―¿Cómo va entonces el embarazo? ¿Ya sabes qué será el bicho? ―preguntó Joseph bromeando.
―Joseph, no seas grosero con tu hermana ―intervino Coral, y Luisa respondió:
―Lo dice de cariño, Coral. Conozco a mi hermano ―señaló tomando la delantera―. Y será una hermosa niña.
―Felicidades ―dijo Lina.
―Felicitar a estas alturas como que ya no viene al caso, ¿no crees, Luna? ―Coral viró los ojos con fastidio, lo cual trató de disimular al beber de su vaso.
Pero Lina no era tonta. Joseph podía tener toda la paciencia del mundo como lo demostró antes las palabras incómodas de Henry, pero ella no. Si algo había aprendido cuando quedó huérfana, era a no dejar que se metieran con ella ni con su hermana o hermano; aun si él siempre se mantenía alejado.
―Es Lina, con i latina, eso no se olvida ―corrigió con educación.
―No creo que sea irrelevante a estas alturas una felicitación, Coral ―intervino Luisa―. Gracias, Lina.
―¿Y qué tal se comporta? ¿Te deja al menos dormir? ―preguntó Lina.
―Bueno estoy en el tercer trimestre, no encuentro mi lugar.
―¿Tienes hijos, Lina con i latina? ―cuestionó Coral empezando a fastidiar a los presentes pensándose chistosa―. Digo, porque para que preguntes esas cosas. Es porque debes saberlo.
―No, Coral ―Volvió a hablar Luisa―. Muy pocas personas lo preguntan, y créeme Lina, esta bebé parece que baila dentro de mi barriga cuando voy a dormir.
―Pero debe ser una experiencia muy bonita. Mi compañera Mandy me lo platicaba cuando estuvo embarazada hace un año.
―Lo es ―confirmó Luisa―. En verdad lo es. Y no veo la hora en que nazca, ya quiero conocer a esta pequeña bailarina.
―Quizá le van a gustar los deportes, no precisamente el baile ―dijo Adam.
―Puede ser. Lo averiguaremos cuando empiece a caminar.
―¿Cuándo sale el bicho, entonces? ―preguntó Joseph.
―Lo sabrías si contestaras mis llamadas.
―He tenido mucho trabajo.
―No más que Adam, eso te lo aseguro y él tiene mil pendientes aquí en casa que trata de atender, aun así tiene el tiempo suficiente para pasar un rato libre conmigo.
―No me metas en esto, cielo.
―Viven juntos, ¿cómo podrían no verse y pasar tiempo?
―Eso no es excusa.
―Bueno, he estado ocupado con la mudanza.
―¿Cuál mudanza?
―Después de lo que sucedió algunos meses atrás ―explicó mirando a Coral con desaprobación―, busqué un apartamento para estar solo, pero realmente hasta ahora no había visto lo innecesario que era el gasto si no pasaba mucho tiempo ahí. Travis me dijo que el apartamento arriba del Betsy’s se estaba deteriorando y me dijo que si podía cuidar de el.
―¿Y por qué Travis no me dijo nada?
―Porque fue apenas esta semana pasada.
―Aun así, Joseph. El Betsy’s está al otro lado de la ciudad.
―¿Y eso qué? Necesitaba un cambio de rutina ―excusó, pero Lina ya había comprendido que Luisa no tenía idea de los desmayos de Joseph, ni siquiera de que estuvo en el hospital―. Mejor cambiemos de conversación. Te pones muy intensa, Luisa. ¿Es parte del embarazo?
―Que pesado eres, Joseph. Bien, mejor cuéntenme como se conocieron, ¿dices que trabajas para Travis, Lina?
―Sí. Hace tiempo trabajo con él.
―¿Eres mesera? ―inquirió Coral con toda la intención de molestar y hacer ver su trabajo como algo no muy admirable.
―Sí, soy mesera. ¿Y tú?
―Trabajo con Joseph, ¿no te lo dijo?
―No me gusta hablar de temas irrelevantes, a decir verdad ―dijo Joseph bajándola de su altanería.
―¿Entonces se conocieron en la cafetería? ―preguntó Adam al ver que el ambiente se empezaba a poner tenso.
―Sí, aunque en realidad fue fuera de la cafetería ―respondió Lina con duda, pues no era toda la verdad. Joseph notó que Lina disimulaba al responder y habló sacándola del apuro.
―Y después la mesera más hermosa que nunca antes habían visto mis ojos, me atendió y desde entonces trato de no irme sin desayunar.
―Eso suena muy bien ―dijo Luisa al ver que a Lina se le pintaron de colorado las mejillas―. Ahora sé que al menos comes. Lina, tienes un trabajo con este cabeza dura, cuando no quiera comer, avísame.
―Descuida, te aseguro que no estará mal pasándose.
―Por favor. De niño solía desmayarse mucho por esa situación ―Lina abrió los ojos y notó la incomodidad de Adam, así como la cara de susto de Joseph―. Era una guerra para que mi madre hiciera que comiera y le hablaban constantemente de la escuela porque sangraba mucho de la nariz, o tenía constantes mareos. Afortunadamente, los médicos dijeron que solo era por la falta de alimento. Tenía desnutrición, pero mi mamá lo comenzó a vitaminar y mejoró.
―¿Tenías que contarle todo mi expediente clínico? ―rezongó Joseph.
―Bueno, me encargaré de que no se vaya al trabajo sin comer.
―Eso te costará llegar temprano, preciosa.
―Es una motivación, que incluye un: buenos días.
―¿Y dónde vives, Lina?
―A media hora del Betsy’s. Mi hermana y yo alquilamos un apartamento en el edificio Holy’s Moon.
―Ah, conozco ese edificio. La dueña es cuñada de una cuñada de Travis.
―¿Ah sí?
―La familia Montgomery ―acertó Adam.
―¿Montgomery? ―inquirió relacionando el nombre de la familia para la que trabajaba Ginger.
―Sí. Son dueños de algunos edificios de esa zona. El Holy’s es de ella. Pero decías que tienes una hermana.
―Sí, su nombre es Ginger, tiene dos años menos que yo.
―¿Y viven juntas?
―Algo así. Recientemente, encontró un empleo que le requiere permanencia toda la semana, pero los fines de semana está en casa si es que no sale a pasear con un amigo suyo.
―¿Así que ustedes los llaman amigos? ―preguntó Coral con mala intención―. Porque de ese modo suena a que no es nada serio.
―Bueno si conocer a la familia en la primera cita oficial no es algo serio, no sé entonces que será ―respondió Lina orgullosa y segura de sí misma.
―Ha sido todo un gusto conocerte, Lina ―apoyó Luisa y Adam dejó escapar una risa que disimuló enseguida con un trozo de carne―. Nunca antes había visto a mi hermano de este modo tan entusiasmado, puedo jurar que hasta los ojos le brillan. Y créeme cuando te digo que Joseph nunca llevó a sus amigas a casa para que las conociéramos ni por asomo. Es decir, no te ofendas, Coral, pero te conocimos después de unos meses de que estuvieras con mi hermano. Y fue porque los sorprendí discutiendo en una ocasión que llegué a la estación buscando a Adam
―Debe ser bueno entonces que me haya invitado hoy.
―Sí que lo fue ―argumentó Joseph―. Igualmente, hoy conocí a su hermana, y parece que alguien le había estado hablando mucho de mí.
―Ah no seas tan creído ―bromeó Lina sosteniéndole la mirada y dedicándose unas sonrisas que irritaron a Coral.
Pero la cena siguió hasta que Lina vio imprudente las altas horas de la noche y que, para una embarazada, resultaba agotador.
Así que ayudó a Luisa a levantar los platos, y aunque la hermana de Joseph insistió en que no era necesario, era una cualidad que Lina tenía. Y con eso, se había ganado a la hermana de Joseph.
―Gracias por la cena ―dijo Lina cuando estuvieron en la puerta.
―Gracias a ti por venir. De haber sabido que Joseph ya salía contigo, habría extendido la invitación sin problema, pero es bueno que él pensara en traerte, es una buena señal. Puedes venir cuando gustes, y disculpa por lo de Coral.
―No es problema, talvez la chica solo quería atención.
―Aun así, venir aquí sabiendo los planes que ustedes tenían, era con una sola intención y no era buena. Pero lo supiste manejar.
―Me costó un poco ―Ambas rieron.
―Pues nos vamos entonces ―dijo Joseph tras haberse despedido de Adam.
―Vayan con cuidado ―dijo Luisa abrazando a su hermano, y despidiéndose de Lina con un beso en la mejilla.
Después la pareja caminó por la acera alejándose de la casa.
―Perdón por lo de Coral, no tenía idea.
―Descuida. He tratado con peores personas.
―¿Qué te pareció mi hermana?
―Me pareció una mujer preocupada porque su hermano no le responde las llamadas, ni le dice que ha estado en el hospital con constantes mareos al grado de desmayarse.
―Lina, ya te lo dije. Únicamente es el estrés del trabajo. No tiene caso preocupar a Luisa en su estado por esas cosas.
―Es que no se trata solamente de esas cosas. En verdad es algo para preocuparse y más aún con tus antecedentes, Joseph.
―A ver, preciosa. Detente un momento ―pidió tomándola de la mano para que se detuviera, y después tocó los hombros de la chica―. Atenderé eso si te hace sentir más segura, lo prometo. Pero por favor, no más regaños.
―¿Entonces qué se supone que deba decir después de haber notado que no hablas con tu hermana? Y ella por lo que vi, es una persona a la que en verdad le interesas.
―¿Y a ti? ¿También te intereso?
―De no ser así no estaría con esos discursos, supongo.
―Es todo lo que quería saber ―dijo suspirando y se acercó sin previo aviso para besarla, sorprendido de ser correspondido.
―¿Qué fue eso? ―preguntó ella con la voz baja.
―Solo comprobaba que no estuviera haciéndome ideas con este precioso ángel.
Lina sonrío complacida y volvieron a unir sus labios para después caminar abrazados, platicando sobre como Luisa era sobre protectora con él, lo cual Lina le hizo notar que era exactamente como ella con Ginger.