Capítulo 2

2099 Palabras
VERONIKA Visualicé mi móvil cuando llegué a mi casa y observé de que Edison me había escrito varios mensajes. —Hasta que al fin respondió, de seguro amaneció en una orgía el depravado este. Dejé el móvil encima de la cama, proseguí a cambiarme de ropa y luego devoré la comida del medio día. Dos horas después volví a tomar mi móvil de nuevo. —¿Edison qué has estado haciendo? —Masturbaciones en tu nombre. —Te quedarás seco, morboso. —Veronika invítame a salir. En ese momento me eché a reír. —Tú eres el que tiene que invitarme. —Pero tú puedes invitarme. —Lo pensaré. —Tendré que secuestrarte Veronika. Hasta ahí llegó la conversación, me desplacé hacia mi cama y me tomé una siesta. ****************************** Tenía la alarma de mi móvil programada de lunes a viernes, temprano revisé f*******:, vi una noticia de empleo, tuve curiosidad y abrí el enlace del perfil de la empresa, me interesó envié un mensaje, escribí por w******p un mensaje a la empresa correspondiente. Me contestaron alrededor de dos horas, decía que le enviara mi currículum a un e-mail, así lo hice. Apagué la pantalla de inmediato, me levanté a tomar un baño, luego me vestí, tomé mi desayuno y fui al instituto. Cuando llegué me senté en el mismo lugar del día anterior, Laura llegó minutos después de que yo llegué. Al parecer ella tambien le gustaba llegar temprano a los lugares como yo. —Buenos días —pronunció Laura al entrar al aula. Los que estábamos allí le dijimos buenos días también, se sentó delante de mí. Tomó su móvil para manipularon. Después volteó hacia donde mí. —Estás muy callada —me dijo. —Sí —afirmé con una sonrisa. No solía ser explícita cuando hablaba con personas que recién conocía. Parecía lacónica. —¿Hiciste la tarea? — me preguntó Laura. —Uffff olvidé la clase —le respondí. —Yo empecé a realizarla, pero hay cosas que tengo dudas y las dejé en blanco —me comentó. Agarré mi cuaderno e hice la clase antes que llegara el profesor. Sam el que me había vuelto loca entró al aula cuando el profesor al fin había llegado a clases. —Buenos días —dijo Sam al entrar. Muchos devolvieron el saludo, algunos no. Y de nuevo se sentó a mi lado. Tendió su mano para saludarme y yo nerviosamente hice lo mismo, traté de controlarme para no desmayar. En la hora del receso me encontraba en la cafetería, Sam se me acercó. —Veronika... ¿Quieres algo de comer y beber? Pídeme lo que quieras —se ofreció Sam cordialmente. «Uy que tierno y muy atento». Me quedé perpleja al escuchar lo que estaba diciendo, de hecho me pareció muy bonito, no supe que decir y obviamente opté por negarme. —No, gracias —me negué a su petición. —No me digas que no, dime que si, lo que sea —pero él insistió. —No, no, de verdad —le contesté a Sam—. No es necesario. Además no tengo hambre. —¿Y por qué tan sola? —Porque no tengo de otra. —Bien. En ese momento sucedió algo inesperado una tubería de gas se había pinchado, todos tuvieron que salir del lugar, abandonar el instituto hasta el día siguiente. Tomé la decisión de no ir a casa e irme a andar por ahí, le comuniqué a mi madre lo sucedido para que no me esperar a y me dirigí hacia la casa de mi amiga Gabriela. Esta al verme se sorprendió, pues me aprecí de sorpresa en su casa. —Pídeme una orden en Pedidos ya —le pedí mientras me aproximaba hacia el mueble—. Que sea chofan. No me se exactamente la dirección correcta. Gabriela tomó su móvil y me pidió lo que le pedí mientras tanto estuvimos conversando sobre nosotras en lo que la orden llegara. —El estúpido de Marcos todavía continúa insistiendo y no sé si volver con él o no —pronunció Gabriela. Alcé una ceja y la fulminé con la mirada. —Juro que te asesino si vuelves con ese imbécil —le advertí incómoda—. Sabes muy bien a lo que estuviste expuesta con ese tipo Gabriela. Creo que tendré que caerte a palo. —Pero no sabemos si de verdad él está arrepentido —protestó. Continué mirándola mal. No podía creer de que ella quisiera volver con él después que la dejo plantada el día de su boda. —Muy bien —le contesté resignada—. Has lo que tú quieras, pero cuando ese mamabicho vuelva y te haga sufrir otra vez, a mí no me dirás nada. ¿Está claro? —Pero que radical eres. Rodé los ojos. —De por cierto —cambié de tema—. Edison tiene una fiesta próximamente en su casa. No me dijo de que era, pero creo que es de compromiso. Tú sabes que él y su novia están muy enamorados. Quizás ella piense en llevárselo de aquí. —Vaya —sonrió Gabriela—. Parece que son el uno para el otro. —Me avisas con tiempo si vas a asistir. ¿Estás sola? —Sí, estoy sola. Si quieres podemos ir donde mi vecino. Lo pensé por unos segundos hasta que al fin me decidí. —Está bien ni modo contigo no se puede Gabriela. Esta me sonrió. Se movió inmediatamente, yo la seguí porque conocía el destino hacia donde íbamos. El vecino de Gabriela era muy simpático y amable, nos trasladamos hacia la casa del vecino de al lado y este se apareció ante nosotras en boxer. «Vaya, que sexy». Ese hombre era muy sexy, y no era de extrañar que él andara así en su propia casa, era el tipo de hombre que a cualquier mujer le gustaría tener a su lado. Mis ojos de deleitaba observando a aquel hombre sexy, este al vernos nos sonrió. —Buenos tardes. ¿En qué les puedo servir? —volvió a sonreír. —Te vinimos a visitar —le respondió Gabriela. —Oh, que gusto —se movió y nos invitó a pasar—. Vengan. Ambas nos movimos y entramos hacia adentro de la casa. Una vez adentro nos ubicamos en un mueble y observamos que estaba tomando vino. —¿Desde qué hora iniciaste a tomar? —cuestionó Gabriela. —Desde que terminé de tomar el almuerzo. Yo coloqué mi mirada hacia la parte trasera del vecino, se encontraba de espalda y cuando vi que iba a moverse desvíe mi mirada hacia otro lado. —Veronika estás muy callada —se dirigió hacia mí quedando justo en frente de mí, tomó mi barbilla y alzó mi cabeza para que lo mirara—. ¿Eres así siempre? ¿Tímida o te intimido? Le sonreí avergonzada. —Quizás es mi estado del ánimo —le respondí. —Que yo sepa, tú siempre estás así. —E... —pausé porque escuché a unos perros ladrando. Ronaldo apartó su mano de mí barbilla y buscó con su mirada a aquellos perros, solía tener varios con él. —Vuelvo en seguida —dijo Ronaldo. —Gabriela. ¿Esos perros son rabiosos? —No, Veronika. —¿Estás segura? Gabriela no me respondió, por lo visto me ignoró pero no le di mucha importancia. Al poco rato Ronaldo había llegado hacia nosotras de nuevo y esta vez se sentó en un sofá. Tomó su copa de vino y se dio un trago. Luego de que Ronaldo disfrutara su momento de satisfacción, Gabriela tomó un cojín del mueble y se lo lanzó. —Habla estúpido —pronunció Gabriela. —¿Acaso soy el único que se le mordido la lengua los ratones? —sonrió—. ¿Qué cree que debemos de hacer? —se movió de donde estaba y se acomodó en medio de Gabriela y de mí. «Wow». Ese hombre era muy sexy y me ponía mal. Quería desmayarme, se me encendió la parte baja de mi cuerpo, sentí el fuego apoderándose de mí. —¿Por qué no vemos película? O podemos escuchar música mientras tomamos un poco—sugirió Gabriela—. Yo estoy puesta para lo que sea. —Recuerda que tengo que levantarme temprano, no puedo tomar mucho —alegué. Ronaldo extendió su mano izquierda hacia mí acercándose lentamente, quedó tan cerca que al sentir su respiración tan cerca de mí, me hizo encender más y más. Luego me dio un beso en la mejilla. —Gabriela es una vaga que no encuentra que hacer —dijo Ronaldo. En seguida estallé en risas. —¡Y tú tambien! ¡Eres un vago que no encuentra que hacer con su vida! —exclamó Gabriela. Volví a reír. —Mujeres, mujeres —comentó Ronaldo cansado, luego respiró—. Deja de gritar Gabriela que no me gusta. —En serio people... Verdaderamente ambos tienen razón, ustedes son vagos —argumenté con base—. Debieran de tomar la decisión de poder realizar algo diferente. ¿Acaso no se cansan de estar encerrados? No escuché ni una sola palabra de ambos. Por lo tanto; decidí hablar de otra cosa. —¿Vemos películas o escuchamos música? —cuestioné cambiando de tema. —Lo que sea —respondió Gabriela. —Para mí lo que sea tiene varios significados —pronunció Ronaldo. Escuché el sonido de una risa salida de él. —Mal pensado —dije en voz baja. —¿Por qué Veronika? —me cuestionó Ronaldo. —Tu risa dice muchas cosas. Y no me contradigas —le respondí. —Ah, pues bien... —pausó por unos segundos cortos—. Yo estoy dispuesto a hacer lo que ustedes quisieran. —¿Qué insinuas Ronaldo? Sabes que soy bien mala —le recordó Gabriela—. Y te puedo manosear si me apetece. —Manoséame —pronunció Ronaldo. «Wow». De un momento a otro vi como mi amiga Gabriela se le había subido encima a Ronaldo. «Por Dios». Ambos se estaban manoseando y besándose como locos. De nuevo el calor uterino se estaba apoderándose de mí, me mordí los labios la escena me estaba provocando a cada segundo. No pude aguantar y me movilicé de allí regresando para mi casa. A medida que yo me iba retirando sentía el alivia regresando en mí. Tres horas después, estaba dormiendo en mi cama y me despertó una llamada entrante, me movilicé a tomar mi móvil y una vez lo tenía, visualicé de que era parte de Gabriela. Deslicé la pantalla y tomé la llamada. —Dime Gabriela. Yo estoy bien no de tú. —Que bueno. Te llamé porque quería saber si habías llegado con vida a tu casa, ya que te fuiste sin ni siquiera despedirte. —¿Cómo crees que yo iba a avisarte? —Dime cuándo vuelves a mi casa. —No lo sé Gabriela. Pronto estaré tomando clases en la universidad y no tendré mucho tiempo. —Tú tu deseo de estudiar Veronika. —¿Y qué con eso? Pienso en mi futuro. Quiero ir a Alemania a cursar una maestría. —Bien, bien, bien. Hasta luego mi amiga. —Hasta luego loca. Colgué. Entré a mi móvil y busqué las conversaciones que yo tenía con Edison, vi en w******p que tenía como siete horas que no entraba a la aplicación. Luego dejé el móvil hacia un lado y volví a recostarme de nuevo. Dos horas más tarde escuché el timbre de mi casa sonar, luego me movilicé a abrir la puerta y me topé con la cara de mi amiga Sandra. —Wow. ¿Por qué no me habías avisado que venías? —le pregunté. —Porque no me dio la gana —me respondió—. ¿No me vas a invitar a pasar? —Que estupidez acabas de decir —achiqué mis ojos—. Llegué hace como dos horas. Creo que no me ibas a encontrar. Extendí la puerta para que ella pudiera entrar y llegó hacia adentro tan pronto pudo, se acomodó en el mueble inmediatamente mientras yo movía las cortinas hacia un lado. —¿Qué te trae por aquí Sandra? —Estaba tratando de solucionar algo y pasé por aquí ya que teníamos mucho que no nos veíamos. Me desplacé y llegué a acomodarme en un sofá. —Sí y verdaderamente me encuentro aburrida —alegué. Por un largo rato tratamos varios temas, de hecho la mente me había cambiado de una manera que no sabía que me había ocurrido.
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