Pensamientos destructivos

1426 Palabras
Támesis: Soy una mala persona. Esas palabras resuenan en mi cabeza una y otra vez. Tomo con fuerza la empuñadura de Ahriman y gruño al sentir la energía de nuestro poder fluir por mis venas. Me odio a mi misma. Con un grito de frustración me lanzo hacia delante con todo el peso de mi cuerpo. Arremeto con violencia contra mi oponente pero, esta vez, el sonido de metal contra metal no me calma. La impotencia se apodera de mi cuerpo y comienzo a aumentar la velocidad de mis ataques sin ni siquiera hacer un plan de batalla. A veces deseo desaparecer de la faz de la Tierra. Izquierda. Derecha. Arriba. Abajo. Centro. Giro. Golpeo. Mis ataques son impredecibles y al mismo tiempo frenéticos. Dejar de existir. Mi mente bloquea todo tipo de información, mi cuerpo está concentrado totalmente en el combate mientras mi cerebro me ataca. No me siento a salvo. No me siento llena de esperanza. No tengo la sensación de pertenecer a algún lugar. Mi espada desprende chispas cada vez que choca con la de mi contrincante. Mi cuerpo es tan veloz que nadie, o al menos eso creía, podría verme. Tengo todas las de ganar, pero... Me siento vacía. Estoy hueca por dentro. Descargo toda mi rabia en Ahriman, quien se alimenta de la misma y parece oscurecerse aún más. Mi oponente sólo está en modo defensa. No le doy oportunidad. No me detengo. Mis músculos arden y la magia quema en mi interior. Deseo sangre, y está vez no haré nada para detenerme. La espada de hoja plateada trata de alcanzarme, pero la esquivo con agilidad y contraataco a la vez. El metal n***o corta la superficie del abdomen de mi oponente de forma rápida y poco profunda, lo que no me satisface, así que intento llevarla aún más profunda dentro de su cuerpo. Soy un caso perdido. Ojalá nunca hubiera nacido. Sólo causo dolor a las personas que me rodean. Para mi frustración, el chico se da cuenta de mis intenciones y retrocede a tiempo. Vuelvo a gruñir, desesperada por descargar todas las emociones que arremeten contra mi y lo sigo con ganas de cortar algún que otro órgano vital. No soy mucho mejor que esas escorias del inframundo. ¿Eso crees? Recuerdo que me preguntó Belial una vez. ¿Crees que si no valieras la pena, la mismísima Lilith no hubiera muerto para protegerte? No debería, ella no tendría que estar muerta. Eres una esperanza para aquellos que creen que el mundo aún tiene salvación. Tú serás la que detenga a Lucifer. ¿Yo? Esta basura no tiene oportunidad alguna contra un dios. Eres esperanza, Támesis. ¿Esperanza? ¿Qué hay de Mardeth? ¿Y Jedrith? Yo no pude salvarlos. Y ellos creían en la esperanza. ¿Quién soy realmente? Mis rodillas flaquean, tropiezo y caigo al suelo sin poder resistirme a la inercia. Ruedo por la hierva, perdiendo a Ahriman en el proceso. Termino tumbada de costado, hecha un ovillo y con menos daño del que merezco realmente. Permanezco allí, sin moverme y con los ojos cerrados. Tratando de controlar la llamarada de ideas sombrías que devoran mi subconsciente. El agotamiento se apodera de mi cierpo y mi cabeza se aclara un poco. La niebla se disipa y logro pensar correctamente. Por un momento me viene a la mente la imagen de unos ojos que contienen en ellos las llamas del infierno. Esos que no han dejado de perseguirme desde que los vi por primera vez. —¿Estás bien, hermanita? —La voz de Belial a mis espaldas me saca de mi ensoñación y abro los ojos para librarme de la imagen. —Sí, eso creo. —Has dejado nuevamente que Ahriman se apoderase de ti —me reprende mientras se agacha a mi lado. —Sabes que eso es peligroso. Fuerza de voluntad, eso es lo que nunca te debe faltar al tener a Ormuz y Ahriman en tus manos. Tú debes controlarlas a ellas, no al revés. Vuelvo a cerrar los ojos, pero por unos pocos segundos. Respiro profundo antes de incorporarme hasta quedar sentada en el césped. No tengo fuerzas para discutir, así que me giro hacia Belial para darle la razón cuando algo me llama la atención. Una de sus manos contiene a Ahriman, extendiendola hacia mí, pero la otra sostiene fuertemente su abdomen, tratando de cubrir una herida reciente. Un pequeño río de sangre corre por su antebrazo y cae al suelo, manchando la hierva de escarlata. Abro los ojos como platos y me cubro la boca, sorprendida. Niego con la cabeza, incapaz de aceptar que eso haya sido culpa mía. Belial sigue la dirección de mi mirada hasta toparse con el problema. El bufa y se ríe de mi expresión, echando por tierra mi preocupación. —Esto es sólo un rasguño —dice, aunque hace una mueca al moverse. —Claro que fue un rasguño con una espada creada para matar seres sobrenaturales —frunce sus labios y luego se encoge de hombros. —Se curará en un par de días. —Lo siento —me apresuro a decir. —No recordé lo peligrosa que era. Belial entrecierra sus ojos totalmente negros y me estudia detenidamente. Baja la mano con la que sostenía a Ahriman y la deja en el suelo para luego levantarse y darme la espalda. —Así que ya lo encontraste —suelta de repente. Pestañeo un par de veces y, nuevamente, la imagen de los ojos de fuego vienen a mi mente. —¿El qué? —Pregunto, tratando de sonar inocente. Me echa un vistazo por encima de su hombro y eleva una ceja. Trago saliva y me levanto del suelo. —Yo... —hago una pausa, buscando las palabras para explicárselo. De cierta forma me siento como si lo estuviera traicionando. —Ash-eniel —menciona su nombre como quien habla sobre el tiempo. Frunzo el ceño y le presto toda mi atención. —Lo supe ayer —confieso bajando la mirada. Una media sonrisa aparece en los labios de Belial, pero se encuentra llena de pesar. —Yo lo supe hace mucho —murmura. —¿Lo sabías? —Doy un paso al frente, incrédula y a la vez curiosa. Mi hermano se gira para enfrentarme y toma una bocanada de aire, preparándose para hablar. —¿Recuerdas el día de tu llegada al mundo? Ladeo la cabeza, aún más curiosa después de esa pregunta. —Claro que lo recuerdo. Jedrith estaba allí, maravillado por mi nacimiento. Y detrás de él estabas tú... tan pequeño y joven. Parecías un niño en comparación con tu yo actual —sonrío por el recuerdo. —Pues yo estaba mucho más maravillado. Fue algo tan fuerte que no podría explicarlo. Eras tan hermosa... un pequeño bebé portando en su interior un infinito lleno de poder —contiene la respiración, hinchando su pecho. —Tus ojos me hechizaron de tal forma. Juré que desde ese momento estaría observando cada suceso de tu vida. Sólo me bastó mirarte para saber muchas cosas sobre tu futuro. Esta vez camino hacia él hasta estar cara a cara, con sólo unos escasos centímetros entre nosotros. —¿Sabes algo sobre la Gran Guerra? —Pregunto de forma desesperada. Belial se mantiene en silencio por unos instantes y luego me coloca una mano en el hombro antes de negar con la cabeza. La frustración se apodera de mi nuevamente y comienzo a sentirme agotada. —Lo siento. No puedo ver lo incierto, sólo lo que está destinado a ser. La mayor parte de tu futuro está en constante cambio. Doy unos pasos hacia atrás sin mediar palabra. Me agacho suavemente, tomo a Ahriman por su empuñadura y la enfundo en mi espalda junto a Osmuz. Comienzo a caminar hacia el trillo para salir del bosque sin esperar por él. Hoy estoy demasiado cansada como para entablar una conversación más allá de lo que ya habíamos hablado. Cada día de mi existencia es una mentira. Descubro nuevos secretos, verdades y farsas bien planeadas. Cada día me preparo para mi verdadero futuro, y ese sin duda no es aceptar a mi alma gemela ni vivir una eternidad siendo feliz a su lado. Mi destino es detener a Lucifer y sus intenciones de destruir la Tierra, evitar otra Gran Guerra y mantener la paz entre el mundo sobrenatural y el humano. Para eso nací y crecí. Para eso entrené y me volví fuerte. Y lo conseguiré aunque sea lo último que haga en mi vacía y desolada vida.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR