El libro

1339 Palabras
Ash-eniel: Se ha ido. Soltó mi mano y se alejó. Simplemente... se fue y ya. Abro y cierro la boca como si de un pez bajo el agua se tratase. Mi mano aún está suspendida en el aire a pesar de que han pasado varios minutos en los que ella ya no se vislumbra en el campus. Deron tenía razón al decir que sólo necesitaría un roce para saber quién sería la indicada. De hecho, lo único que faltó sería un cartel escrito con letras de neón señalando a la chica. Mi cuerpo aún experimenta los ecos de cada una de esas intensas sensaciones que me invadieron. A pesar de ser fuertes, podría permanecer experimentandolas por horas. Pero ella... sólo se fue como si esto no importara. Nunca había sido una persona de planear mi vida, pero me había imaginado este momento. Este instante en que al fin encontraría a la chica que me ayudaría a salir del abismo. Pues, siendo sincero, no me esperaba esto. Tal vez un poco de miedo por mi parte al toparme con la otra mitad de mi alma, que estaba destinada a acompañarme por el resto de mi existencia, ¿pero que me rechazara? Jamás se me pasó por la cabeza. Mi estado de shock permanece hasta el segundo en que algo aparece en la periferia de mi mirada, captando así mi atención. Giro la cabeza lentamente, permitiéndome al fin encajar nuevamente la mandíbula en su lugar y dejar caer el brazo al costado de mi cuerpo. Mis ojos caen sobre el objeto que había olvidado totalmente al entrar en contacto con la misteriosa pelirroja. El gran libro permanece abierto, pero permite un breve vistazo a su cubierta dorada brillante. Su tamaño se asemeja al de un libro de historia, de esos que tienen cerca de mil páginas. Sus largas hojas de un suave color sepia están escritas con tinta negra y diferentes caligrafías. Me acerco a paso lento y evalúo más de cerca. Leo cada palabra escrita y luego resoplo al terminar. Es exactamente de lo que mamá me había advertido antes de venir. La conversación se había extendido por horas en un tira y afloja por parte de mis tíos, ya que algunos aún estaban indecisos de los que deberíamos hacer. —Ya sabes por lo que tuvimos que pasar nosotros. Hasta ahora yo he logrado esquivar mis responsabilidades como ganadora de las batallas, pero eso no durará por siempre. Al menos, no hasta que esta guerra termine —dice mamá, alegando a la leyenda que tantos problemas les trajo a mis padres. —El Averno es sólo otra forma que tiene ese hijo de puta para atrapar soldados. Él hará su torneo anual, y allí elegirá los de mayor rango, pero ningún estudiante de esa escuela se va a librar de esta guerra. Él tiene planeado formar su ejército con todos los seres sobrenaturales que tenga a la mano, incluyéndonos a nosotros. Hecho un vistazo a todas las personas reunidas en la sala; pecados y guardianes, prestandole toda su atención. Papá yace arrecostado contra la pared y de brazos cruzados. Tomo una bocanada de aire. Nada de esto nos conviene realmente. —Si podemos detenerlo de alguna forma, hay que hacerlo. Debemos esquivar la guerra entre el Infierno y el Cielo a como de lugar. Demasiadas vidas humanas serán perdidas si esto ocurre, sin contar que la Tierra podría quedar devastada —continúa Luxus, poniendo en palabras mis propios pensamientos. —Con más razón —es mi turno de hablar. —Necesitamos la ayuda de todos para detener esta locura. Yo puedo entrar al torneo. Mientras mayor sea el rango que ocupe, mayores serán las posibilidades de que me escuchen. —No tienen por que hacerlo —interviene papá. —Podríamos buscar otra forma. Estarían en constante peligro. Jibriel resopla ante su comentario. —Ya no somos unos niños. Hemos entrenado años con los mejores. Sabemos defendernos —suelta ella un poco irritada. —Asmodeo tiene razón. Además, no puedes comparar tu corta edad con los milenios de duras experiencias por la que pasamos nosotros —comenta el tío Deron. —Ni siquiera han cumplido 50 años, por el amor de Dios. —Podría ser —interviene Belfegor está vez, —pero nuestros hijos son fuertes. Es cierto que tienen debilidades y les falta mucho trabajo duro, pero de seguro esto es sólo un juego de niños para ellos. —Yo confío totalmente en sus habilidades y en su buen juicio. De todas formas fuimos nosotros mismos quienes los criamos —finaliza mamá con total convicción. Sonrío al escucharla, asiento con la cabeza y termino diciendo en voz alta la desición que ya había tomado. —Iré. Aprieto los labios con rabia. Si sólo hubiera un modo de detener esta locura... —Tenemos que inscribirnos antes de que ya no hayan puestos libres —dice la voz de Jibriel a mis espaldas. —¿Inscribirnos? —Cuestiono, levantando una ceja. —¿Crees que te vamos a dejar toda la diversión? Ni hablar —se ríe. Pongo los ojos en blanco y me doy la vuelta. Mijaíl está parado junto a Jibriel, con sus manos metidas en los bolsillos de su sudadera negra. Ella está balanceando su peso de un pie al otro, haciendo obvia su hiperactividad constante. Se suponía que ellos habían ido a clases pero, al parecer, notaron mi ausencia y salieron a buscarme. Sonrío al verlos. Nosotros tres realmente estamos más unidos que los gemelos de la Envidia. Agarro la pluma que está a un lado del gran libro y se la ofrezco caballerosamente a Jibriel. Ella la toma y se acerca a este, escribiendo su nombre de forma rápida. Después, sin ni siquiera inmutarse, hace un corte en su dedo, dejando caer una gota de su sangre en las finas hojas. Mijaíl es el siguiente en aproximarse y hacer lo mismo, tendiendome la pluma justo al terminar. En mi boca se forma una media sonrisa. Me inclino y escribo mi nombre. Luego, con un movimiento rápido saco de mi bota una de mis dagas gemelas. Hago un corte en la palma de mi mano derecha y dejo caer un par de gotas de ese líquido carmesí en las amarillentas páginas. Un minuto después, no había rastro de la herida reciente en mi piel. —Listo —murmuro justo antes de percatarme de algo. Ese nombre, el que está antes de los nuestros. Entrecierro mis párpados para contemplarlo atentamente. En letras cursivas y elegantes está claramente escrito el nombre de la chica pelirroja. Así que Támesis, ¿eh? Bonito nombre para una bonita joven; interesante y misteriosa. Bien, al menos no tengo una de esas aburridas chicas por alma gemela. Terminaría por conquistarla, eso era seguro. Mi naturaleza de seducción es irresistible para cualquier ser vivo de este planeta, aunque ese hecho me jodía más de lo que admitiría jamás. No quería que ella terminara cayendo por mi poder, sino por mi verdadero yo. Aunque en este caso, siendo realmente sincero conmigo mismo, me importaba una mierda lo que determinara su decición de permanecer junto a mi, mientras esta sea para toda la eternidad. Casi obligándome a tomar una respiración profunda, relajo los hombros y me deshago de la tensión que pesa en ellos, recuperando así mi actitud despreocupada de siempre. Toda mi vida se ha basado en ser paciente, porque esa es una virtud que caracteriza a los seres inmortales. Esperaría el tiempo que sea, pero eso no quiere decir que permanecería con los brazos cruzados sin hacer nada. Me giré hacia mis hermanos con una renovada sonrisa de medio lado. Avanzo para tomar a cada uno por un brazo y comenzar a caminar de regreso al abominable instituto. Jibriel avanza a paso animado mientras que Mijaíl hace temblar el suelo con la pesadez de los suyos. —Ahora sí estamos listos para que empiece el juego —dejo salir en un tono divertido. Mientras ellos estén a mi lado, puedo acabar con él mismísimo Infierno.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR