―Hola ―saludó Ginger intuyendo que la persona que tocaba a la puerta era Joseph―. Tú debes ser el tan mencionado Joseph.
―Sí… ¿Eres Ginger?
―Así es. Pero pasa, o Lina me dirá que soy una grosera, aunque no sea verdad.
―¿Está ella? ―preguntó al entrar al apartamento.
―Sí, ya viene, está terminando de alistarse. Siéntate ―ofreció y Joseph aceptó.
―Entonces, ¿qué planes tienen para hoy? ―cuestionó con curiosidad.
―Estoy lista ―anunció Lina interrumpiéndolos. Se acercó a Joseph y lo saludó con un beso en la mejilla―. Veo que ya se conocieron. Me ahorraron la presentación.
―Sí, le preguntaba qué planes tenían para hoy. Como sea, ¿llegarás tarde? Me veré en la noche con Dylan y yo sí llegaré muy tarde.
―Okey, solo cuídate.
―Sip. Cuídense y pásenla bien ―deseó y la pareja salió del apartamento.
―¿Y a dónde iremos? ―preguntó Lina.
―Espera ―pidió Joseph tomándola de la mano haciendo que detuviera el paso, ella lo miró con curiosidad y sonrío.
―¿Qué sucede?
―Te ves hermosa ―dijo y ella sonrió sintiendo calor en sus mejillas.
―Gracias, tú también te ves muy bien. Estás guapísimo.
―Me esforcé. Vamos.
[…]
―Y entonces ¿tu hermana sabe de mí? ―cuestionó ella mientras caminaban por la acera en dirección a la casa de Luisa.
―No, pero quiero que sepa y es justo, yo he conocido a la tuya. Aunque si no quieres ir yo lo entiendo. Ni siquiera yo quiero ir.
―No es eso, es solo que… no fui invitada.
―¿Quién ha dicho que no? Se lo dije a Adam cuando me lo mencionó. Únicamente será un rato y entonces podremos huir a donde quieras.
―Está bien. Te echaré porras.
Ambos continuaron conversando hasta llegar a aquella casa que, de primera impresión, era como la que Lina deseaba tener algún día; con ese toque familiar y que ni ella ni su hermana pudieron tener.
―Así que decidiste sí venir ―dijo Adam al abrir la puerta.
―Sí, no me quedaba de otra. Ella es Lina Milkovich ―presentó y la chica por su parte extendió su mano para presentarse.
―Un placer.
―El placer es mío. Adam Dutch. Pasen, ehm… Joss, debo advertirte algo.
―¿Qué cosa?
―Bueno, resulta que…
―Joss, por fin llegaste… ―dijo Coral quedándose a medias tras terminar de unírseles y notar la presencia de Lina.
―¿Qué haces aquí? ―preguntó Joseph con molestia y Lina empezó a no comprender nada, pues Coral la miró de pies a cabeza.
―Yo…
―¡Joseph! ―exclamó Luisa caminando por el pasillo y se acercó a abrazarlo―. Creí que no vendrías. ¡¿Por qué carajo no tomas mis llamadas?!
―He estado ocupado ―excusó tocando la enorme barriga que su hermana cargaba.
―No más que Adam, estoy segura ―reclamó y entonces hizo reparo en la mujer que acompañaba a su hermano.
―Ella es Lina, espero que no te moleste que la haya invitado, Adam ya lo sabía ―Lina sonrió un poco confundida y Luisa le correspondió el gesto de manera amigable. Aunque no comprendía el porqué Joseph llegaba con otra chica y no con Coral que ya había llegado antes.
―¿Ustedes son amigos? ―preguntó Luisa una vez que pasaron todos a la sala a sentarse.
―Sí ―respondió Lina que hasta el momento se había quedado callada―. Yo trabajo con Travis, y ahí nos conocimos.
―Oh, entiendo ―dijo confundida, pero en realidad no entendía nada y Luisa no era de las personas que se quedaban con la duda―. No, ¿saben qué? No lo entiendo. Hermosa, no te lo tomes a mal. Joseph puede tener todas las amigas que quiera, es libre de ello. Lo que no entiendo es por qué llega contigo y no con Coral. Eso es grosero de tu parte Joseph.
―¿Grosero? ―inquirió su hermano―. Grosero es presentarte en un lugar donde no tienes nada que hacer porque no fuiste invitado por nadie, ¿no crees Coral?
―¡Joseph! ―reclamó Luisa, pero su hermano prosiguió.
―No, Luisa. ¿Te dijo Coral que terminamos? Porque a menos de que tú la hayas invitado, no entiendo que hace aquí.
―¿Eso es verdad, Coral? ―cuestionó Luisa.
―Sí. Terminamos hace meses. Y como te lo dije, yo solo pasaba por aquí y quise saludarte. No sabía que tendrían esta reunión hasta que me lo mencionaste.
―No estoy entendiendo nada, en verdad ―admitió Luisa confundida.
―Mira, Luisa. Tu hermano y yo terminamos―explicó―, pero seguimos siendo muy buenos amigos. Si mi presencia es incómoda para ustedes, inclusive para la nueva amiga de Joseph, me retiro sin problema.
―No, descuida ―dijo Luisa más por educación que por gusto. Le desagradaban las mentiras, y sobre todo que las personas la tomaran por estúpida―. Quédate. Ya estás aquí de cualquier manera. Entonces ―Se dirigió nuevamente a su hermano y Lina―. ¿Ustedes están saliendo?
―Sí ―Se adelantó a responder Joseph tomando de la mano a Lina.
Pero su hermana no podía continuar hasta hablar con él.
―Okey. ¿Me disculpan? Joseph, acompáñame ―pidió levantándose y se fue al patio trasero de la casa dejando a las chicas con Adam quien no tardó en sacarle platica a Lina haciéndola sentir cómoda, sin importarle ignorar a Coral.
―Joseph, ¿qué está sucediendo? ¿Por qué no me dijiste nada antes?
―No quería angustiarte. Y menos en tu estado ―evidenció señalando su embarazo.
―Créeme cuando te digo que me afecta más la angustia de no saber en qué andas cuando no me contestas el teléfono que tus problemas amorosos, pero no es menos importante. ¿Por qué terminaste con Coral?
―Porque la encontré en mi apartamento, en mi cama, con otro tipo.
―Y tiene el descaro de venir aquí… ―dijo conteniendo el enojo―. ¿Y qué hay de esa chica, Lina? ¿La usas para vengarte? Porque de ser así te aseguro que yo misma…
―Luisa ―interrumpió su hermano―. ¿Me creerás si te digo que creo que encontré mi otro extremo del hilo rojo?
―Joseph, ¿estás seguro de eso?
―Por supuesto que sí. Por eso la traje para que la conocieras. Pero no sabía que Coral estaba aquí.
―Bueno, ella llegó de sorpresa. Tal cual lo que dijo, que paseaba cerca de aquí y aprovechó.
―Sí, se aprovechó de tu buena persona. Ella sabía que harías esto hoy, y sabía que yo saldría hoy con Lina. ¿A qué piensas que vino?
―Que maldita. De no ser por esta gran barriga, ya estaría adentro poniéndola en su lugar ¿Qué se cree? Mínimo le diré que se vaya.
―No. Déjala.
―¿Qué?
―Déjala. Ella quiso venir y bueno, la invitaste. Deja que se quede, así le queda claro que no debe aparecer donde no la han invitado.
―No quiero mi casa convertida en un campo de batalla.
―Ella se irá por su propio pie. Te lo aseguro.
―Bien, si eso quieres.
Ambos regresaron a la sala para reunirse con los demás, y encontraron a Lina conversando muy animadamente con Adam, mientras que Coral solo escuchaba.