Capítulo 3

2254 Palabras
VERONIKA Al día siguiente... Como de costumbre me dirigí hacia el instituto temprano en la mañana, vi a Willy afuera del instituto, decidí a detenerme a hablar con él un poco en lo que llegaban los demás. —Hola Willy. ¿Qué te trae tan temprano por aquí? —lo saludé con una sonrisa en mi cara, él volteó a mirarme e hizo lo mismo. De hecho Willy era muy simpático. —Veronika, buenos días. Me levanté temprano, tuve que hacer algo bien temprano antes de venir —me contestó. —Mmm... Yo siempre vengo temprano. —Ah porque eres vaga y no trabajas. Al escuchar eso casi le corto los ojos pero decidí dejarlo así. No valía la pena discutir por eso. —Anda vamos adentro aquí lo que podemos encontrar es que nos atraquen —le sugerí. —Vamos. Caminamos hasta adentro y yo me ubiqué en mi lugar de siempre luego vi a un muchacho nuevo que entró y se sentó próximo a mi derecha del otro lado de la fila. —Hola, ¿por dónde van ustedes? —el muchacho volteó a mirarme y a ponerse al día con la dado anteriormente de las clases. —Vamos por la lección 4 —le contesté. —Oh, van adelantados, yo voy por la 2, es que tuve que cambiarme de horario por mi trabajo. Mucho gusto me llamo Orlando —me explicó. —Entiendo. Me llamo Veronika —le contesté. —Tendré que ponerme al día —me comentó. Yo asentí. Luego quedamos en silencio vi que Salomón llego también temprano. «Llegó el tipo raro y loco del aula». Salomón era un tipo muy extraño, terco, loco y muchas características más que no sabría como definirlas, pero últimamente me estaba hueliendo algo extraño en él... Casualmente escuché algo extraño ese día, pero decidí ignorarlo, quizás mis suposiciones no eran del todo cierto o eran sólo coincidencias. Me parecía un tipo guapo, pero me agradaba más su cabello ondulado. En la cafetería Max estaba hablando cosas extrañas refiriéndose a alguien. Y lo que me dieron fueron ganas de matarlo. —¿Qué es mejor? ¿Qué la mujer hable? ¿O qué sea el hombre? — preguntó Max para todos. —Cualquiera de los dos —respondió Leo. —El hombre —respondió Nidia. —Opino igual que Nidia —respondió Susana. —Yo igualmente —respondí y me retiré sin decir decir nada. Me pareció un poco tedioso la plática de los chicos. Luego me acerqué a Yariel. —Hola Yariel. ¿Cuándo me invitarás a tu casa a comer? —le pregunté decidida. Yariel inmediatamente abrió los ojos, se notaba la sorpresa en su cara. —Cuando tú quieras, sólo dime cuando —me contestó. —Mmmmm.... ¿Qué me harás de comer? —le pregunté. —No sé, lo que tú quieras —aclaró. —Bien me gustaría que hicieras una lasagna —le respondí, él inmediatamente asintió. —Glotona —pronunció. Me reí. —Siempre. La cuestión es si de verdad lo sabes hacer. Me sonrió. —Claro bella. ¿Algo más? —pausó como si dudara de lo que iba a decir—. Si quiere puedes venirte conmigo hoy. No pude evitar no sonreír, Yariel me atraía como hoy, era muy sexy, alto, guapo y muy bien combinado desde la cabeza hasta los pies. En seguida me encendí y mi entrepierna se iba humedeciendo lentamente. Yo era muy caliente y era algo que yo misma me interrogaba sobre mi misma. —Por supuesto, iré contigo a tu casa hoy después de clases —acepté su proposición con mucho gusto—. Me encanta los hombres que saben cocinar —sonreí. Cuando terminé de yo hablar, alguien pasó por mi lado, y esa persona tropezó al pasar, tenía un refresco en la mano y se le había derramado, Yariel y yo nos animamos a observar. Nos dimos cuenta de que era Salomón. El pobre se levantó como pudo y volvió a tomar su camino. —Salomón no sé en que está pensando —pronunció Yariel e hizo una mueca—. El pobre sus problemas personales lo tiene loco. —¿Problemas? Asintió. Yariel se giró y vi que observaba a Salomón. De pronto de giró hacia mí e hizo una mueca. —Es un tema un poco complicado —me respondió agobiado. —En verdad... —coloqué mis ojos hacia la dirección de Salomón—. Me parece extraño ese muchacho. Quizás sea porque no lo conozco lo suficiente. Se rio. Al ver que se reía le di un toque a su brazo izquierdo con mi mano derecha. —No seas así Yariel —sonreí—. Que cruel eres. En seguida movió sus manos y las colocó sobre la mías. Mordió sus labios. —Y... ¿Te vas hoy conmigo? —Por supuesto —le respondí, inmediatamente me vino una duda en la mente y decidí preguntarle—. ¿No hay nadie en tu casa? —No, nadie nos molestará —me aseguró mientras seguía tocando mis manos. Después de la clases me movilicé con Yariel hacia su hogar, una vez allí pedimos comida a través de una aplicación web. Luego de reposar y de conversar tomamos una ducha cada quien por separado. Yariel era muy candente y eso fascinaba de él, cuando salí del baño me quité la toalla, Yariel al verme se quedó boquiabierto y yo me eché a reír. Llegué hacia él que estaba acostado y le quité el boxer rápidamente. Una vez que su sexo esta expuesto, lo tomé con mi mano y me incliné a lamerlo. Escuché el gemido de Yariel mientras le practicaba el sexo oral, este con sus manos me acariciaba el pelo. Cuando sentí que el semen en mi boca, me aparté de él inmediatamente, a mí no me gustaba para nada beberme el fluido seminal. Los fluidos se derramaron sobre la cama. Yariel se movió a buscar una pequeña toalla y se limpió con ella. Después volvió a la cama de nuevo y se subió encima de mí. —Ahora me toca a mí —dicho esto se deslizó hacia abajo. Con su boca tomó mi sexo y lo estimulaba de una manera que me volvía loca. Después de tanto sexo quedamos exhausto sobre la cama descansado, me dormí sin darme cuenta, cuando desperté me giré hacia donde se ubicada Yariel y aún él continuaba dormiendo. Yo me movilicé de la cama y me dirigí hacia el baño, tomé una ducha, luego procedí a sacarme y vestirme de nuevo. Yariel continuaba dormiendo, entonces tomé mi móvil y lo manipulé hasta que vi que Yariel se había despertado. —Buenas noche, Yariel —dije en tono de sarcasmo. Él se frotaba los ojos mientras yo me reía. —Ni tanto, loca —pronunció Yariel—. ¿Tan pronto te quieres ir? —Creo que ya es suficiente, la noche está por caer y tengo cosas que hacer —le aclaré en la brevedad posible que pude—. Además creí que tu familia estarían por llegar y me daría vergüenza que me vieran aquí. —Descuida linda —me sonrió—. Ellos no dirán nada. ****************************** A medida que iban pasando los días Yariel y yo nos habíamos convertido muy buenos amigos, le tenía mucho aprecio y cariño. También tuve la oportunidad de conocer a San, aquel que me ponía nerviosa y poco a poco fui superando aquellos nervios que yo sentía cuando lo veía cerca de mí. Sam, Yariel y yo compartíamos muchos los tres juntos. Un día sin esperarlo yo iba saliendo de camino a mi casa y alcance a ver a Sam besándose con una muchacha, de hecho me sorprendió porque según él, estaba soltero. —Wow, como dice el dicho: «No hay nada oculto sobre la tierra» —me eché a reír. Al siguiente día me topé con él llegando al instituto. —Veronika. ¿Qué tal? —Muy bien, Sam. ¿Y tú? —Bien, bien. —Te vi ayer besándote con una muchacha de este recinto. —Oh, es mi novia. —Vaya —sonreí—. Mucho gusto. Después de ahí ninguno mencionamos ni una sola palabra. Sam me había mentido sobre su estado civil, pero era normal en ciertos hombres, obviamente él quería ligarme, aún yo desconocía sus intenciones y de hecho no le di importancia. Pensé que quizás podríamos tener algo más que una simple amistad, pero todo indicaba que no sería así, entonces decidí vivir el momento y punto. Nada de complicaciones y dolores de cabeza en mi vida. Habíamos llegado al aula y saludamos a todos los que estaban allí, ambos nos ubicamos uno al lado del otro cómo casi siempre y continuamos conversando. Al rato llegó Yariel y se ubicó a mi lado, como siempre muy sociable, saludando a todo el mundo. Al terminar las clases Yariel y yo quedamos afuera del instituto conversando un poco, de pronto alcancé a ver a Sam conversando con su novia, ella se retiró y el había llegado hacia nosotros. —Hey, ¿no piensan irse ustedes? —nos cuestionó Sam. Yariel y yo fijamos nuestras miradas en Sam que se había unido a nosotros. —¿Qué Sam? ¿Quieres unirte a un trío? —cuestionó Yariel. En seguida alcé una ceja y me había chocado esa interrogante de Yariel. Sam se emocionó. —Claro —respondió Sam muy sonriente. Rodé los ojos. —Yo no hago esos tipos de cosas, Yariel —le reproché despectivamente—. Así que a mí no me confundas —lo miré amenazante—. Tengo que irme ya está bueno, tengo hambre. —¿Ya te vas por qué Sam vino? —me respondió Yariel. —No. —¿Ustedes están...? —cuestionó Sam y se frotó la barbilla—. ¿Están teniendo algún tipo de relación íntima? Yariel se rio curioso ante la pregunta de Sam. —¿Qué tú crees? —le preguntó Yariel a Sam y sonrió. —¿Ustedes están follando? Me lo pueden decir, yo no se lo diré a nadie —Sam se mostró muy curioso e insistente—. Soy todo oído. —Sí, Sam —le respondí y rodé los ojos. —Oh, que bueno —pronunció Sam. —Los dejó hasta mañana —me despedí y en seguida me movilicé de allí. Ambos se despidieron de mí mientras yo me alejaba de ellos observando a Salomón que lo vi en una panadería al parecer comprando algo, un rato después saliendo él de aquel lugar nos topamos cara a cara. Salomón sonrió y yo hice lo mismo. —De verdad que no se puede negar que es muy lindo —musité un poco aposianado. Sentí como si me hubiera cautivado por unos segundos, esos ojos verdes y esa mirada era muy atrapante. Iba caminando h hacia mi casa recordando a aquella mirada de encantadora de Salomón. A dos esquina de llegar hacia mi casa, me topé con Edison por casualidad. Cuando estuvimos frente a frente nos detuvimos. —Edison... Este me sonrió y me dio un beso en la mejilla. —Amor... —pausó y me frotó la barbilla—. Es un placer verte hoy —sonrió—. Estuve haciendo algo importante cerca de por aquí. ¿Te vas conmigo? Me sorprendí al escuchar eso. —¿A dónde? ¿A esta hora? ¿Estás loco? —cuestioné incrédula—. Tengo hambre Edison. —Eso no es ningún problema querida, ven conmigo te llevaré a comer. Alcé una ceja y crucé mis brazos. —Edison, el sol está muy radiante hoy. Y de verdad que... —me detuve porque mi amigo me había tomado por el brazo—. ¿A dónde crees que me llevas? —protesté, no lo podía creer, Edison me empujaba a caminar—. Está bien, tú ganas —me rendí. —Eso amiguita. Hoy tú me acompañarás para que me ayudes en algo. Necesito hacerle regalos a mi novia. Y no sé que elegir para ella. —Wow —me emocioné—. Que interesante. ¿Y qué le gusta a ella? —Bueno. Ella es elegante, le gusta las cosas caras, es esbelta, va muy a la vanguardia de la moda —me explicó. —Es trending y cara, entendí. Además tú tienes el dinero suficiente para comprarle todo el oro del mundo. —Veronika, tampoco así —me reprochó—. Si tengo facilidades pero para eso que acabas de decir. —Eres un ridículo Edison. ¿Y qué hay para mí? —le pregunté curiosa y feliz. —En motivo a tu agradecimiento, puedes comprarte lo que tú quieras mi vida. Sonreí. —Perfecto. —¿Te gustó verdad? ¿Ah? Ustedes las mujeres son muy interesadas, por Dios —argumentó. —¿Interesada? ¿Eh? Reconozco que tú me has hecho buenos regalos y le agradezco a Dios por darme a un amigo como tú. Millonario, bondadoso, bueno y cariñoso. —Veronika... —pausó—. En serio. ¿Tú y yo nunca nada de comer tortas? Me reí, supe a que él se refería. —Tienes que convencerme lindo —le respondí. —¿Te puedo convencer con un millón de dolares a tu cuenta? Y así podríamos disfrutar del placer —propuso dejándome sorprendida. —¿Estás bromeando Edison? —Te hablo en serio amorcito, te doy eso y todo lo que tú quisieras.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR