiantes. Aumento la velocidad de mis pasos. Necesito alejarme lo más rápido posible de ese chico. Tendré que redoblar las fuerzas para pasar desapercibida e intentar esquivarlo en los pasillos del instituto. Si, eso es. Evitarlo a toda costa. Ese será mi nuevo plan de vida.
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