Capítulo 6

1726 Palabras
SALOMÓN Una mañana mientras yo iba entrando al instituto me encontré con una compañera de clase, habíamos conversado muy poco en el tiempo que nos conocíamos, nos saludamos como era debido, luego surgió una pequeña conversación entre ambos. —Y conversando un poco... —pausó Carla, supuse de que ella iba a cambiar de tema—. Por ahí se anda diciendo cosas que tú no sabes y que te podría interesar. Al instante sentí curiosidad y un pequeño temor. —¿Qué podría ser Carla? Cuéntame todo lo que sabes. —Tú supuesto amigo Yariel se anda comiendo a tu caramelo. En seguida me extrañé, no entendí a que se refería. —¿Mi caramelo? ¿De que hablas Carla? Me tomó por el brazo y me llevó con ella. —Es algo privado, Salomón. Vamos a un lugar un poco más privado. Llegamos a la planta alta del instituto donde podíamos conversar a gusto como sería debido. —Lo que te quería decir era; que Yariel y Veronika han sostenido sexo. Eso es lo que se dice. Me sorprendí al escuchar esas declaraciones de parte de Carla. ¿Sería verdad todo eso? En casi de ser así; Yariel sería un falso. —¿Estás segura Carla de lo que tú dices? ¿Cómo lo sabes explícame por favor? —Como te dije anteriormente, es lo que se dice. Creo que con eso te deja bien en claro lo falso que es Yariel. —Ya veo. Continuamos conversando sobre el asunto y de verdad era de esperarse. Veronika era muy sexy y hermosa. Entonces decidí luego conversar con Yariel. *** Días después... Saliendo del instituto decidí conversar con Yariel, lo vi con Veronika, ambos se llevaban muy bien, era muy evidente. Me acerqué a ellos y por primera vez en la vida saludé a Veronika. Sentí el toque de sus manos, pude apreciar su belleza más de la cuenta, esa nena verdaderamente era muy hermosa. Durante algún rato mantuvimos una conversación. Cuando Veronika se había marchado me quedé conversando con Yariel. —Quiero que me digas la verdad, Yariel. ¿Has tenido sexo con Veronika? Él me miraba extrañado y sorprendido a la vez. —¿Qué has escuchado? —De todo Yariel —le respondí de mala gana—. No me mientas más. Me estuviste viendo la cara de estúpido. —Recuerda que las mujeres no son de nadie. Y como ella es libre, puede hacer con su cuerpo lo que quiera. Eso me enfureció aún más. —Tú sabes muy bien lo importante que es ella para mí, y tú no quisiste ayudarme porque lo que querías era tener sexo con ella. Te la follas cuando quieras, lo único que buscas en ella es sexo. Eres un maldito falsante. Yariel se echó a reír. —Salomón deja tu amargura. ¿Por qué no la buscas y le dices que la amas? Yo no me opondría y lo sabes. Te falta valor. —Seré un cobarde pero no un hijo de puta como tú —concluí con esto y me marché. Ya no había nada más que hablar, por lo menos me desahogué un poco. Y sí; Carla tenía razón en decir que Yariel era un falso. Llegué a mi casa enfurecido con ganas de romper todo, pero nada valor. Mi hermana me miraba fijamente, ella me conocía perfectamente y sabía de que yo estaba enojado. Me movilicé hacia mi habitación y allí descansé un poco. Ya como en eso de las seis de la tarde me movilicé hacia la canchas de basketball para jugar con algunos amigos hasta las nueve de la noche, retorné a casa y tomé una ducha. Me relajé por montón. Al día siguiente Yariel se me acercó a mí y yo como bobo al fin lo saludé aunque estuve enojado con él por seducir a Veronika. —Anda bro, relájate —sonrió Yariel—. Tú puedes conquistarla. Además eres muy pendejo. Debes de ser más rápido y activo con eso. —¿Acaso me ayudas Yariel? —pausé—. Tú en vez de ayudarme, te la ligaste. —Si yo le ofrecí sexo y ella aceptó, yo no iba a negarme. Recuerda que yo soy su amigo y tú eres nada. Sólo te incito a que la invites a salir. Deja de ser tan cobarde y llorón. Otra vez me volví a enojar. El sólo hecho de yo pensar que ellos tuvieron sexo me hace enloquecer, pero valor. —Muy bien Yariel, espero pronto que ella te quite ese puente que tienes hacia ella. —Lo mío con Veronika es sólo sexo, nada más. —Eso espero, Yariel. —Te lo aseguro, Salomón. Y relájate, por favor —rodó los ojos—. Vamos a divertirnos. ¿Quieres? —Sí. Respiré y desée poder divertirme con Yariel. A pesar de todo el tiene toda la razón, he sido un cobarde con respecto a Veronika. Debo de expresarle mis sentimientos a ella. Pero lo que yo quería era ganarme su plena confianza. —¿Y qué haremos Yariel? Este me sonrió mostrándome sus dientes. —Vamos para mi casa, voy a buscar unas cuantas nenas para disfrutarlas —me respondió Yariel. En Yariel era algo normal, él solía llevar mujeres a su casa y sostener sexo con ellas dentro de la misma. Por unos momentos lo estuve pensando y al final yo terminé aceptando su proposición. —Está bien Yariel. Conversamos un poco hasta que decidimos retirarnos. De lo que yo estaba seguro era de que Yariel era un maniático s****l definitivamente. Él solía llevar constantes mujeres a su casa y lo que más me apenaba era que Veronika era una de ellas. En parte le di la razón a Yariel, Veronika y yo no éramos ni siquiera amigos, decidí dar tiempo al tiempo. *** Mi novia Raquel y yo decidimos salir a compartir un poco, ya no estaba enojada conmigo como ella estaba anteriormente. Ella estaba muy bien, yo diría de más. Nos ubicamos en una plaza específicamente en una pizzería. El lugar era agradable hasta que por casualidad de la vida Veronika se cruzó cerca de nosotros. Y me quedé pasmado al verla. Se acercó donde yo estaba y me saludó dejándome una hermosa sonrisa. Raquel al ver mi expresión vi que se enojó y se quedó callada, pues decidí tratar de iniciar una conversación. —Para esta navidad creo que debemos de pasala juntos en mi casa. No sé si tú quisieras sugerir otras cosa —pronuncié. Raquel no dijo nada. Se quedó callada y la entendí. Yo no volví a decir nada. La conocía perfectamente, yo sabía que tarde o temprano ella iba a reaccionar hasta que al fin decidió hacerlo. —Eres un bastardo —dijo Raquel entre dientes, por unos segundos no volvió a decir nada—. Te atreves a mirar a otra mujer estando conmigo. ¿Acaso no te importó? ¿No soy tu novia? ¿Me crees estúpida Salomón? Se te caía la baba por aquella chica. ¿De dónde la conoces? No me atrevía a decir la verdad, porque me podría causar problemas así que decidí mentirle antes que decirle la verdad. —Ella era una compañera de clases de la escuela —le respondí. —¿Dónde vive? ¿Se han vuelto a ver? Espero que me digas la verdad —me exigió brava. Respiré profundo antes de contestar. —No sé dónde vive. Y yo tenía mucho que no la veía. Como te dije; es una ex compañera de clases. Aún así, yo sentía de que no era suficiente. Raquel no iba quedarse de brazos cruzados. —Quiero ver las fotos grupales de la escuela que tu tienes —determinó de un modo que no me agradó—. Y es ahora. En ese momento sentí la sangre correr por todo mi cuerpo. Me estaba poniendo entre la espada y la pared. —Mi vida —respiré—. Creo que estas exagerando. —Quiero comprobar con mis propios ojos de que tú no me estás mintiendo. —No tengo porqué darte explicaciones, ya te dije toda la verdad así que no me molestes con eso, Raquel —determiné sin miedo a lo que vaya a ocurrir. —¡Eres un maldito cobarde! —gritó Raquel—. De seguro te la follas. Me estás mintiendo de eso estoy segura. ¡¿Acaso crees que soy una idiota?! ¡Eres un imbécil! Se movió dejándome sólo y de verdad que respiré con eso. Yo no iba a caer en los chantajes de Raquel. Así que no me importaba la decisión que ella pudiera tomar en un futuro. Permanecí durante un buen rato ahí pensando en lo que había ocurrido. Reconozco de que no puedo evitar mi reacción con respecto a Veronika, ella estaba tan linda y yo babeaba por ella. *** Había sucedido una semana después del problema aquel que yo tuve con mi novia. Raquel por nada del mundo se comunicaba conmigo, yo por una parte respiraba profundamente porque así yo no recibiría ningún reproche por parte de ella. Decidí el domingo salir con mis amigos principales William y Jonathan estos parecían lúcidos. Últimamente estaban consumiendo mucho alcohol pero yo no me dejé llevar de ellos. Llegaron juntos hacia mí a mi casa, Marta les había abierto la puerta. Al verlos me movilicé para partir inmediatamente pero William me detuvo. —Hey. ¿Qué te crees Salomón? Quiero que me cuentes todo antes de salir —se expresó William dejándome extrañado. —¿De qué diablos quieres que yo te hable? —cuestioné. —¿Qué es lo que sucede contigo y con Raquel? ¿Sucede algo que no sepamos? —cuestionó William mirándome expectante. —¿En serio hermano...? ¿Qué sucede? —cuestionó Martha. Tragué grueso. —Es un asunto un poco complejo —fue lo único que pude decir. —¿Cómo que complejo? Queremos que nos respondas idiota —me recriminó Martha. Hubo un pequeño silencio entre nosotros, yo no supe que responder. —¿Por qué no dejamos esto para luego? —cuestioné en modo de proposición. —Muy bien, bro —se rindió William—. Cuéntanos cuando tú creas que sea necesario. —Ya, vámonos de aquí —finalizó Jonathan y nos retiramos del lugar para divertirnos.
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