Después de la cena que hubo en casa de los Dutch, Lina se quedó preocupada por la situación de Joseph respecto al tema de los mareos, por lo que un día en el que Joseph salió apresurado del apartamento, Lina se tomó el atrevimiento de buscarlo para llevarle algo de comer.
Al llegar a la estación, solo encontró a Adam.
―Lina, ¿qué sorpresa?
―Bueno, he venido a buscar a Joseph para entregarle esto ―dijo mostrando la bolsa con el recipiente de unicel que llevaba en las manos―, se vino sin desayunar, y me preocupa que… ―Se interrumpió pensando si sería prudente comentar los mareos.
―Por los mareos ¿verdad?
―¿Lo sabes?
―Sí, lo sé.
―No quisiera que empezara a empeorar ese asunto, él dice que es el exceso de trabajo, yo pienso que, más bien debe estar mal pasándose.
―Seguramente es eso. Pero él ahora no está. Es decir, sí está, pero se encuentra un poco ocupado. Si quieres déjalo y yo me encargo de que lo coma.
―¿Me harías ese favor?
―Claro que sí ―aseguró y Lina se lo entregó en las manos.
―Gracias, debo irme antes de que mi jefe descubra que no estoy. Gracias Adam.
―Tranquila, ve con cuidado.
Lina regresó a su trabajo, sin siquiera imaginarse que Joseph no estaba en realidad en la estación.
―¿Le dijiste a tu superior sobre el permiso? ―preguntó el médico que se encargaba de atender a Joseph.
Aunque más que médico, era también su amigo.
―No realmente. No le veo el caso, porque no pienso en dejar el trabajo.
―Y yo ya te dije que solo te tomarás un descanso. Te conseguí una cita con un neurocirujano ―avisó extendiéndole un papel―. Tienes que estar ahí el próximo miércoles por la mañana para que te haga un TAC. No faltes por favor. Es un buen amigo mío y ha accedido a examinar tu caso.
―¿Por qué no únicamente me das el medicamento y ya? ―propuso evitando los rodeos.
―Porque no lo haré hasta que vayas con ese médico, y me traigas los resultados, Joseph.
―¿Tengo que conseguirlos por otro medio?
―Solo si quieres que hable con tu hermana ―amenazó sin dejarse intimidar.
―No, no puedes. Tu ética no te lo permite, ya sabes… confidencialidad médico - paciente. No faltarás a tu juramento socrático, ¿o sí?
―Obviamente no, Joseph. Pero en tu caso, se trata de informar al familiar directo de mi paciente, el cual eres tú.
―Eso es únicamente si fuera menor de edad.
―Cierto, o también cuando no estás en tus capacidades para tomar tu propia responsabilidad, lo cual determino yo. Y viendo cómo estás haciendo las cosas, es lo que me indicas.
―Carajo ―maldijo tomando el papel―. Ni siquiera sé por qué sigo viniendo.
―Porque somos amigos. Porque te preocupas a tu modo lo cual me hace preocuparme también, y porque de mí depende que el departamento de bomberos no te expulse por tu condición. Será mejor que hagas lo que te digo, no es tan difícil seguir órdenes médicas. Vas con el neurólogo, te haces el examen, me traes los resultados y te doy tu medicamento y la transcripción de que aún puedes laborar, sin nada de labores pesadas o estresantes obviamente. Nadie te dice que dejes el trabajo, nada más que te atiendas.
―Haré lo que pueda ―dijo levantándose de su asiento para salir del consultorio y dirigirse a la estación de bomberos.
―Al fin, ¿qué te dijo? ―preguntó Adam al verlo llegar.
―No me dio el medicamento ―señaló con molestia sentándose en el improvisado comedor extendiéndole el papel a Adam―. Quiere que vaya con ese neurólogo para no sé qué carajos y me lo pueda dar.
―Esto se ve bien ―mencionó Adam leyendo el documento―. Una opinión más concreta. Quizá puedan encontrar una mejor opción para que evites la radioterapia.
―Dos médicos me diagnosticaron con lo mismo, no entiendo para qué más opiniones si van a decir lo mismo. Además, ¿quién dijo que tomaré la radioterapia?
―No es una opción que tengas. Lo de la nueva opinión, pues, no lo sabes ―defendió buscando en su celular el nombre del médico, permaneció unos momentos concentrado en el dispositivo y después miró a Joseph―. Según el buscador y varios artículos, no parece un médico cualquiera, y creo que su experiencia en neurocirugía lo respalda. Tal vez Lina quiera acompañarte, pienso que es lo que necesitas. Un poco de motivación.
―No, ella no sabe nada.
―¿Y qué esperas para decírselo? ¿Acaso eres estúpido?
―Estamos llevándola bien, ¿por qué querría atosigarla con esto?
―Porque honestamente la chica se ve enamorada de ti, y yo en su lugar no me gustaría enterarme de esto a las malas. ¿Te das cuenta? La has hecho parte de tu vida, y lo sabes. Luisa tenía razón respecto a lo de tus amigas, y no veo que ella sea solo una amiga.
―Porque no lo es.
―¿Es tu novia?
―No lo sé. No le hemos dado un nombre, no se lo he pedido, pero estamos saliendo.
―¿Vas en serio?
―Obvio sí.
―Entonces pídeselo para que sea oficial. De cualquier manera, te lo repito, ya la has hecho parte de tu vida, y al igual que Luisa, deben saber de esto.
―Como sea. Igual tengo que verlo para que me den los putos medicamentos ―respondió molesto fijando su mirada en los restos de comida que había sobre el microondas.
―¿Quién comió que ni siquiera se tomó la molestia de limpiar? ―Adam volteó entregándole el papel a Joseph, el cual dobló y guardo en su cartera.
―Ah, cierto. Lina estuvo aquí ―anunció con expresión de disculpa.
―¿Ella estuvo aquí? ―inquirió sorprendido; no era algo que esperara―. ¿Y apenas me lo dices? ¿Tenías siquiera intención de decírmelo?
―Por supuesto que sí. Estábamos en tu tema así que no desvíes las cosas. Y tal parece que fui algo descuidado. Vino a dejarte esa comida porque le preocupó que esta mañana saliste y no comiste nada.
―Carajo… ―Suspiro levantándose de la silla para acercarse al microondas―. ¿Ella trajo esto?
―Sí.
―¿Tú te lo comiste? ―cuestionó con una mirada intimidante a su amigo.
―Obviamente no, mira ―Mostró el nombre de Joseph escrito con tinta al cerrar la tapa que habían dejado abierta.
Joseph tomó una servilleta arrugada que contenía un mensaje que decía: “Espero que te guste. Con cariño… Lina”.
―¿Quién carajo se lo comió entonces?
―Hola, chicos ―saludó Coral entrando a la pequeña estancia con una amplia sonrisa.
―Creo que ahí tienes la respuesta ―masculló su amigo negando con desaprobación.
―No pensé que estarían aquí.
―¿Tú te comiste esto, Coral? ―cuestionó Joseph.
―Sí, pregunté de quién era y nadie me respondió ―confesó con descaro―. Me moría de hambre, pero no estaba tan bueno, la verdad.
―La tapa tiene un nombre ―Hizo notar Adam―. Eso quiere decir que no había necesidad de preguntar.
―Ah… ―Fingió sorpresa―. No lo vi.
―Sí, claro… no lo viste ―dijo Joseph con desagrado y terminó por tirar los restos a la basura.
―Por cierto, Joseph. El jefe ya avisó sobre la reunión que hará este fin de semana, ¿irás?
―¿Vas a estar tú?
―Por supuesto ―aseguró.
―Entonces no.
―¿Vas a molestarte por una simple comida con mal sabor, ¡hasta te hice un favor!
―No necesito tus favores.
―En verdad no lo vi. Caray, que escándalo por eso y ni sabía bien, además.
―¡¿Qué carajo importa si sabía bien o no?! ―exclamó molesto―. No tenías que tomar nada que no fuera tuyo. ¿Cuál es tu problema?
―Ah, ahora yo soy la del problema ―dijo ofendida.
―No sabes cuando parar―. Finalizó y salió encaminándose a realizar sus deberes que le correspondían.